*

Halloween: la oportunidad perfecta para emprender una operación lúdica, vital, que haga caer las barreras que mantienen contenida nuestra verdadera naturaleza

Por Halloween podríamos disfrazarnos a la antigua, con atuendos hermosos y tétricos, y abandonarnos a la perpetración de atentados públicos. Perpetrar actos delictivos, generar disturbio, introducir el caos en la ciudad. Las máscaras nos ocultarán de los demás en el misterio. En esos instantes de fuegos artificiales no seremos nosotros los partícipes, sino aquellos personajes a los que representamos: nos trasmutaremos, seremos médiums, poetas poseídos por otros seres que buscan nacer y obrar a través de nosotros, vehículos de la fantasía, recipientes vacíos atravesados por multitud de fuerzas ajenas, seremos el viento que transporta perfumes por el aire hacia lejanas tierras. Se abrirá un portal mágico más allá del mundo ordinario, más allá del tiempo y del espacio, un portal a través del cual retornaremos a cuando éramos niños y dedicábamos la vida a jugar. Operar será un acto lúdico de sabotaje. No existirán límites para la imaginación plasmada en los actos desde la vitalidad. La audacia será nuestro monumento, y la irresponsabilidad y la ausencia de respeto serán el material de nuestras alas y proezas. A las doce de la noche se abrirá en medio del vacío un umbral donde lo real y lo irreal se compenetran, donde lo palpable y lo impalpable se cohabitan, donde lo imposible es posible y donde todas las dimensiones convergen en el centro del Infinito. Las reglas no existen para el que juega, el que juega inventa las reglas… ¡no es así! Las reglas se inventan solas, a sí mismas, a medida que el juego se desenlaza, y el que juega no puede ya controlarlas, sólo le queda sujetarse a ellas si desea continuar jugando. Cae en un tablero cuyas reglas desconoce y que descubre a medida que juega con los ojos cerrados, cruzando los dedos, danzando al borde de los acantilados. Tira los dados al azar. El azar conoce todos sus secretos. Saber vivir es estar dispuesto a emprender aventuras y a tomar riesgos, es saber apostar en grande.

¿Nunca te has tirado la pera al colegio?

¿Nunca has colocado un reloj bajo un martillo y lo has aplastado con él hasta romperlo?

¿Nunca has tomado una hoja de esquemas y la has lanzado a las llamas del fuego?

¿Nunca has saltado el cerco que dividía una vecindad de otra?

¿Nunca has saltado desde el techo de tu casa al de las casas vecinas y has descendido hasta el jardín de una de ellas y te has introducido en el interior desconocido de la casa para investigar lo improbable en indicios extraños?

¿Nunca has reprobado un examen final adrede por dedicarte a dibujar monstruos sobre el papel en lugar de responder a las preguntas aun cuando conocías todas las respuestas?

¿Nunca te has deslizado por un pasamanos y nunca te has lanzado con una colchoneta al jardín desde un segundo piso?

¿Nunca has renunciado a un trabajo seguro y excelente por darte el mero gusto de vivir unos instantes en la incertidumbre y percatarte de que la muerte es una ilusa?

¿Nunca has comido en un lujoso restaurante sin tener un centavo con que pagar la cuenta sólo para ver qué ocurre?

¿Nunca has extraviado adrede tu celular y te has negado a recibir otro para ver si se cumple la predicción de muchos de que será el fin del mundo?

El secreto consiste en comprender que lo que nos aseguran que será el fin del mundo, no es el fin del mundo, y que es, más bien, motivo de risas.

Conectarse con Dios es retornar a la infancia, abrir los ojos grandes, abrir las manos en medio del vacío, en medio de un huracán que te arrastra, y sin aferrarte a nada. Lo único que conduce a lo Supremo es la risa, es ser un viajero que el viento arrastra por las rocas y por los aires, es jugar, es amar lo mundano sin estar sujeto a nada. Cerrar las puertas a lo mundano es estar sujeto, es ser esclavo. Abrir las puertas a lo mundano para que entre y cerrarlas para que no se marche, es estar sujeto, es ser esclavo. Abrir las puertas a lo mundano para que entre y abrirlas para que se marche, como el viento que atraviesa una flauta sin impedimentos, eso es no estar sujeto, eso es ser libre. No poner obstáculos es confiar en Dios. Ser libre es realizarse. Por eso la música suena a través de la flauta y la flauta realiza, así, su naturaleza en la música.


Perfil de la autora en Facebook

Instagram de la autora: @sofia_tgastaneta


De la misma autora en Pijama Surf: Platón y el homoerotismo 

 

Imagen de portada: Vuelo de brujas (Francisco de Goya, 1798; detalle)