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Un análisis de los shows de medio tiempo del Super Bowl que cambiaron para siempre el formato, marcaron épocas y se convirtieron en momentos históricos de la cultura pop

No todos los conciertos cambian algo. Algunos solo entretienen. Otros, en cambio, redefinen un formato, una época y una idea de espectáculo. El show de medio tiempo del Super Bowl pertenece a esa segunda categoría: quince minutos capaces de marcar generaciones, lanzar carreras, reparar legados y convertir canciones en memoria colectiva.

A lo largo de más de tres décadas, algunos espectáculos no solo fueron buenos. Fueron históricos. Y no por azar, sino por una mezcla precisa de contexto, ambición, técnica y emoción.

Este es un recorrido por los shows que se volvieron referencia, y las razones por las que siguen siendo recordados.

Michael Jackson (1993): el origen de todo

Antes de 1993, el medio tiempo era un intermedio simpático. Después de Michael Jackson, se volvió un evento global.

Su aparición marcó un antes y un después por una razón simple: fue el primer artista verdaderamente universal en tomarse ese escenario en serio. No hubo ironía ni espectáculo menor. Hubo coreografía milimétrica, una entrada diseñada para generar expectativa y una secuencia de éxitos que detuvo al país entero.

Fue también el primer halftime show en aumentar la audiencia durante el descanso, algo que hasta entonces no ocurría. Desde ahí, el Super Bowl entendió que el show no era un complemento: era parte central del evento.

Prince (2007): cuando la música venció al espectáculo

Si Michael Jackson creó el formato, Prince lo llevó a su punto más alto.

Lluvia real, guitarra en vivo, voz sin red y un cierre con Purple Rain que parecía escrito por un director de cine. No hubo pirotecnia excesiva ni invitados sorpresa. Hubo algo más raro en este escenario: interpretación musical pura.

Es recordado porque logró lo que casi nadie ha vuelto a conseguir: hacer que un show diseñado para millones se sintiera íntimo, peligroso y auténtico.

Beyoncé (2013): precisión, poder y control absoluto

El show de Beyoncé es uno de los más estudiados por una razón: no tuvo errores.

Cada movimiento, cada cámara y cada transición estaban pensados para mostrar dominio total del escenario. La reunión con Destiny’s Child no fue nostalgia gratuita, sino una forma de subrayar una carrera construida con coherencia.

Fue importante porque consolidó una idea: el halftime show como ejercicio de perfección técnica y narrativa visual.

Katy Perry (2015): cuando el pop entendió la era viral

Katy Perry entendió algo antes que muchos: el halftime show ya no se veía solo en televisión, sino en redes.

León mecánico, escenarios mutantes, cambios de vestuario y momentos diseñados para circular en internet. El famoso Left Shark no fue un accidente menor: fue prueba de que el show había entrado en la cultura meme.

Fue uno de los más vistos de la historia y marcó el inicio de una nueva lógica: el halftime como fenómeno digital.

Shakira y Jennifer Lopez (2020): identidad y representación

Este show fue importante por razones que van más allá de la música.

Dos mujeres latinas encabezando el evento más visto de Estados Unidos, mezclando pop, reggaetón y ritmos caribeños en un escenario tradicionalmente anglosajón. No fue solo un espectáculo: fue una declaración cultural.

Su importancia radica en haber convertido el halftime show en un espacio de representación global, no solo de estrellas estadounidenses.
 

Dr. Dre, Snoop Dogg, Eminem, Mary J. Blige y Kendrick Lamar (2022): la llegada del hip‑hop

Durante décadas, el hip‑hop fue ignorado por este escenario. Hasta 2022.

Por primera vez, un halftime show estuvo completamente dedicado a un género que definió a varias generaciones. La escenografía urbana, la narrativa de barrio y la secuencia de clásicos convirtieron el espectáculo en un acto de justicia simbólica.

Fue histórico porque reconoció, por fin, al hip‑hop como música central de la cultura contemporánea.

¿Qué hace que un show pase a la historia?

  • No es solo la audiencia. Ni los fuegos artificiales. Ni la lista de éxitos
  • Los shows que se recuerdan comparten tres rasgos:
  • Cambian una regla del formato.
  • Representan una época cultural específica.
  • Generan al menos una imagen imborrable.

Michael Jackson creó el modelo. Prince lo humanizó. Beyoncé lo perfeccionó. Katy Perry lo viralizó. Shakira y J.Lo lo internacionalizaron. Dr. Dre lo amplió generacionalmente.

Por eso siguen siendo recordados, no sólo como conciertos aislados, sino como momentos en los que el entretenimiento masivo entendió, por unos minutos, que también podía hacer historia.


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Imagen de portada: ESPN