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La mayoría de las personas que sufren depresión tienen este problema: un Yo excesivo que termina por enfermarlas

Salud

Por: pijamasurf - 10/24/2016

Desde una perspectiva subjetiva, la depresión puede verse como una incapacidad de dar lugar al Otro que nos hace vivir realmente en el mundo

La depresión es uno de los trastornos mentales mayores. Incluso desde un nivel no especializado, muchos de nosotros hemos oído hablar de la depresión, incluso es posible que usemos la palabra y nosotros mismos la apliquemos a un estado anímico propio o de otra persona. La tristeza, el decaimiento, la pérdida de interés y entusiasmo por la vida, todo ello se codifica usualmente como depresión, aunado a otros síntomas más de orden físico como el cansancio crónico o enfermedades menores recurrentes.

¿Cuál es el origen de la depresión? Como mucho de lo que atañe a la mente humana, esta pregunta no tiene una respuesta unívoca. La psiquiatría y la neurociencia contemporáneas coinciden en señalar un origen químico de este mal, atribuyéndolo a un desbalance en la delicada química de los neurotransmisores, hormonas y otros químicos que resultan en nuestras emociones.

Desde una perspectiva menos homogeneizante, sin embargo, la depresión podría verse como la respuesta que encontramos a una pregunta más bien subjetiva, esto es, relacionada con nuestra historia de vida. ¿Por qué ante circunstancias afines –edad, extracción social, estilo de vida, etc.– ciertas personas se deprimen y otras no? Sin duda, por su historia de vida. Hay quienes ante la adversidad se sobreponen, pero otros no; hay quienes ante una pérdida pueden recuperarse casi de inmediato, otros no; hay quienes viven la vida con curiosidad, y quienes más bien se sienten aplastados por la existencia. ¿Cuál es la diferencia entre ambas posturas?

Desde un punto de vista subjetivo, esa diferencia puede encontrarse en la relación que se teje entre el Yo y el mundo, en la manera en que desde lo que somos nos relacionamos con los demás. Ninguna época ha estado exenta de depresión –en sus muchas manifestaciones–, sin embargo, sólo en años recientes está se extendió como una pandemia, como si de pronto muchísimas personas fueran incapaces de lidiar con su dolor, sus dificultades, lo inesperado, etc.

Y esto, posiblemente, porque como nunca en otra época, la gente está cada vez más aislada, cercada, paradójicamente, por el exceso de comunicación, separados unos de otros, lo cual hasta cierto punto es nuevo en la historia de la humanidad, que sobrevivió como especie gracias a la capacidad de crear y sostener vínculos significativos. La depresión, en este sentido, parece ser una forma de dar cuerpo a dicha desolación.

En La agonía del Eros, el filósofo de origen coreano Byung-Chul Han descubre la depresión como una enfermedad narcisista, esto es, un exceso de Yo que deviene enfermedad. Como en el mito griego, el sujeto contemporáneo únicamente se ve a sí mismo, reflejado en esa multitud de espejos en que se ha convertido todo aquello donde antes había una presencia. “El mundo se le presenta sólo como proyecciones de sí mismo”, dice el filósofo a propósito de este sujeto que parece haber perdido la capacidad de reconocer a otro: otro que no es como él, otro que vive en circunstancias distintas, otro que piensa diferente, otro que habita de otra manera el mundo, etc. El resultado: un infierno de lo igual donde no hay espacio para ese otro, sino únicamente para un Yo que por no tener el límite del Otro, no es posible satisfacer. Escribe Byung-Chul Han:

La depresión es una enfermedad narcisista. Conduce a ella una relación consigo mismo exagerada y patológicamente recargada. El sujeto narcisista-depresivo está agotado y fatigado de sí mismo. Carece de mundo y está abandonado por el otro. Eros y depresión son opuestos entre sí. El Eros arranca al sujeto de sí mismo y lo conduce fuera, hacia el otro. En cambio, la depresión hace que se derrumbe en sí mismo.

“Eros vence la depresión”, dice también el filósofo, en un aforismo que suena a sugerencia de cura y cuya interpretación es sencilla, aunque quizá no tanto su puesta en práctica: abandonar el Yo a favor del Otro, libidinizar la vida, abrazar la felicidad tanto como el dolor. En una palabra: amar.

5 ingredientes esenciales para construir una buena relación de pareja

Salud

Por: pijamasurf - 10/24/2016

Algunos consejos útiles sobre el amor y la construcción de relaciones estables que todos deberíamos conocer

El amor es una fuerza poderosa pero compleja. Cuando conocemos a esa persona que nos complementa es común preguntarse después de algún tiempo hacia dónde va la relación. Nuestras expectativas sobre las relaciones románticas están cruzadas por distintos factores como la educación o las raíces culturales. ¿Cómo saber que nuestra pareja actual es la definitiva?

1. Enamoramiento

Encontrarnos con ese alguien es incierto. Con pocos años y vivencias encima, enamorarse plenamente puede resultar más sencillo. Con el paso del tiempo y la acumulación de experiencia, caer en los brazos de alguien se vuelve más complicado. ¿Cuánto tiempo nos lleva decir “te amo”? Parece que a los veinte puede suceder desde las primeras semanas, pero a partir de los treinta, solemos tardar varios meses antes de confesar esto.

 

2. Complicidad

Para permanecer junto a alguien, construir un mundo común es fundamental. El amor surge del mutuo entendimiento. Se comparten formas de ver y pensar el mundo; sentir a tu pareja como tu principal cómplice para enfrentar la vida fortalece el cariño.

 

3. Comprensión

Formar parte esencial de la realidad de otro implica la voluntad constante de entregar nuestra energía y tiempo de manera desinteresada. No se da para recibir sino que se recibe al dar. En este punto estamos dispuestos a ceder en favor de nuestra pareja, estos pequeños “sacrificios” reflejan nuestro sentir y demuestran cuánto nos importa.

 

4. Entrega

El punto de quiebre que separa los romances de las relaciones largas es la capacidad para generar un compromiso a largo plazo. Una vez que ha disminuido el obnubilante efecto del enamoramiento, permanecer junto a alguien es una decisión difícil pero consecuente si la relación tiene cimientos firmes y se comparten metas u objetivos. La presión para permanecer en pareja no debería existir, estar juntos se vuelve algo lógico y natural.

 

5. Intuición

Al final, la estabilidad de una pareja está ligada a la forma en que ambos se sienten respecto al otro. La confianza mutua es importantísima y nada puede sustituirla. Una relación debe cuidarse constantemente, la única guía infalible es nuestra intuición, es decir, las sensaciones, emociones y sentimientos que nos provoca la convivencia con el otro. La incapacidad para analizar racionalmente nuestras relaciones puede ser una buena señal pero nunca debemos perder de vista nuestro propio bienestar, estar con alguien es una decisión, nunca una obligación.