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Se dice que el autor de este desprecio hacia lo sexual fue Hipólito, quien encaprichado con su madrastra Fedra e incapacitado por satisfacer su pasión incestuosa, portó el odio hacia las mujeres y los placeres carnales

No hay historia más desventajosa que la de la sexualidad humana.

Si bien se trata de la base de todo hombre y toda mujer que se permite experimentar placer a lo largo de su supervivencia (desde el empoderamiento de sentirse identificado con un género y sexo, hasta el bienestar biopsicoemocional que implica el autoerotismo), se le ha tachado de sucia, tempestuosa y vergonzosa.

Se dice que el autor de este desprecio hacia lo sexual fue Hipólito, quien encaprichado con su madrastra Fedra e incapacitado por satisfacer su pasión incestuosa, portó el odio hacia las mujeres y los placeres carnales. Continuó cuando en el Medievo, la minoría que se encontraba en el poder, los aristócratas en proceso de establecer la Iglesia católica, pusieron en práctica ciertas normas de la sexualidad. Es decir que durante la revolución de las estructuras económicas, sociales e ideológicas de las 4 primeros siglos de la era cristiana, se desarrollaron “normas de conducta” que impactaron negativamente en la sexualidad. De acuerdo con Paul Veyne, ahí surgió la primera relación entre el pecado y el cuerpo. En el Evangelio de Juan se afirma que: “Es el espíritu el que vive, la carne no sirve de nada”; dejando a la sexualidad en el rango de lo despreciable e ilegítimo. En especial el de la concupiscencia –o el onanismo, autoerotismo. Con el paso de los siglos el pecado original se confundiría con el pecado de la carne, dejando una serie de penitencias en caso de cometerlos fuera de las normas de conducta. Muchas de ellas, por cierto, se enfocaban en realizar ayunos y diezmos a la iglesia.

Fue así que se hizo costumbre negar la sexualidad de las personas, principalmente de las mujeres –o al menos la de una libre de emociones amorosas hacia un personaje del sexo opuesto. Incluso, pasando los siglos, en 1716, surgió el panfleto Onania: O el pecado atroz de la autocontaminación y sus más temibles consecuencias (en ambos sexos), en el cual se expresa una terrible preocupación hacia el acto sexual autoerótico. En él se refiere a la masturbación como “un vicio vergonzoso” que es tan terrible como para ser descrito, pues se asociaba con una serie de consecuencias de autocorrupción, como la gonorrea, epilepsia, impotencia, dolores de cabeza, debilidad intelectual, dolor de espalda, acné, moretones, hinchazón glandular, temblores, mareos, palpitaciones cardíacas, descargas urinarias, dolores casuales, incontinencia, entre otros…

En Onania, su autor –aún anónimo– se refería al desperdicio de la semilla masculina ante su función primordial hacia la retribución divina del acto sexual:

Mientras que la ofensa es la autocontaminación en ambos sexos, no podría pensar en otra palabra que pueda dejar en claro al lector en relación del pecado y su castigo. Las mujeres pueden sufrir de enfermedades del útero, histeria, infertilidad y desfloramiento o pérdida de la virginidad.

Para 1760 surgió otro panfleto considerado como bestseller: L’onanisme de Samuel Auguste Tissot, el cual decidió mantener la mala fama que ya poseía la masturbación. En este panfleto se esbozaba una serie de reflexiones del autor bajo premisas teológicas y pueriles, dando como ejemplo a pacientes ingleses con “desórdenes físicos causados por dicha actividad”. Según él, el placer autoerótico durante tres veces al día era capaz de llevar a la “insensibilidad” y una palidez, suciedad e infecciones genitales que eran difíciles de curar.

Estas ideas nocivas en torno a la masturbación continuaron y trascendieron incluso continentes. Por ejemplo, para 1830 y 1840 surgió una campaña moralista femenina en las sociedades de EEUU en donde se condenaba la masturbación –mas no el sexo– pues imposibilitaba el autocontrol. En especial cuando en 1877, la intensidad paranoica del Plain Facts for Old and Young de J. H. Kellogg exageró las historias de horror en torno a esta actividad sexual: “Ni la plaga ni la guerra ni la viruela ni otras enfermedades similares, han provocado resultados tan desastrosos a la humanidad como el pernicioso hábito del onanismo; es el elemento destructor de las sociedades civilizadas”. De hecho, Kellogg sugirió una serie de remedios para el interés sexual, tales como el ejercicio, baños estrictos, régimen de sueño, compresas, duchas, enemas, tratamiento eléctrico y una dieta basada en un cereal para el desayuno que liberaría la curiosidad masturbatoria.

Requirió más de 1 siglo que la premisa en torno a la concupiscencia cambiara de rumbo. No fue sino hasta 1992 cuando el sociólogo Anthony Giddens escribió The Transformation of Intimacy, en el cual se buscaba crear una identidad moderna para las prácticas sexuales modernas, aceptando la masturbación como una de las necesidades básicas de todo adulto con deseo sexual. Fue Giddens quien incluso condecoró a la masturbación como una herramienta para la salud sexual: “Es altamente recomendable como una herramienta mayor para el placer sexual, y como una manera activa de mejorar la respuesta sexual en ambos sexos”. Y con un poco de apoyo de Liberating Masturbation –1974– de Betty Dodson, en el cual se empoderó la libertad sexual de la mujer con una sección para aprender a masturbarse.

Desgraciadamente la lucha milenaria en contra de la sexualidad humana ha alcanzado a las juventudes de la actualidad, dejando a la ignorancia y la influencia de una pornografía desinformativa gobernar este mundo y dando como resultado una serie de consecuencias médicas: botellas de vidrio haciendo vacío al interior de una vagina, pepinos –o cualquier vegetal fálico– atrapados entre paredes vaginales contraídas, infecciones vulvares, vaginales o anales, desórdenes o trastornos sexuales, entre otros. Sin mencionar un acercamiento mediocre o negativo al sexo, lo cual provoca una experiencia insatisfecha para la salud sexual tanto de hombres como de mujeres. ¿Será acaso hora de abrir la caja de Pandora en torno al sexo para reducir malestares que pueden resultar en catástrofes?

Por si acaso, compartimos estos videos educativos acerca de cómo masturbarse:

 

5 recomendaciones para sobrevivir un ambiente laboral tóxico

Sociedad

Por: Pijama Surf - 07/20/2017

El trabajo es uno de esos ambientes donde deberás aprender a lidiar con todo tipo de personas, y aunque las consideres “tóxicas”, lo más inteligente es no confrontarte

Todos hemos escuchado el término “personas tóxicas”, y quizá sea algo arbitrario (como cualquier etiqueta), ya que todos hemos podido pasar por una etapa así. Cuando en la vida social consideras que estás cerca de una persona que no te hace bien es mucho más fácil alejarte, pero ¿qué pasa si esa persona es parte de tu trabajo, y de uno que te gusta? De ser así, la situación se complica mucho más.

Aunque lo anterior es uno de los fenómenos laborales más frustrantes, en realidad también podría convertirse en un enorme reto que te genere gratificaciones y autoconocimiento. Si bien no podemos controlar todo lo que ocurre a nuestro alrededor, sí podemos incidir en cómo reaccionamos a ello.

Algunas recomendaciones para lidiar con personas tóxicas en el trabajo:

 

Evalúa tu posición

En el mundo laboral hay posiciones de poder. Si la persona tóxica es tu jefe, estás en un problema mucho mayor a si sólo se trata de un compañero de trabajo. Analiza tu posición de poder y sé inteligente en torno a ello. Si realmente quieres conservar tu empleo, es necesario que seas realista sobre tu estatus laboral y el campo de acción que ello te confiere.

 

Interactúa lo menos posible

Cuando tengas que interactuar hazlo con paciencia, pero trata de interactuar lo menos posible, sin que sea muy evidente. Por ejemplo, si la persona está sentada cerca de ti inventa discretamente alguna excusa y consigue que te cambien de lugar.

 

Sé empático

Sí: una persona engreída o envidiosa tiene, en realidad, muchísima inseguridad. No se trata de que te tragues todas sus groserías, pero piensa en los problemas de personalidad que la llevan a tener esa actitud, imagina sus posibles problemas familiares (aunque quizá sean tu invención) y trata a ese individuo con la mayor comprensión que puedas.

 

Piénsalo como un reto

Siempre habrán personas con las que no conectes tanto; evita que se conviertan en tu enemigo y aprende a autoconocerte y controlar tu ira; más que un lastre, esta es una situación que siempre experimentarás, porque ningún entorno social es perfecto.

 

Evita discutir y afina tu construcción del lenguaje

La libertad de expresión es un derecho, pero en ocasiones es mucho mejor escuchar y tomar la palabra de manera inteligente. Las maneras son también cruciales. Por ejemplo, antes de revirar una sentencia di "Sí" y después añade "Aunque en mi opinión...", o bien, "De acuerdo, pero si tomamos en cuenta...", etc. Este tipo de recursos suavizan el diálogo y promueven el entendimiento (y lo mismo aplica para el lenguaje escrito).