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Nuestra atención determina en gran medida que aparece como "la realidad"; físicos modernos, pensadores budistas y William James nos sirven para definir la realidad en sus componentes esenciales

Por milenios filósofos han debatido sobre la naturaleza de la realidad y si ésta existe de manera independiente de nuestra mente. Si bien es posible que el mundo exista independientemente de nuestra mente, nos encontramos con una limitante para afirmar esto, ya que todo lo que conocemos lo conocemos a través de nuestra mente. El profesor de astrofísica de la Universidad de Rochester, Adam Frank, lo explica:

Desde la perspectiva fenomenológica uno dice "claro que hay un mundo allá fuera". Pero si eres realmente honesto, debes de admitir que el único acceso que tenemos a él es a través de nuestras experiencias íntimas continuas, el "ser" que hace el "aquí"... Así que aunque nos gusta imaginar mapas del mundo objetivo, nadie nunca logra experimentar eso. En cambio, tenemos esta notable interacción entre aquello que sea que somos y aquello que está allá fuera (lo que sea que eso sea)... Así que probablemente, no podemos sustraernos de la historia del universo.

Es decir, no conocemos directamente la realidad como tal, sino nuestra descripción de la realidad --la cual es mediada por el lenguaje y nuestra interpretación mental de un mundo físico--; esta descripción puede o no ajustarse a esa realidad que suponemos existe "allá fuera", por así decirlo, pero nunca podemos comprobar que nuestros modelos sean idénticos al mundo que hipotéticamente está "allá fuera", sólo podemos confiar en el consenso o en la convención. Este es un problema que Kant había detectado pero que hoy en día la física cuántica ha refinado. Werner Heisenberg famosamente dijo que lo que observa la ciencia no es la naturaleza en sí, es sólo la naturaleza expuesta a nuestro método de interrogación. Como tal es absurdo hacer afirmaciones sobre una realidad independiente de nuestra observación de la misma o sostener nociones como la exixstencia de un mundo "allá fuera" (en realidad la distinción entre exterior e interior queda seriamente puesta en duda). Es por ello que estrictamente la física cuántica, bien entendida, significa un profundo estremecimiento de la estructura del pensamiento y la visión del mundo, un sacudimiento que, sin embargo, no ha alcanzado a nuestra sociedad en su conjunto, la cual se mantiene bajo la visión general de la física clásica (acaso porque lo que implica la física cuántica es tan radical que preferimos simplemente decir que debe tratarse de un error o que no tiene relevancia en nuestra vida ordinaria).

Anton Zeilinger expresa esta interdependencia entre nuestra cognición de la realidad y la realidad como tal:

Uno podría estar tentado a asumir que cuando le hacemos preguntas de la naturaleza, al mundo allá fuera, existe la realidad independiente de lo que digamos de ella. Sostenemos, en cambio, que esta posición no tiene sentido. Es obvio que toda propiedad o rasgo de la realidad "allá fuera" sólo puede estar basado en la información que recibimos. No puede haber ningún tipo de afirmación sobre el mundo o sobre la realidad que no esté basada en dicha información.

Para que exista información, necesita haber cognición, una mente para la cual tenga significado (el llamado mundo objetivo no existe sin una subjetividad que le de sentido). Así entonces no podemos separar nuestro propio proceso cognitivo de la configuración de la realidad.  Otro físico renombrado, Andre Linde, explica:

El universo cobra vida (dependencia temporal) sólo cuando uno lo divide  en dos partes: un observador y el resto del universo. Entonces la función de onda del resto del universo depende de la medición de tiempo del observador. En otras palabras, la evolución sólo es posible con respecto al observador. Sin un observador, el universo está muerto.

Podríamos seguir con este tipo de observaciones, pero para fines prácticos remitimos a quien esté interesado a este documento del maestro budista y físico Alan Wallace, quien ha recopilado muchas de estas frases sobre la interdependencia entre los fenómenos (o la realidad) y la observación de los mismos. 

Ahora bien, habiendo establecido que existe una interdependencia entre la realidad y nuestra observación de la misma (o nuestra mente), de todas maneras queda la cuestión, ya más filosófica que física, de explicar esto de tal forma que tenga sentido en nuestra vida y podamos incorporar esta visión de la realidad a nuestra experiencia. Podemos indagar filosóficamente y pensar como los budistas del mahayana y en adelante que la realidad es vacuidad en tanto a que ninguna cosa tiene existencia inherente, es decir todo es relativo a nuestra medición e interpretación de los fenómenos, de lo que se desdobla una conceptualización de las cosas en sí (la cual confundimos con la "realidad"). Podríamos tomar la visión de que entonces el mundo es como un sueño, ya que es relativo a nuestra mente y  puede considerarse una ilusión (donde nosotros mismos somos los ilusionistas que tomamos nuestros espejismos como autónomos). Y podríamos obtener mucho provecho de esta visión (escribí sobre ver el mundo como si fuera un sueño dentro del contexto budista aquí). Si bien podemos tomar una perspectiva de que la realidad no existe como tal, y podemos deconstruir los fenómenos para encontrar como surgen en interdependencia a nuestra mente, podemos también optar por una contemplación de todas las apariciones como reales, si bien sólo relativas y momentáneas, reconociendo que es nuestra atención la que les brinda su coeficiente de realidad. Ambas perspectivas no se contradicen, son sólo estilos distintos que in-forman nuestra experiencia. Esta última tiene un importante antecedente en la psicología occidental en la obra de William James, el psicólogo pionero en el estudio de la experiencias religiosas.  "Por el momento, eso a lo que atendemos es la realidad", escribió James hace más de un siglo. Simplemente, en su unidad más básica, la realidad es aquello a lo que le pones atención. Puede que existan otras cosas, pero mientras no entran en el espectro de tu atención, tienen nula influencia en la configuración de la realidad que experimentas. Alan Wallace glosa ésta frase en su libro The Attention Revolution:

Nuestra facultad de atención nos afecta de innumerables formas. Nuestra percepción de la realidad está estrechamente vinculada a dónde ponemos nuestra atención. Sólo aquello a lo que le ponemos atención nos parece real, mientras todo lo que ignoramos --no obstante que tan importante pueda ser-- parece desvanecerse en la insignificancia. El filósofo y pionero de la psicología moderna William James hizo este punto hace más de un siglo: "Por el momento, eso a lo que atendemos es la realidad"... Cada uno de nosotros elige, en la forma en la que atiende a las cosas, el universo en el que habita y las personas que se encuentra. Pero para la mayoría de nosotros esta "elección" es inconsciente, así que en realidad no es una elección.

Wallace sugiere incluso que lo que llamamos nuestra identidad no es más que el cúmulo de las cosas a las que le hemos puesto atención y, ya que suscribe a la teoría de la reencarnación, nuestra realidad en este instante estaría siendo configurada por la acumulación de todas las cosas a las que hemos atendido por incontables vidas, lo cual sería igual al esmalte del mundo que vemos:

Lo que viene a la mente cuando nos preguntamos "¿quién soy yo?" consiste de esas cosas a las que le hemos puesto atención a lo largo del tiempo. Lo mismo ocurre con nuestras impresiones de las demás personas. La realidad que nos aparece no es tanto lo que está allá fuera sino los aspectos del mundo en los que nos hemos enfocado. La atención es siempre altamente selectiva... Sugiero que sí fueras capaz de enfocar tu atención a voluntad, podría realmente elegir el universo en el que aparentas habitar. 

Quizás el mundo exterior que nos parece tan sólido, estable y predecible no sea más que un hábito de atención construido por incontables eones y reforzado cada microsegundo. La solidez y la inmutabilidad de la realidad un túnel que secuestra nuestra atención, dentro de un multiverso de amplitud.

William James había sugerido que la capacidad de controlar la atención a voluntad era la marca de un hombre de genio. Alan Wallace mantiene, siguiendo la tradición budista, que la atención puede entrenarse hasta el punto de lograr verdaderas hazañas de la concentración, como puede ser mantener la mente concentrada en un mismo punto por hasta cuatro horas --en lo cual consiste el logro de la meditación shamatha. En la tradición budista se dice que cuando se logran estos niveles de atención --que van de la mano de una pacificación de la mente, o samadhi- -pueden surgir ciertos poderes o siddhis, los cuales hoy vincularíamos con capacidades psíquicas como la visión remota, la clarividencia, la telepatía y otras. Sin embargo, uno de los poderes que surgen con este dominio de la atención, según el budismo, es que se puede entrar a planos de absorción meditativa en los que se experimenta completa paz, relajación y gozo. Estos son los estados que llevan a los practicantes a los mundos superiores, a los planos de los devas o dioses, más allá del mundo del deseo (kamadhatu). A final de cuentas es la atención la que configura la realidad que experimentamos. Sin embargo, el budismo advierte que la finalidad del cultivo de la mente en la concentración unipuntual no es lograr estos estados de absorción sino la liberación total del ciclo de renacimiento (el samsara), para ellos la concentración o samadhi debe ser actualizada con la sabiduría y el análisis de la realidad, así como también con la motivación para actuar y liberar a los demás (esto en el camino del mahayana, el vehículo universal). Así que tenemos este peligro en el control de la atención, que si bien parece ser algo con lo que sólo tendríamos que lidiar en etapas más avanzadas, es importante tener en cuenta para evitar marchar hacia el sofisticado hedonismo de una mente dúctil --la motivación no es el placer, es la sabiduría.

 

Twitter del autor: @alepholo

Más allá de la dualidad onda-partícula de la luz: la inefable no dualidad de los fenómenos y la conciencia

Se ha respondido al problema que plantea el famoso experimento del gato de Schrödinger diciendo que el gato (un sistema cuántico) existe en un estado de superposición hasta que es observado (o hasta que se realiza una medición) y por lo tanto, desafiando la lógica, el gato está vivo y muerto. Sin embargo, quizás sería más acertado decir que el gato no está ni vivo ni muerto, que todo lo que digamos sobre él antes de observarlo es baladí. Esto es lo que discutiremos aquí: el gato no existe de manera independiente de la observación, antes de observarse no está vivo ni muerto, ni existe ni no existe. Sólo hay el silencio del gato.

Otra forma de entender esto es con el famoso experimento de la doble rendija en el cual se disparan fotones individuales por dos rendijas. Cuando se utilizan detectores para medir esta trayectoria la luz se comporta como una partícula, cuando no se usan la luz se comporta como una onda. Según el renombrado físico Anton Zeilinger, "el camino tomado por un fotón no es un elemento de la realidad, no se permite hablar de que el fotón pasó por esta rendija o esta otra rendija, ni que los fotones pasaron por las dos rendijas, este tipo de lenguaje no es aplicable". Para Zeilinger esto significa que el mundo no es real como creemos, es más extraño de lo que imaginamos. 

Zeilinger suena un poco como Nagarjuna, el gran maestro de la escuela madhyāmika (el camino de en medio), en la que se desarrolla, en la segunda vuelta de la rueda del dharma, la noción de que todos los fenómenos (dharmas en sánscrito) están vacíos de existencia inherente, es decir, existen sólo de manera relativa y desaparecen si se eliminan las cosas con las que están relacionados. "Cuando examinamos entidades físicas mentales o abstractas, encontramos, como resultado del análisis reductivo, nada más que su inencontrabilidad. Así que no se puede hablar coherentemente de identidad o de entidades. Esta es la enseñanza fundamental del madhyāmika", dice el Dalái Lama. En la traducción de Jay Garfield del clásico de Nagarjuna The Fundamental Wisdom of the Middle Way, se dice:

Todo es real y es no real.

Tanto real como no real,

ni real ni no real,

esto es lo que enseñó el venerable Buda. 

Garfield dice en su comentario: "no hay en realidad entidades independientes que corresponden a los términos referentes o a los predicados de nuestro lenguaje". Esto es muy similar a lo que dice Zeilenger, nuestro lenguaje no puede describir la realidad, al menos no a nivel cuántico. Algunas personas han sugerido que el perturbador comportamiento del mundo cuántico no tiene efectos en el mundo macroscópico cotidiano que llamamos realidad, el cual supuestamente se comporta casi exclusivamente bajo las leyes de la física clásica mecanicista. Sin embargo, todas las cosas que componen esta llamada "realidad" a un nivel fundamental son irreales (bajo los parámetros de la realidad clásica), así que el argumento no parece ser muy sólido. 

Nagarjuna considera que la postura de la sabiduría es no tomar ninguna postura, por lo tanto (en un famoso ejemplo) no se dice que el yo exista o que el yo no exista, esta es la esencia del camino medio que no toma los extremos del eternalismo o el nihilismo. En el budismo existen dos niveles de realidad, lo que se llama la verdad absoluta, que es el estado búdico, y la verdad relativa. En la verdad relativa, podríamos decir que la luz es una partícula o que la luz es una onda según cómo la observemos. La verdad absoluta es inconcebible, es decir está más allá de todo concepto, entonces cualquier afirmación que hagamos es una representación y por lo tanto no la realidad misma. El maestro budista y físico Alan Wallace se pregunta ¿qué es la luz cuando nadie la ve? 

Una cosa no puede ser una onda y a la vez una partícula. Tienen propiedades distintas, todos los científicos saben esto... Si usas un sistema de medición, la luz es claramente una onda. Si usas otro sistema de medición, la luz es una partícula... Existe enorme evidencia en este sentido... Pero, entonces, ¿qué es la luz cuando nadie la ve, cuando no estás usando un sistema de medición, qué es la luz objetivamente, desde la perspectiva de Dios? Y la respuesta es un enorme silencio. Es una pregunta sin significado, para la cual no hay ninguna respuesta que puede ser corroborada  o refutada. Anton Zeilinger dice que es una pregunta sin significado. Heisenberg dice "no le atribuyas existencia a aquello que es incognoscible en principio". La naturaleza de la luz independiente de un sistema de medición es incognoscible en principio, por ello no hay razón para llamarla existente. ¿Así que qué está sucediendo realmente, se trata de la historia del Big Bang o de esta otra historia? Qué es lo que está ocurriendo desde la perspectiva de nadie. Y es la misma repuesta. La única invariante a través de todos los marcos cognitivos de referencia es que todos están vacíos de naturaleza inherente... no existen allá afuera, surgen ilusoriamente en relación al sistema de medición. 

Wallace sostiene una ontología relativa, en la que si se "se realizan diferentes preguntas" o se utilizan "diferentes sistemas de medición" una realidad diferente emerge. "Altera tu perspectiva, altera tu sistema de medición y ves una realidad diferente". Esto necesariamente supone que no existe una realidad independiente allá afuera, sino que el universo, o mejor dicho los universos, emergen en relación a nuestra medición o percepción. En esto parecen coincidir el budismo y la física cuántica. Podemos preguntarnos luego por la existencia de la luz. Y la respuesta parece ser la misma --el silencio de la luz, ya que no podemos afirmar que exista la luz independientemente de la percepción o de la conciencia de un fenómeno. La palabra "fenómeno" tiene una raíz que significa luz, algo que quizás sea bastante revelador ya que finalmente todos los fenómenos no existen sino a través de la luz que los revela, tanto la luz del espacio que los hace visibles como la luz de la mente que los hace cognoscibles. Para el budismo la luminosidad es una de las cualidades de la mente en su estado natural (las otras dos, según Alan Wallace, son no conceptualidad y dicha). (En el tantrismo de Cachemira se usa la palabra prakāśa, que significa tanto luz como conciencia, para designar la realidad primordial; algo similar ocurre con la luz clara del budismo tibetano). Así que llegamos aquí al centro no dual del misterio: ¿acaso la luz y la conciencia, los fenómenos que aparecen y la cognición son lo mismo? Y si es así, entonces el universo sólo sería la autopercepción de la luz, por naturaleza siempre la eternidad (a la velocidad de la luz no hay tiempo, nada ha acontecido realmente); luz-mente que es reificada y así surge la ilusión de dualidad, la experiencia de un sujeto separado de un universo de objetos que no reconoce como su propia luminosidad. O, como señala el instructor de dzogchén Elías Capriles, no reconoce que todas las cosas son sus propios pensamientos, las manifestaciones de su propia energía.  

 

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