Las claves del golpe de Estado militar en Argentina de 1976
Sociedad
Por: Luis Guillermo Pérez Rosales - 03/25/2026
Por: Luis Guillermo Pérez Rosales - 03/25/2026
Este 24 de marzo de cumplieron 50 años del golpe de estado de la Junta Militar; estas son algunas claves para entender cómo los militares destruyeron el legado del presidente más querido de Argentina e instauraron una dictadura que pasaría a la historia por su brutalidad e infamia.
Juan Domingo Perón fue presidente de Argentina en tres peridos:
El 12 de octubre de 1973 Juan Domingo Perón ganó las elecciones presidenciales con el 62% de los votos. Ese sería su tercer mandato al frente del país. El segundo fue interrumpido por el golpe de estado de 1955 que lo obligó a exiliarse en Paraguay, Nicaragua, Panamá, Santo Domingo y España.

En aquellos años, la sociedad argentina estaba dividida. Perón nombró como vicepresidenta a su esposa, la bailarina María Estela Martínez. Además, tomó posesión en el punto más álgido de la Crisis Internacional del Petroleo de 1973. También se enfrentó a una severa crisis económica y a graves problemas para sostener el estado de bienestar que instauró en su primer presidencia (1946-1952). Todo ello desató protestas por todo el país.
La CIA acorraló a Perón. El presidente chileno Salvador Allende había sido derrocado en septiembre de 1973. Argentina era entonces el único país con un gobierno democráticamente electo en el cono sur.
El descontento popular se generalizó por todo el país. Perón hizo grandes esfuerzos para conformar un gobierno de unidad nacional incluyendo en el poder a fuerzas que habían sido tradicionalmente antiperonistas. La guerrilla se levantó en armas. Los grupos Montoneros, ERP y FAR se adjudicaron atentados, asaltos a bancos y secuestros para financiarse. En respuesta, surgieron grupos paramilitares (como la GT) y parapoliciales (la Triple A, o Alianza Anitcomunista Argentina) para "hacerles frente".
El 1 de julio de 1974 falleció Juan Domingo Perón a causa de una cardiopatía crónica. La vicepresidenta María Estela Martínez de Perón —mejor conocida como Isabel Perón o Isabelita, por su nombre de confirmación católica— le sucedió en la presidencia, pero carente del poder, el apoyo popular y el margen de maniobra que tenía el general. La Triple A fue usada por sus comandantes para debilitar al gobierno. Al mismo tiempo se filtraron algunas pistas sobre la validación de Perón a las actividades de guerra sucia de la Triple A durante su gobierno.

En los últimos meses de 1975 la violencia se radicalizó y un clima de terror cundió por todo el país. La guerrilla hizo explotar bancos, concesionarias de automóviles y oficinas de empresas extranjeras. Los grupos paramilitares asesinaron a cientos de integrantes de la izquierda. El peronismo sufrió una ruptura interna de la que no pudo recuperarse.
El 18 de diciembre un sector de la Fuerza Aérea se sublevó y sus aviones abrieron fuego de ametralladora sobre la Casa Rosada, la sede presidencial argentina. El 23 de diciembre el ERP atacó el Batallón de Monte Chingolo para apropiarse de 13 toneladas de armas, y aunque el ejercito frustró el ataque y controló la sublevación de la Fuerza Aérea, a cambio impuso un ultimátum de 90 días a la presidenta para poner orden en el país.

El 24 de marzo de 1976 la presidenta María Estela Martínez de Perón abordó un helicóptero para volar hacia la quinta presidencial. Sin embargo, durante el trayecto el piloto recibió instrucciones de desviar el curso hacia el aeropuerto. Allí, tres militares en representación de las 3 ramas de las fuerzas armadas —el ejercito, la marina y la fuerza aérea—, esperaban a la presidenta para destituirla y ponerla bajo arresto. María Estela estuvo presa los siguientes cinco años.
El ejército ocupó de inmediato las estaciones de radio y televisión del país para comunicar a la población que el país se encuentraba ahora bajo control de una Junta Militar. Ipso facto se implementó el estado de sitio y la ley marcial. En las horas y días siguientes al golpe militar, cientos de obreros, estudiantes y políticos fueron secuestrados para prevenir cualquier tipo de sublevación.

La represión de la Junta Militar fue brutal. Censura, detenciones ilegales, tortura, desapariciones forzadas y violaciones se volvieron prácticas comunes de la Junta Militar Argentina en contra de la población argentina, so pretexto del más mínimo grado de oposición. La Escuela de Mecánica de la Armada, mejor conocida como la ESMA, situada en Buenos Aires, se convirtió en el teatro del horror donde se ejecutaron incluso las vejaciones más inimaginables. Ahí se confinaron cientos de bebés producto de las violaciones cometidas por soldados del ejército argentino. Algunos fueron separados de sus madres y entregados ilegalmente a familias de militares, ocultándoles su verdadero origen. Los militares organizaron “vuelos de la muerte” con los que se deshicieron de los enemigos del régimen: luego de drograr a los detenidos seleccionados, los subían en en tandas a aviones que despegaban rumbo al Atlántico. A cierta altura y ya en mar adentro, los arrojaban con las manos atadas y los ojos vendados, para que se perdieran definitivamente y ya nadie nunca pudiera recuperar los cuerpos.

1982. La Junta Militar no pudo sostenerse tras la derrota en la Guerra de las Malvinas, la inflación, la crisis económica sostenida y la presión social tanto nacional como internacional. En 1983 el régimen militar llegó a su final con la llegada de un nuevo presidente constitucional. Desde 1985 se llevó a juicio a militares que participaron en crímenes de lesa humanidad y otros delitos. En particular los líderes de la Junta recibieron condenas de cadena perpetua. Los crímenes de lesa humanidad de los militares fueron considerados imprescriptibles, por lo que cada tanto se emiten nuevas condenas en contra de dichos delincuentes.

Entre los años 2002 y 2004 se desclasificaron miles de cables diplomáticos, memorándums y reportes de inteligencia del gobierno de Estados Unidos en los que se evidenció que el ex secretario de estado Henry Kissinger autorizó tanto la operación como el financiamiento de la organización parapolicial Triple A. Al principio, los comandantes de la Triple A le hicieron creer a Juan Domingo Perón que ésta se encontraba a su disposición para depurar al peronismo de los elementos más radicales, pero en la realidad, al asesinar a cientos de militantes de izquierda y cometer otros actos violentos, la Triple A contribuyó sustancialmente a la desestabilización del régmen peronista, el descontento popular e incluso el levantamiento en contra de una presidencia electa democráticamente.