Senado argentino aprueba reforma laboral de Milei tras protestas masivas
Sociedad
Por: Carolina De La Torre - 02/12/2026
Por: Carolina De La Torre - 02/12/2026
Mientras dentro del Congreso se discutía durante más de 13 horas, afuera miles de personas llenaban las calles. Entre gases lacrimógenos, piedras y detenciones, el Senado argentino aprobó en lo general la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei. Ahora el proyecto pasará a la Cámara de Diputados, donde todavía puede modificarse.
Con 42 votos a favor y 30 en contra, la iniciativa avanzó en una madrugada tensa que dejó heridos, más de una veintena de detenidos y un país, otra vez, profundamente dividido en torno al trabajo.
Pero, ¿qué cambia exactamente esta reforma y por qué ha provocado una reacción tan intensa?
La propuesta forma parte del programa económico de Milei, enfocado en reducir regulaciones, bajar costos laborales y transformar el modelo económico hacia uno más abierto al mercado.
➡️ Senado argentino aprova reforma trabalhista de Milei
— Metrópoles (@Metropoles) February 12, 2026
O projeto foi aprovado com 42 votos a favor e 30 contra. A aprovação ocorre em meio a protestos de trabalhadores. As mudanças devem facilitar demissões e limitar direitos. O projeto seguirá para aprovação na Câmara dos… pic.twitter.com/yB6wlTIYbf
Entre los puntos centrales están:
En términos simples: busca flexibilizar las condiciones de contratación y despido con el argumento de que el sistema actual desalienta la creación de empleo formal.
Argentina tiene una tasa de informalidad laboral de 43.2%. Es decir, casi la mitad de quienes trabajan lo hacen sin contrato formal, sin aportes jubilatorios y sin protección legal completa. Además, el empleo privado formal lleva más de una década estancado.
Para el oficialismo y sectores empresariales, este es el problema de fondo. Sostienen que las altas indemnizaciones, los costos laborales y la fuerte estructura sindical hacen que muchas empresas eviten contratar en blanco. Según esta mirada, modernizar la ley permitiría que más personas accedan a empleos formales y que el sistema previsional, hoy en crisis, pueda sostenerse.
El presidente celebró la aprobación como un paso “histórico”, mientras desde el bloque oficialista se habló de la reforma más importante en medio siglo.
Para los sindicatos y la oposición peronista, la lectura es completamente distinta.
La Confederación General del Trabajo (CGT) convocó a movilizarse frente al Congreso bajo la consigna de que la reforma representa un retroceso en derechos laborales conquistados durante décadas.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof advirtió que si se ponen en juego indemnizaciones, horas extras y vacaciones, la situación de los trabajadores no mejorará. Otros dirigentes opositores sostienen que flexibilizar sin crecimiento económico previo puede traducirse en empleos más inestables, no en más empleo.
El choque no fue solo discursivo. Mientras se desarrollaba la sesión, manifestantes intentaron derribar vallas, hubo enfrentamientos con la policía, uso de gases, camiones hidrantes y detenciones. El gobierno denunció hechos violentos y calificó a algunos grupos como organizados. Desde las organizaciones sociales denunciaron represión.
La escena fue el reflejo de un debate mucho más profundo: qué modelo laboral necesita un país con crisis recurrentes, inflación persistente y una historia fuerte de organización sindical.
Para lograr los votos necesarios, el oficialismo negoció modificaciones al texto original. Algunas propuestas que afectaban directamente el financiamiento sindical fueron suavizadas. Ese pragmatismo legislativo fue clave para alcanzar la mayoría.
Sin embargo, el proyecto todavía debe pasar por Diputados. Allí podría sufrir nuevas enmiendas o incluso trabarse si la oposición logra reorganizar fuerzas.
La reforma también se enmarca en los compromisos asumidos por Argentina ante el Fondo Monetario Internacional dentro de su programa financiero vigente. Modernizar el mercado laboral ha sido una de las recomendaciones constantes en ese marco.
El resultado final marcará un momento clave para el gobierno de Milei. Si la ley se aprueba de manera definitiva, consolidará su agenda económica. Si se frena o se diluye, mostrará los límites de su capacidad de transformación en un Congreso donde no tiene mayoría propia.
Mientras tanto, la discusión sigue abierta: ¿flexibilizar para crear empleo o proteger para evitar precarización? En Argentina, esa tensión no es nueva. Lo nuevo es la velocidad y la profundidad con la que se intenta reformular las reglas del trabajo.
Y cuando el trabajo está en juego, el debate nunca es técnico. Siempre es político. Y siempre es social.