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Estos son los 4 catalizadores que llevan a la mente a la iluminación según la psicología budista

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/27/2017

El budismo cuenta con estas 4 actitudes o catalizadores inconmensurables para transmutar los venenos emocionales y llevar a la mente a su naturaleza original, pura y radiante

En términos generales la psicología occidental considera que el amor o el odio, la alegría o el enojo son emociones y entran en la misma clasificación. En esto difiere notablemente la psicología budista, para la cual estos estados mentales no difieren sólo en cualidad (positiva o negativa) sino que pertenecen enteramente a otro dominio. Lo que nosotros llamamos normalmente "emociones", en el budismo son llamados "venenos" o "contaminantes" (kleshas, en sánscrito). Éstos pueden dividirse en tres o cinco emociones fundamentales (las cuales, a su vez, pueden subdividirse en muchos otros psiquismos contaminantes). Generalmente, los llamados cinco venenos de la mente son:

 Deseo o apego (raga, sánscrito; 'dod chags, tibetano).

 Enojo o aversión (dvesha, sánscrito; zhe sdang, tibetano).

 Ignorancia u opacidad mental (moha, sánscrito; gti mug, tibetano).

 Orgullo o arrogancia (mana, sánscrito; nga rgyal, tibetano).

 Envidia (irsha, sánscrito; phraf-dog, tibetano).

Estas cinco emociones son las contaminaciones de los cinco modos de cognición prístina o cinco sabidurías que conforman la naturaleza de la mente, la cual se ve oscurecida por estas emociones propias de la confusión del samsara, que hace que lo que es solamente luminosidad autocognitiva se vea sumida en extravío dualista. Para que se reconstituya la cognición prístina en el ser, el budismo propone lo que generalmente se traduce como "los cuatro inconmensurables" (apramanas, sánscrito), también conocidos como los brahmaviharas (las habitaciones divinas), las actitudes sublimes que conducen al estado de Brahma, al estado divino o a la misma budeidad. Herbert Guenther, uno de los más grandes tibetólogos de la historia (aunque controversial en sus traducciones), llama a estos estados esencialmente expansivos de la mente "catalizadores". Aunque estos estados o actitudes suelen asociarse con niveles elevados del desarrollo psíquico y espiritual, debe enfatizarse que en realidad son "las facetas primarias del ser", las cuales son obstruidas u oscurecidas por las emociones: "las emociones son el malfuncionamiento de una cognitividad prístina (jnanas, sánscrito; ye-shes, tibetano)". Los cuatro catalizadores que restablecen al ser en su cognición prístina son:

Amor bondadoso (maitri; byams pa).

Compasión (karuna; snying rje).

Alegría empática o alegría vicaria (mudita; dga'ba).

Ecuanimidad (upeksha; btang snyom).

Es de recalcarse que para el budismo el amor no es una emoción y no tiene una acepción meramente sentimental, es mejor entendido como un catalizador o una sublimación de estados de densidad emocional. Esto es lo que Thinley Norbu Rinpoche señala en su libro White Sail: el amor es, en realidad, la capacidad de dar energía a los demás. Energía para que puedan transformar los venenos mentales o emociones en sabiduría.

Guenther habla de un proceso de reconstitución del estado prístino de cognición no-dual como si ocurriera una reacción catalítica. Se contemplan estas actitudes sublimes y así se se activan como catalizadores para abrir los flujos de energía que se encuentran comprometidos por las emociones, los cuales son indispensables para lograr la actualización del ser en su integración completa. Es decir, es a través de estados naturalmente virtuosos y expansivos que las emociones son llevadas de vuelta a su esencia de cognición prístina, en la cual la conciencia integra y percibe al mundo libre del cristal distorsionante y delimitante del ego; se alcanza la realización, es decir, la percepción del mundo tal como es. Los cuatro incomensurables son las "grandes propiedades del auténtico Ser" que nos permiten cruzar "el océano del ser ficticio". Son incomensurables o ilimitadas porque el ser en realidad no tiene límites, es sólo percibido así por las obstrucciones emocionales que le hacen identificarse con un sujeto concreto en una dicotomía con un mundo de objetos. Al final se trata de ser compasión, ser amor, ser alegría, ser ecuanimidad y no ser amoroso con alguien en específico, o alegre bajo ciertas condiciones, etcétera.

El gran maestro de la tradición tibetana Nyingma, Longchenpa, sugiere que se debe primero practicar la ecuanimidad, ya que este inconmensurable tiene la cualidad de no tener punto de referencia y por lo tanto estar más fácilmente libre de apegos y aferramientos. Por ejemplo, el amor puede fácilmente convertirse en un aferramiento al centrarse en una única persona, lo cual es una negación del valor del otro, ya que éste es transformado en un objeto al cual uno se aferra. Se trata sobre todo de moverse de lo individual hacia lo universal, para resonar con "lo absolutamente positivo que ha existido desde el principio como una semilla increada". De la misma manera que Platón en El banquete sugiere que del amor individual uno crece al amor universal, Longchenpa dice también que uno debe extender en su práctica estos estados catalíticos ilimitados de una persona hacia varias, y así hasta abarcar al mundo entero. 

Cada uno de estos catalizadores existe en una relación dinámica de mutua transformación. El amor tiende a anquilosarse en el apego, el cual genera frustración (ya que el objeto del apego es impermanente), pero esto puede ser contrarrestado por la compasión, que libera de este sufrimiento y amplifica su accionar; la compasión puede convertirse en sentimentalismo y en una sensación de inutilidad (puesto que existe tanto sufrimiento en el mundo), lo cual se contrarresta con la alegría; la alegría puede convertirse en una euforia o sobreexcitación, lo cual es contrarrestado por la ecuanimidad; la ecuanimidad puede convertirse en apatía, lo cual es contrarrestado por el amor. A su vez, estos cuatro catalizadores sirven para disolver los cinco venenos ya mencionados, también en una relación dinámica:

Un hombre que habiendo tomado refugio se ha convertido en un nodo de crecimiento espiritual

cultivará su mente para el beneficio de los demás seres vivos

dejando que florezca la compasión en el terreno del amor

y regándola con el agua pura de la ecuanimidad, bajo la plácida sombra de la alegría.

(Longchenpa)

 

Pon en práctica los cuatro catalizadores de la iluminación con estas cuatro meditaciones guiadas por el maestro budista Alan Wallace

* Citas tomadas de Kindly Bent to Ease Us: Part 1: Mind (Longchenpa, traducción de Herbert Guenther)

** Debe mencionarse que Guenther usa en sus traducciones frecuentemente el término Ser (being), algo que es sumamente polémico dentro del budismo. Sin embargo, Guenther utiliza este término como una no-cosa (nothingness), una apertura rebosante de potencial que despliega un mundo, que es sólo su propia intensidad-luminosidad, de alguna manera conectando, en esto, la filosofía de Heidegger con el budismo mahayana y vajrayana.

Los cuervos son ávidos practicantes de las artes del discernimiento, la intuición, el castigo y el agradecimiento

“Say 'Nevermore'", said Shadow.

"Fuck You", said the Raven.

Neil Gaiman

En alguna tradición, aunque no descarto que imaginaria, se dice que cuando uno anda sobre el camino y de pronto duda, ante una bifurcación, qué sendero elegir, hay que mirar al cielo en busca de un cuervo para que éste, con su vuelo, nos indique la dirección correcta. Tal vez esto se deba a que los cuervos saben a dónde van, tal vez a su inteligencia –que destaca por un filo casi sensorial– o a su afición por anidar en las alturas para gozar con holgura del panorama.    

Además de presumir un fecundo simbolismo dentro de muchas tradiciones, en otro plano son seres que ejercen una suerte de pragmatismo trascendental: difícilmente se equivocan y llevan las artes intuitivas a las proximidades de la impecabilidad. Por eso pareciera que una de sus muchas cualidades, recién comprobada, resulta particularmente didáctica: su capacidad de discernir entre benefactores y agresores, de premiar a unos y castigar a otros –como Condes de Montecristo.

Un estudio publicado hace poco en la revista especializada Animal Behavior, advierte que los cuervos no perdonan. Dicho de forma menos categórica, los cuervos determinan cuando una persona es o no su aliada, y este juicio queda impreso en su memoria.

Investigadores experimentaron con nueve cuervos, todos criados en cautiverio por ellos mismos y por lo tanto familiarizados entre sí. Los cuervos fueron entrenados para recibir un trozo de pan de uno de los investigadores, luego llevarlo a manos del otro y recibir, a manera de premio, un pedazo de queso. Sin embargo, en ejercicios posteriores el entrenador que en un principio intercambiaba el pan por el queso, en lugar de recompensarlos procedía a comerse el queso.

Un par de días después las aves fueron presentadas con tres entrenadores: el que les daba el pan, el que comía el queso frente a ellos en lugar de dárselos, y un tercero neutral que no había participado en el ejercicio anterior. Seis de las siete aves fueron a jugar con el primero, el justo, una con el neutral, y al “traidor” simplemente lo ignoraron. 1 mes después se organizó una dinámica similar, con igual resultado. Es decir, los cuervos simplemente no perdonaron a aquel que los engañó.

Al parecer, esta estricta política corvina es proporcional al agradecimiento que profesan con sus benefactores. Y aquí viene a la memoria el caso de Gabi Mann, la niña que a sus 8 años, y tras 4 de alimentar diariamente a un grupo de cuervos salvajes, un día comenzó a recibir aves regalo de ellos. Pero no sólo eso: la mayoría de estas ofrendas eran objetos brillantes, los cuales ejercen una una fascinación entre estas aves, que incluso acostumbran atesorarlos, y por lo tanto estos obsequios representaban sus más valiosos hallazgos.

En resumen, los cuervos eligen bien a las personas de quienes se rodean, difícilmente perdonan y practican un profundo agradecimiento. Contemplarlos podría aportarnos enseñanzas mucho más útiles, y naturales, que perseguir lecciones fáciles en notas de Internet (incluida esta). Así que si quieres “autosuperarte”, busca cuervos y obsérvalos. 

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis