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Estos son los 3 estados de la mente que necesitas para alcanzar tus objetivos

Salud

Por: pijamasurf - 11/15/2016

¿Planeas más de lo que terminas haciendo? Quizá sea porque no permites que tu mente se convierta en tu aliada.

Una actitud más o menos usual en el ser humano es planear más de lo que hace o puede hacer. Muchas veces nuestra mente corre más rápido que nuestras acciones y en pocos instantes es capaz de erigir castillos hermosos pero inexistentes. Las acciones, por otro lado, son un poco más complicadas, en buena medida porque si bien lo que hacemos o dejamos de hacer es únicamente nuestra responsabilidad, no menos cierto es que esto entra en juego con la realidad misma, con otras personas, con otras dinámicas de la vida, con resultados y efectos que no siempre (o mejor dicho, pocas veces) coinciden con lo que alguna vez se creo en nuestra imaginación.

Esto no quiere decir, sin embargo, que no debamos emprender ningún proyecto, que no debamos planear o fijarnos un propósito en el futuro más o menos distante. Todo lo contrario. Si la disparidad entre nuestras intenciones y los resultados nos detuviera, nada nunca se hubiera logrado en la historia de la humanidad.

A continuación retomamos una publicación aparecida originalmente en el sitio Quartz pero que hemos reformulado a nuestro estilo. Se trata de 3 estados mentales que, según ciertos psicólogos, son necesarios para maximizar nuestras probabilidades de conseguir lo que buscamos.

Recuerda que tu mente puede ser tu mejor herramienta, pero también tu barrera más infranqueable. Y esto tú lo decides.

 

1. Sé amable contigo mismo

El problema

La severidad es un gran estorbo que, paradójicamente, está ampliamente fomentado en el mundo contemporáneo. Por todos lados se nos insta a “triunfar” y muchas veces hacemos de eso un mandato que nos imponemos y ante el cual, en caso de no cumplir, asumimos como un fracaso. Todo esto es un marco pesaroso que entorpece nuestras acciones.

La alternativa

sé amable contigo mismo, practica la compasión también con lo que eres, haces, planeas, consigues e incluso con aquello que piensas que es un fracaso.

El consejo práctico

Si estás emprendiendo un proyecto nuevo, una forma efectiva de acallar tu propia severidad es pensar lo que haces como un proceso de aprendizaje. Nadie puede hacer todo bien en el primer intento: todo requiere ensayo, error y repetición. En vez de fustigarte, piensa que estás aprendiendo, y que algún día, si eres constante en tu esfuerzo, conseguirás lo que buscas.

 

2. Reúnete con otros

El problema

Otra situación común en esta época es el aislamiento. En parte por el modelo económico en que vivimos, mucho de lo que hacemos lo vivimos como una competencia incesante en que está prohibido cooperar y trabajar con otros. Lo cual es en buena medida absurdo, pues incluso nuestra evolución como especie y nuestro progreso como civilización están sustentados en la empatía, la solidaridad y el esfuerzo muto.

La alternativa

En estos puedes seguir dos caminos: o buscar expresamente el apoyo de otras personas que comparten los intereses u objetivos del proyecto que has emprendido o, por otro lado, hacer lo que toca, avanzar a tu ritmo y, llegado el momento, estar dispuesto a abrazar la ayuda que surja. Usualmente la gente con propósito objetivos termina por coincidir.

El consejo práctico

Mantén la disposición de colaborar con otros.

 

3. Piensa en tu yo futuro… pero en términos reales

El problema

Como antes la severidad, la idealización también puede convertirse en un yugo que nos impida avanzar. Quizá al iniciar algo soñemos desde el inicio con el triunfo, el aplauso y el reconocimiento colectivo, y si es así, es posible también que ante la primera adversidad desistamos o nos frustremos porque las cosas no fueron tan fáciles como lo imaginamos

La alternativa

Es inevitable pensar y aun soñar con el futuro, pero en la medida de lo posible, hazlo “con los pies en la tierra”, es decir, bajo el principio de realidad. Si comienzas a hacer ejercicio, ¿cuál es tu objetivo? ¿Mantenerte en forma? ¿Bajar de peso? ¿Convertirte en supermodelo? Puede optar por cualquiera, pero al mismo tiempo la realidad (tanto la realidad en sí como el fragmento que te pertenece) impone sus condiciones. Si imaginas que después de una semana de gimnasio tendrás el mismo cuerpo de un atleta, es natural que te sientas frustrado cuando descubras que no es así.

El consejo práctico

Proyecta en términos reales. Sé objetivo contigo mismo.

 

¿Qué te parece? Si crees que podrías añadir alguno no dejes de compartirlo con nuestra comunidad en la sección de comentarios de esta nota.

 

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Imagen principal: Les Amours imaginaires, Xavier Dolan (2010) 

Por qué si cada vez tenemos mejor resueltas nuestras necesidades materiales somos cada vez más miserables internamente

Salud

Por: Pijamasurf - 11/15/2016

Indudablemente el mundo ha hecho enormes progresos materiales, pero no así en lo que concierne a un bienestar integral

Aunque sigue existiendo enorme desigualdad en el mundo, es razonable concluir que la humanidad ha progresado significativamente en resolver sus necesidades materiales y proveer servicios básicos de salud, vivienda y alimento. Pero, aunque esto es más difícil de medir, existen indicios de que este progreso material no ha sido proporcional en lo que se refiere a generar bienestar psicológico y espiritual, lo cual contradice en gran medida el esquema básico de desarrollo y la ideología que soporta el sistema global. Esto quizás se explica en tanto que, si bien para que una persona pueda ser feliz necesita cubrir sus necesidades básicas, una vez que cubre un mínimo, tener más no asegurará en ninguna medida que su bienestar se incremente. Y hoy en día, la idea que mueve al mundo es que tener más debería de producir felicidad.

En este artículo se pueden ver estadísticas sobre el aumento de enfermedades mentales como la depresión y la ansiedad, con un notable incremento desde 1930; esto incluso después de que se toman en cuentas cosas como el hecho de que antiguamente no se recopilaba tanta información como ahora. 

En Estados Unidos, más de 1/4 parte de las personas tiene alguna enfermedad mental; 40 millones de éstos padecen ansiedad; 10% reciben un fármaco para un trastorno anímico, la misma cantidad de estadounidenses que están deprimidos; y la depresión es ya actualmente la primera causa mundial de discapacidad para ir al trabajo.

Se han propuesto numerosos argumentos para explicar esta brecha entre el bienestar material y el bienestar integral (que es el que realmente importa). Seguramente se trata de un problema multifactorial; entre algunas de las causas que se suelen citar están el aislamiento (exacerbado por la tecnología virtual), la sobremedicación (fármacos que producen numerosos efectos colaterales), la migración a las ciudades y le pérdida de conexión con los ciclos naturales, etc. Añadiremos aquí otra importante causa: el surgimiento del individualismo y la pérdida de sentido comunitario, siguiendo el argumento que hacen el Dalái Lama y Arthur C. Brooks en este artículo del New York Times y, por otra parte, el documentalista Adam Curtis y el escritor George Monbiot. 

La tesis que manejan el Dalái Lama y Brooks es que en los países más desarrollados, donde impera la prosperidad, sigue existiendo gran enojo, descontento y ansiedad. Esto probablemente se debe a que los ciudadanos de estos países no experimentan diariamente una conexión con sus prójimos (probablemente porque defienden valores individualistas), y no sienten que son necesitados. Citan un estudio en el que ciudadanos de la tercera edad que no se sintieron útiles tuvieron una tendencia a morir prematuramente tres veces superior a aquellos que sí se sentían útiles. "Ser 'necesitado' no conlleva un orgullo egoísta o un apego enfermizo a la estima de los otros. Consiste en un deseo natural de servir a los hombres y mujeres que comparten con nosotros la condición humana. Como dijo un maestro budista del siglo XIII 'si uno enciende un fuego para otros, el camino propio también se aclarará'".

Otra cifra notable viene de Alemania, donde se encontró que las personas que buscan servir a los demás tienen una probabilidad cinco veces más alta de percibirse como felices. "El problema no es la carencia de riqueza material, es el creciente número de personas que sienten que ya no son útiles, que ya no son necesitados, que ya no se sienten unidos a la sociedad". Este problema probablemente se acentuará en el futuro, ya que se pronostica que en los siguientes años veremos cómo millones de trabajos serán resueltos por robots y algoritmos; si bien esto puede producir riqueza material también tiene el riesgo de sumir a las personas en una crisis de identidad por falta de sentirse útil. Tener más tiempo libre es bueno sólo cuando nos libera para hacer algo significativo. 

Brooks y el Dalái Lama concluyen que el hecho de que las personas no se contenten meramente con la seguridad material revela "un hambre universal por sentirse necesitados", lo cual es la semilla para formar una sociedad compasiva, basada en el servicio al otro. 

Otra forma de explicar la falta de conexión profunda y vinculación social que se traduce en bienestar psicofísico es explorada por Adam Curtis en sus documentales, el más reciente de los cuales es Hypernormalisation. La tesis de Curtis a lo largo de su obra es que la noción del individuo es una invención moderna ligada a la sociedad del consumo y al poder político, donde el individuo interioriza la idea de que su libertad de autoexpresarse y tener una opinión es su más grande tesoro y se debe hacer todo lo posible para salvaguardarla (esta idea suena lógica, pero tiene sus matices). Curtis sostiene que se ha creado la idea de que la individualidad se expresa a través del consumo de productos y experiencias que proveen una identidad, que nos hacen únicos (aunque, paradójicamente, todos queremos los mismos productos). Paralelamente al desarrollar este individualismo se ha fortalecido la idea de que cada uno de nosotros existe por su propia cuenta, separado de los demás, y que primero debe resolver sus necesidades y deseos. 

"Los individualistas creen que lo más importante es la autoexpresión" y que "lo más importante es lo que sientes dentro de tu cabeza", dice Curtis. Esto hace que el individuo moderno sienta que su propia individualidad se ve amenazada cuando participa en dinámicas grupales, en las cuales debe subsumirse y sacrificarse por un ideal superior a sus propios deseos. Ya que hemos asimilado de manera tan sólida esta noción de que somos individuos, nos cuesta trabajo pensarnos y actuar colectivamente, aunque en realidad podemos argumentar de igual manera que no somos individuos, estamos compuestos de miles de más células no estrictamente humanas (la microbiota) y vivimos en un planeta en el que todo lo que hacemos afecta a todos los demás y en realidad la supuesta individualidad que defendemos, nuestros mismos pensamientos, ideas y creencias, son el resultados de los pensamientos, ideas y creencias de todos los demás y no se pueden separar. Y además, como lo prueban numerosos estudios, actuar para nuestro propio beneficio sin considerar a los demás es estúpido y nos enferma.

En este artículo publicado en The Guardian, George Monbiot explica que investigación ha demostrado que el materialismo, al cual define como "un sistema de valores que se preocupa por las posesiones y la imagen social que proyectan", está asociado con depresión, ansiedad y relaciones rotas. Dice Monbiot que existe una correlación entre el materialismo y la falta de empatía. Y un estudio encontró que individuos que son expuestos a imágenes de productos de lujo y a mensajes orientados a que consuman se "vuelven más competitivos, más egoístas, tienen un sentido reducido de la responsabilidad social y se ven menos inclinados a participar en actividades sociales".

Si sumamos todo lo anterior podemos empezar a entender por qué existe tal desconexión entre el progreso material, el cual ciertamente tiene su valor e importancia, y el bienestar integral (el cual se ha ido rezagando ante la voracidad de seguir creciendo de la economía).