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5 hábitos que debes cambiar si quieres transformar tu vida

Salud

Por: pijamasurf - 03/26/2017

Si quieres cambiar tu vida, comienza por modificar tus hábitos

La búsqueda de la felicidad (lo que sea que esto signifique para cada uno de nosotros) sin duda es algo que debe trabajarse, en especial si consideramos que vivimos en una era en la que nos encontramos asediados por cientos de estímulos e inercias mentales que, lamentamos decirte, seguramente no nos llevarán a alcanzar estados como la plenitud, la felicidad o, mucho menos, la tranquilidad.

Considerando lo anterior, todo indica que debemos rediseñar individualmente nuestras respectivas realidades, una misión que bien podría comenzar por cambiar varios de los hábitos que atentan contra tu bienestar y que, tristemente, son hoy quizá más populares que nunca. Una vez que tomes control consciente de tus hábitos, tendrás ya completada una buena parte del trabajo personal que te corresponde. 

Para orientar o inspirar la misión, te compartimos algunos de los hábitos que estadísticamente es muy probable que formen parte de tu cotidianidad y que deberías erradicar inmediatamente... tu vida te lo va a agradecer:

 

Deja de buscar respuestas trascendentales en discursos autosuperacionales

Ningún artículo de internet (por ejemplo, éste), fórmula, dogma o consejo te va a resolver la vida. El trabajo es de cada quién.

 

Deja de creer que eres el centro del universo

Este es uno de los hábitos mentales más comunes (y nocivos) entre la población. Esta creencia no sólo alimenta el ego sino que también es combustible puro para el drama y la intrascendencia. 

 

Deja las pantallas y reconéctate con la naturaleza

Ningún contexto o aliado más confiable para desarrollarte; ningún libro, película o filosofía, mejor que la naturaleza. 

 

Deja de quejarte

Quejarte sólo puede ser válido si paralelamente estás tomando acciones para cambiar aquello de lo que te quejas. En pocas palabras, si te quieres quejar, gánate el derecho actuando al respecto. 

 

Deja de gastar tiempo en gente negativa

Las relaciones sociales pueden ser lo mejor o lo peor que pasa en tu vida. Sé selectivo/a, elige con quién pasar tu tiempo de acuerdo con los aportes genuinos que se dan mutuamente. 

¿Esta medicina podría causar el fin de la industria farmacéutica?

Salud

Por: PijamaSurf - 03/26/2017

En palabras de Jordi Domingo (psiquiatra biologista conductal clásico del Cottolengo de Cataluña, España): “curo más con el amor que con los fármacos, así que combino ambas cosas”

En los últimos años investigaciones como las de Bruce Perry, António Damásio y Daniel J. Siegel, entre otros, han tratado de demostrar el impacto del vínculo afectivo sobre la salud mental. Para estos científicos, el apego aquella sensación de calor entre humanos, posee la clave para reducir síntomas relacionados con trastornos mentales y enfermedades psicosomáticas.

De acuerdo con ellos, en las primeras décadas del siglo pasado un niño entraba en contacto físico con alrededor 17 personas a lo largo de su crianza –padres, hermanos, abuelos, tíos, amigos…; actualmente, los niños entran en contacto físico con alrededor de cuatro personas en general. Esta diferencia ha impactado tanto en la preconcepción del amor como en la regulación de emociones como la angustia, el estrés y la tristeza, es decir que si antes el contacto constante con otros enseñaba a regular emociones, ahora la ausencia de contacto facilita el desencadenamiento de trastornos mentales.

En palabras de Jordi Domingo, psiquiatra biologista conductal clásico del Cottolengo de Cataluña, España, “curo más con el amor que con los fármacos, así que combino ambas cosas”. ¿Se trata entonces de que las muestras sinceras de afecto tienen una mayor eficacia que los fármacos?

Aunque la industria farmacéutica no posee una buena imagen, es verdad que algunos casos psiquiátricos con causas orgánicas requieren el apoyo de la química. Pero para Domingo, al hablar específicamente de la epidemia de ansiedad que azota numerosas partes del mundo, ésta se debe realmente “a la falta de valores. La clave está en potenciar tu alma, la capacidad de amar y de dar”, esto es, ser capaces de tener horas de autocuidado (sin llegar a la condescendencia) y de demostrar ese amor a aquellas personas más cercanas.

No obstante, Domingo lo ha advertido repetidamente entre sus pacientes: “La clase media venida a menos sobrevivimos entre interminables obligaciones. Ese exceso de obligaciones y trabajo nos impide crecer espiritualmente”. Y ante el exceso de los deberes, “olvidamos que nacemos con la felicidad dentro. Crecemos y la buscamos fuera, y así pagamos el entusiasmo y la satisfacción de dar lo que tenemos. Desesperados, hacemos meditación para reducir nuestra ansiedad, pero en general no para crecer”.

Por ello es importante, reiteradamente, aprender conductas de autocuidado al darle al trabajo un límite y a las amistades y familiares atenciones cuando sea saludable y recíproco, así como al disfrutar de los pequeños momentos como sentir el calor en las manos de la taza de café a la luz de la tarde, entre otros. Eso pondrá en práctica “nuestra generosidad, paciencia y capacidad de comprensión para desarrollarlas; esto es crecimiento interior”.

No es novedad, el amor es “la mejor medicina para acabar con la propia ansiedad o depresión”; ya sea a las plantas, a las mascotas o a la gente –cuando lo merecen. Porque, según Domingo, “amor es dar”, sin condicionar a recibir ese cariño de regreso; y si la otra persona no da muestras de afecto, “el otro será el desierto, no tú”, pues uno mismo estará lleno de sí mismo.

Domingo habla desde su experiencia como psiquiatra, en donde más de 55 mil pacientes se curan con pastillas, psicología y amor: “Son enfermos que viven encerrados en sí mismos, esquizofrénicos graves, pero responden al amor. […] Doctor –me dicen–, que usted quiera que yo esté bien me da fuerza para estar bien”. Porque eso sí, no cualquier amor tiene la clave para curar ansiedades y depresiones, sino uno que viene de lo más puro y profundo: uno que nos enseña a ser bondadosos y generosos con el otro, sin etiquetas ni posesiones, pacientes y comprensivos, empáticos y asertivos.