*

El mundo parece dividirse en dos y con ello el odio se acrecienta, la sensatez y el ánimo por la búsqueda de la verdad se aleja. Mientras tanto, poco se repara en los peligros que esta nueva invasión implica y que tendrá efectos en el reordenamiento del mundo.

En una de las entregas de mi columna de opinión del mes pasado, escribí sobre la distinción del humanismo, del socialismo humanista (de inicios del siglo XVIII) y de cómo los movimientos de izquierda, en distintos momentos de la historia, se han acompañado de dicho marco ideológico (de acuerdo con la filósofa Rosi Braidotti). Aparece una distinción con el marxismo-leninismo que, si bien adoptó algunas ideas de dicho humanismo, se decantó más bien por un socialismo proletario. Con esto retomo la discusión sobre socialismo y lo que Marx y Engels vislumbraron como su consecuente etapa: el comunismo.

En las últimas horas, a partir de la invasión demencial de Venezuela por parte del presidente estadounidense Donald Trump, los discursos, noticias, comentarios en redes sociales están radicalmente divididos: están quienes, sin ánimo de acudir al pasado injerencista e imperialista de los distintos gobiernos de Estados Unidos, aseguran que este movimiento invasor procurará la libertad del pueblo venezolano y les otorgará la antes negada felicidad y buena vida que brinda un régimen democrático. Nada más alejado de la realidad. Y no porque la democracia no tenga la capacidad de mejorar el estado de cosas dado su propio marco de respeto, inclusión y apego a los derechos humanos; sino porque al gobierno de Trump no le interesa en lo más mínimo la democracia ni su norma constitucional, que, de acuerdo con Rawls, es una de sus bases; y más bien ha estado deviniendo en un gobierno de carácter militarizado. 

Las constantes acciones persecutorias de la población migrante y el repudio hacia grupos minoritarios son tan solo una muestra. Mención aparte su predilección por las mentiras como principal estrategia política, en conjunto con las ventajas que le ha otorgado a la élite económica. En resumen, el de Trump es un gobierno para las élites a través del uso de la fuerza militar.

Por su parte, si lo vemos desde la perspectiva histórica, la Doctrina Monroe es un importante antecedente de las acciones algunas veces de tutelaje, otras de intervencionismo, que el país vecino del norte ha ejecutado en el resto de naciones de la región latinoamericana en los últimos tiempos. En suma, que Estados Unidos y en particular Donald Trump deseen la libertad de Venezuela es un error absoluto de sentido, fuera de toda realidad. 

Del otro lado, tenemos a quienes defienden el régimen dictatorial de Nicolás Maduro bajo un pretendido discurso de izquierda con halo comunista, en el cual, extrañamente, aluden también a otros gobiernos con rasgos de izquierda pero que no necesariamente lo son y mucho menos comunistas. Se asume en esa misma línea el gobierno de México, el de Colombia, el de Brasil, a tono con Rusia y Cuba. 

Pero el estado de la cuestión es mucho más complejo. En el caso de la defensa de una dictadura como la de Maduro, si bien es cierto que habría que considerar tan solo las vejaciones a los derechos humanos de su propia población, entre otras, también hay que tener en cuenta el entramado del problema: la República Bolivariana de Venezuela, al igual que Cuba, han sido países orillados hasta el agotamiento a sostener regímenes de gobierno antiintervencionistas. En el caso de Venezuela, por la defensa de sus propios recursos, sobre todo del abundante petróleo. Toda una serie de embargos por parte de Estados Unidos son la consecuencia de la asfixia económica. Aunque desde luego ello no justifica las acciones antiderechos que comete cualquier dictadura.

En otra tónica está el caso de México, pues es verdad que hay un discurso pretendidamente de izquierda, pero que si se ve de cerca, más bien la estela de las prácticas priistas caracterizadas por la demagogia y la corrupción, y en cierta medida el populismo, son la marca distintiva. El populismo es una práctica que ha sido más utilizada en los últimos dos gobiernos, y que ha cobrado auge por la cantidad de votos que reporta. 

Para que un gobierno sea de verdad de izquierda y se desarrolle bajo un esquema democrático es necesario desaparecer prácticas de impunidad, corrupción, falta de transparencia y nepotismo que muchas veces la propia cultura política heredada obstaculiza desaparecer. Además, desde luego, de acciones sustantivas de inclusión de grupos que la historia ha excluido, como el caso de las mujeres, y no solo se queden en el discurso.

Aunque no dejan de ser preocupantes las amenazas lanzadas también por parte de Trump bajo el pretexto de una intervención dada la incapacidad del gobierno mexicano de controlar al crimen organizado, pero, de nueva cuenta, se omite que el auge del crimen y el abastecimiento de droga ha sido propiciado también por Estados Unidos; es decir, como en el caso de los embargos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, es también una situación que dicho país ha generado; uno de sus daños colaterales.

Volviendo al tema del comunismo, tendríamos que, para lograr uno verdadero, debería de considerarse lo dicho por Marx en cuanto a que este implicaría la abolición de clases sociales, de la propiedad privada, del Estado y una redistribución de la riqueza, lo cual, hasta el momento, me parece que ninguna sociedad ha logrado. Si bien han existido intentos por encaminarse hacia el socialismo, esquema que a su vez conduciría al estado ideal del comunismo, la seducción del poder político ha sido la que ha marcado la dirección. 

Como breve síntesis, lo que hay en estos momentos es, primero que nada, una grave violación del derecho internacional auspiciada por el presidente estadunidense que, aparte, al parecer se encuentra en unas condiciones de salud harto deterioradas; tanto que le empujan a llevar a la práctica el delirio del dominio del mundo. Del otro lado, la defensa de un discurso añejo que proviene más bien de la reminiscencia de la guerra fría, donde los diversos presidentes estadunidenses invocaban prácticas intervencionistas valiéndose del peligroso “enemigo comunista”. 

El mundo parece dividirse en dos y con ello el odio se acrecienta, la sensatez y el ánimo por la búsqueda de la verdad se aleja. Mientras tanto, poco se repara en los peligros que esta nueva invasión implica y que tendrá efectos en el reordenamiento del mundo, a la vez que supone un reto para la defensa de las democracias, de la libre autodeterminación, del respeto a la soberanía, a los recursos propios y del resguardo de los derechos humanos, que tanto han costado. Ante la magnitud de esta muestra de soberbia trumpista tampoco es exagerado pensar en un catastrófico escenario nuclear.


Alicia Valentina Tolentino Sanjuan es socióloga y Maestra en Filosofía por la UNAM, doctorante en Humanidades (línea Filosofía Moral y Política, UAM) y editora en Viceversa. Investiga sobre subjetividad a partir del cambio tecnológico; también sobre feminismos y literatura. Es miembro activo de la Red Mexicana de Mujeres Filósofas y miembro de la Revista de filosofía Reflexiones Marginales Saberes de la Frontera de la UNAM. 


También en Pijama Surf: Injustificable la operación de Estados Unidos en Venezuela según el derecho internacional