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La filosofía del kintsugi, el arte de reparar piezas de cerámica resaltando las grietas con oro o plata, para reflexionar sobre la impermanencia y la imperfección

 

No hay una belleza realmente excelsa que no tenga una anomalía en sus proporciones.

-Francis Bacon

 

En Japón se practica un delicado arte de reparar objetos rotos dejando e incluso resaltado las grietas que marcan dicha ruptura, como si hubiera, y realmente la hay, una gran belleza en la cicatriz o en la marca que muestran las vicisitudes del tiempo. Esto se llama kintsugi, literalmente "ligazón dorada", y consiste fundamentalmente en reparar piezas de cerámica con barniz espolvoreado de resina dorada o plateada. 

Detrás de esta práctica yace no sólo una teoría estética sino una profunda visión filosófica de la realidad. A diferencia de la idea de que la belleza es la perfección -lo siempre joven e intocado- detrás del kintsugi yace una noción que celebra los accidentes del tiempo y la misma impermanencia de las cosas. En este sentido existe una conexión con el llamado wabi-sabi, que se encuentra, a su vez, emparentado al budismo zen, donde se busca dejar que la naturaleza exista sin demasiadas interferencias, buscando lo simple y espontáneo. Las piezas de cerámica podrían ser reparadas de tal forma que no se percibieran las grietas, pero esto sería en parte una negación de la realidad de la naturaleza y sus acontecimientos. Por otro lado, las piezas podrían no ser reparadas, pero entonces no tendríamos el recordatorio de la impermanencia y de la imperfección ensalzado por una idea estética -que es mezclar el polvo dorado con la cicatriz de la arcilla o de la porcelana, etc- que está supedita a un entendimiento filosófico. La imperfección aceptada y admirada se vuelve una forma de perfección del espíritu. De la misma manera el Buda, al entender la impermanencia de todas las cosas compuestas, encontró algo permanente: la conciencia despierta, el estado inmutable, un dharma luminoso y perfecto, el nirvana.

En el kintsugi se resaltan las grietas de la ruptura o de la decadencia natural de un objeto, puesto que así la impermanencia y la fragilidad de la existencia se hacen visibles, quedan, por así decirlo, a flor de piel, como objetos contemplativos. Christy Bartlett escribe en Flickwerk: The Aesthetics of Mended Japanese Ceramic:

No sólo no se intenta reparar el daño, sino que la reparación es literalmente iluminada... esto es una forma de expresión física del espíritu de mushin... Mushin es comúnmente traducido como "no-mente", pero conlleva la connotación de existir plenamente en el momento, de desapego, de ecuanimidad dentro de condiciones cambiantes... Las vicisitudes de la existencia a lo largo del tiempo, a los cuales los seres humanos son susceptibles, no podrían ser mejor expresadas que en los quiebres, golpes y destrozos a los cuales también la cerámica es susceptible. Esta agudeza o estética existencial ha sido conocida en Japón también como mono no aware, una sensibilidad compasiva, o tal vez una identificación con lo que está afuera de nosotros.

Así, estas vasijas rotas, agrietadas, heridas, son una suerte de refinados espejos en los que podemos vernos a nosotros mismos y aceptar nuestra propia naturaleza sujeta al cambio y a la degradación, en muchos sentidos tan frágil como el barro o la porcelana, e igualmente bella en sus transformaciones, especialmente en aquellos puntos en los que la pérdida, la enfermedad y la adversidad nos han golpeado, pero con ello nos han hecho crecer y nos han vuelto más sabios y sensibles. Como escribió el poeta Rumi, "la herida es el lugar por donde entra la luz". Es la cualidad de vulnerabilidad en una persona la que nos permite unirnos a ella y establecer un lazo de intimidad. La grieta es siempre también un atisbo de apertura, de espacio y posibilidad de interpenetración. Como dice un poema de Borges para una versión del I Ching:

 

la firme trama es de incesante hierro, 

pero en algún recodo de tu encierro

puede haber un descuido, una hendidura.

El camino es fatal como la flecha, 

pero en las grietas está Dios, que acecha. 

 

Serendipia del descuido, eso es el kintsugi: grieta o descalabro por donde descubrimos a la divinidad. El siguiente poema de Meister Eckhart (el más oriental de los místicos occidentales), tomado de una reciente edición de Jon M. Sweeney y Mark S. Burrows, expresa de manera sublime cómo son estas heridas o fracturas las que dejan entrar la luz e incluso las que permiten que lo divino subyacente se revele:

 

Es verdad:   

A veces tienes que   

romper las cosas   

si quieres     

ver a Dios en ellas.   

En la ruptura   

permitimos que lo sagrado   

se forme

en nosotros.

 

Twitter del autor: @alepholo

¿Los drones están abriendo nuevos caminos a la fotografía? Estas imágenes así lo prueban

Arte

Por: pijamasurf - 01/15/2018

La tecnología como vehículo de la creatividad: estas imágenes sugieren que los drones podrían transformar ciertos ámbitos del ejercicio fotográfico

En años recientes los drones se han popularizado como artefacto de recreación pero también de creatividad. En la medida en que permiten tomar fotografías y grabar videos, se trata de instrumentos que de algún modo han abierto nuevos caminos de exploración en el dominio de la expresión visual.

Como prueba de ello, presentamos ahora estas fotografías seleccionadas en el marco de Dronestagram, una iniciativa que sirve al mismo tiempo como concurso, escaparate y estímulo para el ejercicio de la habilidad fotográfica con drones.

Bajo la consigna de que “un nuevo lenguaje fotográfico ha nacido”, Dronestagram invita permanentemente a cualquier persona a compartir en su sitio sus imágenes personales, mismas que son votadas, seleccionadas y, si es el caso, premiadas en alguna de las competencias promovidas.

Mujer y nenúfares en Mekong Delta, Vietnam

De cualquier modo, más allá del proyecto, las imágenes demuestran que, en efecto, cierto ámbito de la fotografía podría renovarse por completo por el uso del dron, lo mismo en la fotografía de paisaje que la de la naturaleza o la social y cultural, demostrándose así, una vez más, que la tecnología puede ser vehículo de la creatividad.

Trabajadores en la Torre Mercurio de Moscú, Rusia

 

La escalera que conduce a una de las playas de Algarve, Portugal

 

Una playa en la Polinesia Francesa

 

Dos personas cruzan en motoneta el puente Chiang Mai, en Tailandia

 

Un oso polar fotografiado en Canadá, donde la religión inuktitut lo adora bajo el nombre de "Nanook"

 

Un hombre nada junto a una ballena en Argentina

 

Las cascadas de Gullfoss, en Islandia

 

Mujeres recolectan caléndula en Sukhothai, Tailandia

 

Para más detalles sobre las fotografías puedes consultar el sitio de Dronestagram en este enlace

 

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