Béla Tarr (1955–2026): muere uno de los artistas más radicales del cine europeo
Arte
Por: Mateo León - 01/06/2026
Por: Mateo León - 01/06/2026
La escena del cine internacional está de luto. Béla Tarr, el legendario cineasta húngaro considerado uno de los máximos exponentes del slow cinema y una figura clave del cine de autor moderno, falleció este 6 de enero de 2026 en Budapest a los 70 años tras una larga y seria enfermedad, informaron fuentes oficiales y familiares a la agencia de noticias MTI.
Tarr, nacido el 21 de julio de 1955 en la ciudad de Pécs, Hungría, dedicó su vida al cine con una visión única y profundamente personal, construyendo una filmografía que desafiaba las reglas narrativas tradicionales y expandía las posibilidades estéticas del lenguaje cinematográfico.
Su obra es ampliamente reconocida por larguísimos planos secuencia, blanco y negro contrastado y una cadencia que exige una experiencia meditativa del espectador. Entre sus películas más influyentes se encuentran Sátántangó (1994), una epopeya cinematográfica de más de siete horas que explora la descomposición social tras el colapso del comunismo en Europa del Este, y Werckmeister Harmonies (2000), otra pieza mayor del cine contemporáneo.
Su carrera comenzó a finales de los años 1970 con obras como Family Nest (1979) y se consolidó con el paso del tiempo como una de las voces más singulares del séptimo arte europeo. La crítica lo consideraba a menudo un cineasta que forzaba al público a experimentar la temporalidad y la realidad de manera diferente, con una mirada desencantada pero profundamente humana de las sociedades y sus personajes.
Una parte fundamental de su obra fue su colaboración con el escritor László Krasznahorkai, el ganador más reciente del premio Nobel de Literatura y autor de las novelas que inspiraron Sátántangó y Werckmeister Harmonies. Esta alianza artística produjo algunas de las representaciones narrativas y visuales más intensas del cine moderno.
Tras finalizar su producción cinematográfica con El caballo de Turín en 2011, una obra que él mismo consideró su testamento artístico, Tarr se retiró formalmente de la dirección, dedicándose a la enseñanza y a fomentar el talento de nuevas generaciones de cineastas en diferentes instituciones.
Tarr no solo influyó en el cine europeo: su estilo ha sido citado como referencia por cineastas internacionales, incluidos nombres como Gus Van Sant y Jim Jarmusch, quienes han mencionado públicamente su admiración por el enfoque estético y temático del húngaro. Su legado persiste como una de las exploraciones más radicales del tiempo, el espacio y la condición humana en el cine del siglo XX y XXI.
La noticia de su muerte fue recibida con homenajes en festivales, academias de cine y entre cineastas de todo el mundo, quienes destacaron no solo su aportación estética, sino también su compromiso con una forma de hacer cine que no negocia complejidad ni profundidad emocional o filosófica.
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