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¿Un trauma puede bloquear al cerebro del aprendizaje?

Salud

Por: Maria Jose CA - 03/31/2017

Después de vivir un evento traumático, desde un accidente automovilístico hasta una guerra, pueden aparecer una serie de síntomas que de no tener cuidado se pueden normalizar como parte de la personalidad

Un trauma, ese evento capaz de impactar a tal grado en la psique y la estructura cerebral de un individuo que vuelve difícil la experiencia de vivir, puede cambiar la esencia de una persona. Después de vivir un evento traumático, desde un accidente automovilístico hasta una guerra, pueden aparecer una serie de síntomas que de no tener cuidado se pueden normalizar como parte de la personalidad: conductas agresivas, bipolaridad, depresión, ansiedad, adicciones (y no forzosamente a sustancias psicoactivas), constante vulnerabilidad a situaciones de riesgo (sexo casual sin preservativos, relaciones tóxicas y de abuso, peleas callejeras, mitomanía…), entre otros. 

En su libro The Boy Who Was Raised as a Dog, Bruce Perry, psiquiatra, escritor y fundador de The ChildTrauma Academy, explica que no hay elemento más sorprendente en la humanidad que la flexibilidad del cerebro del Hombre. Para él, “esta neuroplasticidad –o la habilidad del cerebro para ajustar sus actividades en respuesta a nuevas situaciones– es lo que permite a nuestra especie hacer cambios dramáticos de generación en generación”. Gracias a la maleabilidad de la neocorteza del cerebro, la cual se encarga de absorber y almacenar pedazos de información, hemos podido evolucionar de seres de caza a comunidades digital e internacionalmente conectadas, a desarrollar esta capacidad pensante que nos permite comunicarnos, inventar, vivir en democracia. 

Sin embargo, ante un trauma en la infancia (como un abandono, negligencia, violencia física, psicológica o sexual, pobreza), el neocórtex experimenta dificultades para desarrollarse en sus óptimas capacidades. Por lo tanto la estructura mental de un niño, estimulada pobremente a nivel social y cognitivo, no podrá desarrollar el conocimiento ni herramientas en la práctica académica; incluso el alumno podrá ser tildado de “retrasar a todo el grupo” en matemáticas, historia, gramática o cualquier otra materia. 

El doctor Perry invita entonces a “ir directamente a la corteza responsable”, pues se trata de la clave que generará éxito en cualquier experiencia educacional. Es decir que en el caso de estos estudiantes que viven bajo el estrés del trauma, es indispensable “desactivar” su sistema de alarma que no sólo les señala que están en peligro, también les imposibilita enfocar la atención en otros temas que no sean sobrevivir a la amenaza. 

Sorprendentemente, la manera de lograr “desactivar” al sistema de alarma e ir directamente al neocórtex es a través del amor. Parecería lógico que niños que han sufrido abandono, negligencia o abuso requieran de apoyo, amor y buenos tratos, y por lo tanto, brindarles amor sea la manera de reducir sus síntomas derivados del trauma. Sin embargo, ¿por qué es difícil incentivar este tipo de trato en los niños? 

Bastan pequeñas muestras de amor, como prestarle atención a un niño en vez de al teléfono celular o dejarles un nudo en la sábana después de llegar tarde del trabajo para mejorar el desempeño académico de un niño, no obstante la alienación causada por los gadgets electrónicos; el exceso de trabajo o desapego emocional pueden promover e incluso agudizar los síntomas de un trauma –empeorando las habilidades de aprendizaje en la escuela. 

Estas muestras incluyen las que proveen los profesores: su tono de voz, la postura corporal, las expresiones faciales, cada uno de estos elementos regula los sistemas de alarma de los estudiantes. En la práctica, el doctor Perry promueve que los profesores en las escuelas puedan comprender los problemas relacionados con el trauma, reduciendo la misma alienación e incluso el diagnóstico de trastornos neurológicos (como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), promoviendo modelos de autocuidado y prácticas de regularización de estrés (como la meditación), etc.; y, sobre todo, generar contacto visual con cada uno de los estudiantes. Sólo de esta manera se pueden disminuir los efectos del trauma en el niño, y así revertir el daño neurológico y psíquico ocasionado por los malos tratos, sin necesidad de llegar a la condescendencia ni al exceso. 

Para conocer más sobre el trauma transgeneracional, dale clic aquí.

3 inesperados factores que contribuyen a la depresión, según la ciencia

Salud

Por: pijamasurf - 03/31/2017

Quizá es tiempo de repensar eso a lo que llamamos progreso, ya que muchas de sus manifestaciones nos están literalmente enfermando

Sobre la depresión se ha hablado últimamente más que nunca en la historia. Hoy es uno de los problemas de salud pública más importantes. Lo anterior resulta paradójico, ya que la esperanza de vida ha crecido como nunca (rondando los 80 años en la mayoría de los países) y, a la par, estamos más rodeados de avances tecnológicos; estas cualidades deberían supuestamente ser idóneas, al menos desde nuestra concepción occidental de progreso.

Sin embargo, ¿por qué la depresión es un tema cada vez más recurrente? Las teorías abundan, entre ellas nuestra desconexión con la naturaleza (lo que actualmente ocurre más que nunca), la pérdida de comunidad (como resultado del individualismo capitalista), etc. Pero, ¿qué dice la ciencia al respecto?

A pesar de que aparentemente estamos mejor como sociedad (aunque no lo creas, también es el período más pacífico de la historia), algo no está bien. Antiguamente, partiendo de que ninguna sociedad concebía que la vida podía ser felicidad perenne, los individuos asimilaban el hecho de que la vida está constituida de momentos de todo tipo. En cambio, hoy parece que estamos obligados a sentirnos felices todo el tiempo, no obstante que las emociones consideradas como negativas contribuyen a la salud mental.

Un interesante artículo de Waking Times desglosa factores que generalmente no son tomados en cuenta al momento de diagnosticar una depresión y que, paradójicamente y explicados por la ciencia, nos muestran por qué nos estamos literalmente enfermando de esta época:

 

Mala alimentación

La idea imperante de “progreso” nos ha llevado a la industrialización de los alimentos, y con ello nos ha privado del derecho más básico de todos: el de una alimentación saludable, la cual no puede ejercerse si los alimentos disponibles son procesados en su mayoría, y los orgánicos son muy costosos. En los últimos años, por ejemplo, se ha confirmado que el microbioma humano que nos habita es una especie de segundo cerebro, y sí: si no está sano, tus emociones tampoco lo serán.

 

Anemia espiritual

La desacralización de la realidad nos ha llevado a una existencia que se siente vacía. Aunque no hablamos necesariamente de regresar a una religión, la ciencia está comprobando que todo está conectado, tú influyes al universo, y ello vuelve nuestra experiencia en el mundo mucho más trascendente si comenzamos a tomar esto en cuenta. Las sustancias psicodélicas, por ejemplo, están comprobando ser una vía efectiva para tratar la depresión; y es que, curiosamente, uno de sus efectos es proveernos de experiencias que nos muestran la sagrada interdependencia entre todo lo existente.

 

Falta de sol

Estar encerrados casi eternamente y volcados a nuestros dispositivos está haciendo que perdamos contacto con la naturaleza, incluso con el recurso energético por excelencia para la vida humana, el Sol. Este nos provee de vitamina D, la cual influye en nuestra salud mental. Según diversos estudios, una deficiencia de Sol puede aumentar hasta en un 85% la sensación de depresión.

La lista es larga, aunque afortunadamente están comenzando a estudiarse factores que erróneamente enclavamos en el concepto de "progreso". Nos encontramos en tiempos de muchos cambios, y uno de los más prometedores es el tratamiento de las enfermedades no de manera aislada sino ligadas al todo, desde traumas infantiles o accidentes hasta lo más básico, como la falta del vital contacto con la naturaleza.