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Primera entrega de la serie “Redescubriendo a Jacobo Grinberg Zylberbaum”, en la que se rescatarán varias de las aportaciones más valiosas e intrépidas del brillante científico mexicano

La inteligencia es la capacidad de recibir, decodificar y transmitir información de manera eficiente.

Robert Anton Wilson

 

 

Este es el primer texto de la serie “Redescubriendo a Jacobo Grinberg Zylberbaum”, en la que se rescatarán varias de las aportaciones más valiosas e intrépidas que el brillante científico mexicano de origen judío obtuvo tras incontables observaciones, estudios y experimentos sobre el cerebro y sus neuronas, así como de los místicos orientales y los chamanes mexicanos, siempre desde el más riguroso análisis científico, y poniendo en práctica todo lo aprendido en su propio ser, es decir experimentándolo en su conciencia misma.

Como referente histórico a la proposición de los cinco niveles del lenguaje de Grinberg tenemos que los grandes rabís y cabalistas de la tradición judía han revelado que existen cuatro maneras de leer la Torá (también conocida como el Antiguo Testamento), siendo la cuarta un estudio de su lado interior, el más oculto. Estas cuatro formas son llamadas: Peshát, Rémez, Derásh y Sod; que respectivamente equivalen a: Simple, Metafórico-Alusivo, Interpretativo, y Oculto.

Esto quiere decir que cualquier pasaje o fragmento literario de textos sacros puede ser interpretado en cuatro niveles distintos, paralelo a la profundidad de comprensión que posea la persona receptora del mensaje.

Encontramos un segundo antecedente con el gran sabio sufí Shams de Tabriz que afirmaba que hay cuatro niveles de discernimiento, el primero es el significado aparente, y es aquel que la mayoría de la gente asimila. El segundo es el nivel interior. El tercer nivel es el interior del interior, siendo el cuarto tan profundo que no podemos ponerlo en palabras. Es, pues, indescriptible. Debido a la particularidad e importancia de Shams de Tabriz se incluye al final de la redacción una breve biografía de este enigmático personaje.

En el libro de Jacobo Grinberg Más allá de los lenguajes (1988) se lee:

El lenguaje hace referencia a una vivencia que se desea compartir o comunicar a través de su uso. Solamente es efectivo cuando los que participan en él poseen las mismas referencias vivenciales. En este sentido, existen diferentes niveles de lenguaje que dependen de la comprensión del mismo, mas no necesariamente de los términos que se utilizan. La misma conversación se puede entender en, por lo menos, cinco niveles diferentes.

Analicemos la siguiente frase: "Es delicioso el sabor de esta manzana".

En el primer nivel del lenguaje el significado de la frase es literal y concreto. Se refiere a un sabor especifico y una manzana sólida, rojiza y, quizá, recién comprada en un mercado o arrancada de un árbol. El mensaje en el primer nivel del lenguaje proviene de un transmisor localizado allí, el que comunica un hecho concreto y literal sin otro significado que ése. El escucha (localizado también en el primer nivel), entiende la frase como referida a una fruta concreta y a un sabor especifico y definido. Una frase en primer lenguaje no posee mayor significación o profundidad que la que le otorga el que la pronuncia y no se debe entender más que en ese nivel.

En el segundo nivel del lenguaje, la misma frase, además de hacer referencia a una manzana roja de un sabor dulce, quiere transmitir un contenido asociado con un sentimiento que proviene de la historia personal, un significado más idiosincrático y profundo. Por ejemplo, el recuerdo que tiene el que la comunica de un huerto de manzanas propiedad de su familia en el que jugaba durante su infancia. Así, "es delicioso el sabor de esta manzana" quiere transmitir ese sentimiento subtextual, con referencia a un evento generalmente matizado por una emoción. Solamente si el escucha conoce la referencia histórica personal comprenderá el mensaje oculto detrás de la frase concreta. Si no conoce la referencia personal pero es sensible podrá captar la existencia de un sentimiento poderoso por detrás de las palabras y, quizá, preguntar por su contenido; en el caso de que no sea sensible a ese sentimiento, la comunicación de quien transmite en segundo nivel y quien escucha en el primero será limitada y pobre; no tendrá calidad ni correspondencia en abstracción, no habrá afinidad.

En el tercer nivel del lenguaje se incluyen los dos primeros pero, además, un conocimiento más abstracto. El tercer nivel de lenguaje hace referencia a contenidos más generales, universales y profundos que los niveles previos, aunque incluye a éstos. La misma frase quiere transmitir el saber concreto de la manzana específica, el sentimiento que genera referente a los sucesos de la infancia y, también, la cognición de que el contacto con los frutos de la naturaleza son una bendición de la vida, un alimento sano, capaz de otorgarme salud y bienestar. De nuevo, para que la comunicación ocurra en ese nivel, el escucha deberá poseer la misma capacidad de abstracción que el transmisor del mensaje, es decir, sólo será entendido fielmente por un escucha funcionando y resonando en la misma referencia de significado que el emisor de la comunicación verbal. Si no se da esta correspondencia (transmisor en tercer nivel y escucha en el primero o segundo) la comunicación en el "lenguaje" real  en el cual se intenta será un fracaso.

El cuarto nivel de lenguaje es un nivel trascendente; además de incluir los otros tres, se refiere a una vivencia todavía más abstracta; por ejemplo, la noción de que todo es interdependiente o que el saber es una manifestación de la conciencia y de la energía que impregna el universo hace referencia, por ejemplo, a las relaciones bioenergéticas entre la naturaleza y el ser humano, a las constantes ecológicas del planeta, al ser humano y al reino vegetal como una unidad con dinámicas de intercambio compleja, etc. Aquí, el emisor de la frase está transmitiendo un conocimiento implícito, sofisticado y repleto de consideraciones biológicas, sociales y aun psicológicas, utilizando como pretexto una frase simple. Establecer una comunicación en cuarto lenguaje constituye una plataforma simbólica para un intercambio de conocimientos y para un contacto con aquello que trasciende lo concreto. Mientras mayor sea el nivel del lenguaje, más inclusiva, potente y abstracta será la comunicación y sus significados. Solamente alguien que se encuentre en el mismo nivel de abstracción podrá entender el mensaje y responder a él enriqueciéndolo.

En el quinto nivel, la abstracción alcanza el máximo nivel. Solamente un ser totalmente realizado habla en quinto lenguaje. Tal nivel de significado haría referencia a la totalidad o a la Unidad. En él, la frase habla acerca de la existencia del Ser, del eterno presente y de la realidad. Este quinto lenguaje sería el que estaría implicado en cualquier comunicación de un Sabio, de un verdadero Místico y sólo podría ser entendido por un Contemplativo, funcionando en el mismo nivel de conciencia que aquél. En este caso, "es delicioso el sabor de esta manzana" se podría interpretar como una expresión sublime de la experiencia plena del Ser.

Al respecto escribe Grinberg:

Se puede concebir la relación entre el hombre y el mundo como un dialogo que también posee cinco niveles. La realidad se encuentra siempre allí pero su captación depende del grado de abstracción del escucha. El mundo vivido en el primer nivel del lenguaje es visto como un conglomerado de objetos concretos, existentes en sí mismos y relacionados entre sí a un nivel concreto. El mundo en el segundo lenguaje se vuelve más personal. Los objetos son vistos en relación con la historia personal y matizados de sentimientos afectuosos o de repulsión. En el tercer nivel, la visión de los objetos se vive en forma más abstracta. En el cuarto nivel, los objetos se perciben como interrelacionados y partícipes de la misma naturaleza de quien los observa. En el quinto nivel, todo adquiere vida y desaparece la dicotomía entre observador y observado. Aquí se vive la realidad en un presente eterno y absoluto. La realidad siempre estuvo allí, pero (al igual que la frase pronunciada) se interpretó en diferente forma, dependiendo del estado de conciencia del lector de su texto.

El problema no es el pensamiento sino la confusión del mismo con la realidad, quizá si pudiésemos desarrollar la capacidad de comprender la experiencia que se esconde detrás de las palabras de una manera más directa, ello desencadenaría la evolución de nuestro lenguaje. El mismo Grinberg escribió acerca de esto:

El lenguaje, como manifestación del pensamiento, es uno de los medios para reafirmar una cierta forma de ver porque al transmitirse la generaliza. Pero el lenguaje no es solamente una manifestación sino una retroalimentación de la misma realidad que confunde con la realidad. En la estructura profunda de los idiomas y en las relaciones de tal estructura con la codificación cerebral de la información está la clave para entender la lógica lingüística. Si el lenguaje lo vislumbramos desde un punto de referencia neuronal nuestro análisis utilizaría como elementos las relaciones y características de los patrones neuronales y no las palabras. Veríamos ahí la esencia de la lógica y las bases de las relaciones lingüísticas. Hace falta un lenguaje cósmico, una lógica y una estructura que permita la verbalización de las relaciones globales, una trama de los argumentos.

Si examinamos la frase “nuestro análisis utilizaría como elementos las relaciones y características de los patrones neuronales y no las palabras”, nos damos cuenta de que esto aplicado a un caso práctico sería el sustento mismo de un tipo de comunicación telepática...

De esta manera podemos concluir que lo expuesto por Jacobo Grinberg, los rabís judíos y el sufí Shams de Tabriz se puede sintetizar en que el nivel de comprensión depende de tres factores: la experiencia de vida, el nivel de discernimiento, y el grado de conciencia que se haya desarrollado.

 

Sobre Shams de Tabriz

Shams de Tabriz fue un maestro y místico sufí, reconocido como alquimista, filósofo, astrónomo, lógico y dialéctico. Siendo un monje errante viajó por Asia Central y Asia Menor buscando el conocimiento de maestro en maestro y se dice que logró adquirir múltiples poderes extraordinarios que lo hacían admirable y temible; sin embargo, habiendo conocido a un gran número de eruditos y Sheijs, en sus propias palabras, no fue capaz de encontrar lo que estaba buscando en ninguno de ellos. Nadie pudo entender realmente su estado espiritual. Shams confesó alguna vez: “cuando yo era niño, veía a Dios, veía al ángel, contemplaba las cosas misteriosas del mundo superior y del mundo inferior. Pensaba que todos los hombres veían lo mismo”.

Rumi había logrado alcanzar los niveles de la perfección, se había asentado en Konya, se había convertido en maestro y en guía espiritual a los 50 años de edad. No precisaba ya dirigirse a otros lugares de conocimiento. Shams, sin embargo, tenía más de 60 años y aún se hallaba de viaje, buscando un guía espiritual, que finalmente halló en Rumi.

Rumi, aquel que ha alcanzado la gloria de la proximidad de Dios mientras estaba vivo: Rumi era un "Insan Al-Kamil", poseedor de clarividencia y estados espirituales y sin embargo la vida de Rumi se transformó en noviembre de 1244, cuando conoció al desconcertante y perturbador Shams de Tabriz, figura misteriosa y fascinante. Como se dice en la tradición sufí, fue "un encuentro entre dos océanos". Ese maestro misterioso inició a Rumi en la experiencia mística del amor. La vida de Rumi cambió de forma radical tras conocer al derviche Shams de Tabriz.

El encuentro de Rumi con Shams puede compararse con el de Abraham y Melquisedec en la tradición judeocristiana o bien con el encuentro de Moisés y Al-Jidr (también conocido como Khezr o Jader) en la corriente islámica.

Un Melquisedec y un Shams son mensajeros de la Fuente. No hacen nada por sí mismos, sino que traen iluminación a alguien que puede recibirla, alguien que está muy completo o muy vacío. Rumi era uno que estaba muy completo. Luego de recibirla pudo aplicar este mensaje para beneficio de la humanidad.

Murat Yagan

También en Pijama Surf: Jacobo Grinberg: su genial obra y su misteriosa desaparición

Del mismo autor: Descifrando el código fuente de la Matrix, parte I: ¿qué tan seguro estás de que 1 + 1 = 2?

El erotismo puede entenderse como una fuerza cósmica y puede usarse para restablecer, en el matrimonio sagrado de lo masculino y lo femenino, un estado de unidad primordial inmortal

Este artículo está basado en el ensayo de Aaron Cheak "The Alchemy of Desire", una exploración de la obra Adam, L'Homme Rouge de René Schwaller de Lubicz, uno de los últimos grandes alquimistas de Occidente.

Schwaller aplica una ley de correspondencia entre los procesos alquímicos como los que pueden ocurrir en el laboratorio de un alquimista con los procesos eróticos del cosmos, desde la manifestación del universo hasta la sexualidad humana. En todos los casos opera un mismo principio de polaridad, una especie de "ruptura en el equilibrio de la Unidad", una "inarmonía en la ecuanimidad original" que es a la vez "un llamado al ensamble a través de la unidad". El deseo, que brota de esta ruptura, que es el origen mismo del universo manifiesto y su dinámica sujeto-objeto, contiene en sí mismo también el mecanismo de la restauración de la unidad y todo acto erótico es una especie de representación o imagen microcósmica de este proceso de unidad en la diversidad; una especie de juego de seducción que Aaron Cheak compara con el erotismo tántrico de Shiva y Shakti: el universo se revela como un jardín o un lecho inmenso donde ocurre este juego amoroso que a fin de cuentas no es más que el restablecimiento de la conciencia absoluta de la divinidad.

Escribe Schwaller en Adán, el hombre rojo:

Desacreditada como la "ciencia de hacer oro" en una época en la que la brujería hechizaba al mundo entero como reacción a la religión dogmática, en realidad la alquimia es la ciencia de la vida. El hecho de que la vida también produzca oro en la naturaleza es evidente; pero esto es secundario a una ciencia que es esencialmente mística, y la cual cultiva una gnosis que revela los secretos de la atracción de igual manera en la gravedad que en el amor de un hombre por una mujer.

Schwaller más tarde desarrollaría esta idea con mayor profundidad, claramente señalando que el fin de la alquimia no es la producción de oro sino la contemplación del instante creativo, que es una forma de gnosis transformadora. Para Schwaller, la creación cósmica ocurre cada instante, como presencia, y la alquimia es reconocer esta creatividad que en sí misma permite una especie de retorno hacia la Unidad. Así en todas las fuerzas del cosmos, desde la electricidad a la gravedad o el erotismo mismo, hay una misma tensión:

El deseo es una cuerda estirada entre dos complementos, y el sonido de esta cuerda es la vida. Para producir un sonido, necesitas un shock que lo haga vibrar, y este shock es el erotismo. Los complementos son siempre dos aspectos extremos de una misma cosa, sensación o emoción. El shock resulta de un desequilibrio en este estado de tensión, el cual se expresa sobre todo por una tensión emocional, nerviosa o física, o por un suspenso mental. El desequilibrio literalmente produce una oscilación entre dos complementos, un movimiento que resulta en la exaltación de la vida, y el efecto de esto es originalmente expresado en la excitación sexual.

A esto comenta Aaron Cheak: "De la actividad y la repulsión de los elementos químicos, a través de un proceso de selección natural en las especies biológicas (la evolución), estas afinidades son múltiples formas de deseo divino re-solviéndose en sí mismo en su naturaleza primordial". Dice Schwaller:

Este deseo es la fuerza de gravitación de las estrellas, la génesis de los metales y los minerales de la tierra, el viento y la tormenta en el aire, la fecundación de las plantas, la fornicación de los animales y, para la humanidad, amor. Hay muchas formas y muchas visiones de este deseo, pero el deseo en sí mismo es siempre idéntico. Es el Arcángel de la vida, y por lo tanto, también el Arcángel de la muerte. 

Una metafísica del deseo se deriva de esto, en la que el deseo no sólo produce la cadena de seres en la evolución sino que es, según Aaron Cheak:

la urgencia a regresar a la ecuanimidad primordial, una afinidad que permite que la conciencia trascienda el mundo encarnado en su totalidad, es decir, más allá de la dualidad. Puesto que, si bien el deseo está fundado en la separación, de cualquier manera se aleja de esto y es reabsorbido en la unidad absoluta que trasciende toda dualidad.  

Tenemos aquí una visión alquímica de la idea platónica del amor como el deseo de restablecer el estado hermafrodítico primordial, en el caso de Schwaller simbolizado por Adán y Eva, en su androginia primordial. "Cuando Eva estaba en Adán la muerte no existía. Cuando ella fue separada de él, la muerte tuvo su principio. Si él entra de nuevo y logra su ser anterior, la muerte dejará de ser". Esta es la conjunción de los opuestos, el matrimonio alquímico de lo masculino y femenino, del azufre y el mercurio en la que disuelve la dualidad. Si el amor físico, biológico, es entendido como una forma de perpetuar la especie, de reproducir los genes, el amor espiritual debe ser entendido como una forma de regresar a un estado primordial inmortal. Schwaller llama a trascender la visión materialista de la sexualidad hacia un erotismo espiritual: 

Originalmente lo que hay es la androginia, seguida de la separación de los sexos a través de la función. Esta separación es la causa espiritual de la especificación del género, y eventualmente crea la necesidad del matrimonio. Debido a la desviación de la conciencia de su propósito original y verdadero, el matrimonio ha tomado un significado físico ilusorio. Aquí yace el error monumental que ha creado tanta miseria. El matrimonio no tiene un propósito físico, sino uno vital y espiritual; en realidad la palabra matrimonio significa y debe ser --Unión-- esto es, la Unión absoluta y final de aquello que ha sido dividido por la separación de los sexos y que al final debe hacer surgir una Unidad humana completa. 

Schwaller habla del hombre "antropocósmico", el hombre primordial, el anthropos del Corpus Hermeticum, el Adán de los cabalistas, el arquetipo que contiene a toda la humanidad: "El ser humano, u hombre cósmico, es hombre y mujer en unidad, pero todos los seres humanos que existen actualmente son hombre y mujer en dualidad". 

En una hermosa imagen, Schwaller compara la expresión de la unidad absoluta que se divide en los diferentes polos de la existencia con la forma en la que un haz de luz blanca se descompone en los diferentes colores de un prisma. Finalmente no somos ni hombre ni mujer, sino sólo luz, luz que contiene todas las cosas en la eternidad de su conciencia:

Una cosa siempre es triple en su naturaleza: existe en y por sí misma en virtud de su apariencia, pero es causada también por el complemento de dos estado de la misma naturaleza. Tú mismo, al ser en principio un hombre, humano, eres resultado del complemento de dos estados de la misma naturaleza: aquello que afirma y aquello que niega, aquello que da y aquello que recibe, aquello que expresa y aquello que es impreso, esto es, aquello que recibe la impresión; este doble estado es tu androginia espiritual primordial --y te das cuenta de esta dualidad en la unidad. ¿Podrías decir que la luz está compuesta de luz roja y luz verde? No, y sin embargo, cuando es descompuesta a través de un prisma hace que surjan dos colores complementarios, y la luz blanca deja de existir. Los colores son una transformación de la luz blanca, una transformación que imparte diferentes vibraciones a la misma sustancia. La diferencia en vibración no altera a la luz, pero las impresiones aparecen de manera diversa al ojo, dando lugar a diferentes colores que son siempre complementarios, dos y dos. Ahora bien, recuerda: tú eres luz, luz blanca y encontrarás tu vagamente recordada androginia. Eres luz, pero luz descompuesta a través del prisma de la vida, es decir, a través de las experiencias y las necesidades.


Twitter del autor: @alepholo