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En entrevista, el maestro de yoga y tantra Carlos Pomeda nos introduce con gran claridad a la esencia del tantra

El tantra ha invadido la conciencia popular en los últimos años. El término ha cobrado una cierta aura de fascinación al ser asociado con el sexo y con un tipo de espiritualidad instantánea y transgresora que permite evitar los largos procedimientos ascéticos de la espiritualidad tradicional. Esto, por supuesto, es un entendimiento sumamente superficial y equívoco de lo que es el tantra (esta frivolización ha ocurrido en cierta forma también con el yoga). Aunque el tantra es complejo y diverso, podemos acercarnos a una definición diciendo que se trata de una serie de textos (y la práctica que se deriva de ellos) que mantienen una continuidad, un cierto engarce con una sabiduría primordial, y que buscan la liberación utilizando el cuerpo como vehículo, sin renunciar al mundo. Se ha dicho que el tantra es el sendero de la transformación, el cual, a diferencia del sendero de la renuncia, transforma o purifica la existencia en el reconocimiento de lo divino o sagrado en todas las cosas.

Para rectificar y poder acercarse cabalmente al tantra y al yoga es necesario vincularse con las tradiciones y hurgar en las fuentes indias. En lengua española tenemos pocos maestros que han establecido un vínculo con la tradición, uno de ellos es Carlos Pomeda, a quien tuve la fortuna de entrevistar hace poco. Carlos lleva estudiando y practicando dentro de la tradición del yoga durante más de 40 años. 18 de esos años los pasó como monje de la orden de Saraswati, bajo el nombre Swami Gitananda, incluyendo 9 años de formación y práctica tradicionales en la India, donde fue introducido al tantrismo. Combina esta experiencia y entrenamiento tradicional con una preparación académica que incluye dos títulos de maestría: uno en Sánscrito, por la Universidad de Berkeley (donde también enseñó) y otra en Estudios sobre la Religión, por la Universidad de California en Santa Bárbara. Carlos ha realizado traducciones de importantes textos tántricos y enseña yoga y meditación en diversas partes del mundo.

Lo que caracteriza a Carlos  en su enseñanza es la claridad, esa especial habilidad de hacer que conceptos complejos y esotéricos se vuelvan sencillos y cristalinos. Esto es sin duda el fruto de la práctica --que hace de la teoría experiencia-- y de la calma que resulta de la meditación.
Pude tener esta conversación con Carlos a finales del año pasado en Malinalco, México, donde se encontraba impartiendo enseñanzas sobre el Pratyabhijnahrdayam, uno de los textos centrales de "la doctrina del reconocimiento" dentro del tantrismo no-dual de Cachemira. A continuación el audio y la primera parte de la transcripción (el audio no es muy bueno, por lo cual se recomienda utilizar audífonos).

Un acercamiento al tantra 

Un poquito de tantra puede ser un poco peligroso (parafraseando aquella frase de que un poco de religión puede ser un poco peligroso). Con un poquito de tantra puede ocurrir igual. El tantra es un término que cubre todo una serie de tradiciones que empezaron a aparecer en el siglo V que fueron una revolución en el mundo del yoga.

El tema principal es que el tantra no acepta la división rígida entre lo bueno y malo, puro e impuro. El tantra mantiene que todo depende del uso que se le dé, nada es bueno o malo por sí solo. Esto que parece una afirmación muy sencilla en el tantra, abrió una serie de cambios en la manera de practicar. Por ejemplo, involucrar al cuerpo, que era algo que no se había hecho antes porque el cuerpo se dejaba ahí sentadito en la meditación para trascenderlo. Ahora el tantra se involucra con el cuerpo y empieza a dedicarse a trabajarlo, por ejemplo, el hatha yoga es un resultado de esta revolución tántrica y de la misma manera el mantra yoga como yoga no existía antes del tantra, claro que los mantras sí, han existido desde el principio. Lo que el tantra hace es que se interesa en el sonido, en las texturas del sonido, trabajando con el alfabeto y el poder de los fonemas del sánscrito, del sánscrito y sus correspondencias con los diferentes niveles de conciencia y de realidad. El tantra abrió toda una tecnología nueva con el uso de mantra.

 

Tantra en la vida moderna más allá del sexo

Se me hace una pena que la gente desvirtúe el tantra pensando que se trata de sexo porque en realidad hay muy poquito de sexo en el tantra y se pierde todo lo que el tantra tiene que ofrecer, que para mí es el mejor sistema para el mundo moderno, porque no se basa en la renuncia, en apartarse del mundo, sino en cómo transformar nuestra experiencia donde estemos y encontrar lo sagrado en todas partes, literalmente en todas partes. El tantra es revolucionario, tiene una gran creatividad, desarrolla cientos de técnicas nuevas, de meditación, de maneras de trabajar con el cuerpo y con la mente. Tiene una gran riqueza y muchas cosas que aportar, por lo que da pena que se desvirtúe el tantra original.

 

¿Cómo te acercaste al tantra?

Yo no sabía nada del tanta, primero me acerqué el mundo del yoga, a través del hatha yoga y la meditación. No sabía nada de la filosofía de la India. Fue mi primer maestro quien me empezó a hablar del tantra. En los 70 era muy difícil encontrar información, había muy poquito publicado, cosas antiguas de Sir John Woodroffe (Arthur Avalon).

Ya que fui a la India en el año 82, empecé a estudiarlo seriamente. La manera que yo lo aprendí fue con referencia a textos originales. Entonces estás viendo qué tipo de ideas o prácticas manejan directamente. Mi formación fue muy tradicional. Me fascinó tanto cuando empecé a ver lo que el trantra tenía que ofrecer que a veces estudiaba hasta 12 a 16 horas al día. Me apasionaba. Estudio-práctica, estudio-práctica. Así fue mi trayectoria. Esto está cambiando hoy en día lentamente porque el tantra está recibiendo mucha atención en medios académicos. Entonces están saliendo trabajos muy serios, rigurosos y bien informados. En el período en el que yo empecé y hasta hoy, sin embargo, ha habido mucha literatura que no está informada por los textos originales, que son elucubraciones de la gente, interpretaciones. Hay gran cantidad de libros por ahí que no tienen nada que ver con las fuentes que se llaman a sí mismas “tantras".

Estoy contento de que hoy en día hay ya estudio académico muy serio, hay mucha gente en universidades que está publicando trabajos sobre tantra. Esto me parece que va a ser parte de un movimiento que transformará cómo la gente experimenta el yoga, puesto que, como sabes, cuando hoy la gente dice yoga entiende hatha yoga, pero a través del tantra descubres que hay muchísimo más.

 

Yoga más allá del fitness

Viajando y viendo la evolución del hatha yoga, me da optimismo, porque lo que veo en todas partes es gente que dice cosas como “yo empecé haciendo yoga en mi gimnasio local. No sabía todo lo que había detrás”. Estamos viendo un fenómeno en el que mucha gente empieza por fitness o por motivos X con el yoga y luego descubren todo lo que hay detrás que para mí es una forma de espiritualidad no dogmática, lo cual creo que es una de las claves del éxito del yoga. Cuando la gente se hace más educada no es es tan susceptible de aceptar dogmas porque sí, la gente piensa por sí misma. Lo bonito del yoga es que no es dogmático, tú puedes tener la ideología que quieras. Obviamente las tradiciones del yoga vienen con sus ideas —porque no puede existir algo en un vacío ideológico— vienen con ideas de la India que es la fuente. Pero incluso si estas ideas a ti no te resuenan no hace falta aceptarlas para hacer yoga. Lo fundamental del yoga es la práctica. Veo una revolución en la que cada vez más personas están llegando a lo profundo a través del hatha yoga. 

 

Sin embargo existe un peligro al ofrecer una versión lite del tantra o del yoga…

Podemos desvirtuar la tradición y convertirla en otra cosa totalmente diferente, por ello siento una gran responsabilidad cuando enseño o hablo de yoga de tratar de representar la tradición lo más  fidedignamente, porque si no la estamos bastardizando, transformando en otra cosa que no es. Por ello es importante conectar con las raíces, y luego ya uno decide. Siempre, si uno está enraizado, uno puede crecer mucho y volar muy alto y nunca se pierde. Si uno está enraizado en la tradición, entonces puede ver qué adaptación puede ser conveniente en cierta situación.

 

Académicos y practicantes; siddhas y panditas...

Respeto mucho y agradezco el trabajo académico pero veo que falta algo. Por ejemplo, si hablas de la meditación a nivel teórico, entonces sólo puedes decir cosas como  "existe esta idea" o "afirman los textos", pero si tú haces las prácticas, experimentas la realidad de esto, entonces puedes realmente saber. Cuando yo empecé a estudiar sánscrito y leí otra vez los Yoga-sutras, el primer capítulo sobre la meditación me encantó porque entonces pude relacionarlo con mi trayectoria de meditación, mi propia práctica. Es esencial poder hermanar las dos. Hay que agradecer a los académicos que nos dan el nivel intelectual y el rigor de información, pero es necesaria también la práctica. Esto se suele comparar con saber mucho de cocina pero no probar los platillos.

 

La ciencia materialista, una ciencia sin conciencia

Las mismas actitudes, fanáticas, cerradas, obcecadas, arrogantes, que había por ejemplo en la época medieval con la religión, cuando los sacerdotes creían que ellos eran los portadores de la verdad [pueden observarse hoy en la ciencia]. Luego llega Galileo y dice que la Tierra gira alrededor del Sol y la Iglesia dice que no. Ese tipo de arrogancia, que es una cosa muy humana, la veo hoy en muchos científicos. Claro que la ciencia tiene la ventaja sobre la religión en que se basa en datos y en un método y es un método maravilloso de conocimiento. Pero tiene sus limitaciones; por definición, la ciencia es maravillosa en el campo objetivo, de lo material, el problema es cuando pensamos que es es el limite del conocimiento, que no hay más que aquello que lo que puede analizar la ciencia. El yoga ofrece una propuesta que va más allá de los sentidos y del intelecto, esa propuesta hay que probarla, no se puede ni negar ni afirmar a nivel intelectual, se tiene que probar. Uno entra en estos procesos de meditación y ve lo que descubre.

Uno de los desarrollos de la física cuántica ha sido el empezar a interesarse por la conciencia y empezar a ver interconexiones entre sujeto y objeto. Pero yo soy un poco escéptico en el sentido de que si la conciencia es la subjetividad primaria, no puede ser el campo de la ciencia. El campo de la ciencia es lo objetivo, no puedes medir lo subjetivo. Para ello hay herramientas distintas, ahí es donde entra el yoga. A mucha gente le da miedo lo de la subjetividad, pero hay muchas experiencias básicas de la humanidad que son subjetivas, por ejemplo, la experiencia del amor, pero no tenemos problema con esto, lo podemos comunicar. Yo no sé si tu experiencia del amor es exactamente igual a la mía, pero si nos comunicamos descubrimos que estamos hablando de lo mismo. En el yoga ocurre exactamente igual, cuando hablas con una persona que tiene experiencia, que ha practicado meditación cierto tiempo, que ha descubierto ciertas cosas, te das cuenta que es lo mismo que tú has estado andando. Ves la literatura y ves lo mismo. Creo que podemos decir que, aunque en el campo de lo subjetivo, podemos establecer criterios  y parámetros para progresar. Uno de los problemas de la ciencia es que [en ella] se ha estigmatizado lo subjetivo y se ha privilegiado lo objetivo. Claro que lo objetivo es muy importante para la ciencia, pero fundamentalmente la vida es subjetiva, la experiencia es subjetiva.

 

La visión tántrica no-dual

Es una misma conciencia la que se manifiesta en forma de sujeto y objeto... Me llama la atención que en estas tradiciones no-dualistas que explican la evolución de la conciencia, el énfasis sigue siendo en lo subjetivo. El interés nunca es analizar lo objetivo… Cuando ves una cosmología tántrica no tiene una finalidad en sí misma, “Miren, ya sabemos lo que es el universo”, sino que sirve como paso, como mapa para la práctica, el enfoque siempre está en la práctica, en la experiencia personal.

Debemos darnos cuenta en algún momento de que el único camino es yendo hacia dentro, investigando lo que yo llamo la última frontera, porque hemos progresado tanto en nuestro conocimiento de lo objetivo y somos a la vez tan ignorantes en lo subjetivo. La conciencia que es lo más básico es lo más misterioso. En la India ha sido al revés, se han dedicado a investigar la conciencia 2 mil 500-2 mil 800 años como mínimo. Quizás más, pero históricamente podemos decir que como mínimo estas fechas. 

Lee la segunda parte de la entrevista

Sitio de Carlos Pomeda

Twitter del autor: @alepholo

La sexualidad puede convertirse en un sacramento

El ocultista británico Aleister Crowley, una de las figuras más influyentes en la magia sexual moderna, consideraba que "Dios es el instinto sexual", en una provocadora frase que en realidad es bastante razonable si se considera que la sexualidad es la versión microcósmica de la creación del universo. Crowley creía que la sexualidad era sagrada y debía tratarse como un "sacramento", algo que hacía literalmente ya que utilizaba el semen y los jugos vitales para preparar lo que llamaba "la galleta de la luz" dentro de la "misa del fénix".

Buena parte de esta veta sexual de Crowley probablemente fue desarrollada a partir de sus viajes a Asia, donde entró en contacto con prácticas yóguicas y tántricas. En el tantrismo hinduista se realiza lo que se conoce como el maithuna, la cópula tántrica en la que la pareja se asume como una divinidad, Shiva y Shakti en el caso más común. En el acto sexual tántrico se incorporan diferentes mudras, mantras y yantras para crear un estado de conciencia exaltado y las prácticas pueden ser dirigidas como oraciones para producir un efecto en el mundo o incluso como meditaciones para investigar la naturaleza de la conciencia (esto ocurre también en el tantra budista Karmamudra). A menudo se llega a estados de éxtasis donde se pueden producir realizaciones o epifanías de la naturaleza no-dual de la existencia. La mayoría de estas prácticas predican la retención del semen, lo cual no es lo mismo que evitar el orgasmo --y en el caso de la mujer el orgasmo femenino suele ser fuertemente alentado, incluso existen técnicas en las que el yogui absorbe el flujo orgásmico de la mujer, ya sea una eyaculación grosera o una sustancia sutil. En caso de que el practicante eyacule, se suele llevar el semen al tercer ojo, literalmente como bindu (palabra que significa "punto", como el que se usa como un adorno simbólico del tercer ojo, pero es también el punto desde el cual se origina el cosmos y es también la palabra que se utiliza para referirse al semen). En este sentido podríamos decir que parece apropiado guardar las "balas seminales" y utilizar la retención del orgasmo como una alquimia interna para cultivar la energía del cuerpo, lograr el misterio de que "la serpiente muerda a la Luna y le arranque el jugo de la inmortalidad" (lo cual es la descripción de un proceso alquímico de la kundalini). Quizás, y esto es pura especulación, en ciertos momentos, en una boda tántrica, en cierto momento propicio, se podría utilizar la eyaculación, cual relámpago, como una oración abierta, una ofrenda a la tierra, al sol, a la luna, a la amada o a cierta deidad. 

En la alquimia interna china incluso se habla de la extracción (o cosecha) de una "flor de oro" vaginal, unos días antes de la menstruación o 3 días después de iniciada la menstruación, la cual se produce utilizando ciertas técnicas de estimulación sexual. Dice un viejo texto: "El tiempo de obtener la medicina debe ser conocido. ¿De qué otra forma puede unirse el fuego con el agua?... Observa el movimiento de la marea y la aparición de la flor de oro. Cuando la marea llega, el agua inunda. No recojas la flor dorada si ya ha caído".

Aristóteles creía que el semen contenía un pneuma (o espíritu) y que su poder de engendrar venía de un calor que era análogo a las estrellas. Jugando poéticamente con esta idea quizás no somos sólo polvo de estrellas, sino que tenemos el mismo espíritu creativo de dar a luz. 

En Occidente el escritor Paschal Beverly Randolph, popular entre practicantes de la magia sexual moderna, escribió que el momento nupcial --el orgasmo-- es ideal para hacer una "oración". Esto sugiere que el orgasmo es la confluencia o condensación de la energía que es imbuida por el poder de la intención --la intención o voluntad que en diversos sistemas es equivalente a la magia misma. 

El psicólogo Wilhelm Reich en el siglo XX crearía todo un sistema de terapia y medicina basadas en el orgasmo y la liberación del élan vital. Reich incluso llegó al punto de ver la energía orgásmica (energía orgónica) como una sustancia física que cuando se concentraba podía observarse como una energía luminosa azul-violeta. El orgón de Reich parece ser una forma altamente sexualizada del qi o el prana de otras tradiciones. Reich no fue tomado muy en serio por los científicos occidentales e incluso se ha bromeado recientemente con que la razón por la que el cielo es azul es porque está lleno de una sexy energía azul (orgón).

Recientemente Cat Cabral, una sacerdotisa wicca señala que la magia sexual "no habla de cómo ser sexy o aumentar la libido. Sino que se trata de manifestar y conducir la energía sexual para obtener resultados reales". Hay toda una subcultura de realizar hechizos a través del acto sexual, del orgasmo o de los fluidos sexuales que luego son consumidos o utilizados en rituales. Esto es también muy común en los caminos de mano izquierda del tantrsimo (como el kaula). No debería ser necesario decir que en esto debe procederse con sumo cuidado y siempre con la protección y guía de un maestro, de otra manera seguramente se producirán resultados desastrosos o una franca pérdida de tiempo. Prácticas tántricas como estas son guardadas dentro de una tradición justamente por sus peligros. Dicho eso, la sexualidad sí puede beneficiarse fácilmente de un componente de intención mágica, sin la necesidad de los ritos e iniciaciones, y la forma más básica de hacerlo es simplemente encauzarla hacia el amor, la luminosidad y el éxtasis. Todo en la vida se puede hacer como una oración o como una meditación, y esto por supuesto no excluye a la sexualidad. Por el contrario, debido a que en la sexualidad entramos en contacto de manera más directa y desnuda con la energía creativa, es una plataforma ideal para tener una experiencia significativa incluso  "cósmica", de unidad y resonancia con esa mecha creativa que es la vida misma. Para esto técnicas sencillas como mantener un ritmo de respiración o repetir un mantra pueden ser útiles, no pensando en los aspectos mágicos o religiosos, sino solamente para llevar al cuerpo a un estado de relajación energética desde el cual la percepción pueda refinarse y la atención controlarse para acceder a toda la profusión del pulso erótico. 

 

Twitter del autor: @alepholo

 

Imagen: Vivian Shih