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Los 2 tipos de historias que nos contamos sobre nosotros mismos

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 07/27/2017

Todos creamos historias personales que compartimos con el mundo, y podemos darles forma para darle a nuestra vida significado y propósito

Todos somos narradores, todos comprometidos, como dice la antropóloga Mary Catherine Bateson, en un "acto de creación" de la "composición de nuestras vidas". Sin embargo, a diferencia de la mayoría de las historias que hemos escuchado, nuestras vidas no siguen un modelo predefinido. Nuestras identidades y experiencias están cambiando constantemente, y construimos la narración de acuerdo con la forma en que nos sentimos. Tomando las piezas dispares de nuestras vidas y juntándolas en una narrativa, creamos un todo unificado que nos permite entender nuestras vidas como coherentes --y la coherencia, dicen los psicólogos, es una fuente clave de significado.

El psicólogo de la Universidad Northwestern, Dan McAdams, es un experto en un concepto que él llama "identidad narrativa". McAdams describe la identidad narrativa como una historia interiorizada que creamos sobre nosotros mismos --nuestro propio mito personal. Como mitos, nuestra identidad narrativa contiene héroes y villanos que nos ayudan o nos detienen, los grandes acontecimientos que determinan la trama, los desafíos superados y el sufrimiento que hemos soportado. Cuando queremos que la gente nos entienda, compartimos nuestra historia o partes de ella con ellos. Cuando queremos saber quiénes son los demás, les pedimos que compartan parte de su historia.

La historia de vida de cada individuo no es la historia exhaustiva de todo lo que ha sucedido. En realidad, hacemos lo que McAdams llama "elecciones narrativas". Nuestras historias tienden a centrarse en los eventos más extraordinarios, buenos y malos, porque son las experiencias que necesitamos para dar sentido y que nos forman. Pero nuestras interpretaciones pueden ser diferentes. Para una persona, por ejemplo, una experiencia de la infancia como aprender a nadar al ser arrojado al agua por un padre podría explicar su sentido de sí mismo hoy como un emprendedor fuerte que aprende tomando riesgos. Por otra parte, para otro individuo esa misma experiencia podría explicar por qué odia los barcos y no confía en las figuras de autoridad. Y un tercero podría dejar la experiencia fuera de su historia por completo, considerándola sin importancia.

McAdams ha estado estudiando la identidad narrativa por más de 30 años. En sus entrevistas pide a los sujetos de investigación que dividan sus vidas en capítulos y recuentan escenas clave, como un punto alto, un punto bajo, un punto de inflexión o una memoria temprana. Alienta a los participantes a pensar en sus creencias y valores personales. Finalmente, les pide que reflexionen sobre el tema central de su historia. Ha descubierto patrones interesantes en cómo las personas que viven vidas significativas comprenden e interpretan sus experiencias.

Las personas que son impulsadas a contribuir a la sociedad y a las generaciones futuras, según él, son más propensas a contar historias redentoras sobre sus vidas, o historias que pasan de malas a buenas. Allí estaba el hombre que creció en una pobreza extrema, pero le dijo a McAdams que sus difíciles circunstancias lo llevaron a él y a su familia a estar más cerca. Había una mujer que le decía que cuidar a un amigo íntimo mientras éste estaba muriendo era una experiencia desgarradora, pero que en última instancia renovó su compromiso de ser enfermera, una carrera que había abandonado. Estos individuos califican sus vidas como más significativas que aquellos que cuentan historias que no tienen secuencias redentoras.

Lo contrario de una historia redentora es lo que McAdams llama una "historia de contaminación", en la que la gente interpreta que sus vidas van de buenas a malas. Una mujer le contó la historia del nacimiento de su hijo, un punto culminante, pero terminó la historia con la muerte del padre del bebé, que fue asesinado 3 años después. La alegría por el nacimiento de su hijo estaba contaminada por esa tragedia. McAdams ha encontrado que las personas que cuentan historias de contaminación son menos "generativas" o tienen menos impulso de contribuir con la sociedad y las generaciones más jóvenes. También tienden a ser más ansiosas y deprimidas, y a sentir que sus vidas son menos coherentes en comparación con aquellos que cuentan historias redentoras.

Las historias de redención y contaminación son sólo dos tipos de cuentos que hacemos girar. McAdams ha encontrado que más allá de las historias de redención, quienes creen que sus vidas son significativas tienden a contar historias definidas por el crecimiento, la comunión y la acción. Estas historias permiten a los individuos crear una identidad positiva: están en control de sus vidas, son amados, están progresando a través de la vida y cualquier obstáculo que hayan encontrado ha sido redimido.

Una de las grandes contribuciones de la psicología y la investigación de la psicoterapia es la idea de que podemos editar, revisar e interpretar las historias que contamos acerca de nuestras vidas, incluso cuando estamos limitados por los hechos. El trabajo de un psicoterapeuta es trabajar con los pacientes para reescribir sus historias de una manera más positiva. A través de la edición y la reinterpretación de su historia con su terapeuta, el paciente puede llegar a darse cuenta de que él está en control de su vida y de que un cierto significado puede ser recogido de las dificultades que vive. Una revisión de la literatura científica encuentra que esta forma de terapia es tan eficaz como los antidepresivos o la terapia cognitivo-conductual.

Puedes encontrar más información sobre este tema en el nuevo libro de Esfahani Smith, El poder del significado: Elaboración de una vida que importa. Ella es colaboradora de varias revistas y publicaciones como The Wall Street Journal, The Atlantic y The New York Times.

Los 3 puntos claves de Buckminster Fuller para despertar y cambiar el mundo

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 07/27/2017

Uno de los pensadores más optimistas del siglo XX nos da 3 claves para cambiar la realidad

El siglo XX fue prolífico en avances tecnológicos, médicos y militares, y también en pensadores de muy diversa índole que podrían agruparse, vistos desde la actualidad y en un ejercicio de síntesis algo apresurado, en apocalípticos, integrados y utopistas. El arquitecto, diseñador y filósofo estadounidense Richard Buckminster Fuller (1895–1983) parece oscilar entre estos dos últimos grupos. De la cúpula geodésica del Epcot Center en Disneyland a diversos proyectos para viviendas accesibles, la mayoría ignorados hasta ahora, se asoma una vida y un pensamiento que intentaron esquivar las complicaciones del capitalismo salvaje y buscar a la vez la realización de un mundo ideal integrando los recursos y los avances disponibles.

Buckminster Fuller optó por ver lo mejor de la humanidad y su visión de las cosas estaba dirigida a construir un mundo globalizado, pero con intenciones menos económicas que de bienestar e igualdad social para todos y cada uno. A continuación, te compartimos los tres puntos claves para entender su pensamiento y aprender de sus decisiones vitales:

 

Tu vida no te pertenece

Cuando era joven Fuller trabajó en una fábrica de textiles, en la marina de los Estados Unidos y en la industria del embalaje para carnes. En sus años veintes, al lado de su suegro, fundó una empresa para construir viviendas ligeras, pero la compañía fracasó. A los 32 años se quedó en bancarrota, vivió en las calles y en los albergues públicos de Chicago y, poco después, su hija murió a causa de las complicaciones de la polio y de la meningitis espinal. Sintiéndose totalmente frustrado y responsable de la muerte de su hija, Fuller se volvió alcohólico y decidió matarse. Pero en el umbral del suicidio tuvo una revelación: su vida no era de su propiedad, sino que le pertenecía a la humanidad. Entonces, prometió dedicar el resto de sus días a un experimento trascendental: encontrar el modo en que un solo individuo podría contribuir al cambio del mundo y beneficiar así a toda la humanidad, lo que sería un ejemplo de un pacto con Dios, mucho menos publicitado que el famoso “pacto con el Diablo”.

 

No intentes cambiar a las personas. Transforma el medio ambiente

Siendo arquitecto, Buckminster Fuller se dio la misión de cambiar nuestra especie, un rol tradicionalmente desempeñado por políticos y líderes religiosos. Por eso su acercamiento fue diferente y comprendió que es casi imposible cambiar a la gente. En contraste, al buscar cambiar el medio ambiente donde las personas se desenvuelven creó espacios como la cúpula geodésica y la casa Dymaxion: un simple recorrido en tales edificaciones puede cambiar la percepción y las ideas de la gente e invitarla a replantear su visión del mundo y de sus posibilidades. En vez de sujetar y sacudir a alguien mientras le gritamos “¡El mundo se cae a pedazos!”, su idea fue crear entornos que muestren en sí mismos una solución posible.


 

Tenemos bastantes recursos para cada individuo en el planeta. Para comprobarlo, hay que concebir al mundo como un sistema total

Fuller concebía al mundo como un sistema en su totalidad, en vez de verlo como una multiplicidad de naciones diferentes, aisladas y en guerra, una forma de pensar que es aún más dominante de lo que creemos. En este sentido, acuñó el concepto de Spaceship Earth (Nave espacial Tierra) para indicar lo que según él somos y dónde estamos: “el hecho más importante de la Nave espacial Tierra es que su guía de uso no viene incluida”. En otras palabras, si podemos pensar el mundo como un sistema interrelacionado y coherente es posible comenzar a dirigir el rumbo y resolver integralmente los problemas y carencias de la humanidad como un todo, en lugar de condenar a la muerte a unos para que los menos tengan más que demasiado.

Richard Buckminster Fuller escribió con abundancia, pero su escritura resulta compleja, si no críptica, lo que no ha ayudado mucho para que sus ideas germinen. Por razones obvias, su trabajo ha sido cuestionado y llevado muy escasamente a la práctica. Ha sido más viable ejecutar sus complejos arquitectónicos en Disney, por ejemplo, que en el mundo tal cual, porque conviene ver su trabajo como algo propio de la fantasía o de la ciencia ficción. La globalización, la visión del mundo como un sistema total está en marcha, pero en condiciones muy diferentes a las que anhelaba Fuller, tal vez ingenuamente.

Después de todo, conceptos como el de “sinergia” (implementado por este arquitecto y utopista norteamericano) aún son usados con frecuencia, y es claro que el cambio de las condiciones actuales de vida requiere de la acción conjunta de todos, como si cada uno fuera un órgano fundamental del gran cuerpo de la transformación colectiva. Así que si esta breve introducción ha despertado tu interés o curiosidad puedes remitirte al libro A Fuller View, una colección de ensayos de diversos autores especializados en su pensamiento que te dejarán más claras sus ideas, para que puedas profundizar en ellas.