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Vemos al mundo según nuestra cultura: el individualismo occidental, el colectivismo oriental

Sociedad

Por: PijamaSurf - 03/09/2017

Nuestra forma de concebir las relaciones con otros varía ampliamente según la cultura a la que pertenecemos.

La historia, geografía y cultura moldean la manera en que percibimos nuestro entorno y manejamos nuestras relaciones. Desde la religión de nuestros ancestros hasta la manera en la que éstos cultivaban pueden tener efectos en nuestras asociaciones cognitivas. Oriente y Occidente, separados culturalmente en muchos sentidos, son una gran prueba de la existencia de esquemas distintos de percepción.

Una de las diferencias centrales es el individualismo y el colectivismo. El individualismo se centra en la idea del sujeto independiente en todo sentido: aquel que piensa que las cosas dependen de su propio desempeño. Ésta es la ideología que cubre a Occidente.

Mientras tanto, el colectivismo piensa en los sujetos como entes interconectados y privilegia la idea de grupo sobre la de individuo. Países asiáticos como Japón, China o la India tienden a la idea de colectividad.

Esto tiene efectos en todos los aspectos de la vida. Desde la forma en que se socializa hasta la manera en que cada uno se ve a sí mismo y sus aspiraciones. Las sociedades occidentales ponen más énfasis en el éxito personal y la búsqueda de felicidad individual. Esto desemboca en una necesidad de mayor autoestima. Lo anterior también se relaciona con los conceptos occidentales de libertad y capacidad de tomar decisiones independientemente del contexto.

En un estudio del 2007, Steven J. Heine y Takeshi Hamamura mostraron una de las consecuencias de esta autovalidación: una tendencia occidental a sobreestimar las capacidades. Entre un grupo de profesores norteamericanos, el 94% de los participantes declaró tener habilidades arriba del promedio mientras que en pruebas afines en Asia esta tendencia es prácticamente inexistente, e incluso tendió a la subestimación de las capacidades.

Similar a lo anterior, Thomas Talhelm, de la Universidad de Chicago, realizó una prueba en la que se pedía a los participantes que dibujaran diagramas en los que plasmaran sus relaciones con amigos y socios. Los participantes de sociedades individualistas tendieron a dibujarse sustancialmente más grandes que el resto, mientras que los de las sociedad colectivas unificaban el tamaño.

En las sociedades colectivistas se privilegia un pensamiento “holístico”, es decir, los problemas y situaciones son valorados poniendo énfasis en los contextos e interrelaciones que los rodean. Las sociedades individualistas tienden a desmenuzar los problemas, dividirlos en partes y verlos como fijos e inamovibles. Incluso la manera en que miramos las cosas es afectada por esto. Un estudio de Richard Nisbett sobre la mirada, mostró como los participantes occidentales centraban su visión en los elementos enfocados de las fotografías mientras que los participantes orientales privilegiaban el fondo y todo aquello que rodeaba el punto de foco.

Sin embargo, estas divisiones no son tajantes. No se puede separar oriente y occidente como si no tuvieran interacción alguna y aún dentro de los países y regiones existen variables.

Un ejemplo contundente de esto lo demuestra el estudio de Thomas Talhelm que compara dos regiones de China. Por un lado, la gente en la región norte de Beijín privilegia en trabajo en equipo y es más sociable y colaborativa, mientras que le gente en el sur, tiende a una disposición más reservada e individualista. Esto está asociado con el cultivo de arroz en el norte y de trigo en el sur. El cultivo de arroz requiere irrigación artificial que abarque varias granjas además de ser una actividad mucho más agotadora y activa. Es una labor que no puede cumplirse sin cooperación y convivencia. Mientras tanto, el trigo depende de la lluvia y requiere mucho menos trabajo. Los agricultores no tienen necesidad de interactuar con sus vecinos.

Este estudio demuestra que aún dentro de culturas con tendencias hacia el colectivismo los matices abundan y no se trata de una predicción exacta. Por otro lado, también queda claro que el contexto social, más que la genética, ha moldeado la manera en que los humanos interactúan y, eventualmente, sus estilos cognitivos.

Estos dos elementos se pueden entrever en el estudio de Alex Mesoudi sobre inmigrantes de la India en Londres. Aún desde la primera generación, los hijos de los inmigrantes tienden a occidentalizar sus comportamientos y a adoptar elementos individualistas.

Los factores culturales que nos llevan a concebir el mundo de cierta manera son un mosaico complejo. La interacción histórica entre Oriente y Occidente, exacerbada en tiempos recientes, asegura el intercambio cultural y, en un mundo cada vez más globalizado de intercambios desiguales, las líneas entre estas percepciones se vuelven cada vez más borrosas.

El revolucionario programa contra las drogas en Islandia: proveer highs naturales a los jóvenes

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/09/2017

Islandia pasó de ser uno de los países con mayor índice de consumo de sustancias al más "limpio" de Europa aplicando estas medidas

Islandia es un país verdaderamente único en el mundo. Desde redactar la primera constitución open source del mundo hasta legislar a favor de los elfos o elegir al primer jefe de estado abiertamente gay en el 2009, los islandeses no hacen las cosas como todos los demás. Su innovación basada en el reconocimiento de su esencia y tradición y su espíritu de libertad podrían ser importantes ejemplos para todo el mundo. Un buen ejemplo de esto es su programa para combatir el uso de drogas en adolescentes.

Hoy en día Islandia encabeza la lista de los países europeos con menor consumo de drogas y alcohol entre adolescentes. En 1998 el 42% de los jóvenes de 15 y 16 años había bebido alcohol el mes pasado, mientras que en el 2016 sólo el 5% lo había hecho; en cuanto a cannabis la cifra bajó del 17% al 7% y en cuanto a cigarros del 23% al 3%.

Un reportaje publicado en Mosaic Science documenta el caso de Islandia entrevistando a algunos de los educadores que han sido instrumentales en su límpida transformación. Uno de ellos, el psicólogo Harvey Milkman, quien ha servido como consultor y profesor en ese país, es el autor de una tesis doctoral sobre la relación entre el estrés y las adicciones. Milkman sugiere que todas las adicciones --ya sea el sexo, las drogas, la comida o el dinero-- tienen en común cambios notables en la química cerebral. Milkman sostiene que la adicción entre los jóvenes puede entenderse como una dependencia a cambios químicos que son generados al intentar lidiar con el estrés. 

De aquí surgió una idea: "¿Por qué no orquestar un movimiento social alrededor de highs naturales: en torno a personas estimulándose con su propia química cerebral --porque parece obvio que las personas quieren alterar su conciencia-- pero sin los efectos nocivos de las drogas?".

En 1992 Milkman recibió fondos por 1.2 millones de dólares para desarrollar el Project of Self-Discovery en Colorado, una iniciativa que ofrecía la alternativa de highs naturales para intentar alejar a los jóvenes de las drogas y el crimen.

Desde 1991, Milkman había sido invitado a Islandia a dar pláticas y discutir estos temas con autoridades. Se acabó convirtiendo en consultor del primer centro para adolescentes adictos a las drogas en Islandia en el pueblo de Tindar. Su trabajo atrajo a la investigadora Inga Dora Sigfúsdóttir, quien desarrolló un cuestionario nacional con el fin de encontrar alternativas más sanas, no para tratar a niños adictos sino para prevenir. 

Se realizaron cuestionarios a escala nacional en 1992, en 1995 y 1997, de donde emergieron interesantes pero preocupantes patrones. Se descubrió que participar en actividades organizadas --como el deporte-- tres o cuatro veces a la semana, pasar una buena cantidad de tiempo semanal con los padres, aceptación y afecto en la escuela y no pasar tiempo fuera de casa en las noches eran factores que podían predecir que un adolescente no consumía sustancias. 

El trabajo de estos investigadores llamó la atención del alcalde de Reikiavik y poco después, en 1999, se instauró un plan nacional llamado Juventud en Islandia. Se decidió tomar algunas medidas, como hacer ilegal la compra de tabaco a menores de 18 y de alcohol a menores de 20, y se prohibió la publicidad de estas sustancias. Se desarrolló un plan para fortalecer los vínculos entre los padres y la escuela con el fin de que los padres estuvieran más involucrados y pasaran más tiempo con sus hijos. Asimismo se prohibió, controversialmente, que los niños de 13 a 16 años estén afuera después de las 10 de la noche en invierno y después de las 12 en verano, algo que sigue efectuándose. No menos importante fue el incremento de fondos estatales para los deportes organizados, la música, el arte, la danza y otros "clubs", con el fin de que los jóvenes tuvieran alternativas para "sentirse bien" distintas a las drogas y al alcohol. En Reikiavik se distribuye una Tarjeta de Juego que otorga cierta cantidad de dinero por niño para que se paguen actividades recreativas.

Es importante decir que los cuestionarios siguen haciéndose periódicamente para entender el estatus general y poder ir tomando medidas relevantes según el momento. Los sondeos muestran que hay una relación entre el incremento del tiempo que se pasa con los padres y realizando actividades recreativas y la disminución del uso de sustancias entre adolescentes.

El trabajo realizado ha sido presentado en congresos europeos y se han incorporado algunas ciudades europeas donde se hacen también los cuestionarios. Lamentablemente, aunque el análisis de los mismos llevado a cabo por un equipo de investigadores islandeses ha arrojado información muy relevante, ningún país ha adoptado un plan a escala nacional como Islandia. Se suele referirse al programa de manera despectiva como "el toque de queda". Y aunque esto sugiere algo poco vanguardista e incluso retrógrado, la realidad es que el programa de Islandia podría ser altamente revolucionario si se aplicara masivamente, sobre todo por la parte de una prevención activa, en la que se busca combatir no las adicciones o las drogas mismas sino los estados mentales susceptibles al consumo proveyendo actividades que puedan producir estados elevados de conciencia que ayuden a lidiar con el estrés. Esto es algo bastante sencillo, incluso obvio, pero sumamente poderoso. Si bien en otros países podría ser más complejo que en Islandia, donde existe una población muy pequeña y se tiene una cultura con valores más sólidos que en otros lugares, el modelo, con algunas modificaciones, resulta realmente convincente.

Se nos ocurre que en esas edades que son umbrales de exploración --y por lo tanto también de extravío-- se podría buscar implementar programas realmente frescos, que atiendan a los gustos y preocupaciones de los adolescentes en ese momento. Actividades deportivas y artísticas por supuesto, pero también cosas como artes marciales, meditación, viajes a la naturaleza y el uso de tecnología de punta, como podrían ser exploraciones de mundos de realidad virtual en las cuales educadores podrían trabajar de la mano de neurocientíficos y psicólogos para asegurarse de que el diseño del programa provea "highs" naturales y brinde herramientas para lidiar sana y sustentablemente con el estrés. 

Esto es algo que hemos venido discutiendo recientemente en Pijama Surf y que realmente consideramos que es el camino a seguir, ya que la búsqueda de estados alterados de conciencia es parte inherente del ser humano y podríamos decir que es incluso algo vital para su evolución. Como tal, se debe tener una educación, un programa de autoconocimiento y autoexploración de la mente. Una ciencia para evitar el estrés, pero también una ciencia para cultivar la atención, la felicidad e incluso el éxtasis (natural). 

 

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