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De alguna manera, explican los científicos, los animales tienen una mayor reactividad condicionada, lo cual lleva a cuestionarse sobre una inteligencia similar a la humana

Quizá una de las principales características de la inteligencia humana es la asombrosa herramienta del lenguaje. Sin él, no seríamos capaces de desarrollar ideas ni de transmitirlas mediante la diversidad de idiomas que hemos aprendido a compartir a lo largo de los siglos. Sin embargo, si el lenguaje trata de transmitir ideas, ¿no es cierto que los animales poseen también esta característica, lo cual los calificaría de inteligentes?

Conforme los científicos empezaron a cuestionarse sobre la inteligencia animal, decidieron enseñar a animales como los primates las bases del lenguaje humano. Los resultados han sido contundentes: los animales han aprendido a usar signos para obtener objetos que les interesan, pero no han desarrollado la capacidad lingüística de los niños de 3 años de edad. 

Entre las principales diferencias entre el infante humano y el cachorro animal está la curiosidad, como en la pregunta “¿por qué?”. De acuerdo con los científicos, dicha pregunta marca la toma de conciencia sobre aquellas cosas que se desconocen, así como el desarrollo de la habilidad que justifica acciones y pensamientos. Pone en evidencia la imaginación de un yo en el futuro (y por lo tanto de la presencia del “otro” en una posición similar), lo que resulta invariablemente en la habilidad de la empatía. Esto no se evidencia en la conducta de los animales.

Otra diferencia principal es la habilidad de decir “no”. Los niños comienzan a dar negativas antes de los 2 años de edad; los animales, en general, no poseen esta habilidad. Para los científicos, dar un “no” como respuesta señala una lógica básica de la que los animales carecen, pues reaccionan en la mayoría de las ocasiones por meros condicionamientos clásicos operantes. Los animales no entienden la negación ni la posibilidad, por lo que este fenómeno marca su incapacidad lingüística.

La ética es también otra diferencia entre cachorros e infantes. Esta habilidad normativa es lo que ayuda a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, lo justo y lo abusivo. Los científicos afirman que los animales no comprenden este tipo de conceptos de la conducta moral ni de las emociones complejas. Por ejemplo, los monos capuchinos pueden llorar de frustración, mas no de indignación moral. 

De alguna manera, explican los científicos, los animales tienen una mayor reactividad condicionada, lo cual lleva a cuestionarse sobre una inteligencia similar a la humana. Los animales producen sonidos que expresan sus emociones, y algunos incluso usan signos bajo las características de un condicionamiento pavloviano, pero no son capaces de preguntarse por las causas ni de comprender una negación dentro de los paradigmas lingüísticos humanos. Esto niega las hipótesis sobre un posible desarrollo de lenguaje en los animales. Esto no reduce sus capacidades de sentir el sufrimiento, la alegría, el enojo, la sorpresa, el miedo o el amor, lo cual promueve un vínculo importante con los humanos gracias a la empatía. 

La Fábrica, el maravilloso edificio que volvió a la vida después de 100 años

Ecosistemas

Por: PijamaSurf - 03/31/2017

Una gran obra arquitectónica que pone en entredicho la caducidad de los espacios

En 1973 Ricardo Bofill se encontró con un tesoro oculto: silos, chimeneas, 4km de galerías subterráneas, salas de máquinas, en fin, lo que para muchos era únicamente una vieja fábrica de cemento abandonada fue para él una misión de vida.

 

 

La fábrica está a las afueras de Barcelona y, para cuando Ricardo y su equipo la encontraron, el lugar ya requería de muchas reparaciones. Fue cerrada durante la primera guerra mundial y es del primer período de industrialización de Cataluña, construida en distintas etapas y ampliada según las necesidades de producción.

 

 

Bofill supo reconocer el magnífico y hermoso monumento que aún ahora es. Desde aquel entonces detectó tres corrientes artísticas que convivían en una misma construcción: el surrealismo (espacios paradójicos y absurdos, inútiles pero mágicos), la abstracción y el brutalismo.

 

 

Durante todo este tiempo Bofill trabajó arduamente, hasta convertir la fábrica en la espectacular vivienda que hoy es. Para él: “cualquier espacio puede adaptarse al uso que el arquitecto elija si es lo suficientemente hábil”.

 

 

Durante la primera etapa se hizo una deconstrucción parcial con dinamita y martillos --prácticamente, el lugar es una escultura amplísima.

 

 

Luego el arquitecto decidió comenzar a diseminar vegetación en su fachada: alguna escala y otra cuelga.

 

 

Después se hizo un plan para eliminar las funciones originales de cada espacio y reasignarlas según un programa hecho por el equipo.

 

 

Aún es un trabajo en proceso, y eso es parte de su encanto: siempre queda algo por hacer, siempre será una obra inacabada.

 

 

Bofill le ha dedicado gran parte de su vida, pero está seguro de que su visión cambiará el futuro. Él vive y trabaja aquí, junto con el resto de su estudio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estas chimeneas industriales --que algún día estuvieron llenas de humo contaminante-- hoy desbordan verde y son un ejemplo de lo que se puede lograr con visión y arrojo. Cualquier espacio viejo puede verse nuevo y hermoso con suficiente creatividad.