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Es momento de recordar este discurso y cambiar colectivamente la forma en que vivimos (VIDEO)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 12/29/2017

¿Es posible intentar otras formas de vida? La urgencia del momento en que nos encontramos así lo requiere

Se ha dicho que el ser humano es la única especie que transforma su entorno para sobrevivir. El resto de los seres vivos en este planeta forman parte de un sistema increíblemente armonizado en el que la supervivencia de los individuos y las especies garantiza a su vez la supervivencia del sistema en un ciclo admirable de equilibrio y perfección, excepto por el ser humano.

La llamada “inteligencia superior” que nos distingue como especie es también resultado de la evolución y, como tal, fue nuestro recurso decisivo de supervivencia, sin embargo, en un giro inesperado, se convirtió también en un elemento capaz de romper con dicho balance, al grado incluso de amenazar con destruir el ciclo mismo de vida en la Tierra.

Estas palabras podrían parecer una exageración, pero tristemente no es así. Basta mirar el presente –pero mirarlo de verdad, sin engaños ni falsa compasión– para darnos cuenta de que nos encontramos en un momento crítico de supervivencia general. La transformación del entorno que necesitamos para subsistir resultó en prácticas, hábitos e ideas que, ejercidos a gran escala y colectivamente, están amenazando con severidad toda posibilidad de vida, incluida la nuestra.

La inteligencia ha sido una arma de doble filo para el ser humano. Como especie somos capaces de crear obras admirables, generosas, respetuosas del entorno; somos capaces de unirnos y trabajar juntos por un propósito común. También, lo sabemos de sobra, podemos hacer todo lo opuesto: destruir, dividir, envenenar los suelos y las aguas, consumir hasta agotar.

Por varios siglos se nos ha hecho creer que esa es la única forma de vida posible. Una forma de vida basada en la acumulación, la fragmentación de las sociedades en individuos celosos de su propia identidad, la competencia entre esos individuos. En años más recientes se nos ha hecho creer que en las posesiones materiales se encuentra la felicidad, que la vida tiene que vivirse con prisa y con ansiedad, que es en la carrera personal donde se encontrará el sabor del triunfo y no en la cooperación con los otros. 

Hemos pasado tanto tiempo escuchando esas consignas, repetidas además con notable eficacia, que hemos olvidado que la vida no tiene por qué vivirse así, es decir, que la forma de vida no es absolutamente algo dado e inamovible, fijo de una vez y para siempre en nuestra historia. Todo lo contrario. Si la vida en general se encuentra en cambio constante, esto también se refiere a nuestras formas de vivir. 

El video que ahora compartimos no es ninguna novedad, pero en este momento parece urgente recordarlo. Se trata del emblemático discurso que Charles Chaplin pronunció en el marco de su cinta "The Great Dictator" de 1940. En ésta, Chaplin interpreta el doble personaje de un peluquero judío y un dictador, Adenoid Hynkel, que es la paradoja evidente de Adolf Hitler. 

El discurso comienza con unas palabras muy significativas: “Lo siento, pero no quiero ser emperador”. Más adelante, el mensaje avanza hacia otras frases igualmente elocuentes, pero por un momento vale la pena reflexionar sobre estas iniciales. 

La del personaje Hynkel es una renuncia que quizá nosotros podríamos también retomar, emprender. Renunciar a pretender estar por encima de los otros. Detenernos a pensar si de verdad eso es lo que queremos en la vida o si se trata de algo que aprendimos a buscar y que, por ello mismo, es posible dejarlo. Preguntarnos qué queremos más: ¿ser mejores que los otros o estar con ellos?

20 cosas que te ayudarán a mejorar tu vida sexual, según experto mundial en relaciones

Buena Vida

Por: pijamasurf - 12/29/2017

Tips del profesor John Gottman para tener una relación de pareja sexualmente satisfactoria

El doctor John Gottman es uno de los principales expertos en el mundo en relaciones de pareja, habiendo fundado un instituto que estudia las relaciones de pareja desde hace 3 décadas. Gottman señala que después de estudiar de manera cercana a más de 3 mil parejas, ha encontrado una serie de puntos que se repiten, los cuales podríamos considerar como los hábitos y actitudes de parejas que tienen una buena vida sexual, lo cual es muy importante para que una pareja pueda durar y ser feliz. Gottman identifica primero 13 puntos que hacen comúnmente las parejas que tienen una buena vida sexual y luego seis cosas que las parejas que no tienen una buena vida sexual tienden a repetir. 

 

1. Se dicen "Te amo" genuinamente todos los días

2. Se besan pasionalmente sin razón específica

3. Se dan regalos románticos sorpresa

4. Saben lo que azuza o lo que apaga la excitación de su pareja

5. Son físicamente afectivos, incluso en público

6. Juegan y se divierten juntos

7. Se abrazan (o apapachan) seguido

8. Hacen que el sexo sea una prioridad, no lo último en una lista de cosas por hacer

9. Se mantienen siendo buenos amigos

10. Pueden hablar cómodamente de sus vidas sexuales

11. Tienen citas semanales

12. Toman vacaciones románticas

13. Recuerdan constantemente acercarse a la otra persona

 

Estos son los seis puntos que hacen las parejas que no tienen una vida sexual activa y satisfactoria, según la investigación de Gottman.

 

1. Pasan poco tiempo juntos en una semana típica

2. Se centran solamente en su trabajo (generalmente él) y se centran en los hijos (generalmente ella)

3. Se la pasan hablando sobre todo lo que tienen que hacer (listas de pendientes)

4. Priorizan muchas cosas antes que su relación

5. Viven vidas separadas e independientes

6. No buscan intencionalmente acercarse al uno al otro

 

El último punto es lo que el Dr. Gottman ha definido como la clave para que una persona pueda tener una relación de pareja satisfactoria

Desarrollar inteligencia emocional

El desarrollo de la inteligencia emocional es especialmente importante para los hombres ya que por improntas socioculturales, los hombres suelen tener carencias en habilidades de inteligencia emocional, fundamentalmente no saben reconocer, aceptar y escuchar las propias emociones y las de la otra persona.