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Krampus, Perchta y otros monstruos de la Navidad

Arte

Por: Rober Díaz - 12/25/2023

Mucho antes del risueño y rechoncho Santa Claus, otros personajes poblaban la Navidad, pero con un ánimo muy distinto, provocando más pesadillas que ilusiones

​La Navidad es un escenario propicio para la felicidad simple, basada en el consumo, también se puede estropear si las condiciones económicas son adversas para los integrantes de una sociedad que asume, durante esta época del año y como en ninguna otra, deben maximizarse las bondades que deberían hacernos seres que desde la profundidad de su corazón pueden romper con las inercias de una sociedad desigual estructuralmente.

Sentimientos como la bondad, la misericordia, la fraternidad y sobre todo la unión familiar son exaltados y reconocidos como parte de un “espíritu navideño” inherente a la esencia de la humanidad, aunque la mayoría de las campañas publicitarias emprendidas por las empresas solo disfrazan su marketing sensible a las carencias emocionales por buenos deseos que terminan engañando al usuario planteando un utopía de posibilidades y regalos que realmente solo están disponibles para una minoría de la población mundial (735 millones de personas pasarán hambre en este 2023) . 

Si esta época del año se quiere ver como el mejor momento para la reconciliación, la tradición judeo-cristiana para celebrar la venida del Cristo, distintas culturas celebraban su venida no solo con bendiciones sino reconociendo la llegada de este periodo con la visita de entidades dispuestas a cobrarles —sobre todos a los infantes— su falta de altruismo y bondad; en las tradiciones nórdicas se encuentra el Joulupukki (cabra de Navidad) un antecesor directo al San Nicolás, quien llegaba a la casa de los pobladores —en Finlandia— ataviado con pieles y cuernos de cabra para exigir las buenas acciones de los niños a los que se llevaba si éstas no habían sido las esperadas.

Bajo este mito, también se encuentran variopintas explicaciones sobre los colores usados para vestir posteriormente a Santa Claus, por ejemplo, que el hecho de que los renos pudieran volar estaba basado en una tradición de los Sami (grupo étnico de Laponia) cuyos chamanes usaban los orines de los renos que a su vez mascaban la Amanita muscaria, el hongo preferido de los rangíferos que les permitía a los pobladores experimentar la alucinación de verlos volar con las narices rojas y fluorescentes etc.

El Krampus es un demonio con patas de cabra, cuernos fáricos, piel velluda, una larga lengua curvada y colmillos que sale la noche del 5 de diciembre (llamada Krampunach) a robar niños que se han portado mal para meterlos en un saco. Diez días antes de que las posadas comiencen con su alegoría donde los peregrinos llegan a una casa, son rechazados y solo hasta que alguien por medio de un diálogo lacónico y lleno de contradicciones, les reconoce —aunque no tendría por qué— como los padres del salvador, los deja pasar para él poder ver al niño nacer, adorarlo y luego, comenzar una nueva lucha, contra una representación del mal: la piñata. Realmente la Navidad pone a prueba nuestra resiliencia, hay demasiados contrasentidos en ella que nos lleva desde el sufrimiento más injusto, hasta la reconciliación más absorta y ese es precisamente su principal contenido, su mensaje más ansiado: que todo, absolutamente todo es superable.

En Islandia existe una mujer llamada Gryla que desde los tiempos inmemorables ha servido para asustar a los niños, pues dicen que además de recorrer los poblados con un saco para llevárselos, su apetito es enorme y su pasión es el estofado hecho al igual de los infantes irreverentes. Gryla también asesinó a dos de los tres esposos que tuvo porque se había aburrido de ellos; a su vez, el esposo con el que se quedó llamado Lappaludi es un gnomo gigante con el que tuvo 13 hijos con cara de Troll llamados los Jolasveiner quienes fueron reconocidos en las épocas decembrinas por jugar bromas a los parroquianos, escondían los regalos, tiraban los árboles y también azotaban las puertas para que los niños se espantaran

Perchta, también conocida como Frau Huda, Frau Holda, Frau Perchta o Frau Berchta es otra figura femenina vestida de blanco que fue considerada por sus seguidores la diosa del invierno a la que se le atribuían poderes mágicos positivos y negativos. Oriunda de los Alpes alemanes y eslovenos se le dejaba comida en la entrada de las casas para que a su paso saciara su hambre con su sequito de fantasmas espectrales. Descendiente de Holda (madre nieve) su adoración estaba emparentada por ser la guardiana de las bestias durante del periodo Berchtentang o la fiesta de le epifanía comprendido entre el 25 de diciembre y 5 de enero. Perchta se dejaba ver en medio de los bosques y las aldeas saltando, soportada por un solo pie gigante de ganso o de cisne. Esta manera de presentarse para los pobladores significaba las diversas formas en las que la deidad podía aparecer adoptando cualquier forma animal. Si los niños se habían portado mal era posible que los abriera verticalmente por el estómago sacándoles las vísceras y los llenaría de paja y piedritas, si se portaban bien les dejaba una moneda pequeña de plata.

El padre Fouettard (o Hans Trapp) surgió en Mertz en el año en 1552, se cree que su aparición coincidió con el sitio de que Carlos V ejerció sobre la ciudad, cuando ante el acecho sacaron un maniquí que pasearon por la ciudad para después quemarlo. Con un látigo en la mano, restallaba campanillas o cencerros (campanas que se pone al ganado), con el que repartía azotes y castigos, en otros casos menos extremos dejaba como regalo para los malvados carbón y remolachas; su presencia era antecedida por el sonido de sus pezuñas o zapatones golpeando contra el suelo. Otra versión asegura que como en el caso de Vlad III, el Empalador (de donde fue sacado Drácula), este personaje fue inspirado en Jean de Dratt un sanguinario mariscal que aterrorizaba desde su castillo Berwarstein cerca de Wissembourg que saqueaba a los campesinos y secuestraba a los viajeros. Hans Trapp o el padre Fouettard era conocido por llevar colgando un enorme pene del que salían ramas tricolores.

La venida de la Navidad con sus buenos deseos y bestias demenciales también se debe al oscuro origen de ésta, aparte del atribuido al del cristianismo está ligado con las Saturnales, rito pagano dedicada a Saturno, dios de la agricultura romano que fue usado como pretexto para levantar el ánimo de los romanos cuando fueron derrotados por los cartaginenses en el lago Trasimeno en el año 217 a.C. En esta festividad se realizaban sacrificios y banquetes públicos donde a coro de los presentes se gritaba “lo, Saturnalia”; la fiesta tomó tal popularidad que se empezó a celebrar desde el día 17 de diciembre hasta el 23 del mismo a pesar de los intentos de Calígula y Augusto por reducirlos; en las festividades la autoridad era invertida, así los hombres vestían de mujer y las mujeres de hombre. Las casas se adornaban con colgantes de hierbas y se ponían velas por las calles. La celebración era una forma de reducir las reglas sociales, era un carnaval dedicado al dios principal de los romanos, Saturno que también controlaba el tiempo y las cosas sobrenaturales. 

Saturnalia, Antoine-François Callet (1783)

En invierno muere la vegetación y los días se acortan, de ahí la importancia de prodigar al dios Saturno todas estas fiestas, el fin era mantenerlo contento. No solo a él sino a las personas que conformaban la comunidad y fue de esa manera que se introdujeron regalos, mientras los esclavos disfrutaban de tiempo libre (vacaciones) con sus familiares. También, se atribuye al 25 de diciembre otra festividad, la de "Natalis Solis Invictus" en la que se celebraba el renacimiento de Apolo, dios del sol

La Navidad se ha transformado en uno de esos monstruos que atemorizaban en las leyendas con tragarse a quienes distendían su comportamiento. El estudio de Brian O'Shea y René Freichel, publicado en ”Nature Translational Psychiatry”, admite que aquellas personas que padecen trastornos mentales, eligen Navidad para atentar contra sus vidas, ya que en esa época se sienten más aislados, desmotivados y tristes que el resto del año

Los monstruos que trae la Navidad no son solo esos que amenazan con su presencia nuestra existencia dadas nuestras faltas morales, también lo son esos otros monstruos que nos han alienado con un sistema quien ocultamente alimenta un soberano consumismo en el que los valores atribuidos a la Navidad realmente quedan tergiversados para darle rienda suelta a una época donde lo último que se hace es amar al prójimo y lejanamente se practica la reconciliación con nuestros valores esenciales.

 

Imagen de portada: Un hombre vestido de diablo actúa durante un espectáculo de Krampus en la ciudad de Kaplice, en el sur de Bohemia, el 13 de diciembre de 2014 (David W Cerny / Reuters).