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Nahui Ollin, el alma gemela de Frida Kahlo que México olvidó

Arte

Por: PijamaSurf - 07/30/2017

Hay quienes la llegan a comparar con la famosa pintora Frida Kahlo; sin embargo hay otros, como el escritor José Emilio Pacheco, que vaticinan una época en donde las imágenes de la afamada pintora mexicana serían sustituidas por las de Nahui Ollin

Carmen Mondragón Valseca, también conocida como Nahui Ollin, fue artista, revolucionaria, mexicana, mujer. Hay quienes la llegan a comparar con la famosa pintora Frida Kahlo; sin embargo hay otros, como el escritor José Emilio Pacheco, que vaticinan una época en donde las imágenes de la afamada pintora mexicana serían sustituidas por las de Ollin: “La nahuimanía reemplazará a la fridomanía. Habrá postales, camisetas y gorras con las iniciales N.O., líneas de perfumes y productos de belleza”; o como Jaime Romandía, productor de una nueva película llamada Nahui (2018), quien afirma que “Nahui Ollin debería ser una figura de culto. Es más importante que Frida Kahlo”.

Hija del general Mondragón, uno de los más allegados al aquel entonces presidente Porfirio Díaz, Carmen Mondragón pasó de una educación rigurosa con pautas de lucha feminista y liberación sexual femenina, a un matrimonio que le costó su salud psicoemocional durante 8 años. Durante su vida con el cadete Manuel Rodríguez Lozano –desde 1913 hasta 1921– Mondragón tuvo una estancia intermitente entre París y México, en donde ambos artistas entraron en contacto con artistas como Henri Matisse, Georges Braque, Pablo Picasso, André Lhote, André Salmon, Jean Cassou y Diego Rivera, dando como resultado un aprendizaje autodidacta en torno a la pintura y el arte. Fue en esta ciudad europea en donde su hijo falleció: hay quienes dicen que ella lo asfixió, él lo aventó al suelo desde las escaleras, ambos contribuyeron ante su inevitable separación debido a la homosexualidad de él; ninguna versión se ha comprobado realmente. Pero el impacto que causó afectó a Mondragón lo suficiente para regresar a México y sumergirse completamente en una vida artística.

A su regreso definitivo a México, Mondragón comenzó a relacionarse con artistas como Dolores del Río, Antonieta Rivas Mercado, Frida Kahlo, Tina Modotti, María Izquierdo, José Vasconcelos, David Alfaro Siqueiros y Gerardo Murillo –Dr. Atl. Fue este último quien se convirtió en su gran amor y penar, y quien la rebautizó como Nahui Ollin en honor al significado náhuatl del cuarto sol, “la renovación continua del Universo”. Desde entonces y durante 5 años, la intensidad se adueñó de la vida de ambos: se aferraron al arte y a su sexualidad, se olvidaron del desprecio de la sociedad que los formó y vislumbraron una perspectiva de renacimiento. Después de todo, él tenía 47 años y ella 29.

Fue en esta misma época cuando ella se vivió más feminista que nunca. Un feminismo distinto, de otra época, de otra cultura, en el que sus ojos sulfúricos eran un acompañante de la fuerza de su cuerpo. Vestida o desnuda, fue la musa de varios artistas, y ella se atrevió a saltar al vacío.

Sin embargo, las peleas y los celos en su relación le valieron fama de loca. Se dice que el Dr. Atl contó en una memoria la vez que Mondragón puso fin a una pelea rompiéndole un frasco de pintura en la cabeza; una vez que Ollin se sintió exhibida, decidió ponerle fin a la relación dejando una carta pegada en la puerta de la casa del pintor: en ella confesó haberle sido infiel a su pareja con al menos 20 hombres, rematando que lo dejaba por un tenor italiano.

Fue después de la ruptura con el Dr. Atl y la muerte de su siguiente novio, Eugenio Agacino, un militar que trabajaba en la Compañía Trasatlántica Española, que Ollin decidió alejarse del mundo, acercarse a su soledad, y “se aferró a lo único que le quedaba de su época de oro: harapos, maquillaje exagerado, uñas grotescas, una libertad que le costó su cordura”, mientras paseaba exóticamente en los pasillos del Museo de San Carlos o en la Alameda, y recogía gatos muertos para convertir su piel en cobijas que usaba como abrigo durante las noches.

Este estilo de vida llevó a Nahui Ollin, de familia acaudalada, a la pobreza que recorría los laberintos de la demencia, suciedad y obesidad hasta que en 1978, a los 85 años, falleció llevándose en la memoria un enfrentamiento en contra del machismo hacia la libertad sexual tanto de los hombres como de las mujeres.

En esta segunda parte de nuestro DECÁLOGO dedicado al maestro Stanley Kubrick, abordamos un serial de películas caracterizadas por la polémica, el debate y la profundidad psicológica

En esta segunda parte de nuestro DECÁLOGO dedicado al maestro Stanley Kubrick, abordamos un serial de películas caracterizadas por la polémica, el debate y la profundidad psicológica, obras consideradas clásicos de la cinematografía y algunas de ellas mencionadas por el American Film Institute y la revista Sigth and Sound en sus respectivas listas decenales. En la entrega anterior exploramos la visión conceptual del director sobre hechos reales y figurados, testimoniales y de ficción, a la luz de la guerra de los 7 años, la primera guerra mundial y la guerra de Vietnam, donde su temática aborda la ambición, el heroísmo y la indolencia respectivamente. La relatoría continuó por los recovecos del mal en los laberintos de la mente de Stephen King y asistimos cual cómplices a la traición de un crimen perfecto, como perfección del montaje buscó siempre el realizador neoyorquino. Las interminables jornadas de rodaje, las repeticiones incesantes de cada escena, la pericia técnica, la búsqueda constante por el ensamble armónico del sonido, las pausas y el ritmo agónico, sedicioso y en vértigo, que lo mismo deja atónico que invita a la reflexión profunda, integraron un proceso de filmación que de suyo es también legendario.

Gracias a su influencia en diversos aspectos narrativos y visuales, hemos disfrutado de cintas que acuden desde diferentes géneros a sus principios fílmicos mediante las propuestas de directores como Steven Spielberg, Guillermo del Toro, James Cameron, Alfonso Cuarón, Lars Von Trier, Darren Aronofsky, Andrés Palma Buratta, Christopher Nolan, Richard Linklater, Duncan Jones, P. T. Anderson, Quentin Tarantino, Frank Darabont, e incluso Martin Scorsese y George Lucas, entre muchos otros, forman parte del variopinto canon cinematográfico derivado de Stanley Kubrick. A continuación, nuestro viaje conceptual a través su legado nos conduce directo y sin escalas a la profundidad del deseo y del heroísmo, luego sugiere argumentar un debate geopolítico que ineludiblemente nos dirigirá a la violencia como una aguda crítica social, para finalmente invitarnos a posar la mirada en el universo y contemplar así la ronda impar de nuestra existencia.

 

Deseo

OJOS BIEN CERRADOS (Eyes Wide Shut) 1999

Epitafio artístico en la obra de un provocador de los deseos, una exploración perturbadora de la libido despierta, que no había explorado el director desde la espléndida Lolita (1962), soberbia adaptación literaria de Nabokov. La relación marital que transforma el amor en la costumbre, el gusto en el anhelo delegado, la voluntad de la monogamia en la fantasía que se reprime y luego se expresa en los juegos de la mente, dan pauta a una película que hizo mella en los más acérrimos críticos de Kubrick y a su vez abrió un debate artístico en sus seguidores. Justo al fin de siglo y en la víspera del nuevo milenio, Ojos bien cerrados se presenta como un viso a la doble moral de la aristocracia ante la infidelidad, la ética y con mayor atrevimiento, como un repaso de temas tabúes de la sociedad posmoderna, la trata y la prostitución como un problema de la urbe, el encubrimiento policial del abuso, y desde ese cuestionamiento social, se adentra en las azuladas pesadillas de un matrimonio que experimenta la crisis de la tentación y la confianza semejadas en la necesidad de la confesión.

Tom Cruise y Nicole Kidman llevan su relación de vida real a la ficción adaptada de la novela Traumnovelle, escrita en 1926 por Arthur Schnitzler a través de los personajes William y Alice Harford. Y como corolario de una realidad que se confunde con la fantasía, los más de 2 años de rodaje y otras circunstancias contextuales llevaron a la pareja al divorcio, y a Kubrick a entregar su última película, también protagonizada por los directores Todd Field y Sidney Pollack, de forma póstuma. Una noche por la ciudad y sus afueras, un recorrido por las calles y sus sombras, por la ciudad y sus disfraces, afronta la díscola dualidad de una revelación dolosa que Alice hace a William, y que genera los pasajes de una orgía visual motivada por la identidad tras la máscara y la sexualidad concupiscente del deseo cuando se expresa. El título parece advertir al espectador desde la ironía, los ojos estarán más abiertos ante la suposición de los “hubieras” que proceden de lo prohibido. Una satírica cinta navideña estrenada en el verano de 1999, que con los años ha sido revalorada y considerada de culto. Kubrick murió antes del estreno, quizá el alivio del escándalo le hubiera tomado varios años hasta que los críticos compartieran el estremecer de Cruise como el doctor Harford ante las misteriosas contraseñas de la noche y sus rituales.

 

Sacrificio

ESPARTACO (Spartacus) 1960

El heroísmo consecuente de la emancipación de las conciencias, de la libertad del credo y la fuerza como defensa ante el exterminio. Una cinta poderosa en su coreografía casi poética, en las extraordinarias batallas cuerpo a cuerpo y desde las espadas y lanzas ante el escudo, sustenta no sólo en la fuerza la supervivencia sino en la voluntad. Kirk Douglas, quien diera el apoyo más importante que Kubrick recibió en Hollywood, interpreta al gladiador Espartaco en este guión adaptado por Donald Trumbo de la novela homónima de Howard Fast. Trumbo escribía como fantasma tras el veto del macartismo que había elaborado una lista negra de escritores comunistas y que se hizo visible ganando su segundo Óscar furtivo, gracias al apeo que Douglas diera con su nombre ante el estudio, el gobierno y la industria. Espartaco, en su vasto elenco y coreografías, también cuenta con la sensible actuación de Tony Curtis.

Relato histórico de la guerra servil en Libia, Espartaco es un auténtico espectáculo que hace honor a las grandes cintas de la década de los años 50 y la primera mitad de los años 60: enormes escenarios, fotografía en color deslumbrante, abundantes extras, poderosa banda sonora y un elenco de primera línea. La película resalta las virtudes, la compasión en las canteras, la bondad en la esclavitud, el heroísmo y la rebelión emancipadora como consecuencia del exilio consecuente de la lucha por la libertad, que brindan la palestra para resaltar el sacrificio de un hombre por su pueblo y de un pueblo por su libertad, una relación de individuo-colectivo que expira el fratricida desenlace por la supervivencia y el amor como motivo. Una épica de redención generacional, un devenir de liberación para el cautivo, y un himno al liderazgo sin reservas, brindan a Espartaco secuencias de acción acompañadas de romance e ilustraciones sobre su temporalidad, que resaltan el poder interpretativo de Charles Laugthon como Graco, Peter Ustinov como Batiatus y Laurence Olivier como Craso, y que sin embargo, se ven confrontadas por la actuación de Curtis como Antonino, que tanta ámpula generara desde la perspectiva de género y orientación afectiva del personaje hacia el propio Espartaco. Con toda intencionalidad Kubrick abría nuevos parajes a la interpretación histórica y emocional que unía tema y trama mediante los personajes circundantes de la Vía Apia.

 

Paranoia

DR. INSÓLITO (Dr. Strangelove) 1964

La histeria colectiva de una época crucial de la historia del siglo XX. Un momento determinante en el devenir de la modernidad que agoniza, de un nuevo orden económico internacional que se instituye, de ideologías que dominan y se imponen, y de la posmodernidad que aguarda fanatismo y ambición como una consecuencia de la libertad suprimida. El preludio del fin de los tiempos proviene del totalitarismo intencional que desde la perspectiva subjetiva del director describe, sin más posicionamiento que el humor negro y la realidad de una guerra fría que está más candente que nunca, una sátira política que en su comedia convida la eliminación mutua de los poderosos con el afán de que ninguno prevalezca al final de los hipados. Adaptación libre de la novela Red Alert de 1958 escrita por Peter George, Doctor Insólito aconseja desde la sorna dejar de preocuparse por la bomba nuclear y comenzar a quererla como un claroscuro presente que bien representa el blanco y negro de su fotografía. Jack D. Ripper, en alusión a Jack El Destripador, interpretado por Sterling Hayden, comanda la milicia estadounidense que planea iniciar una guerra contra los soviéticos tras el convencimiento de una conspiración comunista dirigida a fluorizar el agua; para ello ordena detonar una bomba cuyo blindaje de códigos confiere el fin de la humanidad. Peter Sellers, en una cátedra de su enorme talento histriónico, interpreta al hilarante Dr. Strangelove, un ex científico nazi que asesora al presidente de Estados Unidos sobre la disolución de la bomba y el vano efecto que tendría dicho armamento en su misiva, que sugiere un escondite de selección natural para prodigar la vida. Sellers interpreta a otros dos personajes, Markin Muffley, presidente de Estados Unidos y el capitán Lionel Mandrake, miembro de la británica Royal Air Force, que busca afanosamente dar aviso y desactivar lo imposible; el resultado, el jaripeo monumental de un debutante James Earl Jones sobre el misil que avanza más rápido que la histeria de George C. Scott en su extraordinario papel del general Turgidson. Un consejo de guerra que debate, discute y no acuerda, una histeria colectiva que invade los temores del planeta que pende de un hilo, y el asombro del propio Dr. Strangelove que por tanta atención al movimiento intempestivo de su brazo derecho, no cae en la cuenta de que puede caminar como camina la humanidad hacia su extinción.

 

Violencia

LA NARANJA MECÁNICA (A Clockwork Orange) 1971

Adaptación de la homóloga publicada por Anthony Burgess, La naranja mecánica es una de las películas más provocadoras, rebeldes y originales que la cinematografía ha presentado en sus más de 100 años de fundación. Malcom McDowell interpreta a Alex de Large, un joven delincuente que representa a toda una generación perdida y en búsqueda, a una generación que habita la guerra fría, la guerra de Vietnam y el advenimiento del capital como punto decisivo de las divisiones sociales en el mundo consecuente del totalitarismo político que sólo ha sido sustituido por un sistema que se transforma. La simpatía por el mal, el carisma del atroz criminal, las vejaciones a las élites, a los méndigos y en síntesis a los inocentes en un debate filosófico y socioeconómico, construyen desde un lenguaje propio, una crítica sistémica y estructural donde los colegios no son una opción, las diferencias clasistas son más hondas y la libertad es condicional a la autoridad, que en su conjunto definen a una de las obras maestras más estudiadas de la historia.

Un caló dialectal que unifica criterios y pertenencias, una mirada distópica del fin del milenio vista desde 1971, es la óptica que Kubrick presenta para jugar visualmente con símbolos y significados que resultan ambiguos de libertad y libertinaje, duales de ética y moral, y que disciernen entre el existencialismo y la determinación, entre el castigo y la restitución. Alex es apresado tras los delitos cometidos junto a sus “drugos” y es obligado a experimentar en cautiverio la técnica psicológica conductista; así presencia los horrores vividos a causa de la crueldad y la violencia, mientras un artefacto le abre los ojos y se adentra en sus sentidos a través de imágenes que simbolizan la ausencia de límites o que coaccionan su obligatoriedad como una impronta. Al ritmo de la novena sinfonía de Beethoven y al macabro compás de “Cantando bajo la lluvia”, la violencia es presentada como causa y consecuencia, como producto de una sociedad maniatada, donde fe, religión y confianza han subyugado al libre albedrío. Al tiempo, explora la naturaleza humana desde la pérdida y el duelo de vínculos sociales por la falta de diálogo. La marginación y la ira van de la mano, la venganza es un efecto y el castigo una secuela, el ciclo del control será continuo, la dicotomía entre el mal y el bien habitan la condición humana.

 

Existencia

2001: ODISEA DEL ESPACIO (2001: A Space Odyssey) 1969

Una sinfonía de imagen y silencio, de imagen y música, de imágenes y símbolos, un viaje a través del tiempo, un atisbo al origen, una serie de preguntas perennes que no responden el sentido y significado de la existencia pero que invitan a reflexionar sobre ella, son algunas descripciones que pudieran acompasar la definitiva obra maestra de Stanley Kubrick. Basada en el relato “El centinela”, de Arthur C. Clarke, 2001: Odisea del Espacio es una poesía visual que devora los sentidos e invita a recorrer su caleidoscopio de emociones y aliento. Pletórica de cavilación filosófica que incluye índices alegóricos a Friedrich Nietzsche, la película referencia las pautas musicales de Richard Strauss con Así habló Zaratustra, aunada a las notas de Johann Strauss Jr. en la representación que semeja la asunción del hombre hacia su asidero. Un salto cuántico sin espacio y tiempo, donde pasado, presente y futuro coexisten en el universo paralelo de la evolución, la tecnología, la inteligencia artificial, la vida extraterrestre y el regreso del ser humano al origen de la vida y la creación.

Filmada en 1968, la cinta es una proeza de efectos visuales que irónicamente dieron a Kubrick su único premio Óscar, y que han generado teorías sobre la participación del director en una supuesta filmación de la llegada del hombre a la Luna en 1969. La épica seduce a la audiencia desde un imaginario científico y sensorial, presentando una mirada del espacio que resulta sorprendente; no obstante, lo que más impacta de 2001 es su propuesta filosófica, naturalista y humanista desde diversos enfoques reflexivos y metafísicos. Situada en 1999, año en que casualmente morirá el director, 2001 es una oda al tiempo, al ser humano, al espacio y su infinito. “El hombre es el lobo del hombre” dicta Thomas Hobbes y Frankenstein de Mary Shelley representa al hombre que se asume como dios y crea; así Hall 9000, la máquina que calcula y planea eliminar a la tripulación del Discovery 1 con dirección a Júpiter, interactúa con Bowman, astronauta al que inquiere, advierte y amenaza. La asimilación existencial percibe la aparición atemporal de un monolito, no como un acontecimiento del entorno, no como parte del descubrimiento intrínseco de la aventura y la exploración, sino del amanecer como un misterio, como esa necesaria capacidad de asombro que necesitamos los seres humanos ante la inextricable inmensidad del universo.

 

* Iván Uriel Atanacio Medellín. Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El surco y El Ítamo, que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La voz humana y Día de descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com.