*

X
Un efecto positivo impensado por el triunfo de Trump: la poesía está al alza

El filósofo alemán Theodor Adorno escribió después de la Segunda Guerra Mundial: "Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie". Podemos apropiarnos de la frase y decir: Escribir poesía después de Donald Trump es un acto de civilidad, de sanidad. Evidentemente es una total exageración comparar lo que ha sucedido actualmente con lo que ocurrió en Auschwitz y demás pero, como argumentaremos aquí, entre las formas de autorregulación que tiene el alma humana, la poesía tiene una importante función inmunológica, y este puede ser un buen momento para reestablecer su función, la cual lleva a trascender vicisitudes materiales y las menudencias del discurso político y sus pasiones. 

Trump y el circo mediático electoral han sido uno de los eventos menos poéticos representados en el teatro de la historia, amenazando con tornar nuestra experiencia cultural en un grotesco espectáculo de barata manipulación emocional con un contenido (texto, imagen y sonido) de bajo vuelo estético y mal gusto. Justamente lo que se opone a los estados irreflexivos, al frenesí pasional de las ideologías polarizadoras y el fundamentalismo --el seudoconservadurismo que promovió Trump-- es la lectura de la poesía. Mientras que lo que vemos son respuestas viscerales alimentadas por lecturas superficiales del texto de lo real, la poesía es la autorreflexión del tiempo, la joyería de los instantes, la excavación de lo aparente, una minuciosa actividad que se detiene para penetrar el significado más profundo que pueda tener una experiencia, para leerla de todas las maneras posibles y extraer su esencia, su realidad luminosa, como los alquimistas que de la materia oscura de la tierra extraen la sustancia que habrán de transformar en el oro del espíritu, en filosofía cristalizada. 

Hay algo que podemos celebrar dentro de la oscuridad percibida y dentro del desconcierto en el que están sumidas muchas personas, la poesía está al alza.

Leche negra de la madrugada la bebemos al atardecer
la bebemos al mediodía y por la mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos...

(Paul Celan)

No es casualidad que muchas personas estén recurriendo a la poesía como una especie de remedio ante el desconsuelo que sienten pero quizás también ante la vilificación y caricaturización de la realidad: el antídoto de lo ridículo es lo sublime. Lo sublime no se encuentra en el entretenimiento masivo de la sociedad de consumo o en las airadas discusiones en las redes sociales, se encuentra accediendo a otro tiempo más lento y amplio, a un estado mental que yace más allá del espacio de la hiperestimulación moderna. Y aunque las personas estén utilizando la misma tecnología que genera su ansiedad para encontrar respiros poéticos --poemas a manera de memes, citas que encuentran en la Web a un par de clics de distancia, poesía de autoayuda-- es un acercamiento que puede ser provechoso; en una flor se puede entrever todo un cosmos, como sugirió Blake, y un verso puede ser el boleto de entrada a un universo de profundidad y significado.

La revista The Atlantic publica un artículo sobre una reciente oleada de poesía que se ha gestado a la sombra del triunfo de Trump, una especie de respuesta colectiva que intenta encontrar sentido a lo sucedido. A la par de que las redes sociales se convierten en una especie de sanatorio psiquiátrico donde las personas ventilan su frustración, muchas veces siendo presas de reacciones emocionales bastante agresivas, esta veta de poesía terapéutica parece ser más rescatable. 

Este poema de Wendy Cope se viralizó en las horas posteriores al triunfo de Trump. Sitios como el Huffington Post y The Guardian han publicado una serie de artículos de poemas que proveen solaz para lidiar con la cruda poselectoral. 

Entrevistado por The Atlantic, Don Share, editor de la la popular Poetry magazine, atribuye el momentum de la poesía a que ésta se mueve en la dimensión de la imaginación. Los poetas "imaginan las cosas antes de que sean posibles". Esto parece ser relevante en un mundo en el que el triunfo de Trump parece ser una derrota de la imaginación (se ha dicho que la guerra es una derrota de la imaginación política). La otra razón que da Share tiene que ver con que los poetas han lidiado con situaciones como las que vivimos actualmente por milenios; el lector, entonces, puede descubrir que las cosas siguen, que el mundo no se acaba, que siempre hay belleza, aunque sea en las ruinas, que no es necesario tomarse las cosas de una manera tan seria que no seamos ni siquiera capaces de apreciar la vida y su profundidad, la cual, por supuesto trasciende el espectro de lo político y económico. Hay entonces en la poesía una sabiduría universal con la cual siempre se puede conectar. La luz de la experiencia estética existe más allá de toda condición histórica

Son tiempos oscuros, pero como contestó el detective intergaláctico Lemmy Caution a la inteligencia artificial de Alphaville es "la poesía" lo que transforma la noche en el día.

Una de las razones por las cuales Trump pudo ganar quizá se deba a la gran ignorancia que existe en Estados Unidos, pero también en todo el mundo. ¿Ignorancia de qué? De poesía, de filosofía, de religión, de las artes y por supuesto de la historia. La cultura moderna, montada sobre la tecnología del entretenimiento (basada en la distracción hedonista) y en el materialismo científico (que considera que la experiencia subjetiva no tiene mucho valor ni relevancia porque no se puede medir), ha olvidado los alimentos del alma (las humanidades), los cuales transforman al individuo haciéndole capaz de pensar por sí mismo y contextualizar los sucesos que ocurren con un cúmulo de experiencias históricas y saberes legados por mentes que han probado su valor a través del tiempo. De esta forma, la mente que se ha cultivado en la historia del pensamiento, que lleva en su mente a las grandes mentes del pasado, que ha asimilado sus conocimientos no sólo intelectualmente sino éticamente (como una forma de vida), se encuentra en gran medida blindada, tiene un sistema inmunológico psicológico más fuerte, que le permite no dejarse poseer por los virus meméticos de nuestra era. Este contagio demagógico de ideologías fundamentalistas, de odio, miedo y enojo dirigido hacia los otros y de un incipiente y recalcitrante nacionalismo no puede ser albergado más que dentro de un huésped ignorante. ("El nacionalismo sólo permite afirmaciones y toda doctrina que descarte la duda, la negación, es una forma de fanatismo y estupidez", escribió Borges). Gran parte de las distopías que han imaginado escritores como Orwell, Huxley o la misma Alphaville de Godard, suceden en gran medida porque la cultura se suprime, la gente deja de pensar por sí misma e imaginar mundos alternativos. No hay poesía que vitalice su imaginación. Las distopías son siempre tecnocracias. Todos los tiranos queman y prohiben libros. La crisis --la muerte, la enfermedad, el abismo-- es un agente de cambio, y lo que galvaniza y expande la transformación siempre será la imaginación poética. 

 

Sin embargo, nos compete, bajo la tormenta de Dios,

Oh poetas, erguidos y con la cabeza descubierta,

Asir con nuestras propias manos el rayo de luz del Padre,

Y pasar, envuelto en canción, ese regalo divino a la gente.

(Hölderlin)

 

 

Por qué los hombres tienen que gobernar imperios cuando pueden escribir poemas.

(Manly P. Hall)

 

Twitter del autor: @alepholo

La artista lesbiana que pintó a todo su círculo de mujeres a la vuelta del siglo XX

Arte

Por: PIJAMASURF - 11/11/2016

Una de las joyas mejor guardadas del arte norteamericano demuestra al mundo el improbable florecimiento del amor entre mujeres a mitad del siglo XX.

Ampliamente olvidada por el mundo del arte, la artista Romaine Brooks está siendo exhibida en el Museo Smithsoniano de Arte Americano. Las tres modestas habitaciones que encierran esta obra de amplios alcances están invadidas por las pinturas y dibujos de la artista, puestos por la colección del museo que los recibió como donación de la propia Brooks en 1970, poco antes de su muerte.

Esta muestra explora casi toda su carrera, caracterizada por el rechazo a las políticas de género tan marcadas en la sociedad. Su trabajo es un vistazo a la subcultura lésbica de principios de siglo desde la peculiar mirada de la artista, evocativa y de tonalidades oscuras.

Su nombre real era Beatrice Romaine Goddard y nació en 1874 en el seno de una familia afortunada pero en desgracia. Su niñez fue ensombrecida por la devoción absoluta que su madre le tenía a su hermano, que sufría de una enfermedad mental. Brooks pasó gran parte de su vida luchando contra las secuelas de una infancia solitaria y sin afecto. Una ventaja significativa también definió su vida profesional y personal: su familia era inmensamente rica y ella estaba destinada a heredar su fortuna. Para 1902, estaba en posición de reclamar su parte de la herencia y con ello vino una libertad que utilizó para trabajar en Roma, París y Capri.

Su bienestar económico le permitió tener un estilo de vida que muchas otras sólo podían soñar en aquella época. Podía sacudirse con facilidad las expectativas que se tenían sobre las mujeres artistas en aquel entonces, incluyó desnudos femeninos desde sus primeras exhibiciones y fue a varias clases en las que ella era la única mujer.

Luego de un breve matrimonio fallido con John Ellingham Brooks, rechazó la monogamia y a los hombres en general, incluso como sujetos. En 1915 conoció a Natalie Clifford Barney, una destacada anfitriona de salones parisinos, con la que permanecería por más de 50 años. A pesar de su profundo lazo afectivo, ambas mantenían una vida completamente independiente en salas separadas de su mansión; incluso, mantenían relaciones, algunas serias, otras no, con otras mujeres.

Romaine Brooks - Azalees Blanches - 1910

En una era dominada en su totalidad por hombres, Brooks se apoyó de la subcultura a la que pertenecía y pintó a sus amigas y amantes. Su retrospectiva en el Smithsoniano muestra, entre otros, el retrato de su amiga Hannah “Gluck” Gluckstein, una artista que adaptando los discursos dominantes en la moda de la época logró transformar su vestir en un símbolo de su sexualidad. Gluck y Brooks formaban parte de un pequeño y poco conocido grupo de mujeres que comenzó a utilizar ropa masculina y a llevar el cabello corto, no sólo para seguir la creciente tendencia a la androginia de los 20, sino para comunicar a otros y entre sí que eran lesbianas.

Las emociones de Brooks alcanzan a percibirse claramente a lo largo de toda su obra. Desde sus primeros dibujos de las mujeres aristócratas con las que se rodeaba hasta los óleos de mujeres anónimas, su trabajo gráfico pone de relieve una intimidad femenina poco tratada, quizá ni siquiera imaginable para artistas con temas similares. Sus trazos dotan a la persona retratada de emociones complejas, contradictorias y profundas que nos sugieren su identidad profunda.

Romaine Brooks - Una, Lady Troudbridge - 1924

Además de varios retratos, la muestra recorre muchos de sus dibujos e ilustraciones realizados a lo largo de toda su vida madura. Ensoñaciones monstruosas en las que el detalle nunca es perdido de vista. Su estilo en papel contrasta ampliamente con lo expuesto sobre el lienzo.

Romaine Brooks, artista mayormente desconocida, fue una de las observadoras más astutas de la mujer, un talento solitario cuyo pincel capturó la singularidad y fuerza de cada una de las mujeres a las que pintó. Las reveladores y contradictorias emociones que imprime a cada rasgo, postura y gesto la ponen muy lejos de cualquiera de sus contemporáneos.

Puedes revisar más de su obra aquí.