Siete dimensiones y un agujero negro: la información se salva
Ciencia
Por: Carolina De La Torre - 04/13/2026
Por: Carolina De La Torre - 04/13/2026
Un grupo de físicos acaba de soltar una propuesta que suena a película pero está respaldada por ecuaciones: el universo podría tener siete dimensiones. Y la clave para entender los agujeros negros y el origen de la masa de las partículas estaría en la geometría del espacio-tiempo. No en partículas nuevas ni en fuerzas misteriosas, sino en la forma en que el universo se curva y, además, se retuerce.
El trabajo, de Richard Pincak y sus colegas de la Academia Eslovaca de Ciencias, salió en General Relativity and Gravitation. Aunque todavía es teoría pura, ofrece una salida elegante a uno de los mayores problemas de la física: qué pasa con la información cuando un agujero negro se evapora.
En los años setenta, Stephen Hawking demostró que los agujeros negros no son eternos. Emiten radiación, pierden masa y, con el tiempo, pueden desaparecer. El problema es que, si desaparecen, también se pierde toda la información de lo que cayó dentro. Eso choca con un principio básico de la mecánica cuántica: la información no se destruye. Los físicos llevan décadas atascados en esa contradicción.
La propuesta añade tres dimensiones extra a las cuatro que ya conocemos (tres de espacio, una de tiempo). En total, siete. No son dimensiones cualquiera: tienen una geometría específica que permite algo que la teoría de Einstein no contempla: la torsión. Básicamente, el espacio-tiempo no solo se curva, también se retuerce.
Esa torsión es casi imperceptible en la vida cotidiana, pero cuando la materia se comprime a densidades extremas (como dentro de un agujero negro al final de su vida) genera una fuerza repulsiva que frena la evaporación. El resultado es que el agujero negro no desaparece del todo. Deja un remanente estable, pequeñísimo, con una masa de aproximadamente 9 × 10⁻⁴¹ kilogramos. Suficiente para almacenar toda la información que, según Hawking, se perdía.
Lo más curioso es que el valor de esa torsión coincide con la escala del campo de Higgs, ese mecanismo que hace que las partículas tengan masa. En términos simples: la misma propiedad geométrica que impide que los agujeros negros se desvanezcan también explicaría por qué las partículas pesan lo que pesan. Dos problemas distintos, una misma solución.
Si el agujero negro termina como un remanente estable, la pregunta siguiente es: ¿dónde se guarda la información? La respuesta está en los llamados modos cuasi-normales, que son básicamente patrones de vibración del campo de torsión dentro de ese residuo. Cada patrón puede codificar información distinta, como las cuerdas de un instrumento guardan notas diferentes.
El remanente actuaría como un almacén cuántico de dimensiones asombrosas para su tamaño. Los cálculos indican que uno proveniente de un agujero negro con la masa del Sol podría contener una cantidad enorme de información, resolviendo así la paradoja.
El modelo tiene una desventaja clara: no se puede comprobar hoy. Las energías necesarias para detectar estas dimensiones extra están muy por encima de lo que puede lograr cualquier acelerador de partículas. Los propios autores admiten que es, por ahora, un laboratorio teórico. Una hipótesis bien construida que tendrá que esperar para enfrentarse a la realidad.
Mientras tanto, la paradoja de Hawking sigue abierta. Pero por primera vez en años, hay una propuesta que no necesita destruir el espacio-tiempo ni inventar universos paralelos. Solo necesita que el universo tenga más forma de la que vemos.