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Cada droga tiene un relación indisociable con una cierta cultura: una generación genera sus drogas, pero a la vez es generada por las drogas

El historiador Cody Delistraty tiene la interesante tesis de que las drogas y la cultura forman una relación de estrecha retroalimentación en la que una genera a la otra y viceversa. A veces es la cultura la que produce una droga para responder a una carencia o inquietud, pero a veces es una droga la produce toda una cultura. De aquí se deriva la tesis de que como cultura o como generación obtenemos las drogas que merecemos. 

"Las drogas elegidas para marcar la pauta de una cultura en el último siglo han simultáneamente ayudado a definir lo que cada generación ha deseado y de lo que ha adolecido". La droga del día, dice Delistraty

apunta a una interrogante cultural que necesita una respuesta, sea la sed de trascendencia espiritual, de productividad, de diversión, de excepcionalismo o de libertad. De esta forma, las drogas que tomamos actúan como un reflejo de nuestros deseos más profundos y de nuestras carencias, los sentimientos básicos que crean las culturas en las que vivimos.

Así podemos asociar el deseo de trascendencia espiritual, de paz y libertad con el LSD en los 60 (curiosamente el LSD en los 50 fue más antidepresivo, una forma de escapar a la aburrida vida de los suburbios), el regreso de la cocaína en los 80 con el surgimiento de los yuppies y la alineación conductual con los dictámenes del mercado bursátil, y el Adderall y el Modafinil ya en este nuevo siglo con la búsqueda del aumento cognitivo que forma parte de la revolución digital de Silicon Valley, la idea que podemos autoprogramarnos y hackear nuestro cerebro para ser más productivos. 
 
Delistraty cuenta que la cocaína en su momento fue parte de una rebeldía a las apretadas normas victorianas en favor de la idea de que "todo se vale", "la época del Jugendstil y el surgimiento de las políticas sociodemocráticas". Después de la primera gran guerra, en tiempos más negros, cuando la moral victoriana había sido superada y ya no había este entusiasmo extrovertido, la cocaína perdió su atracción --además de que fue prohibida, ya que era una "invención alemana" que hacía esclavos a las personas. Esto hasta un nuevo brote en los 80, cuando ayudó a conformar la cultura del capitalismo y el estado frenético de esta cultura simbolizada por el corredor de bolsa y el "emprendedor egoísta". La cocaína en su avatar se volvió una droga propia de la etapa de Thatcher y Reagan, lo que Delistraty llama "un férreo conformismo", tendencia opuesta a su origen a finales del siglo XIX y principios del XX.  

Otra instancia notable fue la de los barbitúricos en los 50 en los suburbios de Estados Unidos. Esta droga fue un fenómeno cultural estrechamente ligado a las mujeres deprimidas, neuróticas y frustradas que enfrentaban el opresivo papel de ama de casa en el entorno alienado de los 50, mujeres de las que se esperaba que no hicieran nada más que "encontrar la satisfacción en la pasividad sexual, en el dominio patriarcal y en el nutrimiento del amor maternal", dice Delistraty, y podemos agregar también en el consumo, particularmente en la felicidad de los electrodomésticos. Para lidiar con esta atmósfera alienante se empezaron a consumir altas cantidades de barbitúricos, los cuales son efectivos hipnóticos y sedantes del sistema nervioso central, el escape que estaban buscando. Curiosamente el LSD en los 50 fue una droga, en ese entonces legal, que era utilizada más como un antidepresivo que como un alcaloide místico. Se documentaron más de 40 mil casos de terapia con LSD, la gran mayoría exitosos, incluyendo el del actor Cary Grant. El LSD era usado como un agente terapéutico para liberar a las personas de la opresiva hipocresía de la cultura de los 50, donde todos tenían que guardar las apariencias y sonreír al mundo (de aquí Philip K. Dick sacó su noción de los mundos falsos) --Cary Grant, por ejemplo, debía fingir que no era homosexual para cuidar su carrera.

Delestraty explica que si bien muchas drogas son empleadas como soluciones a interrogantes culturales, en ocasiones se manufacturan problemas culturales para vender drogas. El caso más conspicuo es el de del trastorno de déficit de atención, que ha permitido la venta de fármacos como el Ritalin y el Adderall. Las cifras son apabullantes: del 2003 al 2011 se incrementó el diagnóstico del ADHD un 43% en Estados Unidos. Algo similar puede trazarse con los antidepresivos. Hay casos, sin embargo, que son más difusos; por ejemplo, el éxtasis. ¿La cultura rave fue creada por el éxtasis o simplemente la cultura rave surgió y encontró en el éxtasis la sustancia del zeitgeist que ya estaba surcando? O el caso del ama de casa deprimida, que lleva a preguntarnos si lo que ocurre no es que la misma imagen cultural del ama de casa deprimida es creada para poder medicar esta condición y sacar provecho económico de la misma.

Un caso actual es el de las sustancias nootrópicas conocidas en inglés como "brain enhancement drugs", sustancias que mejoran el rendimiento cognitivo --al menos mientras uno está en la cresta del efecto. Estas sustancias, como el Modafinil, son particularmente abusadas por estudiantes de las mejores universidades del mundo. El escritor Stuart Walton, "teórico de la intoxicación", dice que estas sustancias "disimulan la banalidad del trabajo en doble sentido. Conducen al usuario a un estado de alta excitación y simultáneamente lo persuaden de que debe de ser su éxito en el trabajo lo que le hace sentirse tan eufórico". Estas drogas se retroalimentan de la autosatisfacción del éxito y la productividad y por lo tanto responden a una cultura en la que los logros personales en el trabajo son vistos como la razón de la existencia. No sólo se vuelve más productivos a los usuarios, sino también se les permite depositar más de su valor emocional y felicidad en el mismo trabajo.

En tiempos recientes estamos viendo también una nueva presentación de las drogas en las que ya no son "balas mágicas" que uno toma una vez o de vez en cuando para lograr resolver un problema. Las drogas se están convirtiendo en sustancias de alto mantenimiento, que deben tomarse siempre. Incluso se han vuelto parte de nuestra identidad. Las personas ahora ya sienten que sólo son ellas mismas cuando toman cierta droga, como puede ser ese antidepresivo que llevan 20 años tomando. Walton sugiere que el modelo tradicional de las drogas que hacen algo a un usuario pasivo podría estar transformándose y podría ser reemplazado por sustancias "que permiten que el usuario se convierta en otra persona completamente distinta", sustancias que nos permitan escapar de quienes somos, lo cual no puede dejar de leerse como un signo de un tiempo en el que se conjuga la seducción de los mundos virtuales de la tecnología con un profundo malestar con la propia realidad.

Turismo psicodélico millennial ha puesto en riesgo a la ayahuasca, advierten curanderos

Psiconáutica

Por: Pijamasurf - 01/25/2017

Las bondades de la ayahuasca y toda su tradición medicinal se encuentran amenazadas por la ola de popularidad global que ha hecho que la planta empiece a ser sacada de su contexto sagrado

La ayahuasca se ha convertido en un trend global en los últimos años, promovida por científicos lo mismo que celebridades como una poderosa medicina psicodélica. El rápido incremento en su popularidad ha sido acompañado de la mercantilización de este brebaje ante una alta demanda, todo lo cual empieza a impactar profundamente a la población de zonas donde tradicionalmente se toma la ayahuasca, hasta el punto de que las reservas naturales empiezan a estar en riesgo.

Un reporte de la Conferencia Mundial de la Ayahuasca en Brasil mantiene que en algunas partes de Perú la liana B. caapi --una de las plantas que se combinan para producir el brebaje-- se encuentra en riesgo de ser erradicada, ya que además es casi imposible de plantar. Y en los últimos años se ha triplicado su precio, llegando actualmente a 250 dólares el litro.

Vegetalistas (curanderos o chamanes) locales han advertido que los hombres occidentales están buscando "patentar su ritual" e introducirlo a la lógica capitalista, lo cual no sólo lo descontextualiza de su uso sagrado, sino que hace que el consumo de la ayahuasca sea peligroso y su propio poder curativo se ponga en riesgo. Actualmente han brotado numerosos centros que ofrecen "ceremonias de ayahuasca", algunos fuera de la selva amazónica, y en los cuales se combina la ayahuasca con todo tipo de terapias new age. Y si bien algunos tienen nobles intenciones de llevar la medicina a personas que la necesitan, muchos de ellos buscan generar ingresos a partir de la ayahuasca sin tener los conocimientos tradicionales que permiten que su uso ocurra de manera segura. Por otro lado, han brotado distintas páginas de Internet --incluso en Facebook-- donde se venden las plantas necesarias para que una persona haga su propia ayahuasca. Los vegetalistas advierten que esto es peligroso ya que la ayahuasca es una sustancia muy poderosa que dentro de un ambiente poco propicio o combinada con otras sustancias, como pueden ser ciertos fármacos, puede tener efectos no deseados que pueden llevar a episodios psicopatológicos o provocar accidentes.

El uso excesivo de la ayahuasca y su mercantilización conllevan el riesgo adicional de que la planta puede ser luego percibida como un riesgo y prohibida o controlada por las industrias farmacéuticas. Esto podría tener el efecto de hacer que los pobladores locales, quienes se dice que han utilizado la medicina por alrededor de 50 mil años (según mantiene el vegetalista Don José Campos en un reciente libro), pierdan acceso a su propia medicina y, como dice uno de ellos, tengan que ir a la farmacia para curarse, cuando ellos prefieren ir "a la farmacia natural de la selva". Asimismo, mientras que ellos podrían dejar de tener acceso a la ayahuasca, el brebaje podría seguirse produciendo con otras plantas de otras partes del mundo que contengan los ingredientes activos o incluso de manera sintética, lo cual podría diluir en gran medida el poder de las plantas, las cuales son considerados espíritus por los vegetalistas.

Otros consideran que la comercialización de la ayahuasca se encuentra en un proceso irreversible y que lo que los pobladores locales deberían hacer es asegurarse de que reciban beneficios económicos de este proceso. 

Se trata indudablemente de un tema muy delicado y complejo. Hay personas de todas partes del mundo que buscan sanar o tener una experiencia de transformación con una intención genuina, pero al aumentar la demanda de este brebaje lo insertan en una lógica de mercado, la cual tiende a destruir toda tradición que para preservarse necesita mantenerse alejada de esta misma lógica donde lo principal es obtener ganancias monetarias. Los mismos chamanes del Amazonas consideran que el mundo se podría beneficiar de esta medicina; sin embargo, el cómo se toma es tan importante como el qué se toma y lamentablemente, en el mundo moderno, la apropiación masiva de todo ritual y de todo "sacramento" tiende a despojarlo de su poder y volverlo un facsímil rebajado del original.