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La cuarta entrega de la columna Consexos y Sexcretos

Es una trampa lingüística la comodidad que brindan las generalizaciones a los cerebros perezosos. Así se sueltan en el océano de la inteligencia conformista términos como "las drogas”, “las mujeres”, “los mexicanos”, “los hombres” y a lo que voy: “las hormonas”. ¡Qué fácil! Todo cabe en una generalización sabiéndolo acomodar.

A diario y en boca de todos se encuentran las hormonas, para explicar en una sola palabra actitudes bizarras, comportamientos inesperados, arrebatos emocionales e impulsos inexplicables. Como quiera que sea, la mayor parte de las veces, las hormonas son inocentes de los efectos que se les imputan. Se trata de clichés. 

Es del dominio público que estas sustancias se producen en las glándulas corporales y corren por las venas hasta llegar a los órganos blanco o diana, a partir de los cuales se desencadenarán efectos que afectan a toda la economía, desde el metabolismo más básico hasta el pensamiento más complejo y la emoción más cruda. 

En verdad muy pocas personas fuera del ámbito de la medicina sospechan la magia que operan las hormonas. Sin ellas, por ejemplo, el sexo se convierte en ciencia ficción, la energía es caótica, el estado de ánimo se aleja del entendimiento de la persona.

 

Hormonas, majestades químicas corporales

La palabra hormona viene del verbo griego horman que significa excitar, producir movimiento. Hay hormonas de distintas estirpes moleculares, las cuales les confieren diferentes rangos y alcances de actividad. Entre todas ellas orquestan la música del cuerpo. Ninguna prevalece sobre las demás. Pertenecen a distintos grupos.

--Por un lado, están los llamados péptidos, que son proteínas -cadenas de aminoácidos- con gran poderío metabólico. Se producen en sitios de alcurnia: en el mero centro del cerebro, por ejemplo. Ahí hallamos a su majestad el hipotálamo -regulador de recompensas y sinsabores, hacedor de la oxitocina, que envía los bien llamados factores liberadores para activar diversos procesos corporales. Su consorte inmediata es la hipófisis, la cual desde la época clásica ha sido reconocida como la glándula maestra, reina del cuerpo, a partir de la cual salen a bailar la tiroides, el páncreas y otras estructuras que obedecen su influencia, las glándulas suprarrenales y otras.

Nota de interés: las hormonas que se producen más arriba en el cuerpo regulan la actividad de las que se producen más abajo. La circulación de retorno informa al cerebro las concentraciones de cada sustancia y esta torre de control gira las instrucciones necesarias a cada glándula, para ajustar la producción de hormonas, y así mantener el metabolismo equilibrado.

Las hormonas peptídicas también incluyen entre sus filas a la calcitonina y la hormona paratiroidea, responsables del manejo del calcio en el cuerpo -e indirectamente de sus cuates el fósforo (inteligencia) y el magnesio (humor y satisfacción emocional). El calcio, por cierto, además de cimentar los huesos, es el regulador de la frecuencia de disparo de las neuronas y otras células. Influye, por lo tanto, en la velocidad y calidad de las respuestas eléctricas de la persona a sus experiencias de vida, en pensamiento, palabra, acción y emoción.

También pertenecen a este grupo las hormonas plasmáticas. Se encuentran en circulación atentas a la señal que les indique entrar en acción.

--Las aminas son otro grupo de hormonas. Se caracterizan por tener masa molecular baja y se derivan de la tirosina, sustancia maestra, producida por la tiroides, obviamente. Las aminas son sustancias como la adrenalina y la noradrenalina, célebres compuestos solubles producidos por las glándulas suprarrenales, reconocidas por su cualidad excitante. La glándula pineal, donde los místicos antiguos ubican el tercer ojo, también produce aminas. La melatonina, que se genera en la pineal sólo en oscuridad total, es reguladora de las ondas mentales durante el sueño, pero también genera satisfacción interna ante los contrastes de la existencia, aunque inhibe la función ovárica. Por lo tanto, amigas, absténganse de mantener la luz encendida durante la noche o usen antifaces de artista si desean estimular su producción normal de melatonina, la cual hará que duerman mejor, se adapten a los avatares del destino y mejorará el ritmo y calidad de sus ciclos menstruales.

Entre las hormonas menos solubles de este grupo de las aminas se encuentran muchas que nos interesan de manera particular, a saber, las hormonas sexuales. Las masculinas o andrógenos, y los estrógenos, que, junto con la progesterona, también una amina, son las hormonas femeninas más representativas. Se les localiza unidas a proteínas, que las transportan en la carretera sanguínea a sus distintos sitios de acción, que son los evidentes y otros más. Dicho sea de pasadita, los estrógenos son afines al tejido graso, mientras que los andrógenos a las proteínas. Esto significa que sus rutas y destinos, así como sitios de almacenamiento son distintos. ¿Esto influye en las consideraciones eróticas particulares de hombres y mujeres? ¡Buena pregunta! ¡Desde luego, aunque es imposible hacer precisiones al respecto!

Hay aminas liposolubles, los esteroides, formados a partir de la vitamina D, que, de acuerdo con su composición molecular se dividen en corticosteroides (más de 50 funciones corporales, desde la desinflamación más intensa hasta la elevación de la tensión arterial); mineralocorticoides (involucrados en la función urinaria y otras, incluyendo, en el caso masculino, la lucha con otros varones por la dama elegida), y los glucocorticoides, que intervienen en la producción y distribución de la gasolina corporal, la glucosa. Una alerta: los esteroides, que mal administrados en los gimnasios abultan la masa muscular y hacer crecer los bíceps, producen otros efectos. Por ejemplo, hipogonadismo en los varones; o sea, se les achican las verijas, o como reza el dicho: mucha pólvora y poca mecha… ¿qué musculatura quieres cultivar?

--Falta mencionar el grupo de las glucoproteínas, que intervienen en la llamada “inmunidad celular”, un tipo de respuesta inmunológica, incluyen a las prostaglandinas, leucotrienos y tromboxanos, los cuales son compuestos muy inestables y solubles en agua. Ejercen sus acciones en el terreno corto, en la vecindad donde se producen, justo porque son moléculas efímeras, de pisa y corre. Otro tema bioquímico interesante a investigar por tu cuenta.

 

Hormonas sexuales

Primero los caballeros… para variar

Hormonas masculinas

Se sabe que la testosterona y la deshidroepiandosterona, o sea, los andrógenos u hormonas “masculinas” por excelencia, son las que mantienen afinado el tono sexual tanto de él como de ella, pues hacen que surja el deseo de tener relaciones sexuales con unas y otros, y también favorecen la expresión vigorosa del orgasmo de cada quien. Por ello, en la actualidad se ofrecen tratamientos unisex con parches de dosis muy bajas de testosterona (150mcg) para aumentar la libido y corregir la incapacidad de venirse a plenitud.

Dicho sea de paso, los andrógenos tienen propiedades antienvejecimiento, y en la actualidad hay clínicas que administran testosterona y derivados en distintas presentaciones: chips subcutáneos, suplementos, inyectables, a personas que desean desacelerar su reloj biológico. En las mujeres funcionan bastante bien, pero en varones añejos, debido a que el cáncer de próstata, relacionado y agravado por la testosterona, es muy frecuente después de la quinta década de la vida, estos tratamientos son poco recomendables, ya que más vale maquillar una arruga que desarrollar un tumor con tal de atraer jovencitas.

 

Hormonas femeninas

Los mentadísimos estrógenos, son los responsables de que durante la adolescencia aparezcan los caracteres sexuales secundarios; esto es, que crezcan los senos, que aparezca el vello púbico, que se instalen los ciclos menstruales y que las chicas adquieran capacidad reproductiva… y deseos de… enterarse acerca del uso de los condones. Comento que la palabra estrógeno viene de un vocablo griego que significa “inspiración, deseo, pasión”. En efecto, los estrógenos desatan pasiones…

Los estrógenos también están presentes en el varón, producidos en pequeñas cantidades por las suprarrenales. Colaboran en la maduración del esperma, ayudan a regular el colesterol y son auténticos guardianes de la salud para ellos y ellas, pues influyen sobre el cerebro (estados de ánimo), la salud ósea, la actividad cardíaca y la tersura de la piel y de otros tejidos.

Según la edad y la situación individual, los estrógenos producidos tienen distinta composición molecular. También su potencia y sus efectos son otros. Durante la edad reproductiva predomina el estradiol; en el embarazo, aparece el estriol; en la menopausia se produce como único estrógeno la estrona… y en esta época de la vida se producen cambios no siempre halagüeños, si bien algunos son transicionales -bochornos, osteopenias (debilitamiento de los huesos) y cambios de coloración y grosor de la piel.

Las progestinas, parientes de la progesterona, hormona femenina de abolengo y guardiana del embarazo, inhiben el orgasmo. En el varón la administración de progestinas apaga la libido hasta casi cero; a muchas mujeres que toman sustitutos hormonales con progesterona, aparentemente no se les adormece el deseo. Están más acostumbradas a la circulación de moléculas de este tipo y reaccionan distinto a su acción metabólica. 

La prolactina es otra hormona femenina menos comentada, pero no menos importante. Favorece la producción de leche, puede suprimir la menstruación, y tanto en el hombre como en la mujer inhibe la expresión del orgasmo, tal vez porque estorba la función de la dopamina -sustancia con efectos euforizantes en el sistema nervioso- o por alguna otra razón neuroquímica o de interacción con el aparato hormonal aún desconocida. Al momento del orgasmo la concentración de prolactina se eleva tanto en los hombres como en las mujeres. Se le considera responsable del período refractario de los varones, o sea, la prolactina inhibe el deseo y la capacidad eréctil masculinas por un rato más o menos largo, mientras que la recuperación de la capacidad orgásmica de las mujeres es mucho más rápida.

La oxitocina, más relacionada con la mujer, pero también parte de los compuestos que circulan en el cuerpo masculino, es productora comprobada de contracciones uterinas, se la ha vinculado también con la capacidad para establecer conexiones sentimentales entre los participantes en el acto sexual, o en quienes dirigen su mirada a la mirada de la otra, ella y él por igual. Fomenta el deseo de cuidar a otro y fortalece los vínculos afectivos. En algunas fuentes se le llama la “hormona del amor”. No es para tanto, ninguna sustancia tiene la exclusiva.

La investigación también demuestra que la combinación de testosterona con dosis bajas de estradiol, hormona producida por los ovarios, mejora notablemente el comportamiento sexual de los apáticos patéticos. Esta mezcla logra entibiar a la gente fría de cualquier preferencia. Esta fórmula unisex de hormona masculina y femenina se utiliza en la clínica como tratamiento para personas cuya producción hormonal es deficiente, que las hay.

La sexualidad es una práctica capaz de aliviar muchas de las consecuencias del estrés, una de las cuales es, por cierto, la disminución de la libido. Una sexualidad frecuente y bien disfrutada es parte de una alimentación balanceada, pues nutre las esferas física, emocional y mental simultáneamente. El sexo con amor sube la bilirrubina sólo en la canción de Juan Luis Guerra. En la vida diaria, el afecto sexuado estabiliza una gama considerable de variables metabólicas, como sólo la felicidad puede hacerlo.

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¿Por qué las personas inteligentes disfrutan tanto estar a solas? La psicología evolutiva tiene una hipótesis

Salud

Por: pijamasurf - 12/21/2016

Que muchas veces los genios prefieran la soledad parece ser consecuencia de una adaptación evolutiva

Posiblemente, para muchos de nosotros la imagen del genio solitario es conocida. De Fausto a Sherlock Holmes, de Thoreau a Tesla, entre varios otros, la literatura, el cine, la filosofía y la ciencia abundan en ejemplos ficticios y reales de personas sumamente inteligentes que tienen también el rasgo compartido de la soledad, una suerte de aislamiento que contrario a lo que podríamos creer y según enseñan sus historias de vida, es voluntario e incluso placentero, como si únicamente a solas se se encontrara eso necesario para gestar grandes obras.

La explicación a este fenómeno no es sencilla y seguramente ni siquiera obedece a un solo factor, pero hace unos días, los investigadores Norman Li y Satoshi Kanazawa publicaron en el British Journal of Psychology los resultados de un estudio en el que, desde la perspectiva de la psicología evolucionista, exploraron la relación entre inteligencia y soledad.

Li y Kanazawa se apoyaron en la “teoría de la felicidad de la sabana”, la cual remonta el origen de la sensación de satisfacción por la vida al período del pleistoceno (que comenzó hace 2.6 millones de años y terminó cerca del año 10,000 antes de nuestra era), en la cual nuestros ancestros más directos fueron el Homo habilis, el Homo erectus, el Homo neanderthalensis y, hacia el final, el Homo sapiens. Según esta teoría, el cerebro humano evolucionó durante este período para heredar las reacciones que nuestros antepasados tuvieron ante ciertos sucesos de su vida, lo cual si bien supuso una ventaja, también derivó en cierta dificultad para entender a cabalidad su propio presente. En ese sentido, la satisfacción por la vida es el resultado de una combinación entre dicha herencia y la posibilidad de comprender el momento actual que vive el individuo.

Partiendo de esta premisa, los investigadores analizaron información de 15 mil 197 jóvenes de 18 a 28 años, recabada en el National Longitudinal Study of Adolescent Health de Estados Unidos. En especial, los psicólogos reunieron estadísticas concernientes a inteligencia, salud, bienestar y satisfacción.

Entre las primeras observaciones Li y Kanazawa notaron que, en general, encontrarse en medio de grandes concentraciones de personas conducía a sentimientos de infelicidad pero, en contraste, socializar con algunos pocos amigos despertaba emociones satisfactorias.

Sin embargo, para este último fenómeno había una excepción: una minoría para la cual socializar, incluso con amigos, era causa de infelicidad. Coincidentemente, estos mismos individuos eran según la data más inteligentes que el promedio de la población.

De acuerdo con los investigadores estas personas se distinguen del resto porque, por su misma inteligencia, tienden a hacer cosas “fuera de lo natural”, lo cual, en este caso y bajo la “teoría de la felicidad de la sabana”, significa que buscan hacer lo que sus ancestros no hicieron. No socializar, por ejemplo, o no encontrar felicidad en el contacto con amigos.

Si esto es sostenible o no, lo dejamos a consideración de nuestros lectores. Pero igualmente insistimos en los muchos ejemplos en la historia de las disciplinas creativas que parecen probarlo.

 

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