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6 personas con poderes sorprendentes que han desconcertado a los científicos

AlterCultura

Por: pijamasurf - 12/16/2016

Las capacidades de estos individuos parecen indicar que hay mucho más potencial en los humanos de lo que llegamos a imaginar

Una de las ambiciones más recurrentes de la psique humana es superar lo que percibe como sus propios límites, ya sean físicos o mentales, de tal manera que dentro de la literatura de ficción han surgido una serie de superhéroes, seres que trascienden estas barreras a través de diferentes dones, habilidades o poderes. Algunos de ellos son el resultado de experimentos clasificados, otros son humanos que han desarrollado mutaciones, algunos más provienen de líneas del tiempo distintas y otros incluso de diferentes planetas. En todo caso, estos seres son el reflejo del deseo de imaginar numerosas posibilidades y todo lo que podríamos hacer si tuviéramos acceso a poderes que parecen inalcanzables para el ser humano común y corriente. Estos son algunos humanos con habilidades extraordinarias que habitan en el mundo actual: 

 

1. Daniel Tammet

Hace una docena de años Tammet se presentó en  el Museo de Historia Científica de la Universidad de Oxford y logró recitar los decimales de la constante de pi durante 5 horas y 9 minutos sin un solo error. Esto quiere decir que calculó de memoria más de 22 mil decimales, rompiendo un récord europeo. Su brillantez se atribuye al síndrome del savant que le permite realizar numerosas tareas mentales complejas que requieren niveles profundos de concentración, los cuales no son accesibles para alguien con un funcionamiento mental ordinario. De acuerdo con Tammet, la experiencia de un savant tiene que ver con una forma de pensar llena de asociaciones complejas que da fruto a un mundo interior sumamente rico e imaginativo. 

 

2. Ingo Swann 

La visión remota es la habilidad de describir lugares remotos sin moverse un solo centímetro. Puede sonar a ciencia ficción, pero la visión remota ha sido estudiada por la CIA, la NSA y la Universidad de Stanford. Además, no es la única habilidad “paranormal” que ha capturado la atención de estas agencias de inteligencia. Tampoco son estas agencias las únicas interesadas en trabajar con psíquicos para  probar los alcances de la visión remota y decodificar su funcionamiento; también los gobiernos de China y Rusia se han interesado en esto. Asimismo, según Russell Targ, un físico involucrado con las investigaciones de Stanford, es posible enseñar a cualquier persona a acceder o desarrollar su capacidad inherente para la visión remota, aunque ciertamente algunos individuos tienen habilidades especiales para visualizar lugares y objetos remotos. Entre ellos está Ingo Swann, que logró describir un anillo alrededor de Júpiter que los científicos ignoraban y quien también trabajó con Targ. 

 

3. Stephen Wiltshire

Nació en Londres en 1974 y fue diagnosticado con autismo cuando tenía 3 años. Sin embargo, su capacidad para observar brevemente un paisaje y reproducirlo con gran exactitud y detalle lo ha llevado a recibir numerosos premios. Sus obras han sido expuestas en diversas galerías del mundo y su talento ha ganado reconocimiento internacional. Witlshire parecería haber tenido una intuición sobre su futuro pues, de acuerdo con su familia, sus primeras palabras fueron “papel” y “lápiz”. 

 

 

4. Uri Geller

Otra de las habilidades paranormales que ha llamado la atención de científicos militares es la psicoquinesis o la posibilidad de mover objetos con la mente. El ingeniero aeroespacial Jack Houck y el coronel J. B. Alexander fueron dos de los responsables detrás de una serie de sesiones y experimentos para investigar la psicoquinesis. En estas sesiones los participantes fueron instruidos para utilizar la psicoquinesis con varios objetos de metal y algunos fueron capaces de doblarlos por completo. Al parecer uno de estos individuos fue Uri Geller, un ilusionista israelí que mientras daba una charla en el Capitolio de Estados Unidos dobló una cuchara sin aplicarle ninguna fuerza directa. 

 

 

5. Wim Hof, también conocido como “The Iceman”

Este hombre se ganó el mote de “Iceman” cuando permaneció sumergido en hielo durante casi 2 horas sin que cambiara la temperatura central de su cuerpo. Además, llevó esto un paso adelante al subir el Monte Everest vistiendo únicamente unos shorts y sin mostrar signos de mal de altura. Por otro lado, realizó  un maratón en el desierto sin agua y probó en un laboratorio su habilidad para influenciar de manera consciente su sistema nervioso autónomo. Hof afirma que otros seres humanos pueden desarrollar las mismas habilidades siguiendo su método, que enseña a través de talleres. 

 

6. Chulin Sun

Esta mujer es una practicante de waiqi, un tipo de qigong que enseña a quien lo practica a controlar a través de su mente la energía vital o qi, de tal manera que Chulin Sun puede inducir a una planta a crecer tallos y raíces de hasta 20cm usando la energía del qi, que proyecta con su mente. Según un estudio publicado en el American Journal of Chinese Medicine, las habilidades de esta mujer fueron probadas en siete experimentos de germinación, de los cuales cinco fueron exitosos. 

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Nuestra atención determina en gran medida que aparece como "la realidad"; físicos modernos, pensadores budistas y William James nos sirven para definir la realidad en sus componentes esenciales

Por milenios filósofos han debatido sobre la naturaleza de la realidad y si ésta existe de manera independiente de nuestra mente. Si bien es posible que el mundo exista independientemente de nuestra mente, nos encontramos con una limitante para afirmar esto, ya que todo lo que conocemos lo conocemos a través de nuestra mente. El profesor de astrofísica de la Universidad de Rochester, Adam Frank, lo explica:

Desde la perspectiva fenomenológica uno dice "claro que hay un mundo allá fuera". Pero si eres realmente honesto, debes de admitir que el único acceso que tenemos a él es a través de nuestras experiencias íntimas continuas, el "ser" que hace el "aquí"... Así que aunque nos gusta imaginar mapas del mundo objetivo, nadie nunca logra experimentar eso. En cambio, tenemos esta notable interacción entre aquello que sea que somos y aquello que está allá fuera (lo que sea que eso sea)... Así que probablemente, no podemos sustraernos de la historia del universo.

Es decir, no conocemos directamente la realidad como tal, sino nuestra descripción de la realidad --la cual es mediada por el lenguaje y nuestra interpretación mental de un mundo físico--; esta descripción puede o no ajustarse a esa realidad que suponemos existe "allá fuera", por así decirlo, pero nunca podemos comprobar que nuestros modelos sean idénticos al mundo que hipotéticamente está "allá fuera", sólo podemos confiar en el consenso o en la convención. Este es un problema que Kant había detectado pero que hoy en día la física cuántica ha refinado. Werner Heisenberg famosamente dijo que lo que observa la ciencia no es la naturaleza en sí, es sólo la naturaleza expuesta a nuestro método de interrogación. Como tal es absurdo hacer afirmaciones sobre una realidad independiente de nuestra observación de la misma o sostener nociones como la exixstencia de un mundo "allá fuera" (en realidad la distinción entre exterior e interior queda seriamente puesta en duda). Es por ello que estrictamente la física cuántica, bien entendida, significa un profundo estremecimiento de la estructura del pensamiento y la visión del mundo, un sacudimiento que, sin embargo, no ha alcanzado a nuestra sociedad en su conjunto, la cual se mantiene bajo la visión general de la física clásica (acaso porque lo que implica la física cuántica es tan radical que preferimos simplemente decir que debe tratarse de un error o que no tiene relevancia en nuestra vida ordinaria).

Anton Zeilinger expresa esta interdependencia entre nuestra cognición de la realidad y la realidad como tal:

Uno podría estar tentado a asumir que cuando le hacemos preguntas de la naturaleza, al mundo allá fuera, existe la realidad independiente de lo que digamos de ella. Sostenemos, en cambio, que esta posición no tiene sentido. Es obvio que toda propiedad o rasgo de la realidad "allá fuera" sólo puede estar basado en la información que recibimos. No puede haber ningún tipo de afirmación sobre el mundo o sobre la realidad que no esté basada en dicha información.

Para que exista información, necesita haber cognición, una mente para la cual tenga significado (el llamado mundo objetivo no existe sin una subjetividad que le de sentido). Así entonces no podemos separar nuestro propio proceso cognitivo de la configuración de la realidad.  Otro físico renombrado, Andre Linde, explica:

El universo cobra vida (dependencia temporal) sólo cuando uno lo divide  en dos partes: un observador y el resto del universo. Entonces la función de onda del resto del universo depende de la medición de tiempo del observador. En otras palabras, la evolución sólo es posible con respecto al observador. Sin un observador, el universo está muerto.

Podríamos seguir con este tipo de observaciones, pero para fines prácticos remitimos a quien esté interesado a este documento del maestro budista y físico Alan Wallace, quien ha recopilado muchas de estas frases sobre la interdependencia entre los fenómenos (o la realidad) y la observación de los mismos. 

Ahora bien, habiendo establecido que existe una interdependencia entre la realidad y nuestra observación de la misma (o nuestra mente), de todas maneras queda la cuestión, ya más filosófica que física, de explicar esto de tal forma que tenga sentido en nuestra vida y podamos incorporar esta visión de la realidad a nuestra experiencia. Podemos indagar filosóficamente y pensar como los budistas del mahayana y en adelante que la realidad es vacuidad en tanto a que ninguna cosa tiene existencia inherente, es decir todo es relativo a nuestra medición e interpretación de los fenómenos, de lo que se desdobla una conceptualización de las cosas en sí (la cual confundimos con la "realidad"). Podríamos tomar la visión de que entonces el mundo es como un sueño, ya que es relativo a nuestra mente y  puede considerarse una ilusión (donde nosotros mismos somos los ilusionistas que tomamos nuestros espejismos como autónomos). Y podríamos obtener mucho provecho de esta visión (escribí sobre ver el mundo como si fuera un sueño dentro del contexto budista aquí). Si bien podemos tomar una perspectiva de que la realidad no existe como tal, y podemos deconstruir los fenómenos para encontrar como surgen en interdependencia a nuestra mente, podemos también optar por una contemplación de todas las apariciones como reales, si bien sólo relativas y momentáneas, reconociendo que es nuestra atención la que les brinda su coeficiente de realidad. Ambas perspectivas no se contradicen, son sólo estilos distintos que in-forman nuestra experiencia. Esta última tiene un importante antecedente en la psicología occidental en la obra de William James, el psicólogo pionero en el estudio de la experiencias religiosas.  "Por el momento, eso a lo que atendemos es la realidad", escribió James hace más de un siglo. Simplemente, en su unidad más básica, la realidad es aquello a lo que le pones atención. Puede que existan otras cosas, pero mientras no entran en el espectro de tu atención, tienen nula influencia en la configuración de la realidad que experimentas. Alan Wallace glosa ésta frase en su libro The Attention Revolution:

Nuestra facultad de atención nos afecta de innumerables formas. Nuestra percepción de la realidad está estrechamente vinculada a dónde ponemos nuestra atención. Sólo aquello a lo que le ponemos atención nos parece real, mientras todo lo que ignoramos --no obstante que tan importante pueda ser-- parece desvanecerse en la insignificancia. El filósofo y pionero de la psicología moderna William James hizo este punto hace más de un siglo: "Por el momento, eso a lo que atendemos es la realidad"... Cada uno de nosotros elige, en la forma en la que atiende a las cosas, el universo en el que habita y las personas que se encuentra. Pero para la mayoría de nosotros esta "elección" es inconsciente, así que en realidad no es una elección.

Wallace sugiere incluso que lo que llamamos nuestra identidad no es más que el cúmulo de las cosas a las que le hemos puesto atención y, ya que suscribe a la teoría de la reencarnación, nuestra realidad en este instante estaría siendo configurada por la acumulación de todas las cosas a las que hemos atendido por incontables vidas, lo cual sería igual al esmalte del mundo que vemos:

Lo que viene a la mente cuando nos preguntamos "¿quién soy yo?" consiste de esas cosas a las que le hemos puesto atención a lo largo del tiempo. Lo mismo ocurre con nuestras impresiones de las demás personas. La realidad que nos aparece no es tanto lo que está allá fuera sino los aspectos del mundo en los que nos hemos enfocado. La atención es siempre altamente selectiva... Sugiero que sí fueras capaz de enfocar tu atención a voluntad, podría realmente elegir el universo en el que aparentas habitar. 

Quizás el mundo exterior que nos parece tan sólido, estable y predecible no sea más que un hábito de atención construido por incontables eones y reforzado cada microsegundo. La solidez y la inmutabilidad de la realidad un túnel que secuestra nuestra atención, dentro de un multiverso de amplitud.

William James había sugerido que la capacidad de controlar la atención a voluntad era la marca de un hombre de genio. Alan Wallace mantiene, siguiendo la tradición budista, que la atención puede entrenarse hasta el punto de lograr verdaderas hazañas de la concentración, como puede ser mantener la mente concentrada en un mismo punto por hasta cuatro horas --en lo cual consiste el logro de la meditación shamatha. En la tradición budista se dice que cuando se logran estos niveles de atención --que van de la mano de una pacificación de la mente, o samadhi- -pueden surgir ciertos poderes o siddhis, los cuales hoy vincularíamos con capacidades psíquicas como la visión remota, la clarividencia, la telepatía y otras. Sin embargo, uno de los poderes que surgen con este dominio de la atención, según el budismo, es que se puede entrar a planos de absorción meditativa en los que se experimenta completa paz, relajación y gozo. Estos son los estados que llevan a los practicantes a los mundos superiores, a los planos de los devas o dioses, más allá del mundo del deseo (kamadhatu). A final de cuentas es la atención la que configura la realidad que experimentamos. Sin embargo, el budismo advierte que la finalidad del cultivo de la mente en la concentración unipuntual no es lograr estos estados de absorción sino la liberación total del ciclo de renacimiento (el samsara), para ellos la concentración o samadhi debe ser actualizada con la sabiduría y el análisis de la realidad, así como también con la motivación para actuar y liberar a los demás (esto en el camino del mahayana, el vehículo universal). Así que tenemos este peligro en el control de la atención, que si bien parece ser algo con lo que sólo tendríamos que lidiar en etapas más avanzadas, es importante tener en cuenta para evitar marchar hacia el sofisticado hedonismo de una mente dúctil --la motivación no es el placer, es la sabiduría.

 

Twitter del autor: @alepholo