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Durante tres días, el Festival MANCHA 2026 reunió a 30 artistas, 15 bandas y diversos colectivos en Zipolite, Oaxaca, consolidando a la playa nudista como un nuevo polo de creación cultural. Con actividades que incluyeron subastas, talleres, arte en vivo y conversatorios, el encuentro apostó por descentralizar el pensamiento artístico y fortalecer la comunidad a través del arte.

“El manicomio más grande en el que cada quien entra por cuenta propia”; “Donde bailan ángeles y demonios en el mismo lugar” y quizá una de las más mencionadas por la banda local: “Zipolite provee”, son solo algunas de las frases que se suelen escuchar como visitante cuando pones los pies en la arena de esta playa y esta vez, el dicho se cumplió. 

Durante tres días, Zipolite proveyó de arte e hizo honor a su mística al transformarse en un punto de encuentro para la  creatividad con el Festival MANCHA 2026. La edición reunió a 30 artistas provenientes de distintas regiones de México y del extranjero, 15 bandas musicales y diversos colectivos de artesanos que dieron forma a un programa plural y multidisciplinario.

Su nombre, “MANCHA” hace alusión al cardumen, un grupo numeroso de peces que avanza de manera sincronizada, a la misma velocidad y en la misma dirección. 

La iniciativa, encabezada por Cheram Morales y Lunnia Campaña, directivos de 175 Galería de Arte, buscó demostrar que Zipolite es además de un destino nudista de fama internacional, un espacio fértil para la producción cultural. Y es que, como lo demostró en sus inicios, Zipolite es un espacio que se amolda a sus habitantes y que se nutre por las experiencias, vivencias, propuestas y formas de vivir que llegan a sus playas.  

El inicio de Zipolite

Para entender la identidad del lugar es necesario remontarse a la década de 1970. Entonces, un grupo de viajeros hippies llegó a la región de Miahuatlán con la intención de practicar astroturismo y observar estrellas fugaces. En su exploración por la costa oaxaqueña descubrieron Zipolite, una playa –hasta entonces virgen– donde encontraron un refugio para poder desnudar las ataduras de los represivos sostenes, pantalones y camisas. Un zapato por aquí, unas bragas por allá y listo, Zipolite se abría paso como playa nudista lejos de las miradas inquisitivas y las convenciones sociales. 

Un año después regresaron y más personas los acompañaron. Al año siguiente lo mismo  ocurrió y este fenómeno se repitió hasta convertirse en el referente turístico que es hoy Zipolite en México y el mundo. 

Con el paso del tiempo, el destino desarrolló una personalidad propia. Su esencia versátil combina libertad, hospitalidad y una comunidad que abraza la diversidad. Esa misma maleabilidad es la que hoy permite que el arte encuentre un terreno fértil para expandirse.

¿Qué se vivió en el Festival Mancha 2026?

Durante el Festival MANCHA, la experiencia de descanso, conexión y comunidad se amplifica: a la tranquilidad del mar se suman estímulos intelectuales, propuestas humanistas y un despliegue creativo que atraviesa generaciones. 

La programación incluyó subastas colectivas para impulsar a artistas emergentes, un pabellón infantil enfocado en sembrar sensibilidad artística en niñas y niños, talleres gratuitos, presentaciones editoriales, conversatorios, intervenciones de arte en vivo, espectáculos circenses y conciertos que reventaron energía hasta entrada la noche.

El festival se planteó como un espacio de encuentro. Una plataforma donde lo local entabla conversación con lo foráneo y donde el espectador deja de ser pasivo para convertirse en una parte sumamente importante y activa del proceso creativo.

Zipolite: la antítesis de la gran metrópoli

El filósofo Roland Barthes ya advertía que en ciudades como Nueva York el ser humano está ausente debido a su gran acumulación. Zipolite es la antítesis de esa idea. No es una metrópolis —su población ronda los mil 360 habitantes—, pero precisamente esa escala permite vínculos más estrechos y colaboraciones más orgánicas.

En contextos de menor densidad urbana, el arte no compite con el ruido; por el contrario, respira con la comunidad. La cercanía facilita la conversación y fortalece la identidad colectiva, algo que el Festival Mancha buscó potenciar desde su primera edición.

Descentralizar el arte: más allá del territorio

¿Es necesario dejar de mirar a la Ciudad de México como el epicentro casi exclusivo de las exposiciones y del mercado artístico?

Cheram Morales considera que el debate va más allá de la geografía. “El arte tiene muchas vertientes y en ese sentido, lo que estamos haciendo acá es no solamente descentralizar el mercado del arte, sino también descentralizar el pensamiento actual que tenemos sobre las artes y el compartir”, explicó.

Para el promotor, el momento actual exige replantear paradigmas. Sostiene que más que hablar de arte contemporáneo como etiqueta, se trata de una práctica viva, con intención transformadora. Un arte que busca generar nuevas conexiones, provocar conciencia y sembrar semillas en las nuevas generaciones.

Morales subraya la importancia de involucrar a la infancia: dejar en niñas y niños la noción de que son agentes de cambio capaces de cuidar su entorno y transformar su realidad. “Cada paso que damos puede impactar el mundo”, enfatiza.

La idea de crear este festival –añade Cheram– surge a partir de la inquietud de ver el crecimiento de la comunidad artística y ver la posibilidad que es un lugar donde la gente tiene ganas de expresarse. Las personas que venimos es porque así surge, a través de un viaje. 

“Es la primera vez en muchos años, o en toda mi vida, que experimento un sentimiento que no había encontrado, que no sabía que era, que no lo podía identificar. Es más allá de la alegría, más allá de la felicidad. Es algo indescriptible. Una sensación que encontró forma en esta 'Mancha' colectiva".

 

Impacto y proyección

En esta primera edición frente al mar, la Dirección de Turismo del municipio de San Pedro Pochutla —al que pertenece Zipolite— reportó una ocupación hotelera del 65 por ciento durante el fin de semana del festival. La cifra refleja el interés que generó la propuesta y anticipa un crecimiento potencial para futuras ediciones.

Si el dicho vuelve a cumplirse y “Zipolite provee”, el próximo año la convocatoria podría ampliarse, sumando más artistas, visitantes y voces a este cardumen creativo que encontró en la arena de Oaxaca un nuevo punto de partida.


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Imagen de portada y fotografías: Alex Espinoza