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¿No puedes dejar de ver porno? Este consejo de Tolstói podría ayudarte

AlterCultura

Por: pijamasurf - 12/22/2017

Tolstói habría luchado con una adicción al sexo y encontró en su trabajo un antídoto

La vitalidad del Conde Lev Tolstói es harto conocida. Además de crear una monumental obra literaria e interesarse por temas sumamente diversos como la ecología, los derechos sociales, la espiritualidad y otros, Tolstói tuvo una enorme familia, dando a luz a unos 13 hijos -muchos de los cuales murieron en la infancia-. Una parte importante de Tolstói fue su lucha con el instinto sexual. Algunas personas han especulado que en su juventud fue un adicto al sexo. Por ejemplo, en un escrito que puede considerase una serie de mandamientos para un hombre de genio, él mismo se exhorta a sólo visitar el burdel dos veces al mes. Evidentemente se trataba de otra época, pero algo deja ver esto de su feroz deseo.

Lo interesante, sin embargo, es que al madurar y reformular sus reglas para una buena vida, Tolstoi da por el traste con esta regla de ir a los prostíbulos. En su fase madura Tolstói se anima a:

-Suprimir la lujuria trabajando duro.

Y en esa misma formulación habla de alejarse de las mujeres (hay que decir que Tolstói era un tanto misógino) y dedicarse "a ayudar a los menos afortunados".  Hoy en día muchas personas son adictas al sexo, y sobre todo al porno, lo cual es ciertamente una versión de más baja resolución del sexo. A estas personas podría servirles leer las palabras de Tolstói, quien desde que tenía 18 años se propuso un código personal para alcanzar la grandeza y entendió que el trabajo y la motivación eran una forma de combatir el deseo sexual lujurioso. 

Pensar que cada vez que ves porno estás evitando trabajar en algo que te puede llevar a la grandeza, incluso justamente a conseguir una relación de pareja sana (y tener buen sexo) es un buen recordatorio para superar la adicción a la pornografía. Evidentemente existen terapias y recursos profesionales que pueden y deben utilizarse, pero para algunos, la inspiración de un hombre como Tolstói, que padeció algo que muchos padecen y lo superó (o la menos controló) concentrando esa misma energía sexual en la creatividad de su trabajo, sublimando así su deseo, puede de ser una excelente fuente de inspiración. De cualquier manera, el trabajo y la creatividad siempre son buenas formas de tratar un trastorno.

El amor en conciencia plena da pie a relaciones más profundas, significativas y, en última instancia, duraderas

Del amor en nuestra época se ha señalado la fugacidad con la que ocurre. En específico en el caso de las relaciones de pareja, de las que parece haber desaparecido la voluntad de compromiso de antaño y, en combinación con otras circunstancias, terminan tan pronto como comienzan. “Amor líquido” llamó el sociólogo Zygmunt Bauman a esta realidad del amor contemporáneo, protagonizada por sujetos “desesperados por «relacionarse»” pero que, al mismo tiempo, “desconfían todo el tiempo del «estar relacionados»”.

No es sencillo esgrimir una solución a este dilema, que sin duda admite diversas perspectivas para ser abordado. Una de ellas es la idea de “conciencia” según se entiende en ciertas doctrinas orientales (particularmente en el budismo) y que, grosso modo, podemos definir brevemente como la capacidad de estar plenamente en el aquí y en el ahora, experimentar el presente con todos los sentidos, con toda nuestra atención, concentrados, sin la distracción de la tristeza por el pasado o la ansiedad por el futuro. Nada más que el ahora, que es más que suficiente.

Visto así, es claro que el amor se nutre de la conciencia, pero no egoístamente, pues esta es una relación recíproca en la que, a su vez, el amor colma a la conciencia que lo experimenta en toda su plenitud.

 

Ve más allá de la superficie

El amor nace en la superficie, pero necesita de la profundidad para echar raíces. A veces, al buscar una relación de pareja, nos preocupamos por encontrar a personas que cumplan ciertas cualidades y, como si se tratase de una oferta de empleo, miramos el currículum de los prospectos para saber a qué escuela fue, qué películas le gustan, qué lugares frecuenta, cuando lo cierto es que aquello que de verdad importa al momento de amar reside en otro lado.

Esta sugerencia no se refiere sólo al otro, sino también a nosotros mismos. El amor es también una manera de vivir que requiere del examen continuo de nuestro deseo, los motivos que tenemos para desear algo en específico y las acciones que tomamos para volver ese deseo parte de nuestra vida. ¿Buscamos una pareja porque ese fue el mandato que recibimos en casa? ¿Terminas relacionándote, al parecer inevitablemente, con el mismo tipo de personas? ¡Nada en tus propias profundidades!, que también es necesario para entender la manera en que amas y lo que buscas del amor.


Que tu punto de partida sea la autenticidad

No hay relación duradera de ningún tipo que esté cimentada en la simulación o el engaño y menos las relaciones amorosas. Sin importar cuál sea el futuro o el desarrollo de una relación, tu mejor punto de partida será siempre la sinceridad. Sé quien eres. El amor, como muestra Diotima a Sócrates en "El banquete", tiene también un componente azaroso y hasta un poco inexplicable: por más que lo intenten, dos personas que no pueden amarse, jamás amarán, y también lo opuesto, cuando sus formas de amar pueden convivir y entrar en diálogo.

 

El amor expande la vida

El amor y el deseo son parte de una misma fuerza vital que, entre sus efectos más notables, se caracteriza porque amplía los horizontes de quien experimenta así su existencia. En este sentido, las relaciones amorosas que se viven en conciencia plena llevan a los involucrados a querer saber más, conocer más, crecer juntos. Si inicias una relación, toma esto en cuenta. Si al estar con una persona, sientes que tu amor por la vida crece, se trata sin duda de un buen signo.

 

Ámate siempre, sin concesiones

Si amar a otra persona significa dejar de amarte, tal vez entonces esa no sea una relación de amor. No hay forma en que el amor auténtico implique pérdida de amor propio, maltratos, sentimientos de inferioridad, prohibiciones, descuido del cuerpo u otra situaciones afines que usualmente son reflejo de la necesidad de amor que necesita una persona. Si tus relaciones de pareja se caracterizan por estos comportamientos quizá, antes de poder amar auténticamente a otra persona e igualmente recibir su amor, sea necesario que quieras tu vida, lo que eres y lo que has vivido.

 

Antes que nada, tu compromiso es con la vida

El amor no es sólo amor a una pareja. El amor va más allá de esto y en realidad cubre todos los aspectos de nuestra vida y, en mayor o menor grado, está en todas nuestras decisiones al respecto de nuestra existencia. Los alimentos que consumimos, la salud de nuestro cuerpo, las personas de las que nos rodeamos, nuestros hábitos cotidianos, las palabras que salen de nuestra boca y los pensamientos que formamos en nuestra mente, todo, en cierta forma, puede ser una expresión de amor. Por eso tu primer compromiso es con tu propia vida, es decir, tu misión es amar tu vida, vivirla con amor. También cuando tu existencia y la de otra persona se cruzan y surge entonces un punto en común. Eso también es ensanchar los horizontes de la vida a través del amor.

 

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Imagen principal: Kent MacDonald