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¿Es este el origen de la medicina alternativa en la actualidad?

Sociedad

Por: PijamaSurf - 07/27/2017

La data confirma que las condiciones del sistema médico actual afectan más a las mujeres que a los hombres, pues enfermedades autoinmunes como fibromialgia, endometriosis, esclerosis múltiple o síndrome de fatiga crónica suelen diagnosticárseles como trastornos psicológicos como estrés, depresión o ansiedad

Terapias de cristal, huevos de jade, jugos desintoxicantes, meditación en jacuzzi  con sonidos budistas, crioterapia… Estos son ejemplos de las nuevas tendencias lujosas que intentan proveer una cada vez mejor salud física y psíquica. Se trata de un nuevo sistema de salud que ha surgido como una alternativa al sistema médico que en los últimos años se califica de violento, abusivo y deshumanizado.

En palabras del historiador científico de la Universidad de Wisconsin, Travis A. Weisse:

La relación entre doctor y paciente se ha erosionado lentamente, no sólo por la especialización y el hecho de que las personas ahora ven paneles de doctores, sino también porque las salas de urgencias están saturadas y hay problemas con los seguros de gastos médicos. Esto puede provocar que el paciente se sienta devaluado.

Esto es inclusive peor en el caso de la población femenina, pues sus malestares tienden a ser minimizados, asociados directamente con un rasgo histérico e hipocondríaco o regulados con desinflamatorios por los practicantes y médicos; un ejemplo de ello es la últimamente conocida escena de violencia obstétrica en donde se puede escuchar a las enfermeras decir: “Si no gritaste al abrir las piernas, no grites para dar a luz a un niño”.

La data confirma que las condiciones del sistema médico actual afectan más a las mujeres que a los hombres, pues enfermedades autoinmunes como fibromialgia, endometriosis, esclerosis múltiple o síndrome de fatiga crónica suelen diagnosticárseles como trastornos psicológicos como estrés, depresión o ansiedad. Como resultado, se les receta una serie de ejercicios y pensamientos positivos. Según Weisse:

Incluso con enfermedades que afectan a hombres y mujeres en rangos similares, las mujeres en muchos casos se encuentran en desventaja durante el tratamiento. Las mujeres tienen  una menor probabilidad de supervivencia a ataques del corazón que los hombres, parcialmente porque sus síntomas siempre se presentan como ‘atípicos’ –es decir, atípicos para una víctima masculina de un ataque al corazón– y porque reciben un tratamiento menos agresivo una vez que son admitidas en el hospital. Además, las pruebas clínicas para medicinas tienden a incluir más a los hombres, y el cuerpo del hombre es el default médico.

Ante esta discriminación hacia las dolencias de las mujeres, encajonándolas en síntomas psicológicos, menciona Weisse, las mujeres buscan métodos alternativos que les permitan sentirse escuchadas y en control. La realidad es que muchos de estos métodos, como por ejemplo el parto humanizado, tienen el objetivo de empoderar a la mujer haciéndola sentir en dominio de sus propias decisiones y reacciones corporales. Desgraciadamente el marketing, la ambición y el abuso de poder –e información– pueden sobreexplotar y difamar a estas terapias alternativas, acusándolas de inútiles o placebos.

Para Weisse, la industria de la salud puede reducir sus tasas de malestar si se invirtiera en competividad y compasión hacia los pacientes. Como dice Perry en uno de sus libros:

Nosotros [como humanos], queremos ofrecer estructura, pero no rigidez; nutrición [afectiva], pero no afectividad forzada. […] Reconocer el poder los vínculos y las señales relacionados es esencial para un trabajo terapéutico efectivo y, además, para una crianza efectiva, enseñanza y cualquier otro esfuerzo humano.

Se dice que el autor de este desprecio hacia lo sexual fue Hipólito, quien encaprichado con su madrastra Fedra e incapacitado por satisfacer su pasión incestuosa, portó el odio hacia las mujeres y los placeres carnales

No hay historia más desventajosa que la de la sexualidad humana.

Si bien se trata de la base de todo hombre y toda mujer que se permite experimentar placer a lo largo de su supervivencia (desde el empoderamiento de sentirse identificado con un género y sexo, hasta el bienestar biopsicoemocional que implica el autoerotismo), se le ha tachado de sucia, tempestuosa y vergonzosa.

Se dice que el autor de este desprecio hacia lo sexual fue Hipólito, quien encaprichado con su madrastra Fedra e incapacitado por satisfacer su pasión incestuosa, portó el odio hacia las mujeres y los placeres carnales. Continuó cuando en el Medievo, la minoría que se encontraba en el poder, los aristócratas en proceso de establecer la Iglesia católica, pusieron en práctica ciertas normas de la sexualidad. Es decir que durante la revolución de las estructuras económicas, sociales e ideológicas de las 4 primeros siglos de la era cristiana, se desarrollaron “normas de conducta” que impactaron negativamente en la sexualidad. De acuerdo con Paul Veyne, ahí surgió la primera relación entre el pecado y el cuerpo. En el Evangelio de Juan se afirma que: “Es el espíritu el que vive, la carne no sirve de nada”; dejando a la sexualidad en el rango de lo despreciable e ilegítimo. En especial el de la concupiscencia –o el onanismo, autoerotismo. Con el paso de los siglos el pecado original se confundiría con el pecado de la carne, dejando una serie de penitencias en caso de cometerlos fuera de las normas de conducta. Muchas de ellas, por cierto, se enfocaban en realizar ayunos y diezmos a la iglesia.

Fue así que se hizo costumbre negar la sexualidad de las personas, principalmente de las mujeres –o al menos la de una libre de emociones amorosas hacia un personaje del sexo opuesto. Incluso, pasando los siglos, en 1716, surgió el panfleto Onania: O el pecado atroz de la autocontaminación y sus más temibles consecuencias (en ambos sexos), en el cual se expresa una terrible preocupación hacia el acto sexual autoerótico. En él se refiere a la masturbación como “un vicio vergonzoso” que es tan terrible como para ser descrito, pues se asociaba con una serie de consecuencias de autocorrupción, como la gonorrea, epilepsia, impotencia, dolores de cabeza, debilidad intelectual, dolor de espalda, acné, moretones, hinchazón glandular, temblores, mareos, palpitaciones cardíacas, descargas urinarias, dolores casuales, incontinencia, entre otros…

En Onania, su autor –aún anónimo– se refería al desperdicio de la semilla masculina ante su función primordial hacia la retribución divina del acto sexual:

Mientras que la ofensa es la autocontaminación en ambos sexos, no podría pensar en otra palabra que pueda dejar en claro al lector en relación del pecado y su castigo. Las mujeres pueden sufrir de enfermedades del útero, histeria, infertilidad y desfloramiento o pérdida de la virginidad.

Para 1760 surgió otro panfleto considerado como bestseller: L’onanisme de Samuel Auguste Tissot, el cual decidió mantener la mala fama que ya poseía la masturbación. En este panfleto se esbozaba una serie de reflexiones del autor bajo premisas teológicas y pueriles, dando como ejemplo a pacientes ingleses con “desórdenes físicos causados por dicha actividad”. Según él, el placer autoerótico durante tres veces al día era capaz de llevar a la “insensibilidad” y una palidez, suciedad e infecciones genitales que eran difíciles de curar.

Estas ideas nocivas en torno a la masturbación continuaron y trascendieron incluso continentes. Por ejemplo, para 1830 y 1840 surgió una campaña moralista femenina en las sociedades de EEUU en donde se condenaba la masturbación –mas no el sexo– pues imposibilitaba el autocontrol. En especial cuando en 1877, la intensidad paranoica del Plain Facts for Old and Young de J. H. Kellogg exageró las historias de horror en torno a esta actividad sexual: “Ni la plaga ni la guerra ni la viruela ni otras enfermedades similares, han provocado resultados tan desastrosos a la humanidad como el pernicioso hábito del onanismo; es el elemento destructor de las sociedades civilizadas”. De hecho, Kellogg sugirió una serie de remedios para el interés sexual, tales como el ejercicio, baños estrictos, régimen de sueño, compresas, duchas, enemas, tratamiento eléctrico y una dieta basada en un cereal para el desayuno que liberaría la curiosidad masturbatoria.

Requirió más de 1 siglo que la premisa en torno a la concupiscencia cambiara de rumbo. No fue sino hasta 1992 cuando el sociólogo Anthony Giddens escribió The Transformation of Intimacy, en el cual se buscaba crear una identidad moderna para las prácticas sexuales modernas, aceptando la masturbación como una de las necesidades básicas de todo adulto con deseo sexual. Fue Giddens quien incluso condecoró a la masturbación como una herramienta para la salud sexual: “Es altamente recomendable como una herramienta mayor para el placer sexual, y como una manera activa de mejorar la respuesta sexual en ambos sexos”. Y con un poco de apoyo de Liberating Masturbation –1974– de Betty Dodson, en el cual se empoderó la libertad sexual de la mujer con una sección para aprender a masturbarse.

Desgraciadamente la lucha milenaria en contra de la sexualidad humana ha alcanzado a las juventudes de la actualidad, dejando a la ignorancia y la influencia de una pornografía desinformativa gobernar este mundo y dando como resultado una serie de consecuencias médicas: botellas de vidrio haciendo vacío al interior de una vagina, pepinos –o cualquier vegetal fálico– atrapados entre paredes vaginales contraídas, infecciones vulvares, vaginales o anales, desórdenes o trastornos sexuales, entre otros. Sin mencionar un acercamiento mediocre o negativo al sexo, lo cual provoca una experiencia insatisfecha para la salud sexual tanto de hombres como de mujeres. ¿Será acaso hora de abrir la caja de Pandora en torno al sexo para reducir malestares que pueden resultar en catástrofes?

Por si acaso, compartimos estos videos educativos acerca de cómo masturbarse: