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2 nuevos libros muestran que las plantas también son seres inteligentes

Ecosistemas

Por: Pijamasurf - 12/08/2016

Reconsiderando la inteligencia vegetal

El ser humano no ha sido muy atento a las voces de la naturaleza, y por ello el planeta se encuentra en una seria crisis ecológica. Desde hace varios años algunos científicos han abogado para que se reconozca que los animales también son seres conscientes, y en tiempos recientes se han revelado una serie de conductas descubiertas en las plantas que muestran que éstas tienen características que permiten que se consideren como seres inteligentes. Lo anterior es importante ya que, si revisamos nuestra visión de los diversos seres sensibles con los cuales compartimos el mundo y les damos el valor que merecen, seremos más cuidadosos en cómo los tratamos y podremos conservar mejor el planeta. A fin de cuentas, todo nos lleva a la conclusión de que si destruimos a las plantas y a los animales y al medio ambiente nos destruiremos a nosotros mismos, por lo cual es un signo de inteligencia reconocer la inteligencia de los otros.

Dos nuevos libros, Brilliant Green: The surprising history and science pf plant intelligence, de Stefano Mancuso y Alessandra Viola y Plant Sensing and Communication de Richard Karban presentan un notable caso a favor de la inteligencia de las plantas. Estudios recientes han demostrado que las plantas son altamente sensibles y responden a la gravedad, la luz del Sol y de las estrellas, los granos de arena, las pisadas de pequeños insectos y a diversos ciclos y ritmos que están más allá de nuestra propia sensibilidad. Una investigación reciente mostró que las plantas son capaces de aprender por asociación, una conducta ligada a una función intelectual. 

Richard Karban sostiene que las plantas y los animales enfrentan similares retos, como encontrar recursos y parejas, evitar depredadores, patógenos y estrés abiótico. Y para ello "las plantas se comunican, envían señales, escuchan a sus vecinos individuales, e intercambian información con otros organismos". Sus respuestas adaptativas, dice Karban, serían consideradas "brillantes" si ocurrieran a una velocidad que los seres humanos entienden. Las plantas viven en otra dimensión temporal, por lo cual decir que no son inteligentes porque son lentas es una proyección antropomórfica.

Padre de la ecofilosofía advierte que sólo los más valerosos sobrevivirán estos tiempos críticos

Ecosistemas

Por: Pijamasurf - 12/08/2016

El filósofo Henryk Skolimowski sostiene que la ecología y la espiritualidad están estrechamente vinculadas y que se avecinan tiempos muy difíciles

Henryk Skolimowski es un filósofo polaco con un doctorado de la Universidad de Oxford, quien acuñó el término "ecofilosofía" en los 70 en un intento de hacer notar que el problema ecológico es esencialmente un problema filosófico.

En el sitio de Skolimowski se explica:

En nuestro mundo complejo, no podemos limitarnos al medio ambiente físico. Trabajar sobre los problemas ambientales es importante pero no suficiente. Para sanar el mundo, necesitamos sanar nosotros mismos; necesitamos resonar armoniosamente con todos los seres vivos; necesitamos hacer nuestras mentes compasivas; necesitamos seguir valores que aseguran la justicia.

La ecofilosofía sostiene que el mundo es un santuario, y nosotros somos sus reverentes guardianes, responsables de su bienestar. La ecofilosofía sostiene que lo ecológico y lo espiritual son uno. 

La editorial Atalanta acaba de publicar un libro de Skolimowski, La mente participativa, un texto abundante en ideas y en diálogos multidisciplinarios donde se retoman figuras como Karl Popper y Pierre Teilhard de Chardin, el padre de la espiritualidad ecológica y del fascinante concepto de la noósfera. Skolimowski sugiere que nuestro concepto de persona debe reemplazarse para incluir un entendimiento de una sensibilidad en interacción constante con todo el medio ambiente. Es decir, que el ser humano es interdependencia y está dentro de una madeja de evolución y diversidad que debe hacer consciente para que se tomen "esfuerzos participativos" y así favorecer la vida a largo plazo. La concepción egoísta-individualista del mundo no sólo es una cortedad de visión, es también la más profunda ignorancia, ya que al destruir el entorno --buscando el bienestar personal-- nos destruimos a nosotros mismos. “Necesitamos crear formas participativas de vida que vayan más allá de las maneras de participación que ejemplifican el bingo o el carrusel del consumo”, afirma Skolimowski.

Le ecofilosofía toma de diversas tradiciones espirituales como el budismo, el cristianismo y el hinduismo para concebir una ética cósmica. Así, también reconoce que estamos inmersos en un ciclo sumamente complicado, el cual necesariamente hará surgir de las profundidades del ser humano la chispa de una nueva civilización:

Hemos nacido en tiempos difíciles y, de forma justificada, podríamos sentir lástima de nosotros mismos. […] Los períodos críticos como el nuestro destruyen muchas almas menores, pues suponen un reto para nuestra esencia última, [pero] aquellos que la asuman prevalecerán y darán testimonio de la fibra indestructible de la condición humana.