Comunidad eNOVADORAS: por qué impulsar a las emprendedoras también es discutir el futuro digital de México
Sociedad
Por: Mateo León - 03/29/2026
Por: Mateo León - 03/29/2026
Hablar de emprendimiento femenino en México suele activar una narrativa optimista: innovación, resiliencia, liderazgo. Pero detrás de esa imagen hay una realidad más compleja. Las mujeres sostienen una parte decisiva de la economía y, aun así, siguen enfrentando barreras estructurales para convertir una idea en una empresa sólida. En ese contexto, el lanzamiento de Comunidad eNOVADORAS por parte de AT&T México no solo funciona como anuncio corporativo: también entra en una discusión mayor sobre quién tiene hoy las condiciones reales para escalar en el ecosistema tecnológico del país.
La iniciativa, presentada el 25 de marzo, busca dar continuidad a las ganadoras de las generaciones anteriores de eNOVADORAS mediante cursos especializados, conferencias y acompañamiento de aliados como Endeavor México y el Tecnológico de Monterrey. La tercera edición de eNOVADORAS, además, mantiene abierta su convocatoria para startups lideradas por mujeres que trabajen con nuevas tecnologías aplicadas a inclusión, conectividad o sostenibilidad. La apuesta no es menor: crear una comunidad de emprendedoras de base tecnológica en un país donde escalar sigue siendo mucho más difícil que arrancar.
Los datos ayudan a dimensionar el terreno. Según la ENOE del INEGI, en el tercer trimestre de 2025 la población económicamente activa en México fue de 61.3 millones de personas; de ellas, 25 millones eran mujeres. Eso significa que las mujeres representan alrededor de 41% de la PEA nacional, aunque su tasa de participación económica sigue rezagada frente a la de los hombres: 46 de cada 100 mujeres eran económicamente activas, frente a 75 de cada 100 hombres. La brecha no es abstracta: marca desde el acceso al empleo hasta la posibilidad de emprender en condiciones menos precarias.
Al mismo tiempo, el emprendimiento femenino ya es una fuerza económica visible. El IMCO documentó que, en México, 26% de las mujeres ocupadas son emprendedoras y que 82% de ellas opera en la informalidad. Por otra parte, la Secretaría de Economía reportó en 2024 que 1.6 millones de mipymes del país tienen como propietaria a una mujer. Es decir: las mujeres ya están emprendiendo, pero una parte importante lo hace sin el piso institucional, financiero o legal que vuelve sostenible un negocio en el tiempo.
Ahí es donde el discurso sobre “empoderamiento” suele quedarse corto. Los retos están bastante identificados. IMCO señaló tres barreras principales para los emprendimientos de mujeres: la falta de financiamiento, los costos de la formalidad y el trabajo no remunerado. A eso se suma algo menos visible pero igual de decisivo: muchas emprenden porque necesitan flexibilidad para combinar ingresos con responsabilidades de cuidado, en un mercado laboral que todavía ofrece pocas políticas para conciliar vida y trabajo. Emprender, en muchos casos, no parte solo de una vocación innovadora, sino de la necesidad de construir una ruta propia ante un sistema que sigue siendo desigual.
Sin embargo, también hay evidencia de los beneficios de acompañar mejor esos procesos. IMCO encontró que los ingresos promedio de las emprendedoras formales son 2.5 veces mayores que los de quienes operan en la informalidad, y que la formalización abre acceso a más financiamiento, servicios, tecnologías de desarrollo empresarial y confianza de mercado. Dicho de otro modo: el problema no es que las mujeres no emprendan, sino que demasiadas veces lo hacen con menos red, menos capital y menos margen de maniobra.
Por eso Comunidad eNOVADORAS puede leerse como algo más que una incubadora extendida. Su valor está en la idea de continuidad: no solo premiar proyectos, sino crear red, formación y permanencia. En una economía donde el emprendimiento femenino ya existe, pero con frecuencia se sostiene en la informalidad o en sobreesfuerzos individuales, programas así intentan mover la conversación del entusiasmo a la infraestructura. Y esa diferencia importa. Porque si México quiere hablar seriamente de innovación, conectividad y futuro digital, también tendrá que hablar de quiénes pueden emprender, crecer y permanecer.