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Querer mejorar como persona o querer ser mejor que las demás personas, he ahí el dilema

Las peores trampas parecen, en un principio, una vía de liberación. Esto es especialmente cierto cuando buscamos un camino alternativo para combatir nuestros malos hábitos y demonios internos.

Quién pensaría que, paradójicamente, muchas de las prácticas que se tienen por espirituales terminan siendo una artimaña más del ego, cuyo alcance es tan amplio como la imaginación y creatividad del que busca librarse de su yugo.

La espiritualidad tiene su lado oscuro. ¿Cómo? Se supone que las personas que tienden hacia este estilo de vida son pacíficas, armoniosas, bondadosas, compartidas… ¿cierto?

Falso. La espiritualidad, como la conocemos y practicamos hoy en día, puede ser algo dañino. En 1980 el psicólogo John Welwood dio con la clave para comprender esta paradoja y la llamó spiritual bypassing, algo así como un parche espiritual; consiste en utilizar esta clase de prácticas o creencias para evitar la confrontación con sentimientos desagradables, heridas sin resolver o necesidades psicológicas y emocionales básicas.

Algunos especialistas como Robert Augustus Masters, autor de Spiritual Bypassing: When Spirituality Disconnects Us From What Really Matters, definen de esta manera el fenómeno:

 

Algunos aspectos del parche espiritual incluyen desapego exagerado, entumecimiento emocional y represión, enfatización excesiva en lo positivo, fobia al enojo, compasión ciega o demasiado tolerante, límites débiles o demasiado porosos, desarrollo desequilibrado (la inteligencia cognitiva suele estar a la cabeza de la inteligencia moral y emocional), un débil criterio sobre la negatividad o el lado oscuro de uno mismo, devaluaión de la relación espiritual con uno mismo y delirios de haber llegado a un nivel supremo del ser.

 

Evidentemente esto puede pegarle a más de uno; no está mal detenerse, reflexionar y aceptar, si es el caso, que se ha vivido en un error. El punto de comprometerse con una vida espiritual es continuar con un crecimiento real y comprometido dentro de ella y no debería darle pena a nadie aceptar que puede cometer errores como cualquier otra persona. Por ello, te presentamos estos cinco hábitos negativos de la gente espiritual:

 

Participar en actividades espirituales sólo para sentirse superior a otros

Esta es una de las formas más comunes y recurrentes de autosabotear cualquier camino hacia una visión más profunda del ser y el mundo.

¿Hacemos las cosas porque nos nutren en sí mismas o porque eso nos da un pretexto para ponernos por encima de otros? Creerte mejor que los demás sólo por ser vegano o ciclista no te hace muy diferente a quienes se sienten superiores a otros por tener un coche último modelo o le van a tal o cual equipo de fútbol.

 

Utilizar la espiritualidad para no ser responsable de sus acciones

“Todo sucede por una razón”, un mantra que, sin importar qué religión o cosmogonía lo respalde habla de la responsabilidad de quien lo repite. Existen miles de justificaciones para no voltear a ver nuestras acciones y hacernos responsables por las consecuencias de nuestro actuar en el mundo.

Esto no significa que sea falsa esa afirmación, el punto es que llega a ser más sencillo adoptar un punto de vista que nos impida darnos cuenta de esos momentos en los que actuamos de manera injusta o egoísta, creyendo que lo que creemos haber aprendido de tal o cual experiencia nos redime del respeto y compasión que debemos a otros. Crecer y aprender son procesos que nunca terminan.

 

Juzgar a otros por expresar enojo u otras emociones fuertes, incluso cuando es necesario hacerlo

Al igual que muchas otras emociones con las que puede ser incómodo lidiar durante la resolución de un conflicto, el enojo es una emoción perfectamente comprensible como respuesta a cierto tipo de situaciones y un indicador de que hay un problema que debe ser atendido con cuidado y de inmediato.

Creer que hay emociones que reflejan más o menos iluminación o entendimiento en las personas implica darles una jerarquía artificial basada en el prejuicio de que hay mejores formas de ser. La presión de presentarse ante otros como alguien amable, bueno, calmado y en estado perpetuo de paz termina por parecer más un fraude.

 

Utilizar la espiritualidad para justificar el uso excesivo e irresponsable de sustancias

Muchas personas saben de las propiedades místicas de las sustancias psicodélicas y buscan aprovechar al máximo toda la espiritualidad secular que puede derivarse de estas experiencias pero, en muchas ocasiones, este argumento sólo oculta una justificación barata para estar drogado todo el tiempo.

Las sustancias enteógenas son medicinas espirituales a las que se debe respeto y que, si se quiere aprender realmente algo de ellas, deben ser utilizadas en la medida, compañía y contextos adecuados.

 

Desacreditar a toda la ciencia para creer que algunas practicas alternativas son verdaderas

Muchas personas que se ven a sí mismas como espirituales tienden a sentir desconfianza de la ciencia y, aunque es muy cierto que el desarrollo de ésta está severamente limitado por los intereses económicos y políticos que la patrocinan, dar por falso todo ese compendio de conocimiento es necio.

Quizá la aversión hacia el pensamiento científico proviene del poco crédito que la ciencia suele dar a las prácticas espirituales. Que muchas prácticas espirituales se consideren pseudocientíficas no quiere decir que éstas no sean válidas o verdaderas, sólo quiere decir que no han sido comprobadas en un laboratorio mediante el método científico. Nada más.

 

Hay muchas actitudes que podemos cambiar de nosotros mismos a través de toda clase de prácticas que, si bien pueden funcionarnos y deseamos compartir, no deberían volvernos personas intolerantes ni fanáticas. Mucho menos si esta severidad la utilizamos en nuestra contra para cumplir con un ideal de pureza o paz. La espiritualidad es un camino bello, tolerante y generoso, que suele ser incompatible con la autopromoción y la superioridad moral.

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Yuval Harari medita 60 días al año y devela las narrativas bajo las que funciona la humanidad

Sociedad

Por: Pijama Surf - 03/28/2017

El historiador israelí nos comparte su reconstrucción de los mecanismos que han hecho de la humanidad la especie dominante.

Para el periodista Ezra Klein, fascinado con la obra del historiador, queda claro que sólo hay una clase de mente capaz de escribir una obra como Sapiens: una limpia, clara.

El primer libro de Yuval Noah Harari, titulado Sapiens, fue un éxito de ventas y una sensación internacional. Este historiador israelí ha logrado colarse entre las listas de las lecturas favoritas de personajes como Bill Gates, Mark Zuckerberg y Barack Obama. Su último libro es Homo Deus: a Brief History of Tomorrow, un recorrido por lo que está a punto de pasar con la humanidad y la amenaza que supone para el futuro nuestra propia capacidad creativa e inteligencia.

El autor israelí utiliza como método vital y de escritura la profunda meditación del Vipassana, que incluye un retiro anual de sesenta días de silencio, esto permite comprender aún más a fondo los temas que toca en su obra. En entrevista nos explica con mayor detalle que:

 “Cuando entrenas a la mente para enfocarse en algo como la respiración, te da también la disciplina para enfocarte en cosas mucho más grandes y distinguir entre aquellas cosas importantes y las que no lo son. He traído esta disciplina a mi carrera científica también. Es muy difícil, especialmente cuando trabajas con largos periodos históricos, no distraerse con pequeños detalles o evitar ser arrastrado hacia las pequeñas historias o preocupaciones específicas. Hay que seguir recordando lo verdaderamente importante de lo que ocurrió en la Historia o qué es lo más importante que está ocurriendo ahora mismo en el mundo. La disciplina para tener esta concentración la obtuve de  meditar.

            La otra gran aportación, pienso, es que toda la meditación Vipassana se trata de aprender a distinguir entre la realidad y la ficción, qué es real y que son sólo historias que inventamos y construimos en nuestra mente. Esto aplica también para la Historia. La mayoría de la gente se ve sobrepasada por las historias religiosas, por las historias nacionalistas, por las historias económicas y toman todas estas historias por realidad.

            Mi mayor ambición como historiador es ser capaz de distinguir entre lo que verdaderamente está pasando en el mundo y las ficciones que los humanos han estado creando por cientos de años para poder explicar o intentar controlar lo que pasa en el mundo.” 

Una de las ideas centrales en su primer libro es que la humanidad ha sido capaz de expandirse y dominar distintos entornos naturales  gracias a su capacidad para crear historias y ficciones que habilitan la cooperación entre las personas, algo de lo que son incapaces otras especies. Por ficciones o historias se refiere a la mitología, la historia, los cuentos, las leyendas, etc.

“Toda la cooperación humana está basada en la ficción. Esto es mucho más claro en el caso de la religión, especialmente si se trata de la religión de otras personas. Puedes comprender fácilmente, sí, millones de personas se juntan para cooperar en una cruzada o una jihad o para construir una catedral o sinagoga porque todos ellos creen en la misma historia acerca de un Dios, el cielo o el infierno.

            Es más difícil darse cuenta de que la misma dinámica aplica para cualquier tipo de cooperación humana. Si lo piensas, por ejemplo, los derechos humanos son ficticios como Dios o el cielo. No son una realidad biológica. Hablando biológicamente, los humanos no tienen derechos. Si tomas a un Homo Sapiens y lo examinas por dentro, encontraras riñones, hígado, ADN pero no derechos. El único lugar en el que los derechos existen es en las historias que la gente ha inventado.

            Otro buen ejemplo de esto es el dinero. El dinero es, probablemente una de las historias más exitosas jamás contadas. No tiene valor objetivo. No es como una banana o un coco. Si tomas cualquier billete y lo miras bien, no puedes comerlo. No puedes beberlo. No puedes ponértelo. Es absolutamente inútil. Creemos que vale algo porque creemos en una historia. Tenemos a estos grandes narradores de nuestra sociedad, nuestros chamanes, los banqueros y economistas, que se acercan con esta gran historia: “¿Ves este pedazo de papel? Pues esto vale una banana.

            Yo lo creo y tú lo crees y todos lo creen, funciona. De verdad funciona. Puedo tomar este pedazo de papel verde, llevarlo hasta un completo extraño al que nunca había conocido antes, darle este pedazo de papel y a cambio el me dará una banana real que puedo comer.

            Esto es realmente asombroso, no hay otro animal que pueda hacerlo. Otros animales a veces hacen trueque. Los chimpancés por ejemplo. Me das un coco, te doy una banana. Eso puede funcionar para un chimpancé pero si le das un pedazo inútil de papel ¿esperarías que te dé una banana? Eso nunca funcionará con un chimpancé.  Por eso nosotros, y no los chimpancés, controlamos el mundo."

            Curiosamente, esto que constituye nuestra gran fortaleza también resulta nuestra gran debilidad pues cualquier cosa en la realidad que atenta contra nuestras grandes narrativas pone en entredicho su veracidad y puede derrumbar a nuestra sociedad rápidamente.

            “Porque está basada en historias, la sociedad humana es mucho más dinámica y flexible que  cualquier otra sociedad sobre la tierra, y al mismo tiempo, es mucho más frágil.

            Piensa, por ejemplo, sobre las revoluciones. Es muy difícil cambiar un sistema de la noche a la mañana. Es casi imposible. Si piensas, por ejemplo, en una colmena, las abejas han manejado el mismo sistema por millones y millones de años, no pueden cambiarlo a no ser a través de un proceso de evolución y selección natural muy lento. Las abejas no pueden despertarse un día, ejecutar a la abeja reina y establecer una dictadura del proletariado.

            Pero entre humanos tenemos esa clase de revoluciones. Exactamente hace un siglo, en 1917, comenzó la revolución Rusa. Los revolucionarios ejecutaron al zar y establecieron un sistema social completamente diferente, en unos cuantos años, con tan sólo cambiar la historia en la que creían los rusos. Ya no creían en el poder y derecho divino del zar. En su lugar, ahora creían que la autoridad emanaba  de los trabajadores, de la gente.

            Por esto todas las sociedades invierten tanto en propaganda y lavado de cerebros para bombardear a las personas desde muy pequeñas y así crean en la historia dominante en la sociedad. Si no creen, todo colapsa."

Un proceso de meditación como el de Harari requiere de mucha preparación y práctica. Cuenta un poco más al respecto:

“Es difícil. No tienes ninguna distracción, no hay televisión, no hay emails, sin teléfonos ni libros. No escribes. Sólo cuentas con todo el tiempo para enfocarte en lo que realmente está pasando ahora, en la realidad. Te tropiezas con las cosas que no te gustan de ti mismo, las cosas que no te gustan del mundo. Todo aquello que pasas evadiendo, ignorando y suprimiendo.

Comienzas con las sensaciones corporales más básicas, el aire saliendo y entrando, sensaciones en tu estómago, en tus piernas, y mientras te conectas con ello, ganas la habilidad de observar realmente. Obtienes claridad sobre lo que sucede en tu mente. No puedes observar en verdad la ira o el miedo o el aburrimiento si no puedes contemplar tu respiración. Es más fácil observar la respiración que el miedo o la ira.

La gente quiere comprender sus miedos o su ira pero piensan que observar su respiración no es importante. Si no puedes mirar algo tan simple no tienes mucha oportunidad de observar en verdad tu ira que es mucho más compleja y tormentosa.

Lo que sucede a lo largo de sesenta días es que tu mente se aclara y enfoca, vas cada vez más profundo y más profundo, y comienzas a ver las fuentes de toda esa ira, de dónde viene ese miedo y sólo observas. No intentas luchar, sólo observas. ¿Qué es la ira? ¿Qué es el aburrimiento? A veces vivimos por años y años y años experimentando ira y miedo y aburrimiento todos los días y nunca llegamos a observar realmente cómo es sentir ira porque estamos atrapados en la ira misma.

La meditación de sesenta días te da esa oportunidad. Puedes tener una ola de ira, a veces puede durar días y tú sólo, por días, te sientas a observar, a sentir. ¿Qué es la ira? ¿Cómo se siente en el cuerpo? ¿Qué está pasando en mi mente cuando estoy furioso? Es asombroso.”

El autor se toma muy en serio este retiro pues es la base de todo su trabajo posterior, por eso, aunque siempre tiene giras, conferencias, mesas de diálogo, prefiere establecer, antes que cualquier otra cosa, las fechas de su retiro desde el comienzo. Además de sus dos horas de meditación diaria, intenta combatir los estragos de la tecnología:

“Intento establecer mi propia agenda y no dejar que la tecnología lo haga por mí. Tiendo a leer libros, libros largos antes que pasajes cortos o tweets. Creo que otra cosa que ha pasado desde este último siglo es que nos hemos movido de una falta de información hacia un exceso de información. Antes el problema principal de la información era que la gente no tenía suficiente, que había censura y la información era muy rara y difícil de encontrar. Ahora es justo lo opuesto, estamos inundados por inmensas masas de información.

Hemos perdido control de nuestra atención. Está secuestrada por toda clase de fuerzas externas. No sólo en la meditación sino también en el trabajo, intento ser muy disciplinado con mi atención y no permitir que fuerzas externas tomen control sobre ella.”

No hay duda de que vale la pena prestar atención a las publicaciones de este acertado autor. Puedes escuchar la entrevista completa (en inglés) aquí.