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Quien practique al menos 1 de estos 7 hábitos será feliz

Buena Vida

Por: pijamasurf - 08/17/2017

La felicidad es el resultado de nuestras acciones cotidianas

Pocas preguntas que ronden tanto al ser humano como la búsqueda de la felicidad. Desde tiempos remotos nos hemos preguntado qué significa ser feliz, de qué está hecha la felicidad, cuánto puede durar, por qué la felicidad de una persona puede ser el infortunio de otra…

Quizá sea posible decir que, en todo este tiempo, algo se ha concluido o al menos aprendido. La felicidad, se dice, no tiene fórmulas, pero curiosamente sí tiene ciertas constantes. Hay algo de ser feliz que se comparte en quienes así se sienten. Elementos en apariencia tan sencillos como estar rodeado de personas a quienes queremos y nos quieren, mantenernos activos en nuestra vida, hacer un esfuerzo por comprender el misterio de la existencia y algunas cosas más.

A continuación compartimos una breve lista de siete hábitos que, de acuerdo con Jeff Haden del sitio inc.com, pueden suscitar la felicidad en la vida de quien los practique.

 

1. Aprende algo nuevo (incluso si al inicio se te dificulta)

Incorporar nuevos conocimientos a nuestra mente, nuestra experiencia y, en general, nuestra forma de vivir la vida es una de las formas más duraderas y satisfactorias de generar felicidad. Puede ser que aprendas un nuevo idioma, una nueva habilidad manual, una artesanía, un deporte o cualquier otra cosa que te cause curiosidad e interés. No importa si otros lo consideran inútil o innecesario: si a ti te gusta, eso es más que suficiente. Asimismo, considera que quizá en tus primeros acercamientos a esa nueva habilidad encuentres ciertas dificultades y hasta pases por momentos de frustración. Si es el caso, te recomendamos no desistir, pues la adversidad te dará una manera totalmente distinta de apreciar la satisfacción posterior de tus logros, haciendo que ésta se enraice mucho más profundo en lo que eres y no sea sólo una recompensa fugaz como tantas que abundan en nuestra época.

 

2. Haz amigos en tus ámbitos cotidianos

Actualmente parece existir una tendencia a la dificultad para entablar relaciones cara a cara, de contacto inmediato con aquellos que encontramos en nuestra vida cotidiana. Las relaciones remotas, a distancia y con mediación de un dispositivo las sostenemos cómodamente, pero cuando se trata de hablar con nuestros vecinos, preguntar a nuestros compañeros de trabajo cómo se sienten o incluso platicar con familiares o ciertos amigos, pareciera que hemos olvidado cómo hacerlo. 

Sin embargo, como se demostró en un estudio llevado a cabo a lo largo de tres generaciones de personas en el poblado de Framingham, Massachusetts, un grado considerable de felicidad se obtiene de tener amigos cercanos, a la mano –prácticamente en la puerta contigua.

 

3. Acepta las contradicciones de la vida

El filósofo Byung-Chul Han ha escrito profusamente sobre el imperio de la “positividad” en el que ahora vivimos. Todo parece estar encaminado a ser siempre positivo, eficiente, potencialmente provechoso, etc. A las deficiencias ahora se les llama “áreas de oportunidad” y la palabra “problema” prácticamente se ha erradicado de nuestro lenguaje para dar paso a versiones edulcoradas de eso en la vida que nos representa una contrariedad.
Este fenómeno ha provocado cierta angustia individual y colectiva, sobre todo porque como se sabe al menos desde los tiempos de Séneca y la filosofía estoica, no es posible extirpar de la existencia esa negatividad que le es consustancial. Emociones como el miedo, la angustia, la ira, la decepción, la sensación de fracaso, la tristeza: todo ello también es parte de la vida, tanto como la felicidad, el placer, la alegría incontenible, los triunfos, etc. Esforzarse por entender que la vida es contradictoria y, por otro lado, experimentar dicha contradicción en toda su plenitud, sin querer obstruir o negar alguno de sus elementos integrantes, es un ejercicio sólido para la consecución de la felicidad.

 

4. Invierte en tu bienestar mental

En ciertas sociedades existe cierto prejuicio contra las personas que acuden con un profesional de la salud mental, pues erróneamente se cree que solamente los “locos” merecen dicha atención. Nada más falso. Las terapias psicológicas son uno de los mejores recursos para reencontrar el camino del bienestar que a veces, por distintos motivos, perdemos. También es cierto que no todas las terapias son para todas las personas. Hay quienes cuidan de su salud mental con prácticas como la meditación o incluso actividades como el ejercicio físico o el altruismo. En cualquier caso, se trata de una actitud ante ti mismo que bien puedes considerar una inversión –en tiempo, dinero, recursos, etc.– a favor de tu bienestar.

 

5. Aprende a decir "no"

En una época tan dominada por la productividad y la eficiencia, es muy fácil creer que podemos con todo. Aceptamos trabajos extenuantes, tomamos elementos de otros estilos de vida (dietas, rutinas de ejercicio, formas de entretenimiento, etc.) sólo por probar o porque todos lo hacen, emprendemos proyectos a los que nos invitan… y el resultado es cierto cansancio metafísico y existencial que además nos negamos a admitir, obligados como estamos a siempre “rendir” más. Ceder menos a la presión social o cultural es, en cierta forma, decir "no" a la imposición y comenzar a decir "sí" a lo que realmente quieres para tu vida.

 

6. Pondera la obtención de un placer 

En algunas ocasiones, la felicidad se construye o se obtiene al renunciar a algo por saber que más adelante se podrá tener algo mejor. Lo común, ahora, es sentirnos complacidos con las recompensas inmediatas (como los likes en Facebook, por ejemplo), y por ello hemos perdido la perspectiva necesaria para reconocer que lo mejor de la vida suele requerir trabajo, constancia y paciencia.

 

7. Reconoce tus fortalezas tanto como tus dificultades 

Todos tenemos habilidades en las que nos distinguimos y “puntos débiles” que nos suponen dificultades en ciertos aspectos de la vida. Hay quienes, por ejemplo, parecen tener un don para hacer amigos o darse a conocer, y otros a quienes esto mismo les representa una contrariedad tremenda; hay quienes pueden pasar muchas horas leyendo uno o varios libros, y otros que no pueden leer ni siquiera el periódico. Así es el ser humano: limitado. De lo cual se desprende también una actitud sumamente recomendable para adoptar a lo largo de la existencia: sé compasivo contigo mismo. Nadie es bueno en todo. Y tienes todo el derecho a fallar y reconocer que no puedes con algo.

 

¿Qué te parece? ¿Qué agregarías tú? No dejes de compartirnos tu opinión en la sección de comentarios de esta nota o en nuestras redes sociales.

Los 3 puntos claves de Buckminster Fuller para despertar y cambiar el mundo

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 08/17/2017

Uno de los pensadores más optimistas del siglo XX nos da 3 claves para cambiar la realidad

El siglo XX fue prolífico en avances tecnológicos, médicos y militares, y también en pensadores de muy diversa índole que podrían agruparse, vistos desde la actualidad y en un ejercicio de síntesis algo apresurado, en apocalípticos, integrados y utopistas. El arquitecto, diseñador y filósofo estadounidense Richard Buckminster Fuller (1895–1983) parece oscilar entre estos dos últimos grupos. De la cúpula geodésica del Epcot Center en Disneyland a diversos proyectos para viviendas accesibles, la mayoría ignorados hasta ahora, se asoma una vida y un pensamiento que intentaron esquivar las complicaciones del capitalismo salvaje y buscar a la vez la realización de un mundo ideal integrando los recursos y los avances disponibles.

Buckminster Fuller optó por ver lo mejor de la humanidad y su visión de las cosas estaba dirigida a construir un mundo globalizado, pero con intenciones menos económicas que de bienestar e igualdad social para todos y cada uno. A continuación, te compartimos los tres puntos claves para entender su pensamiento y aprender de sus decisiones vitales:

 

Tu vida no te pertenece

Cuando era joven Fuller trabajó en una fábrica de textiles, en la marina de los Estados Unidos y en la industria del embalaje para carnes. En sus años veintes, al lado de su suegro, fundó una empresa para construir viviendas ligeras, pero la compañía fracasó. A los 32 años se quedó en bancarrota, vivió en las calles y en los albergues públicos de Chicago y, poco después, su hija murió a causa de las complicaciones de la polio y de la meningitis espinal. Sintiéndose totalmente frustrado y responsable de la muerte de su hija, Fuller se volvió alcohólico y decidió matarse. Pero en el umbral del suicidio tuvo una revelación: su vida no era de su propiedad, sino que le pertenecía a la humanidad. Entonces, prometió dedicar el resto de sus días a un experimento trascendental: encontrar el modo en que un solo individuo podría contribuir al cambio del mundo y beneficiar así a toda la humanidad, lo que sería un ejemplo de un pacto con Dios, mucho menos publicitado que el famoso “pacto con el Diablo”.

 

No intentes cambiar a las personas. Transforma el medio ambiente

Siendo arquitecto, Buckminster Fuller se dio la misión de cambiar nuestra especie, un rol tradicionalmente desempeñado por políticos y líderes religiosos. Por eso su acercamiento fue diferente y comprendió que es casi imposible cambiar a la gente. En contraste, al buscar cambiar el medio ambiente donde las personas se desenvuelven creó espacios como la cúpula geodésica y la casa Dymaxion: un simple recorrido en tales edificaciones puede cambiar la percepción y las ideas de la gente e invitarla a replantear su visión del mundo y de sus posibilidades. En vez de sujetar y sacudir a alguien mientras le gritamos “¡El mundo se cae a pedazos!”, su idea fue crear entornos que muestren en sí mismos una solución posible.


 

Tenemos bastantes recursos para cada individuo en el planeta. Para comprobarlo, hay que concebir al mundo como un sistema total

Fuller concebía al mundo como un sistema en su totalidad, en vez de verlo como una multiplicidad de naciones diferentes, aisladas y en guerra, una forma de pensar que es aún más dominante de lo que creemos. En este sentido, acuñó el concepto de Spaceship Earth (Nave espacial Tierra) para indicar lo que según él somos y dónde estamos: “el hecho más importante de la Nave espacial Tierra es que su guía de uso no viene incluida”. En otras palabras, si podemos pensar el mundo como un sistema interrelacionado y coherente es posible comenzar a dirigir el rumbo y resolver integralmente los problemas y carencias de la humanidad como un todo, en lugar de condenar a la muerte a unos para que los menos tengan más que demasiado.

Richard Buckminster Fuller escribió con abundancia, pero su escritura resulta compleja, si no críptica, lo que no ha ayudado mucho para que sus ideas germinen. Por razones obvias, su trabajo ha sido cuestionado y llevado muy escasamente a la práctica. Ha sido más viable ejecutar sus complejos arquitectónicos en Disney, por ejemplo, que en el mundo tal cual, porque conviene ver su trabajo como algo propio de la fantasía o de la ciencia ficción. La globalización, la visión del mundo como un sistema total está en marcha, pero en condiciones muy diferentes a las que anhelaba Fuller, tal vez ingenuamente.

Después de todo, conceptos como el de “sinergia” (implementado por este arquitecto y utopista norteamericano) aún son usados con frecuencia, y es claro que el cambio de las condiciones actuales de vida requiere de la acción conjunta de todos, como si cada uno fuera un órgano fundamental del gran cuerpo de la transformación colectiva. Así que si esta breve introducción ha despertado tu interés o curiosidad puedes remitirte al libro A Fuller View, una colección de ensayos de diversos autores especializados en su pensamiento que te dejarán más claras sus ideas, para que puedas profundizar en ellas.