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Las 9 técnicas de Da Vinci para ser un gran dibujante

Arte

Por: PijamaSurf - 05/02/2017

Conviértete en un maestro del dibujo con estos sabios y útiles consejos traídos directamente desde el Renacimiento

El genio bastardo

Leonardo da Vinci no necesita presentación, pues casi todo lo que se puede decir sobre él ya se ha dicho. De cualquier manera, y en caso de que no hayan escuchado nunca de él, se trata de la figura central del Renacimiento europeo: pintor, botánico, inventor, anatomista, dibujante, pensador y un largo etcétera. Una mente privilegiada con un IQ calculado en 210, adelantado al menos 500 años a su época.

Algunos piensan que en realidad se trataba de un ladrón de ideas, que no era tan inteligente como se dice y sólo mejoraba los inventos de otros; algunos más creen en códigos secretos dejados a lo largo de su obra, que revelarían alguna clase de conspiración.

Sea cual sea la postura que se tiene sobre él, hay consenso general sobre una cosa: es uno de los artistas más talentosos que hayan pisado la Tierra.

Desde pequeño estaba condenado: nació como el hijo ilegítimo de un notario, situación que le impedía asistir a la universidad o continuar la profesión de su padre pero, lejos de desanimarse y rendirse ante la adversidad, Leonardo se volvió un autodidacta; la naturaleza y la experiencia se convirtieron en sus maestros.

El papel era un lujo en su época; pese a esto, Leonardo robaba un poco de la oficina de su padre y se escapaba al bosque para hacer bosquejos de plantas y animales. Estos mismos dibujos serían la llave de entrada para que luego Leonardo se convirtiera en asistente, con tan sólo 14 años, del artista Andrea del Verrocchio, amigo de su padre. Ahí perfeccionaría su técnica, hasta llegar a ser uno de los grandes.

 

¿Qué es el talento?

De acuerdo con el investigador Daniel Coyle, debemos abandonar la noción de que las grandes figuras renacentistas (Miguel Ángel, Rafael, Botticelli o el mismo Leonardo) son una especie de seres semidivinos. Todos ellos fueron niños aprendiendo todas las habilidades y conocimientos que podían extraer de su entorno.

La práctica constante, un buen asesoramiento y la ignición son hábitos que podemos fomentar tanto en niños desde una edad temprana como en nosotros mismos para conseguir ese nivel de maestría. Cuando practicamos una habilidad, una sustancia en nuestro cerebro llamada mielina rodea nuestros circuitos neuronales, aquellos que se forman al aprender algo, lo que nos hace más hábiles. Es decir, a más mielina, mayor talento.

Una práctica adecuada en cualquier campo implica empujar al límite nuestras habilidades, hasta traspasar la frustración. El talento que no se motiva por el incesante mejoramiento de las habilidades nunca conducirá a la maestría.

 

Los consejos de Leonardo

Leonardo tenía nueve técnicas que le permitieron alcanzar los mas altos estándares al dibujar, y que están ahí para retarte y hacer que tus habilidades alcancen su límite. Son práctica, ejercicio y trabajo. Así deben ser abordadas.

 

Dibuja objetos en movimiento

La lluvia, los caballos galopando, un grupo de hombres riendo, estas son las cosas que Leonardo utilizó como modelos para practicar el arte de captar la vida tal como aparece ante nuestra vista: animada, con movimiento. Era como una cámara viviente, con el cerebro, la mano y la vista perfectamente coordinados. Soñaba con convertirse en algo así como “un espejo humano”.

Da Vinci recomienda:

Mantén una mirada afilada para las figuras en movimiento. En las calles, en las esquinas, en el campo. Traza rápidamente las líneas principales, una o para la cabeza, algunas líneas bien curveadas para las extremidades y el pecho; cuando llegues a casa termínalas por completo.

 

 

Copia a tu(s) maestro(s)

Leonardo fue asistente durante 10 años. Igual que todos los asistentes de la época, Da Vinci se encargó de hacer muchas copias de los originales de su maestro hasta dominar su estilo, como se requería. El estilo de Verrocchio está presente en los primeros trabajos de Leonardo.

Da Vinci recomienda:

El artista debe ejercitar su mano primero copiando algunos dibujos de la mano de un buen maestro. Luego de haber dominado esa práctica, bajo la asesoría de su maestro, debe dibujar objetos con otro estilo, siguiendo las reglas que se le han enseñado.

Recientemente se descubrió que un alumno de Da Vinci iba copiando los trazos de su maestro, uno por uno, mientras éste trabajaba en su obra más famosa, La Mona Lisa.

El joven primero debe aprender perspectiva, luego la proporción de los objetos. Luego puede copiar algo de un buen maestro para acostumbrarse a las formas finas. Luego de la naturaleza para confirmar y practicar las reglas que haya aprendido.

 

 

Juega con las perspectivas

Cualquier oportunidad para practicar o ejercitar habilidades útiles para el dibujo debe ser bien recibida. Puedes practicar adivinando la longitud de objetos a la distancia, por ejemplo. Puedes jugar con otras personas a adivinar la longitud de líneas trazadas en una pizarra y observadas a 10m de distancia. Este tipo de juegos ayuda al cerebro a mejorar la calidad con que percibe las dimensiones espaciales.

 

Dibuja cosas divinas y grotescas

Cuando alguien le llamaba la atención por su apariencia, Leonardo solía seguir a esa persona todo el día hasta aprender de memoria su apariencia.

El pintor (o dibujante) debe aspirar a la universalidad porque hay una gran necesidad de respeto propio cuando se aprende bien sólo algunas cosas y otras se hacen mal; así lo hacen aquellos que aprenden correctamente las proporciones de un cuerpo desnudo y no buscan la variedad: un hombre puede ser alto o corto, gordo o flaco, delgado o robusto. Un pintor que no tiene en cuenta estas variaciones siempre hará las figuras con un solo patrón, así todos sus dibujos podrían ser confundidos con hermanos y este es un defecto que requiere una sólida reprensión.

 

 

Arregla las cosas en tu mente a través del dibujo

Antes de que todos los estudiantes de arte tuvieran a su disposición la fotografía como medio para mantener a un modelo en su postura por el tiempo que quisieran, debían practicar hasta dominar la anatomía, la perspectiva y la iluminación. Así se volvían capaces de reproducir desde su mente cualquier figura. Ni Leonardo ni Miguel Ángel utilizaron atajos o guías simples. Trascendieron la copia para volverse creadores.

Leonardo recomienda:

Cuando quieras reconocer algo que has estudiado de memoria, procede de esta manera: cuando hayas dibujado el mismo objeto tantas veces que te sientes seguro de conocerlo íntimamente, demuéstralo dibujándolo sin utilizar el modelo. Mantén el modelo cerca de ti, bajo vidrio delgado; cuando termines sobreponlo y compara tus trazos de memoria con el modelo. Observa las partes que no coinciden y los errores que hayas cometido, mantén en mente no repetir los mismos errores. Luego dibuja con el modelo aquellas partes que salieron mal y dibújalas una y otra vez hasta que las memorices.

También aconseja observar y retener detalles anatómicos para ampliar el catálogo mental y aplicarlo a cualquier dibujo.

 

 

Dibuja en compañía de otros

No a todos los artistas les agrada mostrar su obra terminada, pero son aun menos los que desean mostrar el proceso de creación. Da Vinci nos empuja a lidiar con la sensación que produce someter una obra aún no acabada al juicio del mundo:

Hay muchas razones por las que dibujar en compañía es mejor que hacerlo a solas. La primera es que te sentirás avergonzado de ser visto por tus estudiantes, esa vergüenza te empujará a estudiar con cuidado. Segundo, esta saludable recomendación te permitirá rodearte de aquellos que han sido más bendecidos que tú y esa bendición te incentivará. Otra razón es que puedes aprender de los dibujos de otros que lo hacen mejor y si tú eres mejor que ellos, te puedes beneficiar contemplando los defectos en sus dibujos e intentar mejorar aún más los tuyos con lo aprendido.

Los buenos artistas se preocupan más por la calidad de su trabajo que por la fragilidad de su ego:

Mientras un hombre pinta no tiene por qué encogerse ante cada opinión que escuche. Sabemos bien que todo hombre, aunque no sea pintor, está familiarizado con las formas de otros humanos y es capaz de juzgar si su cadera está demasiado baja o tiene un hombro más grande o más abajo que el otro, o si tiene la nariz o la boca muy grande y otros defectos. Y así como sabemos que son competentes para juzgar los trabajos de la naturaleza, así podemos admitir que lo son para juzgar nuestros errores.

Pide opiniones sobre tu trabajo con humildad y atención; la mayor parte del tiempo puede que te señalen defectos que ya habías detectado, pero hay grandes lecciones cuando te hablan de defectos que tú solo no habrías percibido.

 

Dibuja sábanas y textiles

Nada enseña mejor la importancia de la paciencia, así como los valores de la luz y la estructura. Leonardo pasó años dibujando telas dispuestas de diferentes maneras. Basta colocar una sábana sobre una silla, fijar una fuente de luz y comenzar a practicar.

Da Vinci comenta:

Muchos son los que tienen gusto y amor por el dibujo pero sin talento, esto es discernible en personas que no son diligentes y nunca terminan sus dibujos con sombreados.

 

 

Dibuja la misma cosa desde distintos ángulos

Un buen artista no se limita a generar copias de imágenes bidimensionales; los grandes pintores prueban varios ángulos de una misma persona u objeto antes de animarse a realizar una versión final de sus trabajos.

Nuestro cerebro percibe el volumen, forma y textura de los objetos gracias a la luz. Utilizar esta técnica te hará un mejor interprete de la luz. Dicho de otra manera: los niños dibujan las cosas como creen que lucen, los principiantes copian lo que ven y los maestros dibujan lo que entienden.

 

 

Dibuja con el ojo de la mente

Leonardo no sólo domino el aspecto técnico y práctico del dibujo sino que también tuvo gran cuidado en desarrollar habilidades adecuadas para la concepción y composición de cada figura:

No puedo dejar de mencionar entre estos preceptos un nuevo dispositivo para el estudio que, a pesar de parecer trivial y hasta ridículo, es, sin embargo, extremadamente útil para estimular la creación mental. Cuando mires paredes con puntos o texturas o piedras varias, puedes concentrarte en divisar pequeños paisajes con montañas, ríos, valles, plantas, árboles en distintos órdenes, o quizá batallas y figuras en acción, o quizá extrañas caras y disfraces, una variedad interminable de objetos que puedes reducir o completar y dibujar como figuras bien definidas. Éstas aparecen en las paredes de forma confusa, como el sonido de campanas en cuyo tintineo puedes encontrar la palabra que decidas imaginar.

Nuestra mente es capaz de proyectar su poder imaginativo en cualquier cosa. Cuando dejamos de percibir estímulos externos, nuestro cerebro fabrica los suyos. Este fenómeno es similar al observado en las cámaras de aislamiento. Basta con acostarse en la cama a imaginar en la oscuridad. Busca nuevas formas de estimular tu imaginación y utiliza los resultados en tu trabajo; te sorprenderá lo que ocurre.

 

 

Sólo si tu técnica es capaz de expresar con acierto tus ideas podrás llegar a transformarlas hasta convertirlas en obras maestras.

 

¡Dibuja, dibuja y dibuja!

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Por: Psicanzuelo - 05/02/2017

Es curioso pensar que la narrativa de YouTube a la que ahora millones de jóvenes son adictos se originó en el documental, sobre todo en el trabajo de este ignorado cineasta que sigue produciendo

EL GENERAL DE EROS

Hace algunos años conocí el trabajo del documentalista Ross McElwee, que de alguna manera podría ser parte del movimiento del cine directo norteamericano, aunque su trabajo sea un poco posterior. Me fascinó la manera como por medio de los medios más económicos (un ejercito de un solo hombre) no sólo lograba un relato interesante, sino que despertaba emociones que muchas veces sólo aparecen en el espectador ante complicadas tramas de cines sofisticados de otra época, o sensaciones estéticas que a veces sólo se obtienen con maniqueos de superproducciones de ficción exacerbadas. La simpleza basada en la honestidad de hacerse parte del relato, que se despliega en tiempo real, personalmente encontraba demasiadas líneas paralelas entre lo que había intentado hacer yo en muchos proyectos documentales y lo que McElwee lograba con La marcha de Sherman/Sherman’s March (1985).

La película era varias cosas: un diario personal filmado tipo Jonas Mekas, al mismo tiempo que la exploración de la feminidad bajo la mirada masculina, también un catálogo del ligue tipo Casanova a la Mauricio Garcés gringo sureño, y un documento histórico de la guerra de secesión norteamericana. Sorpresivamente el documental ganó el mayor premio en el festival de Sundance, y al mismo tiempo es de las afortunadas cintas que están catalogadas y preservadas por la Biblioteca del Congreso (pocos documentales, a comparación de las ficciones).

El documental sigue la ruta que el general William Tecumseh Sherman, del ejército yanqui, recorrió en ese 1864 después de la victoria de Gettysburg; destruyendo todo a su paso, partiendo de Atlanta hasta la costa y después hasta el Norte de Carolina, donde venció de una vez por todas al ejército confederado. El proyecto de McElwee inició con una beca de 9 mil dólares para hacer un documental de cómo destruyó el general Sherman el sur de Estados Unidos, de donde el director es originario. Pero después de terminar una importante relación de pareja, en la producción fue explorando sus relaciones personales y haciendo paralelismos históricos. Digamos que las citas que va sosteniendo con distintas mujeres que va conociendo son una especie de campo de batalla, una lucha feroz entre los sexos con mirada masculina que no deja de mirar y donde no nos dejan de mirar, cine puramente primigenio.

Pareciera que más que un turista ligador perdido en un paraíso exótico, antecediendo cualquier reality tv show y narrativas de YouTube, McElwee a la usanza de ese Jean Rouch en compañía del antropólogo Edgar Morin en Crónica de un verano (1961) donde ambos buscaban la felicidad en todos los conceptos de la gente parisina, intenta saber si hay espacio para el amor en su era.  

 

ORÍGENES DEL OJO DE VIDRIO

Ross McElwee nació en Carolina del Norte en el año de 1947, se gradúo de la Universidad Brown en escritura creativa, pero al mismo tiempo estudió cursos de fotografía en la prestigiosa escuela de diseño de Rhode Island. Pronto viajó a Francia donde trabajó como asistente de fotógrafo de bodas, para regresar a estudiar al MIT en el recién estrenado programa de cine, con dos tutores que fueron documentalistas sobresalientes que ayudaron a forjar el cine directo norteamericano: Ed Pincus y Richard Leacock, que lo influenciaron en cuanto a cine subjetivo y prácticamente hecho por una persona o dos. McElwee regresó a Carolina del Norte, donde inició su carrera trabajando en el noticiario local, también en un programa para amas de casa y shows de predicadores cristianos. Trabajó después como segunda cámara con grandes del cine directo como Pennebaker, hasta que en 1976 empezó a producir sus propios documentales.  Además de su carrera como cineasta también es profesor en Harvard desde 1986. Vale la pena recordar que una “nueva escuela de documental” emerge de esa prestigiada universidad, el Laboratorio de Etnografía Sensorial, con una postura similar al cine directo, pero con una estética más rigurosa y una fuerte carga de justificación académica.

 

EL GRAN MURO CONCEPTUAL

Something to do with the Wall (1971) es un documental codirigido por McElwee y su exesposa Marlyn Levine (una destacada artista plástica) en Alemania. Una exploración del muro de Berlín en su última etapa, cine directo de lo más puro. Con su usual voz en off que explica las cosas desde sus sentimientos personales, McElwee se plantea desde el futuro cercano la caída del muro de Berlín que fue sin duda la materialización más notoria de la guerra fría, donde la democracia mundial se deja sentir lejos de las dictaduras acostumbradas, pero el documental ocurre poco tiempo antes del suceso. La cámara se mueve del lado oeste del muro obviamente, y lo describe como si fuera un colorido Disneylandia de concreto donde se reúnen turistas de múltiples nacionalidades pero sobre todo norteamericanos; entre toda esa barbarie se van desplegando personajes singulares. Hay un activista que profana con la suela de sus zapatos el otro lado del muro por el punto de chequeo llamado Charlie, lo arrastran siempre hacía el oeste negando el sueño de aquel hombre de ser arrastrado hacia el este, a lo exótico del régimen autoritario y la guerra fría encarnada en concreto de edificios que parecen deshabitados. En cierto punto de la trama el tipo sube al muro escalando con una escalera y con un mazo lo golpea afectándolo con un pequeño agujero, pero las autoridades lo ignoran, ya lo conocen.

Una película que es muy vigente en este momento que se quiere dividir una nación como EEUU y México, que llevan por muchos años teniendo una relación simbiótica que funciona en muchos sentidos, pero siempre desde lo oculto, lo no oficial, lo que no se dice nunca. La relación entre nuestros países es paradójica, como todo lo que ocurre en nuestro país, y es de risa el carnaval que se ha armado recientemente; bastaría un poco de la deuda que tenemos con el gigante para construir el muro, que ahora, dicen, no será de lado a lado. Nos ofendemos porque una situación ilegal sea tomada como tal, pero sobre todo porque nos hacen sentir menos, y nos despiertan del embrujo: no somos anglosajones, por más tratados que tengamos. El problema será real, pero uno más de los muchos que tiene nuestra caótica nación; el de ellos se podría reparar con un poco de astucia, quizás mandar a población de cárcel o adictos al crack de barrios devastados a chambear en todo eso que hacen los mexicanos pero que no hacen ellos, infra labores que mantienen nuestro decadente país a flote (remesas extraoficiales). No hay que ser escritor de ciencia ficción para imaginarse el futuro cercano: más sobrepoblación con las deportaciones masivas (sobre todo en la centralizada ciudad en que se apoya todo, ahora CDMX), que repercutirán en mayor desempleo, por lo mismo más violencia y delitos, etc… Y de todas esas situaciones no tiene la culpa EEUU, aunque se argumente que ese país ha instituido que el nuestro no se desarrolle, en el campo, en lo económico, etc… Finalmente los únicos culpables somos nosotros los mexicanos, y no sólo en el pasado; en el actual presente también nos ahoga un egoísmo terrible que no deja que veamos ningún colectivo posible, más allá de una constante victimización, no somos capaces de responsabilizarnos ni por el edificio donde vivimos, ya no digamos la manzana o la colonia, etcétera...

El documental muestra una realidad que sucedió hace poco, un muro en medio de una población que era la misma y dejó de serlo, una situación de guerra fría que ya olvidamos pero que veíamos en innumerables películas con muchos tipos de trama, pero siempre con la esperanza de cruzar el muro, de liberarse en el fantástico mundo capitalista que resultó no ser tan maravilloso después de todo, una situación que está a punto de regresar más cerca que nunca. Un padre alemán que lidia con su hijo pequeño vive junto al muro en un camper; para él, el muro es una estructura que le impone un límite físico, el niño juega junto al muro, lo golpea con juguetes, y el padre se apoya en él para relajarse.  

 

LAS HOJAS DEL TABACO

El documental Bright Leaves (McElwee, 2003) inicia con la reconocible voz en off del autor que relata un sueño con hojas de tabaco, mientras miramos una toma cerrada en un campo de cultivo de tabaco verde en los característicos campos del sur norteamericano. Su mujer lo interpreta como querer regresar al sur, a sus raíces. Así McElwee inicia otro viaje iniciático y su primer parada es con un  primo sureño que cuenta con un impresionante espacio (“cine”) dedicado al cine clásico, con toda la parafernalia cinematográfica que usted pudiera llegar a imaginar: pósters originales de la época dorada de Hollywood enmarcados en pasillos, un cuarto de proyección de copias en 35mm, varios rollos con adelantos que se proyectaban en cines, afiches originales, etc... Como en todas las cintas del autor, el cine dentro del cine dentro de los sucesos históricos, un espejo de la realidad en la pantalla, como esos espejos que se proyectan en otros espejos, por ejemplo, en un camerino de teatro. Pero sobre todo un escrutinio de sus sentimientos personales, donde todo lo que va filmando toma sentido y conciencia a través del montaje. En el cuarto de proyección, el primo le proyecta una cinta de la historia de su tatarabuelo interpretada por Gary Cooper alguna vez, un hacendado del tabaco; la película es un western y se llama Bright Leaf/El rey del tabaco o Semillas de venganza (Michael Curtiz, 1950), que le da el titulo al documental en cuestión. Toda esta información es nueva para McElwee, que se percata de la trama de la vida de su tatarabuelo, de su pasado personal, siempre esa relación con el pasado que se trata de arreglar por medio de la filmación en cámara en mano, platicando con sus sujetos que están en frente.

Otra secuencia inicia con alguna prima mucho más grande que le cuenta la historia de su tatarabuelo y su contrincante que le hizo perder su fortuna; le muestra varias casas del vecindario que componían la suntuosa hacienda tabaquera: de todo ese patrimonio queda únicamente una casa que es de ella. El director con su cámara en mano, busca los lugares claves, plantaciones, de pronto un lugar que solía ser una  bodega y que ahora es una escuela para mujeres que pronto atenderán salones de belleza. Recorre los lugares donde las chicas lavan cabello, lo cortan y secan con secadoras, nostálgicamente pensando en la bodega que existió alguna vez, llena de tabaco, diciendo que le cuesta mucho trabajo imaginar. La narración se interrumpe varias veces regresando a la narrativa del western, de ese Gary Cooper que vino por venganza por el hacendado; como el mismo que reclama un lugar en ese sitio de su pasado familiar. Curiosamente las pasantes de estilista fuman afuera de la escuela, la cámara coquetamente las entrevista sobre su hábito: ¿dejarán de fumar alguna vez?

Curiosamente, las generaciones que siguieron del gran hacendado fueron doctores. Cortamos a ver a uno de sus familiares médicos trabajar operando y después platicando con un viejo que no deja de fumar aunque está cerca de la muerte, su mujer, en reclamo, dice irónicamente que ya le bajó a una cajetilla al día.

McElwee va por todas las canicas y sucede en un golpe de suerte que la actriz del antiguo western, con sus muchos años encima, Patricia Neal, atiende un pequeño festival de cine regional; así que consigue una entrevista con ella pero que le hace perder toda la fe en que sus teorías sean ciertas y que el romance de la película sea el mismo que el de los actores. Parte de él va entendiendo que el mito de su abuelo no es totalmente cierto, quizás poco tiene que ver con la cinta. A fin de cuentas una película es capaz de hacer creer a la gente cualquier teoría que tenga el cineasta.

 

PHOTOGRAPHIC MEMORY

En el documental Memoria fotográfica (McElwee, 2011) el director y camarógrafo comienza grabando a sus hijos, de niños hasta que Adrien es un adolescente que hace trucos de esquí en hielo mientras los amigos graban en video para postear en la web. Al poco tiempo el hijo se rebela, fuma mota con sus amigos y no estudia, el padre se lo tiene que llevar a un departamento para que pueda terminar la prepa, pero no funciona porque el chico se dedica a relajarse fumando mota y a grabarse mientras se relaja. Al padre, en su relato más personal, le duele que eran tan cercanos hablando de lo que fuera y ahora es todo lo contrario. McElwee hace un recuento de lo que hacía a los 20 años, con su padre el cirujano que también estaba preocupado por él ya que había dejado 1 año la universidad para irse a Francia, tomando fotos, y viajar, tocar el fiddle. Pero resulta que así encontró a su mentor, que le dio chamba en bodas, y le dio un motivo para vivir (la foto documental); llenó varios diarios en esos años que ahora quiere compartir con su hijo que, talentoso, desperdicia el tiempo drogándose y esquinado bien pero al límite del peligro, conectado online todo el día. McElwee menciona en varias ocasiones que  no sabe cómo se hubiera comparado teniendo chats disponibles y el hijo también diseña, hace documentales experimentales, ficciones, escribe novela, etc. En esos años pasados en la campiña francesa donde fotografiaban bodas pasaban por pueblitos, y después de trabajar aprovechaban para cenar con los lugareños. Por la noche revelaban, hasta que un día el joven McElwee fue acusado de perder un negativo y lo corrieron abruptamente. Con la cola entre las patas viajó un poco más y conoció a uno de los amores de su vida, la joven y amable Maude, con la que también dejó una historia pendiente.

Ross McElwee tiene que viajar a Francia y encontrarse con ese pasado para entender a su hijo, tener 20 años de nuevo cuando todo estaba por suceder. Busca por todos lados a ese fotógrafo de bodas, su mentor, llamado Maurice y nadie tiene idea, ni en pastelerías, ni en tiendas de mariscos, hasta que encuentra una pista de parte de un viejo. Nos queda claro que el director todavía mastica un poco el francés, y encuentra gracias a una foto que tiene un café; haciendo una disolvencia con su foto y el video que toma; por primera vez hace video y, nervioso, pone tarjetas de memoria en lugar de filme en su cámara.

Buscando a Maurice termina encontrando a Maude, que nada tiene que ver con la belleza de la foto blanco y negro que conserva para cenar una última vez.

El documental termina con una secuencia donde Adrián a los 8 años es editado contra Adrián a los 21, antipático y lleno de conflictos, que corre al horizonte mientras la sombra del director su padre lo registra en su cámara.

 

CONCLUSION

Alguna vez, me parece que Alfred Hitchcock llegó a comentar que en el cine de ficción el director es Dios, o digamos un dios, para que se entienda mejor, cuando en el cine documental Dios es el director. El cine de McElwee respeta esta máxima, aprovechando cualquier accidente aparentemente fortuito. No sólo es un cine demasiado personal, llevando al límite la noción de Andrew Sarris de la cámara como una pluma para escribir, sino que es una manera de entender no sólo lo que le rodea sino su interior como persona tridimensional. Varias líneas se despliegan todo el tiempo hacia pasado y hacia futuro, es un cine vertiginoso en este sentido. Pero no deja de ser un cine contemplativo, que aunque sirve de base para el estilo que hoy en día todos adoptan inconscientemente por medio de su celular, creando impulsivamente contenidos demasiado cortos y vertiginosos por otras razones, profundiza como ahora evitamos hacerlo. Me parece que sería una herramienta ideal contemplar estas cintas para la generación joven que se pierde entre pixeles que semejan la realidad sin siquiera tocarla.

 

Fuentes

Fandor.com

https://sel.fas.harvard.edu/

Wikipedia.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo