«Cosas que pienso los domingos»: el teatro que invita a los hombres a hablar de lo que sienten (ENTREVISTA)
Arte
Por: Juan Pablo Carrillo Hernández - 07/01/2026
Por: Juan Pablo Carrillo Hernández - 07/01/2026
Hay un domingo que todos cargamos, ese instante en el que el ruido se apaga y aparecen las preguntas que hemos evitado por demasiado tiempo. Sobre esa premisa se construye Cosas que pienso los domingos, el unipersonal que sigue a Domingo, un hombre que atraviesa sus recuerdos, sus miedos y sus sueños con humor, nostalgia y una honestidad que incomoda en el mejor sentido. Conversamos con Diana Uscanga, directora y productora de la obra, sobre el proceso creativo detrás de esta historia.
Uscanga trabaja junto a Adrián Madrigal, escritor y dramaturgo autor del texto, y Juan Vergara, único actor en escena. La relación entre Diana y Adrián, marcada por años de amistad y respeto intelectual, fue la base que permitió una colaboración fluida. Para la directora, esa cercanía también le abrió una ventana poco común: observar de cerca cómo viven los hombres su salud mental, una mirada que se profundizó con la perspectiva que aportó Vergara desde la actuación.
Para Uscanga, la principal aportación de la obra a la conversación pública sobre salud mental es simple pero urgente: la importancia de hablar, de nombrar lo que se siente, especialmente entre los hombres. Es un patrón documentado por organismos de salud tanto en México como a nivel global: los hombres acuden con menor frecuencia a terapia y enfrentan tasas de suicidio notablemente más altas que las mujeres, muchas veces por la dificultad cultural de verbalizar el malestar emocional. La obra, dice la directora, aborda estos temas con delicadeza y deja un mensaje claro: ante un problema de salud mental nadie está solo, y sí es posible salir de él. El montaje contó además con asesoría de especialistas en salud mental durante su desarrollo.
Del lado productivo, Uscanga dirige Producciones Luna Escarlata, casa que opera bajo una regla muy particular: "todo tiene que caber en una cajuela". El objetivo es hacer teatro ambulante, capaz de llegar a espacios donde las salas convencionales no llegan. Para esta obra, la escenografía se diseñó plegable: una cama, una mesa y un perchero como piezas principales, acompañadas de objetos pequeños que recrean una habitación desordenada, reflejo visual del caos interno de Domingo.
La obra abre con ligereza, incluso con comedia, y va ganando profundidad y peso conforme avanza, tocando temas como la depresión, el suicidio y las adicciones siempre con sutileza. El cierre, sin embargo, apunta hacia la esperanza. El deseo de Uscanga es que el público salga de la sala con una pregunta propia: cómo se siente hoy, qué ha estado evitando, qué necesita nombrar. Está dirigida, en suma, a quienes alguna vez se han detenido a cuestionar el rumbo de su vida, o han sentido nostalgia por lo que fue y curiosidad por lo que aún puede ser.