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¿Por qué la raíz etimológica de 'alcohol' emula la pérdida del alma y a espíritus nocivos?

Al alcohol lo hemos adoptado como parte de la cultura diaria. En muchos países es usado como un aperitivo, digestivo, y en la mayoría está asociado prácticamente a cualquier evento social. Se habla desde los gobiernos sobre la lucha contra las drogas, pero al alcohol no se le clasifica como una de ellas.

Algunos estudios han probado que el alcohol es mucho más dañino que otras sustancias prohibidas, y su abuso está vinculado a la gran enfermedad psicoemocional del siglo, la depresión. Por ser tan aceptado, en ocasiones se desdibuja del mapa de los problemas de salud pública, y por ello, al normalizarlo como lo hacemos, lo consideramos ingenuamente inofensivo. Se encuentra, además, entre las cinco sustancias más adictivas del mundo.

Las raíces etimológicas de esta bebida, sin embargo, parecen desenmascarar los atributos que le fueron descubiertos en los inicios de su uso. En un interesante artículo, la especialista en medicina holística Zahrah Sita desglosa las raíces etimológicas de la palabra alcohol, la cual viene del árabe, y curiosamente descubre que en reiteradas ocasiones se alude, o bien a la salida del alma propia, o a la proclividad de ser asediado por otros espíritus nocivos. También la doctora Rachel Hajar, periodista médica, ha revelado información al respecto:

La palabra alcohol viene de al-kuhl, que significa “devorador del espíritu”, y sitúa sus orígenes en la palabra en inglés ghoul, que significa un demonio maligno y necrófago. Al kol también en la mitología árabe está asociado a un espíritu o criatura sobrenatural que puede adoptar numerosas formas.

La palabra árabe para etanol, al-ġawl, significa espíritu o demonio.

También, su etimología está ligada a Algol, la estrella cuyo significado es "La cabeza del demonio".

Así, la raíz etimológica de una de las drogas más aceptadas socialmente hoy no emula los efectos placenteros, o la deshinibición social. Ni siquiera su composición química. La etimología del alcohol está asociada a la pérdida de la esencia en el ser, cualidad que, por cierto, hizo que esta sustancia fuera empleada en alquimia con el fin de extraer la esencia de una entidad. 

Estas son las pruebas de la existencia del Jesús histórico dadas por historiadores romanos

AlterCultura

Por: pijamasurf - 04/23/2017

Existe evidencia históricamente contundente de la existencia de Jesús, lo que no es igual a evidencia de milagros y demás

En los últimos años se han generado diferentes noticias que sostienen sin mucha evidencia que Jesús como personaje histórico pudo nunca haber existido; en otras palabras, que fue una fabricación de los romanos, de la Iglesia o de algún otro grupo. Una metaconspiración. Esta información resulta sumamente endeble a la luz de las crónicas de diversos historiadores romanos del siglo I y II. Otra cosa muy distinta es decir que existen pruebas de que Jesús era el hijo de Dios, o pruebas de la resurrección, o de que Jesús era el Mesías o sólo un profeta (algo que divide a los grandes monoteísmos y que, en todo caso, parece ser más una cuestión de fe que de historicidad).

El sitio ABC de España responde de manera contundente a estas noticias, que se han viralizado, con toda una amplia gama de fuentes históricas que se refieren a Jesús. Por una parte, se citan diferentes historiadores de primer orden. Michael Grant había dicho que se tiene más evidencia de la existencia de Jesús que de muchos personajes paganos que reconocemos como históricamente reales. James H. Charlesworth escribió: "Jesús sí existió y sabemos más de él que de cualquier palestino judío antes del 70 d. C". E. P. Sanders dijo: "Sabemos mucho sobre Jesús, bastante más que sobre Juan el Bautista, Teudas, Judas el Galileo y otras de las figuras cuyos nombres tenemos de aproximadamente la misma fecha y el mismo lugar". Por su parte, F. F. Bruce señaló: "para un historiador imparcial, la historicidad de Cristo es tan axiomática como la historicidad de Julio César". Por otro lado, en la antigüedad jamás se puso en duda la existencia de Jesús; algunos lo llamaron hechicero y demás, pero al parecer nadie dudó de su existencia.

Las fuentes principales que refieren la vida histórica de Jesús son Flavio Josefo y Tácito, pero hay otras. Según los historiadores, que no haya menciones copiosas al respecto tiene que ver simplemente con que Jesús no fue considerado como algo extraordinario por los historiadores de esas fechas, lo cual no debe sorprendernos, pues no habría por qué esperar que un historiador no cristiano de esa época escribiera una historia del comienzo del cristianismo; es lógico que las personas escriban de sus propias religiones y grupos, y en ese entonces el cristianismo era completamente marginal. Esto explica el hecho de que sólo se mencionan los acontecimientos de la vida de Jesús que tienen relevancia para la historia que se estaba contando.

Para muchos historiadores los escritos de Flavio Josefo son pruebas extrabibíblicas de la existencia de Jesús en el siglo I d. C. Flavio Josefo (37 a 110 d. C.), en su Testimonium Flavianum, hace un recuento que es considerado auténtico por los historiadores imparciales, si bien la información entre paréntesis parece haber sido añadida luego:

En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, (si es lícito llamarlo hombre); porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. (Él era el Mesías) Y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. (Porque él se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él) Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido.

Otra importante referencia es el historiador romano Tácito (56 a 118 d. C), quien menciona a Cristo en sus Anales del 116 d. C., en relación con un incendio en Roma en el año 64, el cual se sospechaba que fue planeado por el propio emperador Nerón:

para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba “crestianos”, [un grupo] odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo.

Existen otras fuentes como Luciano, Mara bar Serapión, Suetonio, Plinio y otros; algunas pueden leerse aquí.