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La conciencia no desaparece en el sueño profundo, según investigadores

Ciencia

Por: Pijamasurf - 11/25/2016

Aun en el estado de sueño profundo (sueño sin contenido) existe una experiencia subjetiva; la conciencia abarca toda la existencia

Según sugiere un grupo de investigadores en un nuevo artículo científico, la conciencia, definida como experiencia subjetiva, no cesa cuando entramos al estado de sueño profundo en el cual no tenemos sueños.

De acuerdo con Evan Thompson, de la Universidad de British Columbia y colaborador de Francisco Varela, no existe evidencia que soporte la idea de que el sueño profundo es un estado inconsciente. Por el contrario, la evidencia apunta a que existe conciencia a lo largo de todos los estado que conocemos: el sueño, el sueño profundo y la vigilia. Siempre conciencia, sólo que en diferentes modalidades. 

El sueño profundo (dreamless sleep en inglés) es definido como la parte que ocurre entre sueños y que suele ser considerada como una interrupción de la conciencia. Esto es diferente a no recordar los sueños que suceden durante el estado REM (rapid eye movement). Los períodos REM dejan varios intervalos de sueño profundo cada noche.

Thompson sugiere que hay tres formas de experimentar los sueños sin sueños:

1. Procesos mentales no inmersivos en los que el sujeto tiene ciertos pensamientos sin sentirse inmersivos, es decir como una conciencia que simplemente observa pero no se identifica.  

2. Experiencias perceptuales y sensaciones corporales. Esto involucra sentir ciertas sensaciones, como aquellas del mundo de la vigilia (un ruido, calor, etc.), sin que estén conectadas a un sueño.

3. Estados sin contenido y sin una noción del yo: esto es algo así como sólo ser consciente de tener conciencia cuando estamos dormidos.  

Todo esto indica que la conciencia no cesa en el sueño profundo, no que solamente se mueve hacia otro estado de experiencia. El tercer punto evoca los estados de conciencia místicos descritos por algunos yoguis de la India, específicamente el llamado estado turiya, un estado que trasciende la identificación con un sujeto y que parece ser cognición pura, conciencia de la conciencia.

Esta investigación podría tener implicaciones interesantes en relación con los estados de coma, anestesia y demás.

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¿Podemos vivir sin alma? La psicología y la neurociencia tienen una interesante respuesta al respecto

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/25/2016

Para la psicología tener alma no es tan necesario ahora como en otros tiempos

En la antigüedad, grandes pensadores plantearon la división del hombre en cuerpo y alma. Platón creía que no aprendíamos cosas nuevas, sino que nuestras viejas almas recordaban lo que ya sabían antes de nacer. Los avances científicos en psicología y neurociencias ponen en entredicho estas teorías y llevan la cuestión a una pregunta fundamental: ¿existe realmente el alma?

La creencia popular es que sí, todos poseemos un alma. Algunos consideran que esta fuerza invisible que nos da movimiento y vida no tiene masa o peso ni se puede localizar en una parte específica del cuerpo; además, tiene la capacidad de sobrevivir a la muerte.

Al alma se le suelen atribuir pasiones y valores de su poseedor. Aunque es parte fundamental del pensamiento religioso, varios filósofos han argumentado a favor de su existencia sin ser necesariamente creyentes. Descartes creía que, a diferencia del cuerpo, el alma contenía nuestros pensamientos. Uno de sus principales argumentos era que el cerebro es físico, mortal y divisible, a diferencia del alma que es inmortal e indivisible y por lo tanto se trataba de cosas distintas.

En 1960, el premio Nobel Roger Sperry demostró a través de su análisis de pacientes con operaciones en el cuerpo calloso (que comunica ambos hemisferios del cerebro) que es posible dividir las funciones del cerebro. La operación controlaba la manifestación de episodios epilépticos y restringía o bloqueaba el intercambio de información perceptual, sensorial, motora y cognoscitiva entre ambas partes. Cada hemisferio podía aprender nuevas tareas sin ayuda del otro.

De acuerdo al argumento de Descartes, esto significaría que, después de todo, las características que se atribuyen al alma y radican en la mente o conciencia sí pueden dividirse. ¿Qué es el alma entonces? Si en el alma se encuentran las emociones, pensamientos, sensaciones y recuerdos, no hay necesidad de especular sobre su existencia. El cerebro es el lugar en que ocurren todas estas cosas.

Los psicólogos afirman que no necesitan asumir que las personas tienen alma para atenderlas. Los tratamientos contra adicciones y fobias funcionan sin tomar en cuenta la supuesta existencia del alma. Lo mismo cuenta para los tratamientos de enfermedades mentales a través de la psiquiatría y las neurociencias. A través de los tratamientos con fármacos se puede inducir y curar la depresión o la ansiedad. La química en nuestro cerebro controla nuestro ánimo a través de sustancias como la dopamina o la serotonina.

La actividad neuronal del cerebro es responsable de las discapacidades emocionales y cognitivas de los autistas. ¿No sería cruel y poco ético asumir que es culpa de sus hipotéticas almas?

Hipócrates señala que los pensamientos y juicios, la tristeza y la alegría, la risa y el llanto pasaban a través del cerebro, que con él percibimos al mundo y con él construimos nuestra idea de lo que es bueno o malo, justo o injusto. Platón afirma que en el alma radica la memoria, en cambio un golpe en la cabeza puede hacernos perder nuestros recuerdos.

Cualquier daño a nuestro cerebro durante un accidente, causado por demencia o malformaciones congénitas puede provocar severos daños a la personalidad. Si el alma es inmaterial, ¿por qué sus funciones se ven vulneradas por factores físicos? Parece que, contrario a las creencias religiosas y a las suposiciones populares, las ciencias encargadas de estudiar las funciones que se atribuyen tradicionalmente al alma necesitan cada vez menos de ésta.