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Facebook se beneficia de la información de todos sus usuarios creando la ilusión de que es gratis

Cuando Facebook hizo sus acciones públicas, recibió una valuación de 270 mil millones de dólares pese a que sólo ingresaba 3 millones al año en ese momento. Esta valuación estaba basada fundamentalmente en la noción de que Facebook tenía tantos datos de sus usuarios que eventualmente encontraría la forma de obtener ganancias. Se decía que estaba sentado sobre un Fort Knox virtual.

El escritor Tim Wu señala que la verdadera innovación de Facebook no es su red social en sí misma, sino la creación de “una herramienta que convenció a cientos de millones de personas a que le dieran tanta información personal a cambio de tan poco”. Lo que significa que Facebook está alimentado por una oportunidad de arbitraje, esto es, “la diferencia entre cuánto Facebook recibe, y lo que cuesta simplemente proveer un lugar para socializar”. Es decir, estamos en la parte perdedora del trato, por lo cual resulta lógico pensar que Facebook nos debería estar pagando por nuestra información.  

Wu mantiene que el éxito de Facebook yace en que nos hace pensar que es un servicio gratis, y todos sabemos lo que genera la sensación de tener algo gratis en este mundo. Aparentemente uno no está entregando nada; este proceso de darle nuestra información y lo que hace con ella no es conspicuo. A diferencia de darle 100 dólares a alguien, al darle nuestra información a Facebook no somos más pobres que antes.

El analista y pionero de la realidad virtual Jaron Lanier compara esto con el trabajo. Uno no es más pobre al entregar una labor, pero sabemos que tiene un valor. Esto es equivalente a la información. No perdemos algo material fácil de cuantificar cuando la entregamos, pero ésta tiene una valor inherente y cuando “miles de millones de personas la entregan a unas pocas compañías, el efecto es una gigantesca transferencia de riqueza de los muchos a los pocos”, dice Wu. 

Entregar nuestra información a las grandes compañías hace que el mundo entero se vuelva “más comercialmente personalizado. Se vuelve más difícil ignorar anuncios o intrusiones”. Nos volvemos más vulnerables al mundo externo que nos conoce en algunos aspectos mejor que nosotros mismos y que está desarrollando constantemente herramientas para captar nuestra atención y predecir nuestro comportamiento. No sólo Facebook debería pagarnos, es nuestro deber exigir algo más sustancial por lo que estamos dándole. Nuestra información está ayudando a crear esta gran pecera digital que hace que el mundo se parezca en su totalidad a un supermercado —y que pronto podría tomar la forma de uno de esos enormes centros comerciales abandonados. 

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Esta ingeniosa actualización de "¿Dónde está Wally?" lleva el juego al formato 360º

¿Dónde está Wally? es para muchos un recuerdo tal vez grato, o no, pero sin duda añorable. Para muchos es una de esas cosas que se encuentran en el desván de la memoria infantil, junto con las caricaturas del domingo por la mañana, ciertos juguetes, el cereal azucarado y alguna otra correría.

Wally es un personaje creado por el ilustrador inglés Martin Handford, quien lo dibujó en 1986 para la casa editorial Walker Books a petición de su director de arte. Handford imaginó un viajante con pinta de distraído y atolondrado que por su peculiar vestimenta siempre terminaba perdido en el entorno.

Este dibujo tenía como propósito ser un entretenimiento para los niños, quienes tenían que encontrar a Wally –enfundado siempre con su gorro y suéter de franjas rojas y blancas y sus pantalones de mezclilla azules– en ambientes tan disímiles como la fiebre del oro de mediados del siglo XIX, una estación común de trenes o una feria.

El libro gozó de una excelente recepción mundial, al grado de que traspasó las fronteras del Reino Unido e incluso dio origen a una franquicia que incluyó una serie animada, juguetes y videojuegos.

Para los nostálgicos, Kevin Hohler, diseñador y fotógrafo, recién compartió en las plataformas 360-drawing.com y kuula.co una ingeniosa actualización de este juego visual. Un “¿Dónde está Wally?” que aprovecha la tecnología 360º de las imágenes digitales.

¿Qué te parece? ¿Te animas a revivir la emoción de buscar y buscar, con cierta impaciencia, animado por la satisfacción futura de encontrar?