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Si sólo vas a leer 5 libros de filosofía, lee estos

Libros

Por: pijamasurf - 03/11/2017

La lista del profesor David E. Cooper es una síntesis de la sabiduría de Occidente y Oriente

David E. Cooper, profesor emérito de la Universidad de Durham, es una de las voces de la filosofía contemporánea más versátiles y respetadas. Cooper se ha interesado por la filosofía de Occidente y de Oriente, por la estética, la ética y la ecología, siendo un experto en Chuang Tse, Nietzsche, Heidegger y Schopenhauer, entre otros. Uno de sus libros más leídos es A Philosophy of Gardens, donde sitúa al jardín y a la jardinería en el centro del pensamiento filosófico. 

En una reciente entrevista, Cooper enlistó los cinco libros de filosofía que recomendaría llevar a una isla desierta. Si bien este tipo de listas es un lugar común y generalmente no arrojan nada muy interesante, en este caso, ya que Cooper dialoga con Oriente y Occidente y tiene una mente que llamaríamos muy "abierta" y perspicaz, la lista parece pertinente como una especie de resumen calificado de la sabiduría filosófica del mundo. No están aquí los pensadores griegos que dieron origen a la filosofía en Occidente pero, como dijo Whitehead, la filosofía occidental es una nota al pie de la obra de Platón y por lo tanto Platón (y algo así se podría decir de Aristóteles) subyace siempre en alguna medida en los textos filosóficos de Occidente (aunque sea como crítica y divergencia). Igualmente no está aquí el pensamiento védico, la cuna (que quizás sea la cumbre a la vez) del pensamiento filosófico religioso de la antigüedad. Sin embargo, está Schopenhauer, para quien los Upanishads fueron definitivos en su visión filosófica (realizando una polinización cruzada), y asimismo el pensamiento del Buda, que aunque puede considerarse una crítica al pensamiento védico tampoco puede entenderse sin establecerse dentro del contexto del pensamiento védico. Tenemos aquí también la obra más importante de William James, que en sí misma es una síntesis del pensamiento científico y el pensamiento místico, una obra de psicología y de epistemología que hoy en día quizás merezca más atención que la obra de Freud. Así pues, tenemos un alto destilado del pensamiento filosófico humano en cinco libros que cualquiera se beneficiaría de leer. Filosofía para el más agudo intelecto pero, sobre todo, también para transformar la existencia y hacer del conocimiento un arte de vida. Sin un orden en particular:

 

Las variedades de la experiencia religiosa, William James

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Ser y tiempo, Martin Heidegger

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El mundo como voluntad y representación, Arthur Schopenhauer

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Dhammapada, Buda

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El libro de Chuang Tse, Chuang Tse

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Vivir es más importante que buscar el sentido de la vida: un fragmento de "Los hermanos Karamazov"

Libros

Por: pijamasurf - 03/11/2017

En este fragmento de "Los hermanos Karamazov", Dostoievski nos da una lección sencilla pero elocuente sobre la vida

Dostoievski es probablemente el escritor ruso más cercano a las preguntas sobre la existencia que surgieron a finales del siglo XIX y que tuvieron como temperamento especial originarse a partir de cierta desolación, cierto desencanto ante la vida, para después encontrar en el vivir mismo la única posibilidad de respuesta. Nietzsche es el filósofo que quizá mejor condensa este movimiento del espíritu y el intelecto, pero en sus novelas Dostoievski alcanzó alturas y profundidades igual o más decisivas.

En esta ocasión retomamos un fragmento de Los hermanos Karamazov compartido originalmente en el sitio calledelorco.com. Ahí, Dostoievski pone en boca de dos de los protagonistas, Iván y Aliosha, una sensible conversación sobre nada menos que el sentido de la vida. Vale la pena recordar que especialmente en esta novela el ruso hace gala de esa visión atea de la vida, o humanista quizá sería mejor decir, pues al tiempo que descree de una entidad divina que tenga las respuesta que el ser humano busca se da cuenta de que somos nosotros mismos quienes creamos esas respuestas, quienes con nuestros actos cotidianos, nuestras decisiones, nuestros errores y nuestros aprendizajes podemos ir descubriendo si la eternidad existe o no, si el crimen es disculpable o si, como en este caso, la vida tiene un significado que intuimos pero siempre se nos escapa. Escribe Dostoievski:

Iván: ¿Sabes lo que me estaba diciendo hace un instante? Que si hubiera perdido la fe en la vida, si dudara de la mujer amada y del orden universal y estuviera convencido de que este mundo no es sino un caos infernal y maldito, por muy horrible que fuera mi desilusión, desearía seguir viviendo. Después de haber gustado el elixir de la vida, no dejaría la copa hasta haberla apurado. A los treinta años, es posible que me hubiera arrepentido, aunque no la hubiera apurado del todo, y entonces no sabría qué hacer. Pero estoy seguro de que hasta ese momento triunfaría de todos los obstáculos: desencanto, desamor a la vida y otros motivos de desaliento. Me he preguntado más de una vez si existe un sentimiento de desesperación lo bastante fuerte para vencer en mí este insaciable deseo de vivir, tal vez deleznable, y mi opinión es que no lo hay, ni lo habrá, por lo menos hasta que tenga treinta años. Ciertos moralistas desharrapados y tuberculosos, sobre todo los poetas, califican de vil esta sed de vida. Este afán de vivir a toda costa es un rasgo característico de los Karamazov, y tú también lo sientes; ¿pero por qué ha de ser vil? Todavía hay mucha fuerza centrípeta en el planeta, Aliosha. Uno quiere vivir y yo vivo incluso a despecho de la lógica. No creo en el orden universal, pero adoro los tiernos brotes primaverales y el cielo azul, y quiero a ciertas personas no sé por qué. Admiro el heroísmo; ya hace tiempo que no creo en él, pero lo sigo admirando por costumbre… Mira, ya te traen la sopa de pescado. Buen provecho. Aquí la hacen muy bien… Oye, Aliosha: quiero viajar por Europa. Sé que sólo encontraré un cementerio, pero qué cementerio tan sugeridor. En él reposan ilustres muertos; cada una de sus losas nos habla de una vida llena de noble ardor, de una fe ciega en el propio ideal, de una lucha por la verdad y la ciencia. Caeré de rodillas ante esas piedras y las besaré llorando, íntimamente convencido de hallarme en un cementerio y nada más que en un cementerio. Mis lágrimas no serán de desesperación, sino de felicidad. Mi propia ternura me embriaga. Adoro los tiernos brotes primaverales y el cielo azul. La inteligencia y la lógica no desempeñan en esto ningún papel. Es el corazón el que ama…, es el vientre… Amamos las primeras fuerzas de nuestra juventud… ¿Entiendes algo de este galimatías, Aliosha? --terminó con una carcajada.

Aliosha: Lo comprendo todo perfectamente, Iván. Desearíamos amar con el corazón y con el vientre: lo has expresado a la perfección. Me encanta tu ardiente amor a la vida. A mi entender, se debe amar la vida por encima de todo.

Iván: ¿Incluso más que al sentido de la vida?

Aliosha: Desde luego. Hay que amarla antes de razonar, sin lógica, como has dicho. Sólo entonces se puede comprender su sentido.

La conclusión es sencilla, pero no por ello menos elocuente ni mucho menos, paradójicamente, menos fácil de llevar a la práctica: caer en cuenta de que sólo en el amor por la vida se encuentra su sentido, no en lo que alguien más nos dice, en lo que leemos o en aquellos que los demás parecen reconocer como tal, sino en nuestros actos mismos, en aquello que hacemos diariamente y que por esta misma razón va construyendo, instante a instante, esto que llamamos nuestra vida.

 

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