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Un experimento conducido por dos jóvenes arroja interesantes datos sobre la meditación enfocada a reducir los prejuicios entre razas

El racismo es uno de los más grandes y persistentes problemas a los que se ha enfrentado la humanidad, fuente de inagotables disputas y guerras; el genocidio, la esclavitud y otras manifestaciones de lo peor del ser humano encuentran su origen en el absurdo miedo que sentimos contra personas con diferentes características raciales.

Lejos de congratularnos, como si la modernidad hubiese logrado borrarlo realmente, debemos prestar mayor atención a todas sus manifestaciones, pues éstas no siempre resultan tan evidentes. En cada zona geográfica existe una tensión racial, dicha o no dicha, consciente o inconsciente que encuentra diversas maneras de mostrarse. Desde el desprecio individual o la discriminación sutil, disimulada o sistemática, hasta los grupos de odio organizados, armados y con tradiciones largas, el racismo es un sangriento lastre que arrastramos desde siempre.

Una reciente investigación dirigida por Alexander Stell y Tom Farsides toma la técnica de LKM, Love Kindness Meditation, según sus siglas en inglés, y trata de examinar sus efectos sobre los prejuicios raciales. Este concepto budista se enfoca principalmente en la bondad y la compasión proyectada hacia uno mismo y hacia los demás. En estudios previos en los que esta técnica fue puesta a prueba se demostró un impacto positivo en el bienestar general y las actitudes de sociabilidad de los involucrados.

En esta investigación participaron 50 mujeres y 19 hombres, divididos en dos grupos. Un primer grupo fue conducido a través de un ejercicio de LKM en el que se les pidió, luego de 4 minutos de meditación, proyectar sentimientos de bienestar, alegría y salud hacia la imagen de una persona de otra raza. En cambio, el segundo grupo hizo esto último pero sin desarrollar previamente la técnica LKM.

La diferencia entre grupos se hizo evidente: los que meditaron pudieron reducir su prejuicio racial con mayor efectividad que los que no; sin embargo, el efecto conciliador de la meditación sólo logró amortiguar la tensión hacia la raza en la que se concentraron los participantes y no hacia otros grupos humanos.

Pese a esta ligera deficiencia, queda un largo camino por recorrer para observar y comprender los alcances y limitaciones de esta y muchas otras técnicas que lleven a reducir y resolver las tensiones raciales. Este puede ser el inicio de un buen camino en la búsqueda por construir un mundo con menos violencia gratuita.

¿Qué es el pseudoconservadurismo? (La ideología que llevó a Trump a la Casa Blanca)

Política

Por: Pijamasurf - 11/14/2016

Trump no brotó de la nada, es la evolución (o involución) de una paranoica y xenofóbica tradición dentro de la sociedad estadounidense

Una de las conclusiones que han sacado los analistas políticos de la desconcertante victoria electoral de Donald Trump es que éste implementó tácticas populistas para aprovecharse de la inconformidad generalizada entre los estadounidenses --mayormente los blancos de clase media y baja-- con la política neoliberal, a la cual culpan de una especie de contubernio con el poder financiero. En un artículo del 6 de agosto del 2016, Chris Hedges diagnosticaba lo que estaba por hacerse patente: "Se han alzado para rechazar la corrección política impuesta por élites educadas de ambos partidos: la clase baja blanca está abrazando el fascismo americano".

Este grueso de la población dio una clara señal de que se sentían amenazados por lo que percibían como enemigos para su idea de nación. Una idea conservadora que sigue alimentando la narrativa patriótica del sueño americano y del poder de los suyos (aquellos con los que realmente se pueden identificar, ante la masa de diversidad que aparentemente los rodea y amenaza).

En realidad se trata de un pseudoconservadurismo, una ideología confundida, delusoria. Andrew Hulktrans explica:

En realidad, Donald Trump es meramente la última iteración de una oscura y confundida veta de políticos estadounidenses que ha estado con nosotros casi desde la fundación del país, una mezcla irregular de actitudes contradictorias amalgamadas por unos pocos principios centrales, los cuales fueron exhaustivamente demarcados por el historiador Richard Hofstadter en su libro The Paranoid Style in American Politics and Other Essays (1964). En una serie de ensayos sobre el "pseudoconservadurismo", que sirvieron como post mortems de la era de McCarthy de los 50 y de la campaña de Barry Goldwater en 1964, Hofstadter trazó las creencias de los populistas estadounidenses nativistas de derecha --hiperpatrióticos, autoritarios, antiinmigrantes, aislacionistas, propensos a teorías de conspiración, unidos en un efervescente odio de una "élite" cosmopolita que los hace menos mientras que redistribuye sus ingresos a los pobres indolentes e inmerecedores-- una población cuya furia está motivada sobre todo por el resentimiento y la convicción febril de que el país está siendo vendido y tirado por la borda por sus propios líderes.

Richard Hofstadter tomó el término de un ensayo de Theodor Adorno y explicó que se refiere a aquellos "que se creen conservadores y usualmente utilizan la retórica del conservadurismo" pero que exhiben claras señales de una "seria insatisfacción con la vida estadounidense, sus tradiciones e instituciones". Es decir, se creen conservadores, pero realmente no lo son ya que quieren cambiar las instituciones hacia un ideal delusorio, que nunca ha sido; esto es un punto importante que revela una profunda ignorancia, la cual es la tierra fértil para la manipulación de los políticos. El pseudoconservador "ve a su país como siempre tan débil que está por ser víctima de la subversión; y a la vez siente que es tan poderoso que cualquier fracaso que pueda experimentar al no lograr hacer lo que quiere en el mundo... no puede ser debido a sus propias limitaciones sino que debe ser atribuido a que ha sido traicionado". En otras palabras los pseudoconservadores sufren de un delirio megalomaníaco, un tanto bipolar, en el que siempre son los otros, los enemigos que los han infiltrado (un papel perfecto para inmigrantes o terroristas) los que los están socavando. Viven en la ilusión de querer conservar un país que realmente nunca ha existido (ya que Estados Unidos es un país esencialmente de migrantes).

Hosftadter hace una excelente labor de poner en contexto histórico este fenómeno, que para muchos fue inesperado pero que obedece a todo un proceso histórico, de alguna manera la historia de la paranoia y la xenofobia estadounidense. Andrew Hultkrans glosa que, empezando en 1790:

esta sensibilidad dio lugar a un serie de pánicos por la invasión de nuestra nación blanca protestante por hordas de los Illuminati de Bavaria, los francmasones, los católicos, los banqueros judíos, los comunistas y otros malhechores extranjeros, todos enviados (como los ficticios violadores mexicanos de Trump) a exprimir los preciosos fluidos corporales de los 'verdaderos americanos' y robar el país a sus legítimos dueños. (Ni siquiera debería ser necesario mencionar el estrepitoso absurdo que significa mantener actitudes nativistas en una nación de inmigrantes). 

Dentro de esta larga narrativa de amenazas reales y sobre todo imaginarias podemos incrustar el discurso de Trump, quien de alguna manera es la maduración de toda esta larga línea. Hulktrans considera que, en este sentido, aunque parezca inaudito y aberrante, Trump es un reflejo más o menos común de todo un cauce ideológico muy arraigado en Estados Unidos. Es una expresión de una parte de este país, algo que es evidente, ya que de otra forma no se explicaría su triunfo. El pseudoconservadurismo ha llegado a su maduración y, en su delusoria naturaleza, podría estar comprando un nuevo fascismo, desatando un clima en el que los ciudadanos, según Chris Hedges:

Quieren una cierta libertad --la libertad de odiar. Quieren la libertad de usar palabras como: nigger, kike, spic, chink, raghead y fag. Quieren libertad para idealizar la violencia y la cultura de armas. Quieren libertad para tener enemigos, asaltar físicamente a los musulmanes, a los indocumentados, a los afroamericanos, a los homosexuales y a cualquiera que se atreve a criticar su criptofascismo... Quieren libertad para ridiculizar y desestimar a los intelectuales, a las ideas, a la ciencia y a la cultura. Y quieren libertad de regodearse en la hipermasculinidad, el racismo, el sexismo y el patriarcado blanco. Estos son sentimiento básicos del fascismo. Estos sentimientos son engendrados por el colapso del Estado liberal. 

Las palabras de Hedges son duras, implican una revolución de la ignorancia blanca, el triunfo de la cultura chatarra. Y esta es otra línea histórica que también ha llegado a su maduración, la consecuencia de varias décadas sometiendo a la población a la hiperestimulación del entretenimiento basura, el dumbingdown de la población ha dado frutos.

 

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