Fernando Eimbcke es uno de esos directores que no necesita levantar la voz para hacerse escuchar. Su cine trabaja con silencios, con encuadres quietos y con personajes que cargan soledades difíciles de nombrar. Esa misma sensibilidad vuelve a estar en el centro de Moscas, su más reciente película, que llegará a las carteleras de México y América Latina el próximo 2 de julio de 2026, distribuida por MUBI en lo que representa el primer estreno de una película mexicana que la plataforma llevará a cines en toda la región.
Un director que construyó su voz desde los márgenes
Eimbcke pertenece a la generación de cineastas mexicanos que a principios de los años 2000 renovaron el lenguaje del cine nacional desde una postura radicalmente opuesta al espectáculo. Su ópera prima, Temporada de patos (2004), filmada en blanco y negro y construida en torno a dos adolescentes encerrados en un departamento durante un apagón, fue una revelación: ganó el premio FIPRESCI en la Berlinale, representó a México en los premios Oscar y se convirtió en referencia inmediata de un cine mexicano íntimo, preciso y profundamente humano.
Le siguió Lake Tahoe (2008), donde un joven recorre su ciudad tras un accidente de auto en una especie de odisea cotidiana y silenciosa que confirmó su dominio del tempo narrativo. Luego vino Club Sándwich (2013), quizás su película más delicada: una madre y su hijo adolescente en un resort vacío, negociando el fin de una dependencia mutua. Tres películas, tres ejercicios de contención que lo posicionaron como uno de los referentes del cine de autor mexicano junto a voces como Carlos Reygadas, Amat Escalante o Michel Franco —quien, no por casualidad, figura como productor de Moscas.
La soledad como territorio narrativo
La sinopsis de Moscas es fiel a su universo. Olga vive en un enorme multifamiliar, con hábitos inalterables y una existencia solitaria que se ve interrumpida cuando, por necesidad económica, renta un cuarto a un hombre que mete a escondidas a su hijo de nueve años. Lo que la película explora, según apunta su director, es el miedo a la conexión emocional: ese vértigo particular de quien ha construido muros tan eficientes que ya no recuerda cómo se baja la guardia.
El reparto reúne a Teresita Sánchez (La Camarista, Tótem), Hugo Ramírez, Enrique Arreola —colaborador habitual de Eimbcke desde Temporada de patos— y Bastian Escobar en su debut actoral. La fotografía en blanco y negro es de María Secco, el diseño sonoro de Javier Umpierrez y la banda sonora de Camilo Lara.
Festival tras festival, antes de las salas
El recorrido de Moscas antes de llegar al público general habla por sí solo. Tuvo su estreno mundial en Competencia Oficial de la Berlinale, fue la función inaugural de la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine de Guadalajara y se presentó en Cannes dentro del programa Cannes Écrans Juniors, orientado a nuevas generaciones de espectadores. Tres de los festivales más importantes del mundo en un solo recorrido.
La distribución en Latinoamérica estará a cargo de MUBI en México y Chile; Maco Cine en Argentina y Uruguay; Cineplex Colombia en Colombia; y Cineplex USA en Perú, Ecuador, Bolivia y Centroamérica. Brasil anunciará fecha próximamente.
Con Moscas, Eimbcke reafirma que su lugar en el cine mexicano no se construyó con grandes presupuestos ni con géneros de fácil consumo, sino con una mirada que confía en lo pequeño. Y lo pequeño, en su caso, resulta invariablemente enorme.