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El sueño lúcido como una poderosa herramienta soteriológica y política

AlterCultura

Por: Héctor X - 01/23/2017

La práctica del sueño lúcido es un acto político que permite liberar el territorio de la mente

El primer territorio a liberar es nuestra mente.

Ejército Zapatista de Liberación Nacional

 

Inevitablemente embarrados del pesimismo y del lavado de cerebro mediático que padecemos gran parte de la población humana, palabras como “revolucionario soñador”, “sueños de libertad”, “soñar despierto”, etc., rara vez provocan en muchos de nosotros poco más que hastío, frustración y risa; no obstante, queriéndonos curar de la obviedad de la habladuría popular, es oportuno que repensemos y revigoricemos la importancia que el sueño lúcido tiene como herramienta, además de soteriológica, política. 

Innumerables activistas y pensadores que reivindican los derechos humanos no han necesitado probar la abrumadora libertad que otorga el soñar lúcidamente para reclamar la libertad colectiva en la vigilia (pues cuando la opresión colectiva es demasiada, los motivos sobran para que la insumisión se imponga), sin embargo, es probable que, debido a ello, hayan pasado por alto una potente herramienta libertadora que podría sernos de utilidad a muchos que no conocemos la emancipación externa e interna. Ya verán los lectores qué queremos decir con el siguiente ejercicio mental: imaginémonos en una situación crítica en donde tenemos el deber de cumplir determinada ocupación, la más apremiante que nos podamos imaginar (la que quiera el leyente, puede ser desde el deseo de lavarse las manos por un trauma obsesivo compulsivo hasta evitar una eyección de armas nucleares por parte de algún psicópata gobierno, depende de lo que nos apure de ordinario, claro), pero de pronto sucede algo en nosotros o en el “exterior” que nos hace caer en la cuenta de que estamos soñando y que, a pesar del gran apuro por completar nuestra tarea, de nada servirá lograrla porque estamos soñando, y los sueños, sueños son.

Lo que los soñadores lúcidos suelen experimentar en este instante en que se dan cuenta de que no tiene importancia lo que hagan o no hagan, porque sueñan, es la libertad en sí, o, lo que es lo mismo y escribiendo como sartreanos, el hombre se realiza como tal, pues el hombre es libertad. Este momento de sublime maravilla en que, en un sueño lúcido, el humano se percibe como pura potencialidad libre (como una “nada”, diría Jean-Paul Sartre –si bien para Sartre no eran posibles los sueños lúcidos), cuando sabe que los límites de su capacidad de acción son directamente proporcionales a los límites de su acción mental, suele conmover demasiado al soñador, a grado tal que se despierta de la emoción y de nuevo se encuentra en la vigilia (pero ese no es problema porque, con práctica, serenidad y paciencia, la experiencia lúcida onírica puede extenderse tanto como se desee).

Así pues, admirables practicantes del yoga del sueño (práctica en la que soñar lúcidamente es el fundamento), tales como el propio XIV Dalái Lama, Chögyal Namkhai Norbu, Tenzin Wangyal Rinpoche, Allan Wallace, Michael Katz, Stephen Laberge, etc., enfatizan que la finalidad de la práctica es adquirir la sabiduría de que, no importando si estamos dormidos o despiertos, todo el despliegue interminable de experiencias que se manifiestan en nuestro continuo mental es una ilusión transitoria, es decir, el objetivo es trasladar la visión de que lo que vivimos en la vigilia es tan irreal como lo que vivimos en un sueño. 

Ahora, referido lo anterior, ¿qué repercusión política puede tener la libertad descubierta por el soñador lúcido? Que también se reconozca libre en la vigilia, que descubra que el estado, las leyes, las modas, las culturas, los ídolos, etc., no son más que meras sugerencias y que nadie tiene potestad para reprimir su elección, misma que siempre debe ser ejercida (por lo menos en la vigilia –ya que no nos vamos a meter ahora con la ética onírica) respetando siempre los derechos humanos (y hasta derechos de los no humanos). En los sueños lúcidos aún podemos visitar ese territorio libre, alegre y rebelde al que ni siquiera la intromisión represora de los gobiernos puede acceder (como sí lo hace ya con todas nuestras cuentas virtuales). Los sueños lúcidos pueden regalarnos la sabiduría de ese fruto prohibido que es el libre albedrío y que, contrario a la interpretación bíblica tradicional, seguramente no nos expulsará del paraíso, al contrario, nos devolverá a él, pues esa libertad nos permitirá ayudar a construir ese mundo en donde caben muchos mundos. 

 

Lecturas recomendadas

Dalái Lama, F. V. (2009). Dormir, soñar y morir: una exploración de la consciencia. 

Holecek, A, S.L. (2016). Dream Yoga: Illuminating Your Life through Lucid Dreaming and the Tibetan Yogas of Sleep.

Katz, M. (2011) Tibetan Dream Yoga: The Royal Road to enlightenment

Norbu, C.N. (2002). Dream Yoga and the Practice of Natural Light.

Wallace, A. (2012) Dreaming Yourself Awake: Lucid Dreaming and Tibetan Dream Yoga for Insight and Transformation. 

Wangyal, T. (1998). The Tibetan Yogas of Dream and Sleep.

Ante el inminente colapso de la sociedad, aprende a desprenderte de tus posesiones

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/23/2017

Un poco de limpieza apocalíptica para estar ligeros y en sintonía con los tiempos.

Es difícil decir si se trata del pánico, la paranoia o simplemente el análisis concienzudo de los hechos, pero muchas personas creen que estamos en un punto crítico en el que se acerca una especie de colapso de la economía, de las instituciones y en general de la realidad --al parecer el planeta ya no aguanta nuestro modelo de vida y al parecer también hemos empoderado a seres humanos tiránicos y deludidos, los cuales de cualquier manera tienen que ser el reflejo de nuestra sociedad. Todo parece ser una broma, cargada de humor negro. Más allá de esta situación o de este dudoso diagnóstico (como dijera un escritor italiano, siempre es el Kali Yuga) lo que sí es evidente es que en algún punto, probablemente no tan lejano, el mundo como lo conocemos colapsará y tendremos que vivir de manera más austera y sencilla, al menos si queremos hacerlo sobre la faz de este planeta (y no en otra estrella o en un mundo de realidad virtual). 

Por ello parece ser apropiado al menos empezar a pensar en cómo sería un mundo apocalíptico o un mundo simplemente rústico y sin muchas cosas. Parece inteligente dejar de identificarse demasiado con nuestras posesiones y considerar la posibilidad de que todo lo que nos da seguridad material se modifique radicalmente. Para que este proceso no sea tan traumático, siempre es importante dejar de tomarse tan en serio (el mundo y uno mismo). Al rescate las caricaturas de limpieza apocalíptica de Tom Gauld de la revista New Yorker.

 

 

Mientras que la sociedad colapsa a nuestro alrededor y nos aferramos a la vida entre las ruinas, es muy importante tener tener una hogar agradable y organizado en el cual resguardarse. 

 

Un ambiente pulcro aclarará tu mente y te dará más tiempo para enfocarte en las cosas verdaderamente importantes en la vida, como pepenar la basura en busca de comida y proteger tu casa de insectos gigantes.

 

 

Quédate sólo con cosas que te llenen de alegría o sean útiles. Por ejemplo un juguete que evoca memorias felices de la infancia, o un hacha que puede decapitar un robot asesino.

Y si un objeto no parece producir alegría, dale las gracias y déjalo partir. Pero hazlo de manera callada para que no atraiga la atención de las cosas monstruosas debajo de la Tierra.

No sientas la necesidad de quedarte con regalos no deseados. Deshacerte de ellos calladamente es más fácil que nunca, ahora que la Tierra está cubierta con pozos insondables de fuego sulfúrico.