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Descubren que los árboles emiten una sustancia que mejora la función del sistema inmune

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 03/28/2017

Una sustancia volátil emitida por los árboles es responsable de los beneficios de los "baños de bosque"

La cultura japonesa tradicionalmente ha sentido una inclinación a la naturaleza, desde los jardines zen hasta la iniciativa gubernamental de los "baños de bosque". Esto se refleja en su particular costumbre de pasar tiempo en el bosque, en una relajación que es a la vez una estimulación estética y del sistema inmune. 

A partir de 1982, Japón ha incluido en su programa de salud nacional, bajo el término shinrin-yoku, exponerse a la naturaleza como un proceso terapéutico.

En un estudio de más de 8 años en el que se inviertieron más de 4 millones de dólares, se encontraron cambios en las células del sistema inmune antes y después de realizar caminatas en el bosque. Se han reportado efectos positivos en el sistema inmune, con una duración de más de 1 mes, después de la exposición a la naturaleza.

Estos efectos, según descubrieron los científicos, se deben a una serie de aceites esenciales llamados "fitoncidas" o compuestos orgánicos volátiles antimicrobianos que se encuentran en plantas y árboles y se emiten como protección ante insectos y parásitos. Los estudios muestran que el aire del bosque no sólo se "siente" bien sino que, en realidad, inhalar esta sustancia mejora la función inmune. En otras investigaciones se ha comprobado que los baños de bosque promueven niveles inferiores de cortisol, bajan la presión sanguínea y reducen el estrés en general.

Una adorable relación entre Merlyn y el cuervo Raymond

Los cuervos son de los animales más inteligentes; son capaces de adaptarse a todo tipo de circunstancias, e incluso utilizan herramientas. Paralelamente a su inteligencia está su aura mística: son animales ominosos, ligados a los oráculos y los efectos paranormales. En este caso tenemos una versión más cándida y ligera de un cuervo con un gran plumaje en un día de invierno.

Merlyn Williams, un hombre afable, aparentemente de Gales, sostiene una plácida conversación con el cuervo que ha llamado Raymond (the Raven). Raymond picotea y grazna con interés en una especie de diálogo interespecie con Merlyn, quien parece ser un amoroso abuelo jugando con uno de sus nietos. Si bien sería casi imposible entender lo que el cuervo contesta a las interpelaciones de Merlyn, lo que es seguro es que ambos se caen bien. Por supuesto Merlyn (como el mago Merlín domando las fuerzas de la naturaleza) alimenta a Raymond, pero éste muestra que su generosidad es apreciada.