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¿Realmente el yoga despierta la energía conocida como kundalini? (Krishnamurti responde)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/25/2017

Krishnamurti responde con humor y sabiduría, sugiriendo que el yoga que se practica en Occidente no despierta la kundalini

En este video podemos ver a Jiddu Krishnamurti en Brockwood Park 1979, respondiendo a una pregunta del público sobre la energía kundalini. La energía kundalini aparece en diversas prácticas del yoga y del tantra; generalmente se considera que yace en estado latente en la base de la columna o en la zona genital.

Krishnamurti, quien hizo énfasis en la vida moral, el silencio, la compasión y la desidentificación con el yo o sí mismo, prefiere estos caminos intelectuales a los caminos de los ejercicios físicos (el karma yoga). Enseñó un camino de autoconocimiento alejado del tantra y de las prácticas alquímicas corporales en gran medida. Esto puede verse en su respuesta. No podemos estar seguros de si Krishnamurti sugiere que el yoga no despierta la kundalini o si es sólo esta versión del yoga occidental lite, el cual no genera la liberación de energía. Dice, sin embargo, que la ausencia del yo o sí mismo libera una energía. Para grandes maestros espirituales como Sri Ramana Maharaj, la energía vital universal también se libera al trascender o negar el yo individual y encontrar el sí mismo universal o atman.

El énfasis está en llevar una vida moral en el raja yoga, no en el ejercicio físico... yoga significa unir lo inferior con lo superior o viceversa... al yoga moderno, que no sé por qué lo llaman yoga, lo deberían llamar "ejercicio", pero eso no los atraería, quieren pagar dinero para aprender "yoga"... Pueden practicar este yoga, estos distintos ejercicios toda su vida por el resto de su vida y no despertarán la visión espiritual ni aflorará una energía superior...

Se han tenido ciertas experiencias y las llaman con este nombre, y de lo que hablan en cierta forma, de incrementar energía, puede hacer más daño que bien... al comer cierta comida, al controlar la respiración, lógicamente se tiene más energía y esto te da un sentido de superioridad... hay una forma distinta de esto que sólo ocurre cuando el sí mismo no está, entonces surge una energía totalmente distinta que mantiene la mente fresca, joven, viva y sólo puede ocurrir cuando no hay ningún sentido del sí mismo, porque el "mí", el centro, está en constante conflicto, ¿o no?, quiere o no quiere, crea dualidades, deseos que se oponen en una constante lucha. Mientras esa lucha permanece, hay una pérdida de energía.

 

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Pese al culto a la felicidad, la ciencia muestra que la tristeza nos beneficia

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/25/2017

En un mundo que huye de la tristeza y gasta millones buscando la felicidad, es necesario recordar que estar triste es un estado muy rico, tanto en sensaciones como en aprendizaje e inteligencia

El mundo moderno parece exigirnos que seamos felices. La felicidad se ha convertido en una gran industria en un doble sentido. Por una parte se nos dice que nuestro éxito en diferentes ámbitos depende de que seamos felices, de que estemos en un estado de ánimo positivo para que podamos producir en el trabajo y ser agradables y así las personas nos quieran --se nos ha dicho que las personas tristes, melancólicas o negativas no suelen tener éxito social ni laboral (la depresión es el principal causante de faltas al trabajo en el mundo). A la par la publicidad, los medios masivos y la misma sociedad nos hacen sentir inadecuados si no somos felices, si no cumplimos con la imagen del póster de la felicidad.Y es que en ese estado de vulnerabilidad, en ese sentimiento más o menos perenne de ser inadecuados o insuficientes para cumplir este estándar (que es una fantasía) somos el consumidor perfecto, presa fácil de los productos y experiencias que nos prometen transformarnos externa o internamente para ahora sí poder acceder a la felicidad, que al negársenos nos niega la participación en la fiesta de la existencia y nos quita el sentido de nuestra vida... productos y experiencias que van del último iPhone o el viaje de ayahuasca hasta el cuerpo perfecto y la novia o novio ideal. Y así surgen la lista innumerable de remedios: la terapia, la espiritualidad, el desarrollo personal, la misma ciencia e innumerables actividades más que se difunden con un discurso que promete hacernos felices --si tan sólo vamos a ese curso o aplicamos sus últimos descubrimientos. Todo esto es parte del culto a la felicidad.

Por supuesto, ser feliz, gozar, evitar el sufrimiento, es algo que todos los seres humanos desean. Esto hace que sea tan fértil esta industria. Pero, paradójicamente, la misma búsqueda de la felicidad es uno de los principales factores que contribuyen a la infelicidad de nuestra sociedad (las estadísticas muestran que la felicidad no ha aumentado en las últimas décadas, pese a toda la maquinaria del progreso). Esto puede ser un tanto confuso: si aceptamos que el ser humano quiere ser feliz, entonces, ¿no es lógico pensar que debería buscar la felicidad? El problema yace en que el ser humano es un ser complejo, tanto en sus estados emocionales como en las influencias y relaciones con las que convive. La imagen de la felicidad que se ha difundido y los mecanismos que se han promovido para encontrarla postulan una visión irreal de la felicidad. Fundamentalmente, se ha creado un reduccionismo en el cual la tristeza y el dolor son opuestos radicales a la felicidad y deben ser evitados a toda costa. Evitar la tristeza y huir del dolor, sin embargo, no es algo que conduzca a la felicidad, ciertamente no a la felicidad duradera.

La versión de la felicidad que promueve nuestra cultura es una felicidad mayormente hedonista y superficial que proviene de satisfacer nuestros deseos materiales y de básicamente poder hacer lo que queramos. Es la versión del ser humano que conquista el mundo externo, del rey, estrella de cine, superhéroe o CEO. Ante esta felicidad, filósofos como Aristóteles y más recientemente el maestro budista Alan Wallace han planteado la alternativa de una felicidad sostenible, que no depende de estímulos y posesiones, llamada eudaimonía, la cual podríamos decir que es el estado de integración de la psique con una vida llena de significado que se interesa por y abarca la variedad de la existencia, placer y dolor, vida y muerte. Una felicidad sostenible, una vida con significado no sólo no rechaza la tristeza y las emociones negativas sino que las abraza y la estudia, sabiendo que además de ser inevitables en un mundo cambiante, contienen profundas enseñanzas. Son los síntomas que revelan parte de la condición humana que yace oculta por las apariencias y el querer ajustarse a los paradigmas dominantes. Síntomas que no deben ser suprimidos sin antes ser sentidos y analizados. El descontento con la existencia puede llegar a ser el inicio de la motivación más grande, no para encontrar la felicidad, sino para establecer una vida significativa que trascienda las contingencias y los vaivenes del placer y el dolor.

Un estudio científico reciente sugiere que la tristeza o los estados de ánimo negativos, cuando no son crónicos, tienen funciones adaptativas que nos permiten aprender y resolver situaciones difíciles. Asimismo, los estados de tristeza mandan señales a los demás de que no queremos competir, lo cual puede brindar cierta protección y hacer que otras personas nos ayuden. De otra forma podríamos decir que la tristeza dice a los demás que estamos en un estado vulnerable, lo cual puede producir relaciones más íntimas, menos basadas en pretender que todo está bien siempre.  

Se ha descubierto también que la tristeza en ocasiones favorece la sensibilidad estética y moral. Esto evidentemente ocurre cuando la tristeza no se convierte en un estado de indolencia y depresión profunda; al contrario, el hecho de sentir el dolor, el descontento y demás es un acto que tiene mucha vitalidad. Muchos artistas lo son justamente porque no niegan este aspecto de la vida. Negarlo es como sólo vivir de día y no disfrutar de todo lo que tiene la noche.

En algunos estudios basados en estados de ánimo de tristeza moderada se notó que las personas tristes exhibieron mejor comunicación, memoria y capacidad de hacer juicios.

Hemos dicho que la ciencia muestra que la tristeza tiene algunos beneficios, y en nuestra sociedad la ciencia tiene una especie de aura mágica de verdad. Sin embargo, hay que decir que es sobre todo el arte el que ha mostrado largamente que la tristeza nos beneficia, esto es, beneficia a nuestra alma, algo que la ciencia no considera. El alma, ha dicho el psicólogo James Hillman, se desarrolla echando raíces y viajando al inframundo, no creciendo hacia el Sol solamente o volando ligero como una mariposa. El alma es flor y mariposa, pero también pantano y cueva. 

 

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