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Exponen al neurocientífico Andrew Huberman por tener 6 novias a las vez, pero su popularidad se dispara

Ciencia

Por: Luis Hara - 03/25/2024

Un artículo de la revista New York Magazine (NYMAG) expone el comportamiento sexual de Andrew Huberman, pero sus fans cierran filas en torno suyo y celebran sus conquistas como prueba de que sus protocolos funcionan

Un artículo de la revista de Nueva York (NYMAG), escrito por la periodista Kerry Howley, expone la vida sexual aparentemente manipuladora de Andrew Huberman, neurocientífico de Stanford, que se ha convertido en uno de los principales divulgadores de la ciencia. Huberman ha alcanzado gran popularidad introduciendo sencillos protocolos que prometen mejorar el performance, los niveles de energía, el manejo de estrés, la capacidad de concentración, la recuperación y el rendimiento en el ejercicio, etc. Sus protocolos más famosos tienen que ver con tomar el sol en la mañana a primera hora para regular ciclos de sueño, emplear el suspiro fisiológico para reducir inmediatamente el estrés, los baños de agua fría y el uso de una serie de suplementos (algunos de los cuales son vendidos por compañías que patrocinan a Huberman).

Huberman se caracteriza por ser un tipo elocuente que reduce complicado conceptos científicos en bits de sonido que los simplifican y los hacen fácilmente utilizables; que sondea innumerables estudios científicos para presentar mecanismo puntuales que pueden utilizarse para afectar el cuerpo, muchos de ellos a través de la interacción entre la mente y el cuerpo. Algunos expertos han criticado a Huberman por esta simplificación, pero en general gozaba de una buena reputación hasta hace poco; cualquier divulgador tendrá una tendencia a pasar de largo algunas cosas para hacerlas más accesibles. En general, legiones de seguidores juran que sus vidas han sido mejoradas siguiendo sus protocolos.

Desde ayer, sin embargo, la imagen de Huberman se encuentra en el centro de un huracán de polarización mediático. La pieza del NYMAG cuestiona frontalmente a la integridad del científico con base a las conversaciones que la periodista Howley sostuvo con exnovias o exparejas de Huberman. Parece ser que Huberman tenía múltiples relaciones, quizá seis al mismo tiempo, aunque su equipo de prensa han dicho que los alegatos son falsos o exagerados, en tanto a que algunas de estas relaciones ocurrieron cuando se había separado de una de estas mujeres (la novia principal, por así decirlo, en la que mucho del artículo está basado).

Según el artículo, una de las personas afectadas, identificada con el seudónimo de Sarah, creía estar en una relación exclusiva con Huberman, solo para descubrir más tarde la existencia de otras relaciones paralelas.

Sarah también compartió su experiencia sobre cómo la relación afectó su percepción sobre decisiones pasadas y presentes, incluyendo comentarios que le atribuyen a Huberman sobre su vida familiar, aunque él ha negado estas afirmaciones a través de un portavoz. Además, Sarah mencionó que durante su relación con Huberman, contrajo el virus del papiloma humano (VPH), un punto de preocupación dado que ella había mantenido un registro negativo de la enfermedad durante una década. Huberman, por su parte, a través de un representante, ha indicado que nunca ha dado positivo por VPH.

El reportaje también narra incidentes que pintan un cuadro de Huberman exhibiendo comportamientos que algunos encontraron desconcertantes, incluyendo tendencias a ausentarse sin previo aviso. Un incidente destacado involucra a Scott Carney, un antropólogo y periodista de investigación, quien relata haberse vuelto amigo de Huberman, luego de que lo entrevistará para un libro que estaba escribiendo. En una ocasión, según Carney, lo visitó a su casa en California, con el fin de ir a acampar, pero Huberman se ausentó inmediatamente y lo dejó su solo en su casa con su bulldog por un día y medio.

El artículo relata como a medida que las mujeres implicadas comenzaron a comunicarse entre sí -en gran medida debido a la acción de la misma periodista indagando los trapos sucios de la vida de Huberman- se dieron cuenta de situaciones donde él mantenía interacciones significativas y paralelas con ellas. Estas revelaciones subrayan una compleja red de relaciones personales. En una misma ocasión Huberman, manejando lo que la autora llama  "jujitsu de logística", tras la partida de Sarah de su hotel en Texas, pasó tiempo con Mary y luego se encontró con Eve en Topanga, California, donde mantuvieron una conversación seria sobre su relación, todo esto mientras gestionaba mensajes con las demás, manteniendo la ilusión de un compromiso exclusivo con cada una.

Las cosas son sin duda complejas y hasta pantanosas. Por una parte está un científico, experto en fitness y en crear protocolos de rendimiento, que aparentemente es un mujeriego y es deshonesto con sus parejas. Esto para algunos compromete su posición como un experto en la esfera pública, que hace recomendaciones sobre cómo optimizar la vida de las personas. Por otro lado está un artículo que toma una posición claramente feminista, y califica a Huberman de un explotador misógino, aunque lo hace con base a los reportes de dos o tres de sus parejas, las cuales se consideran  víctimas. Aunque no se debe desestimar el daño emocional que Huberman les pudo haber hecho, el método periodístico de indagar cualquier cosa que se pueda encontrar que lo pueda incriminar o retratar en una luz negativa, el cual es evidente, evoca más un tabloide que una revista seria. Un periodismo basado en chismes y quizá en venganzas personales. Si bien, hay que esperar a que pase un poco de tiempo y podamos ver si existen otros alegatos pero también a que Huberman se defienda.

Lo cierto es que aunque el comportamiento de Huberman es moralmente cuestionable, no cometió ningún crimen, incluso si todo lo que se publicó es cierto. Estar en una posición pública conlleva responsabilidad y pudo haber faltado a ella; pero también es posible que esa misma posición lo haya hecho objeto de un ataque personal -un hitpiece- y de una especie de linchamiento público. Algunos hablan de que el ataque puede venir de las grandes farmacéuticas que estarían molestas porque sus protocolos son gratuitos y evidentemente reemplazan en algunos casos tratamientos farmacéuticos. Otros hablan de la industria del alcohol; pues Huberman ha insistido en los daños que causa el alcohol. Estos son ya terrenos de la teoría de la conspiración, si bien no se pueden descartar del todo.

Lo que queda de este affaire, es una sensación desagradable en general. Aquellas (y aquellos, aunque en este caso hay una clara polarización de géneros) que solidarizan con las mujeres que aparentemente fueron engañadas por Huberman, despotrican en las redes sociales en contra de la masculinidad tóxica, de los hombres blancos ricos, influyentes y manipuladores que predan sexualmente de jóvenes mujeres atractivas. Nada cambia, dicen, su privilegio los mantiene impunes. Huberman debe ser cancelado porque su comportamiento es deshonesto y peligroso, en tanto a que se ha convertido en un mentor de millones de jóvenes hombres, como Jordan Peterson o Andrew Tate.

Paralelamente, los seguidores de Huberman o ciertos consumidores de lo que en inglés llaman la manosphere y la ideología de la red pill, ven en esto un ataque personal del feminismo resentido, aunque empoderado en la academia y en los medios woke, que lanza un ataque en contra de una masculinidad que perciben como amenazante porque no produce hombres dóciles y aquiescentes. Buscan derribar a un científico, que ha sido defendido por la Universidad de Stanford, con base sólo en un ataque a su carácter, que no les gusta porque es mujeriego. Pero, sus credenciales, sostienen, son impecables. Su vida personal no debería de figurar; solo debería de hacerlo la calidad d. Si le preguntaran a tus exparejas que piensan de ti -especialmente si eres un macho alpha que no se ha dejado atrapar- y se tomara eso como barómetro, seguramente no saldrías muy bien parado. Se trata de un ejercicio de chismografía, no de periodismo. Esto es lo que expresan al tiempo que la popularidad de Huberman sube a la estratosfera. Pues, como las figuras polarizantes saben, no hay nada que sirva para aumentar la popularidad como estar en medio de la guerra de la político de identidades. Aunque Huberman no figuraba tanto, pues no se metía con temas políticos; al ser tan popular con jóvenes hombres en busca del biohacking y la optimización -de volverse más grandes y fuertes-, inconscientemente o no, entró en este campo de batalla.

Además de estos dos campos, quedan quienes se disfrutan del fenómeno de la polarización y crean memes. Aunque lo más sensato es siempre estar al margen de estas guerras de opiniones, lo segundo mejor es simplemente reír y disfrutar de cómo se tornan estos asuntos.

Algunos usuarios sugieren que el mismo Huberman tiene la clave para superar el estrés que podría causar esta situación a las mujeres involucradas; es dueño del veneno y de la cura. "Al menos Huberman tiene todas las soluciones para que las chicas se sientan mejor", comenta un usuario, destacando que ahora solo deben aplicar baños matutinos de sol y agua fría y el suspiro fisiológico para salir de este estado de furia.

Otros han expresado admiración por la aparente capacidad de Huberman para mantener múltiples relaciones a la vez, destacando no solo la cuestionabilidad moral de sus acciones, sino también su impresionante manejo del tiempo. "¿Este tipo, Andrew Huberman, tiene cinco novias simultáneas en diferentes estados, maneja un laboratorio en Stanford y el podcast de ciencia más popular y aún tiene tiempo para cuidar a su perro? Tiene un carácter moral despreciable, pero inscríbanme para cualquier planificación de productividad y elixires de energía yang que esté vendiendo". Otros esperan su nuevo protocolo para mantener un harém.

Lo que parece obvio de esto es que, si Huberman logra no ser completamente cancelado -y es poco probable que esto suceda-, su popularidad y su cuenta de banco saldrán beneficiadas. Aunque esto pueda ser un tanto vulgar y simplón, se ha convertido ahora en un ídolo de una masa de hombres jóvenes que celebran su arte de ligar, sin importarles que pueda o no ser resultado de una personalidad psicópata o narcisista.

En última instancia la reflexión debería girar sobre dos cosas. La vulgaridad del periodismo que considera noticias la vida sexual de las personas. Y el fenómeno de los influencers, particularmente dentro de la industria del desarrollo personal; una industria que parece superar a todas las demás, comiéndose todo el pastel. El desarrollo personal ha reemplazado a la religión y al arte, en cuanto a lo que ocupa a la atención humana. La mejora del yo para conseguir sexo, fama, dinero, estatus e influencia es el principal motor que mueve los contenidos en las redes sociales. Y dentro de este mundo se encumbran personas de dudoso valor; algunos son charlatanes y vendedores de humo; otros saben algo pero son sociópatas; otros simplemente saben posar frente a las cámaras y vender una apariencia atractiva. Estos son los influencers que nos educan. Huberman no es el peor de ellos pero ciertamente es parte del problema de esta decadencia cultural que ha sobrevenido ante la supuesta libertad democrática de internet, en la que se han eliminado los filtros tradicionales que decidían qué y quién debía ser escuchado.