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Paralelos entre la visión holográfica de la cosmología moderna y la cosmología budista del Sutra de la Guirnalda

En cada partícula de polvo hay tantos budas como hay partículas de polvo en todos los mundos. Cada buda en su lugar rodeado de varias asambleas cuales océanos de bodhisattvas.  

Avatamasaka Sutra

El Dalái Lama llamó al libro en el que establece un diálogo entre la ciencia y la espiritualidad budista El universo en un solo átomo. El título es significativo ya que este concepto --de la totalidad en la parte-- se encuentra tanto en la ciencia moderna como en el budismo.

El físico David Bohm, quien en gran medida fue el maestro de ciencia del Dalái Lama, desarrolló una interpretación de la mecánica cuántica en la que sugiere que la totalidad de la información del universo yace codificada en cada región del tiempo-espacio. Bohm fue quien primero introdujo la metáfora de un holograma para explicar la naturaleza del cosmos; en su teoría, el universo es como una imagen holográfica que, no importa cuántas veces sea dividida, mantiene la totalidad de la información de la misma (la noción de un universo holográfico es usada de manera distinta por los físicos actualmente: se dice que nuestro universo es la proyección tridimensional de una espacio base bidimensional). Bohm llamó a esta propiedad fundamental "holomovimiento" y con ella quiso explicar las extrañas propiedades de la física cuántica. El holomovimiento es el flujo de la totalidad implicada; las cosas son vistas como constantemente emergiendo y disolviéndose en un océano indiferenciado de materia y conciencia. Las cosas que surgen, sin embargo, no existen de manera independiente o permanente sino que son imágenes de la totalidad indivisible; no pueden concebirse como entidades cerradas sino solamente como procesos, manifestaciones de un perpetuo devenir de infinito potencial. El lector notará evidentemente los paralelos con la filosofía de Whitehead y sobre todo con varias corrientes de filosofía oriental. La idea del universo como un proceso infinito que no puede ser delimitado o fijado en entidades individuales es central al budismo. En el libro mencionado el Dalái Lama da la visión cosmológica del Abidharma y del Kalachakra:

En el corazón de la cosmología budista yace no sólo la idea de que existen múltiples sistemas de mundos --infinitamente superiores en número a los granos de arena del río Ganges, según algunos textos-- sino también la idea de que están en un constante estado de surgir y disolverse. Esto significa que el universo no tiene un comienzo absoluto. 

En el que me parece es el texto más psicodélico de la historia (así también descrito por su traductor Thomas Cleary) y en el cual se encuentran embriones de lo que hoy llamamos popularmente una visión fractal y una visión holística del universo, el Avatamasaka Sutra (el Sutra de la Guirnalda), se dice que existen tantos universos como el resultado del "cuadrado de lo incalculable" que es una función de lo "inefable", "multiplicado por sí mismo". Es en este texto del mahayana, que fue comenzado unos 500 años después de la muerte de Buda, que se introduce la metáfora de la red de Indra (o collar de perlas de Indra), algo así como la visión holográfica del universo de la antigüedad. El Dalái Lama la describe en El universo en un solo átomo:

En dicha red, ninguna joya yace en el centro o en la orilla. Cada una de las joyas está en el centro en el sentido de que refleja a todas las otras joyas de la red. Al mismo tiempo, está en la orilla en el sentido de que ella misma es reflejada en todas las otras joyas. Dada la profunda interconexión del universo, no es posible tener conocimiento ni siquiera de un solo átomo sin ser omnisciente. Conocer completamente un solo átomo significa conocer todas sus relaciones con todos los fenómenos de un universo infinito.  

Esto es así, según el budismo mahayana, porque todas las cosas se originan en interdependencia, coemergen, no tienen existencia inherente, su existencia está dada solamente en una red de relaciones que no tiene principio ni final, por lo cual hasta la cosa más pequeña depende de todas las otras (esto es otra forma de decir que el universo está vacío). Por fortuna, según el mismo budismo mahayana, la mente búdica es omnisciente y cada uno de nosotros en la pureza de nuestra mente es un buda, así que quizás no nos esté velada esta posibilidad majestuosa de conocer la totalidad del universo en el destello de un solo átomo. Como inspiración en este hipotético sendero de visión holográfica consideremos algunos de los extraordinarios versos del Sutra de la Guirnalda, en los cuales se establece la noción fundamental de unidad entre los átomos, los universos y los budas. Nos dice el sutra de manera incansable que existen tantos budas como átomos en los universos, lo cual parece sugerir que la realidad entera está iluminada:

Los que tienen una mente virtuosa recorren este camino...

Ellos ven budas en el espacio de un punto,

su número incontable e inefable,

lo mismo es verdad para todo fenómeno...

[...] Inconmensurables, ilimitados e incontables eones

ven claramente en un instante.

Vemos que el título del libro del Dalái Lama pudo haberse originado de este maravilloso texto:

Incontables e ilimitadas tierras

ellos causan que entren a la vez en un solo átomo,

que es capaz de contenerlas todas sin disminución...

[...] El poder espiritual de todos los budas

muestra miríadas de tierras en un átomo:

de varios tipos, todas claramente vistas,

como reflejos, no tienen realidad intrínseca.

El Sutra de la Guirnalda no escatima en ninguna medida y con un lujo nunca visto describe incontables mundos y los budas que los habitan, acaso como una especie de manjar inspiracional para aquellos en el sendero:

Algunas tierras están bien dispuestas,

formadas como la red de Indra:

algunas son como los moños de los dioses...

algunas son como las manos de los budas...

algunas son como los relámpagos...

Se compara a los mundos con las hojas en un bosque, unas cayendo y unas creciendo; se dice que existen mundos de pura luz, mundos de flores de diamante (y en los diamantes hay múltiples budas), mundos que descansan en brotes de flores de loto, mundos que son "como las nubes que producen reyes dragones en el cielo". En el universo fraguado por la pureza activa del Buda Vairocana: 

En cada átomo del mundo del Banco de Flores

se puede ver el universo del cosmos elemental:

Luces enjoyadas despliegan budas como masas de nubes,

Esta es la libertad de los budas en su campo.

[...] En cada átomo yacen múltiples océanos de mundos

sus locaciones cada una diferente, todas bellamente puras:

Así el infinito entra en uno,

sin embargo cada unidad permanece distinta, sin superposición.

Se dice que tal profusión de mundos es la aparición que resulta de la mente de los seres, cada mundo un reflejo de sus actos. Una profusión que, sin embargo, está más allá del monismo y de conceptos como "todo es una sola mente". Misteriosamente, un Buda experimenta la totalidad pero no se anonada en la misma, mantiene diferencia. Y a final de cuentas, los diversos mundos, vistos con visión pura, no son realmente dukkha, son adornos, la infinita guirnalda de la potencia creativa de la mente. Como dice Thomas Cleary en su traducción: "todas las manifestaciones, todos los fenómenos, pueden ser referidos como 'adornos'". Esta es la deliciosa promesa del cosmos del bodhisattva: no sólo beatitud espiritual sino también estética.

 

Twitter del autor: @alepholo

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Por métodos poco sutiles, parece ser que estamos descubriendo por todos lados que el mundo es una simulación. Parafraseando a Baudrillard, "bienvenidos al desierto de lo real".

Este lugar es un sueño. Sólo alguien dormido lo considera real. Luego llega la muerte como el amanecer, y te despiertas riéndote de lo que pensabas era tu sufrimiento.

-Rumi

En algunos monasterios budistas se acostumbra reforzar su filosofía repitiendo cada tanto "esto es un sueño". Hoy en día la llamada "realidad" parece sugerirnos de manera natural esta práctica: ¿es real lo que estamos viviendo? ¿el mundo se encuentra en un intensificado proceso de revelar que es una broma? ¿O quizás una farsa? La idea budista de repetirse "esto es un sueño" tiene que ver con establecer un proceso de desidentificación y reconocer que los fenómenos que se experimentan no tienen existencia intrínseca o separada de la propia mente que los percibe. Si esto es así, ¿estamos entonces todos soñando a Donald Trump? La respuesta, creo, debe ser afirmativa. Pero, si lo es, también sería cierto que hemos soñado colectivamente antes a Obama y a George Washington (y a su fantasma)... a Napoleón y a Hitler y en cierta forma al Buda, a Jesús, a Mahoma.

Tal vez Trump es uno de esos glitches en la Matrix que nos revelan que estamos dentro de un programa informático. Borges los llamó "intersticios de sinrazón" que revelan que la arquitectura del mundo es sueño:

Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso.

Adam Gopnik menciona en el New Yorker, después del error en la entrega de la mejor película en los Oscar y del triunfo de Donald Trump, "Así estos dos extraños eventos ponen en la mente una simple pero inquietante tesis: estamos viviendo en la Matrix, y algo está saliendo mal con los controladores". Y agrega: "Puede que no sean un glitch en la Matrix. Puede que de repente alguien como el travieso Loki, esté controlándola". Loki es el dios nórdico ligado al arquetipo del trickster, el encargado de subvertir lo convencional, de romper toda lógica y confort para colocarnos en un estado de pánico o de conciencia alterada en el cual es posible trascender lo establecido, acaso despertar del sueño con un golpe. En la religión del Discordianismo se habla del reino de Eris, la diosa del caos, cuyo modus operandi básicamente es el "mindfuck" (uno de sus textos sacros reza: "El disparate puro es la clave de la iniciación"). Uno de los altos jerarcas de esta religión fantástica, Robert Anton Wilson, habla del "Cosmic Joker", el cual se hace notar por alterar el tejido de la realidad con incoherencias, glitches, sincronicidades, cáscaras de plátano en el piso y demás irregularidades en el programa. Trump copió el discurso de Bane, el villano de Batman, en su discurso inaugural, pero quizás más acertado sería el parangón con la figura del Guasón (como encarnación de las fuerzas del caos, al menos). Aunque estas deidades podrían parecer crueles, dioses que juegan con nosotros (como dijera Le Corbusier:  "Detrás de la pared, los dioses juegan, juegan con los números de los cuales está hecho el universo") y se ríen de nuestras catástrofes que son para ellos meras nimiedades ("es un imperio eso que se apaga... o una luciérnaga"), en realidad tienen una función vital en el esquema global, ese estremecimiento o shock que nos hace despertar o transformarnos forzosamente, la necesaria energía de la destrucción. En este caso, la destrucción no de un sistema económico solamente, sino de un sistema de percepción: de un mundo real, predecible, estable, sólido, separado...

Por supuesto, Gopnik está bromeando cuando habla de que vivimos en la Matrix. Aunque la idea de que vivimos en una simulación (en la Matrix, en un holograma, en un sueño) no es ninguna broma ontológicamente, por descabellada que parezca para nuestra mentalidad fincada en el objetivismo y en el materialismo que ocultan "el desierto de lo real" --es una de las ideas centrales de la filosofía espiritual de la India (maia, lila, samsara, etc.) y recientemente ha sido discutida por filósofos occidentales como David Chalmers y Nick Bostrom y explorada por físicos. Recientemente se dieron a conocer aparentes pruebas teóricas de que el universo es un holograma. Simulación informática, simulación cósmica y simulación política, el pan espectral de cada día.

Justo después del triunfo de Trump en noviembre, Jonathan Zap escribió en Reality Sandwich: "Hay una sensación de que la Matrix fue manipulada de alguna forma para crear el resultado que incluso los más optimistas en la campaña de Trump no anticipaban. Para aquellos que siguen The Walking Dead, se siente extrañamente cercano al triunfo de Negan". Intentando encontrar sentido, Zap cita el poema apocalíptico de Yeats, The Second Coming:

The best lack all conviction, while the worst

Are full of passionate intensity.

(Los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores

están llenos de una apasionada intensidad).

Agrega: "Las elecciones, como las fluctuaciones del mercado, están impulsadas por espíritus animales, y algunas veces el espíritu animal es un perro rabioso". O un gallo colérico de piel naranja-fuego, ufano e histriónico. Zap cita la famosa frase de James Joyce que tanto le gustaba a Terence Mckenna y que el mismo Borges utiliza en su ensayo sobre el budismo: "La historia es una pesadilla de la cual intento despertar". Suele ocurrir en los sueños que el cariz mismo de la pesadilla es lo que precipita el despertar. Pero hay dos formas de "despertar", salir expulsados del sueño a la vigilia, acaso simplemente sobresaltados sin mucha conciencia de lo ocurrido, o en el mismo sueño cobrar lucidez, notar que lo que aparentemente atenta contra nosotros, la sustancia misma de la pesadilla, no es más que una fabricación de nuestra imaginación, que su poder está en nosotros, como un desplazamiento de nuestra propia psique que se objetifica. Un demonio al cual alimentamos.  

Otra cita de Zap, esta vez de Jung (el autor que Trump o su escritor fantasma alaban en uno de sus libros por su concepto de la máscara o persona): "No hay bomba de  hidrógeno en la naturaleza. Todo es hechura del hombre. Somos el gran peligro. La psique es el gran peligro". Sobre Hitler, Jung había dicho: "Hitler no manipuló a la psique alemana, Hitler era la psique del pueblo alemán". Trump es la psique estadounidense, y en cierta medida la psique del mundo (y si nos vemos en el espejo psíquico de Trump quizás nos darán ganas de llorar pero seguramente después de reír). Jung escribió: "La psique crea la realidad todos los días, la única expresión que puedo usar para esta actividad es la fantasía". De alguna manera Trump es la acumulación de nuestra fantasía, de nuestras proyecciones, de las intenciones mentales (cetana) que el budismo conoce como karma. Bienvenidos al reino de la fantasía (animada por nuestros deseos, miedos y esperanzas), presidido por una rana verde xenofóbica, misogina, fascisto-coqueta, por un meme (que se llama Pepe), por un tulpa.

En la concepción cíclica del tiempo de la India, se habla de que vivimos en el Kali-Yuga, una era oscura caracterizada por el materialismo y la pérdida de los valores y tradiciones espirituales. Se dice en uno de los puranas que el Kali-Yuga será identificado por el hecho de que los reyes tendrán muchos elefantes, es decir, el poder estará con los que acumulen riqueza material Después de este yuga sigue el Sathya-Yuga o era de la verdad, similar a la época de oro de la que se habla en la mitología griega. Curiosamente recientemente se ha popularizado la idea de que vivimos en la "era de la pos-verdad"; esto a partir de que se manejara que en la elección presidencial de Estados Unidos y el consumo de noticias ha dejado de tener importancia que la información sea verdadera. Si bien existen otros dos yugas entre el Sathya-Yuga y el Kali-Yuga (Treta-Yuga y Dvapara Yuga), se podría decir que por definición el Kali-Yuga es la era de la pos-verdad, el momento de mayor decadencia y distancia de la verdad. Si la teoría de ciclos es "verdadera" (en la era de la pos-verdad, sólo podemos ponerlo entre comillas), entonces lo que sigue a la máxima ilusoriedad que caracteriza a nuestra época es la verdad, si bien vía la crisis y la destrucción. Por supuesto que sería un exceso pensar que Trump es el gran emisario del Kali-Yuga, Kalki (el jinete del Apocalipsis indio), pero tal vez no sea equivocado decir que es una de las múltiples señales, una de las intensidades, que nos hacen descubrir el engaño y la irrealidad en la que vivimos. Ante tal sopor, parece que necesitamos cosas sumamente burdas y groseras que nos hagan identificar por fin que hemos construido un insostenible mundo ilusorio que se está yendo a la goma. 

Donald Trump, el multimillonario (el hombre con muchos elefantes de concreto y metal en la grande Babylon) y estrella de Reality TV vuelto presidente (así cumpliendo el cuento de hadas que refleja el deseo rampante de nuestra sociedad enajenada por la fama y el dinero), nos coloca en un escenario donde uno no sabe si llorar o reír. O quizás los dos, una tras otro. Llorar: sacar la emoción contenida; reír: relajar la tensión. Dos conductas genuinamente humanas y necesarias en un mundo robótico. Uno se descubre llorando cuando despierta de una pesadilla, pero poco después le puede seguir la risa, cuando uno entra en la conciencia de que el monstruo que nos perseguía era una ilusión, una ridícula y absurda fabricación de nuestra mente. El miedo se desvanece, uno puede entonces analizar al monstruo (o a la situación que nos había sometido al estrés) y contemplarlo como si se tratara de una especie de representación teatral, un baile de máscaras, un acto de magia. Uno preferiría un espectáculo más sublime, de mayor logro estético, pero, a fin de cuentas, cualquier cosa que nos saque del letargo en el que estamos sumidos es buena.

Twitter del autor: @alepholo