Cerca de Jerusalén hay un yacimiento llamado Motza que acaba de obligar a los arqueólogos a reescribir un capítulo de la historia de la construcción. Bajo capas de tierra acumuladas durante milenios, alguien construyó pisos de una calidad que se creía imposible antes del Imperio Romano. Lo hicieron hace aproximadamente 9,000 años.
Una receta que nadie debería haber sabido
El hallazgo no gira en torno a la antigüedad del yeso, sino al material: dolomita quemada. La dolomita es una roca mucho más difícil de trabajar que la caliza común. Al quemarla, tiende a generar mezclas complejas que raramente resultan en un buen material de construcción. Dominar ese proceso requiere controlar temperaturas y proporciones con una precisión que la mayoría de los constructores modernos desconoce.
Por eso la ciencia asumía que nadie lo había logrado antes de los romanos. Y sin embargo, en Motza estaban los pisos: más de cien suelos enlucidos, algunos con pigmento rojo todavía visible, fabricados con una técnica que el arquitecto romano Vitruvio recomendaría recién en el siglo primero antes de Cristo, ocho mil años después.
Hornos separados para piedras distintas
En el yacimiento encontraron fosas de combustión con bordes enrojecidos, y algo que no podía ser casual: algunas contenían caliza, otras dolomita, y estaban una junto a la otra. Quemadas por separado.
Eso implica que los artesanos de Motza sabían que ambas rocas requieren tratamientos distintos y que controlar la temperatura era clave. Un conocimiento que habla de una comunidad con una sofisticación que el registro histórico no les había reconocido.
Lo que ni los romanos pudieron hacer
El resultado era un yeso más duro y resistente al agua que el de caliza puro, casi tan resistente como el cemento moderno. Pero hay un detalle que lleva el hallazgo a otro nivel: los análisis muestran que la dolomita parece haberse recristalizado dentro del enlucido, algo que los investigadores intentaron replicar en laboratorio y no lograron. Los pisos de Motza, con diez mil años encima, sí lo tienen. Cómo lo consiguieron es algo que la ciencia todavía no sabe responder.
Un descubrimiento que llegó por accidente
El yacimiento apareció entre 2015 y 2021 durante las excavaciones previas a la construcción de una autopista. Tres hectáreas de restos que nadie esperaba encontrar, y que terminaron revelando uno de los hallazgos constructivos más significativos de los últimos años. A veces la historia se esconde exactamente donde menos conviene buscarla.