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El materialismo nos está volviendo cada vez más miserables

Sociedad

Por: Kin Navarro - 12/30/2016

Datos sorprendentes que ponen en perspectiva el estilo de vida consumista que tanto aumenta en estas fechas

Empaques, envolturas, contenedores, hasta lo que llevan por dentro resulta mera superficie, como nosotros. Todo termina en la basura igual. ¿Es ese nuestro destino?

En estas fechas puede resultar inevitable enfrentarse a las exigencias consumistas que nos impone la mercadotecnia y que hemos adoptado con singular pasividad. En una época en la que se pregonan los valores morales y espirituales que deberían unirnos se practican las dinámicas que terminan por enfrentarnos y aislarnos: competencia, atropello, pretensión, envidia.

Comprar no nos hará más felices, al contrario, perseguir un estilo de vida basado en la ilusión del bienestar del consumo sólo nos aleja de la plenitud que creemos estar pagando. Las cosas que acumulamos pesan sobre nosotros, las cosas que compramos para impresionar a otros y agradarnos más sólo nos vuelven miserables. Comprar como estilo de vida es burdo. Compro luego existo: confundimos nuestra autoestima con los ceros en la cuenta del banco.

Mientras más cosas tengo más cosas me faltan, y así interminablemente. No importa nuestra clase social ni el poder adquisitivo que tengamos, nunca será suficiente, nunca se tendrá suficiente. Se trata de un oscuro vacío que crece en nuestro interior y lo devora todo.

Alardear sobre nuestros pequeños o grandes gastos, sobre los lujos que podemos tener (aunque sea de vez en cuando), sólo manifiesta una profunda falta de amor propio y hacia los demás. Porque presumir objetos es darse importancia a partir de algo externo a nosotros con el fin de llamar la atención de otros, provocar envidia y admiración de propios y extraños sin generar un puente o un vínculo con ellos, al contrario, termina por aislarnos aún más. Luchamos por el amor y el aprecio de los demás: una interminable competencia por demostrar(nos) que somos valiosos a través de cosas.

Basta echar un vistazo a las redes sociales para reconocer que hay algo saliéndose de control en nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Para muestra bastan los cientos y cientos de perfiles de adolescentes y jóvenes que se jactan del dinero de sus padres, posan junto a autos de lujo, presumen viajes, muestran bolsas atiborradas de parafernalia opulenta. Deténgase a ver las comisuras de su boca, vea una tras otra sus fotos, revíselas bien, interprete sus posturas, mire su semblante, observe su mirada, encuentre la pegajosa tristeza clavada al fondo de sus ojos.

Relojes, viajes, ropa cara, gadgets ridículos, libros que nunca se leerán, instrumentos que no se han de tocar, animales que luego serán abandonados, paseos en yate, turismo chatarra: todo cabe en el carro del súper si se trata de satisfacer los impulsos que se nos inculcaron desde chicos. Sin importar cuáles son tus intereses o aficiones el mercado está dispuesto a satisfacer tus necesidades. ¿Cómo te quieres mostrar ante los demás? ¿Qué quieres proyectar? Ser para parecer, parecer para ser.

Ofertas, descuentos, rebajas sobre rebajas. Lo más devaluado hoy en día son aquellas cosas que no tienen precio, todo lo que nos es regalado de forma natural y que, por ello, damos por sentado, despreciamos, desperdiciamos. Nuestro entorno, la comunicación interior y con otros, el afecto, la ternura, el cariño, el amor son apenas palabras, un pálido forro para envolver regalos.

Para la mayoría estas aspiraciones son sólo eso, los gastos corrientes no permiten seguir el paso a los grandes derrochadores de bienestar material; si acaso, los más tristes se limitarán a simular ser acaudalados mientras persiguen mes con mes apenas lo necesario.

 

 

Si siente que exagero o que hablo desde el idealismo, pongámonos científicos. Un estudio psicológico más o menos reciente aplicado a varios voluntarios demostró que las personas que tienen una visión materialista de la existencia no sólo son más solitarias, indiferentes, egoístas, sino menos empáticas y agradecidas. Los investigadores tomaron como muestra a un grupo variado de personas de 18 años a los que preguntaron sobre sus valores, su visión del mundo y aquello que era importante para ellos; luego, 12 años después, retomaron las entrevistas. Su sentido de autonomía, de pertenencia, su bienestar y el propósito que dan a su vida fue demolido con cada tarjetazo. Incluso, psicológicamente hablando, eran más propensos a sufrir desórdenes. Al contrario, mientras más se alejaban de una visión utilitaria y materialista del mundo, todo lo mencionado aumentaba y eran más felices.

Otro estudio más observó la vida social de Islandia luego del colapso de su economía. Algunas personas intentaron recuperar el tiempo perdido y se enfocaron en la ostentación y las pertenencias, otras redujeron la importancia que daban al dinero para centrarse en su vida social y familiar. Se encontró una correlación similar al primer estudio: el primer grupo era infeliz, el segundo logró mayor bienestar.

Un tercer estudio mostró a un grupo de voluntarios imágenes de artículos lujosos y mensajes que se referían a ellos como consumidores antes que como ciudadanos o personas. Todos mostraron un aumento en las aspiraciones materiales así como rasgos de depresión y ansiedad. Se volvieron más competitivos y egoístas, se redujo su sentido de la responsabilidad social y eran menos propensos a unirse a causas sociales. Los investigadores concluyeron que estar expuestos a esta clase de mensajes puede disparar estos efectos de manera temporal.

Un cuarto estudio investigó durante seis años a 2 mil 500 personas. Se encontró una correlación entre el materialsmo y la soledad. Mientras más materialistas se volvían crecía su tendencia a aislarse; mientras más aislados estaban, resultaba más fácil que se volvieran materialistas. Nos atamos a las cosas cuando abandonamos nuestras relaciones.

Enfermedades mentales, relaciones rotas y deudas impagables es el rastro que deja el capitalismo a su paso. Para funcionar nos aísla, para sobrevivir lo consume todo. Los consumidores terminan consumidos. 

A través de la visión remota Ingo Swann logró detectar anomalías impactantes en la Luna

AlterCultura

Por: pijamasurf - 12/30/2016

Mediante la visión remota, el psíquico identificó lo que parecían seres humanos operando en la superficie lunar

La visión remota o capacidad de observar a través de actividades extrasensoriales locaciones, objetos o personas que se encuentran a una distancia considerable puede no conformar parte de la cultura mainstream de nuestra sociedad, pero ciertamente ha sido estudiada en laboratorios de diferentes agencias de inteligencia en el mundo. De hecho, según indica Ingo Swann, uno de los pioneros de la visión remota, durante la guerra fría hubo una preocupación de parte del gobierno de Estados Unidos por los programa psíquicos que se estaban llevando a cabo en China y en la Unión Soviética. Claro que todo esto ha sucedido tras un complicado velo de secretos, ya que al parecer una serie de experimentos realizados en la década de los años 30 dejó claro que los seres humanos  tenían muchas más habilidades de las que hasta entonces habíamos creído.

 

Swann, quien se autodenomina como un explorador de la conciencia, cobró cierta notoriedad  entre los círculos interesados en el estudio y prueba de este tipo de habilidades paranormales después de haber conducido un experimento que implicaba utilizar  su visión remota para estudiar Júpiter. Esto sucedió en 1973, cuando Swann propuso a Russell Targ y Harold Puthoff aprovechar que la sonda Voyager visitaría el planeta en 1979, permitiéndoles verificar la información. Entre otras cosas Swann afirmó que Júpiter tenía anillos a su alrededor al igual que Saturno, lo cual era motivo de discusión científica en ese momento y quedó comprobado una vez que se obtuvo información de la Voyager.

 

El experimento le valió a Swann ser contactado por una serie de individuos que trabajaban con tanto secreto que nunca le proporcionaron el nombre de la institución o programa al que pertenecían, pero que le propusieron usar sus habilidades para explorar la Luna. La historia es larga y compleja e Ingo Swann la narró a detalle en su libro titulado Penetration, pero lo más importante del caso es que a través de la visión remota logró detectar diversas anomalías en la Luna, incluyendo lo que parecían seres humanos operando en su superficie.

 

En el capítulo 5 de dicho libro Swann declara que en algunas locaciones parecía que no había nada más que paisaje lunar pero en otras locaciones todo se tornaba mucho más complejo y confuso, de tal manera que hizo muchos bosquejos y trató de identificar los objetos. En sus palabras: 

 

Encontré torres, maquinaria, luces de diferentes colores y “construcciones” de extraña apariencia. Encontré puentes cuya función no pude identificar. Uno de ellos simplemente era un arco que no tocaba el suelo en ninguna parte. Había muchos domos de varios tamaños, cosas redondas, cosas como pequeños platillos con ventanas. Éstos se encontraban aparcados junto a los costados de los cráteres, a veces incluso en lo que parecían ser hangares. 

 

Tuve problemas estimando los tamaños, pero algunas de estas “cosas” eran muy grandes. Encontré cosas que eran como tubos y máquinas que eran como tractores subiendo y bajando las colinas, caminos en línea recta que se extendían por millas, obeliscos que no tenían ninguna utilidad aparente. Había plataformas en los domos y estructuras que parecían como grandes cruces. También había agujeros que parecían estar siendo excavados y que obviamente tenían que ver con algún tipo de operación minera o relacionada a la remoción de suelo. Había “redes” sobre algunos cráteres, “casas” en las que obviamente alguien vivía, sólo que no podía ver quién, con excepción de un caso.

 

En ese caso, vi a una clase de personas ocupadas mientras trabajaban en algo que no pude terminar de entender. El lugar estaba oscuro, el “aire” saturado de un tipo de polvo y había alguna clase de iluminación, como una bruma color verde limón. La cuestión es que o eran humanos o se veían exactamente como nosotros, pero todos eran hombres, lo cual pude notar porque estaban desnudos. No tenía idea de por qué.

 

Interesantemente, después de estos descubrimientos quienes lo exhortaron a participar en dicho experimento lo dieron por terminado sin más explicaciones. Por supuesto el libro de Swann contiene una serie de ideas de por qué tras el primer viaje al satélite terrestre no hubo más visitas allí, las cuales aún hoy han quedado sin respuesta, pues la mayoría de la población continúa creyendo que la Luna es un satélite natural y cuasidesértico incapaz de albergar vida humana.