El hogar como tecnología emocional: de refugio a espacio compartido
Buena Vida
Por: Mateo León - 04/11/2026
Por: Mateo León - 04/11/2026
Durante siglos, la casa fue un límite: un espacio que separaba lo público de lo privado, lo exterior de lo íntimo. Hoy, en cambio, el hogar parece redefinirse constantemente. Ya no es solo refugio ni únicamente funcionalidad: es un sistema de relaciones, rutinas y afectos donde la tecnología empieza a jugar un papel más cercano, casi invisible.
Bajo esa premisa se sitúa la más reciente campaña de Kasa Koblenz, que propone una idea sencilla pero significativa: el hogar no solo funciona, también conecta.
Históricamente, la noción de “casa” ha cambiado conforme lo ha hecho la vida social. En las sociedades premodernas, el hogar era un espacio compartido, donde trabajo, familia y comunidad coexistían sin demasiadas divisiones. Con la modernidad —particularmente a partir del siglo XIX— la vivienda se transformó en un lugar de intimidad: surgieron habitaciones privadas, zonas diferenciadas y una nueva idea de vida doméstica centrada en la familia nuclear.
El filósofo francés Gaston Bachelard, en La poética del espacio, describía la casa como un “topo de intimidad”, un lugar donde se construye la vida interior. No era solo un espacio físico, sino una estructura emocional donde habitan recuerdos, hábitos y significados.
Hoy, esa intimidad no desaparece, pero se reconfigura. La casa se convierte también en un espacio activo: de trabajo remoto, convivencia constante, cuidado y bienestar.
Es en este contexto donde Kasa Koblenz plantea su evolución: pasar de la funcionalidad a la conexión. La campaña “Cuando el hogar Konecta, todo fluye mejor” sugiere que los electrodomésticos ya no son únicamente herramientas, sino facilitadores de dinámicas cotidianas.
La propuesta se articula en tres dimensiones:
Más que una segmentación de productos, se trata de una lectura del hogar contemporáneo: un espacio donde las actividades diarias —limpiar, cocinar, organizar— dejan de ser rutinas aisladas para convertirse en momentos compartidos.
La cocina, por ejemplo, ha dejado de ser exclusivamente un área de preparación para convertirse en un punto de encuentro. Lo mismo ocurre con el área de lavado, que evoluciona hacia un espacio más eficiente, donde la tecnología reduce la carga individual y promueve la participación.
Este cambio no es menor. Durante décadas, el diseño del hogar estuvo marcado por la división de tareas y roles. Hoy, en cambio, hay una tendencia hacia la integración: espacios abiertos, dinámicas compartidas y una redistribución de responsabilidades.
Desde su fundación en 1959, Koblenz ha construido una presencia constante en los hogares mexicanos. Pero el giro actual apunta a algo más: no solo estar presente, sino formar parte de la experiencia doméstica.
Como señala Héctor Lara, Director de Marketing, la innovación solo tiene sentido cuando se integra a la vida de las personas.
Ese énfasis en la integración es clave. En un entorno donde la tecnología suele percibirse como intrusiva o compleja, la apuesta es que se vuelva orgánica, casi imperceptible: que funcione sin interrumpir, que facilite sin imponerse.
Quizá lo más interesante de esta propuesta es que dialoga con una transformación más amplia. La casa ya no es únicamente un lugar al que se llega al final del día. Es, cada vez más, un espacio donde sucede la vida en múltiples dimensiones: trabajo, descanso, convivencia, cuidado.
En ese escenario, la tecnología deja de ser un añadido y se convierte en una infraestructura emocional. No define el hogar, pero sí influye en cómo se vive.
Y ahí, entre lo funcional y lo afectivo, aparece una idea que resume bien esta evolución: el hogar no solo se habita, se construye todos los días.